Capítulo 1
Es como una primera vez.
11 de junio del 2020
Tenía 20 años. Era un verano soleado cuando fue el día que te conocí. Sentí tal pasión por ti que era tan inexplicable describirla. Cada vez que te miraba sentía que se me aceleraba el pulso, y de tan solo pensar que era algo prohibido para nosotros dos lo sentía tan mal dentro de mí, pero al mismo tiempo sentía que más me gustaba. ¿Cómo poder olvidar aquel día en el que me convertí en tu mujer?
Jimin.
Llevaba un vestido corto color granate, no tenía mangas, era transparente en la parte baja de mi espalda. Salí con mis amigas a divertirnos a un bar cuando te vi a ti, y sé que tú también me viste a mí. Pude notar esa mirada intensa tan tuya en mí; notaba cómo con tan solo tu mirada me desnudabas y te hacías mil fantasías en tu cabeza de cómo hacerme tuya.
Estabas con tus amigos y yo quería llamar tu atención. Me sentía tan mareada por los tantos tragos que había tomado que ya no me importaba nada más que mi excitación por ti. Las chicas me preguntaron si me quería quedar o me iba con ellas. Les dije que me dejaran y no se preocuparan por mí, que yo regresaba sola al departamento que compartimos.
En mi mente me reprochaba tanto que te esfuerzas en verte bonita y aun así no tienes la valentía necesaria de acercarte a él. Jimin, me acerqué al baño para lavarme las manos y poder irme, porque por lo visto no iba a pasar ninguna de las fantasías que pasaban por mi mente con él.
El lavabo estaba manchado de labial y el agua salía fría, pero no me importaba. Estaba a punto de cerrar la llave cuando escuché que se abría la puerta del baño de mujeres y te veo con ese cabello negro y largo, también oscuro como la noche, esos ojos que serían el alimento de cualquiera oso por su color tan miel y que, por lo visto, me observaban a mí; esa nariz respingona que me encantaría que pasaras por mi cuello y pecho aspirando mi aroma, y esa boca que sucumbe a los más prohibidos pensamientos, imaginándola en mis senos, tomando cada uno de mis pezones, por mi vientre y mi coño.
Veo cómo te acercas a mí y yo siento que esto es un sueño debido al alcohol que consumí, pero en el momento en el que siento tu mano tocando mi cintura me doy cuenta de que no es ningún sueño.
Se escucha el estruendo de una puerta siendo cerrada con fuerza y chasquidos de besos y alguien gimiendo. Tardo en comprender que soy yo.
Me trajiste a tu casa. No podía creer cuando me susurraste en el oído en ese baño que si me gustaría acompañarte a un lugar más íntimo. No esperé que me trajeras a la intimidad de tu hogar.
Mientras me besas siento cómo introduces tu lengua en mi boca. Me encanta esa sensación. Siento tus manos en mi trasero debajo de mi vestido, separando mis nalgas y tocando mi ropa interior. Siento tan claramente cómo con tus pulgares tocas con tanta delicadeza la tela de mis bragas azules. Me escucho gemir a mí misma por esa sensación de querer que me las arranques y te introduzcas en mí. Quiero gritar de placer y lo único que hago es gemir en tu boca.
Es un momento tan íntimo para mí. Soy tan inexperta en este campo. No sé qué hacer con mi boca o con mis manos. Tengo tanto miedo de hacer algo mal o que no me guste. El corazón me late tan rápido que pienso que en cualquier momento se me puede salir.
Tú sientes mi angustia porque te separas un poco de mí, me miras a los ojos, tomas mis mejillas con tus manos y me sonríes para transmitirme calma. Me preguntas si estoy cómoda, que si quiero algo de tomar. Te respondo que no, que estoy bien. No me crees, pero no dices nada.
Me tomas de la mano y subimos unas escaleras. Entramos a una habitación del porte del piso que compartimos con las chicas: una cama en el centro de la habitación, una mesita de noche, una cómoda, muebles y pinturas en las paredes. Se ve tan elegante y combina con el color de las paredes. Veo dos puertas a cada lado, una de ellas abierta y puedo observar que es un guardarropa gigante, y la otra puerta, lo que supongo es un baño. Tienes una vista impresionante: unos ventanales enormes donde veo cómo pequeñas gotas resbalan por el vidrio debido a la lluvia suave de verano.
Estoy tan absorta en observar su habitación que no me doy cuenta de que él se ha empezado a desnudar y, cuando soy consciente, solo está en unos bóxers negros que se ciñen a su miembro. Me quedo con la boca abierta porque nunca he visto a un hombre semidesnudo. Él se da cuenta de mi reacción y toma mi mano, y la coloca encima de su ropa interior, sobre su miembro. Debido a la tela, no puedo sentir tanto su piel en esa parte con mi palma, pero lo que sí estoy segura es que es muy grande y no tengo idea de cómo va a encajar eso en mí.
Él siente que estoy asustada y suelta mi mano. Levanta mi cara tomando mi mentón con su índice y pulgar al mismo tiempo que roza su nariz con la mía. Me encanta esta sensación.
Él me pregunta:
—Jimin, quiero que me digas si estás segura de esto, si quieres entregarte a mí, porque no hay vuelta atrás una vez que tu coño esté lleno de mi semen; no te dejaré ir nunca más y mi polla será la única que tendrás dentro de ti hasta el final de los días.
Me excita la forma en que me habla, pero a pesar de eso sé que quiero esto. Quiero que él sea mi hombre, que él sea quien me haga mujer por primera vez.
Mi voz suena tan ronca al decirle:
—Sí, Yoon, quiero esto con todo mi ser.
No me doy cuenta hasta que siento el choque de su cuerpo con el mío. Siento cómo nuestros dientes chocan por este beso tan salvaje. Siento sus manos en la parte trasera de mi espalda intentando desarmar los lazos del vestido y, una vez que lo consigue, me lo desliza hacia abajo. Mis senos presionan contra los suyos; mis pezones se endurecen al instante por el frío que siento recorrer mi cuerpo.
Él camina hacia adelante, haciéndome caminar a mí hacia atrás hasta caer de espaldas en la cama. Veo cómo toma con sus manos mis senos y los masajea con una lujuria nunca antes vista. Veo cómo baja sus manos a mi vientre y engancha sus dedos en mi ropa interior, pero antes de bajarla me ve a los ojos como pidiéndome permiso, y se lo concedo alzando mis caderas para que pueda deslizar ese pequeño trapo que cubre mis partes íntimas lejos de mí, y él lo hace.
Luego de quitarme las bragas, las huele. Me da un morbo que siento mi lubricante natural salir a chorros de mí. No me siento avergonzada de mi cuerpo; me siento sexy y muy feliz de mostrárselo a él.
Estoy en la mitad de su cama, con los codos apoyados para sentarme y verlo. Tengo una pierna recogida en comparación con la otra. Veo cómo se quita su bóxer y mi boca saliva. Él toma mi pierna estirada y la levanta un poco. Veo cómo la besa, besa cada uno de mis dedos y sube poco a poco; besa mi pantorrilla, mi rodilla, mi muslo hasta llegar al interior de este mismo, y siento cómo aspira una y otra vez mi olor.
Empieza a besar mi coño como si estuviera besando mi boca. Estoy tan excitada que empiezo a gemir sin control y siento su lengua introducirse poco a poco. Cuando él siente que ya es suficiente, sigue subiendo, besando mi cadera, mi cintura, mi vientre. Veo cómo besa el centro de mi pecho.
Al estar acostada, mis tetas pesadas y grandes se abren a cada lado y, por lo visto, a él le fascina eso. Las toma en sus manos y las masajea; las suelta satisfecho solo cuando ve exceso de saliva en ellas. Besa mi clavícula, mi cuello, mi mentón, detrás de mis orejas, mis mejillas, mi nariz, mis párpados.
Esto es una tortura para mí. Muevo mi cabeza para que se encuentren nuestros labios y él se ríe y me dice:
—Tranquila, mi muñeca.
Y procede a besarme tan tortuosamente, tan lentamente, que me vuelvo loca. Siento cómo se acomoda mejor encima de mí. Le doy la bienvenida abriendo mis piernas lo más que puedo para él. Escucho cómo suspira y gime tan bajo; me encanta el sonido que hacen sus labios.
Me ve directamente a los ojos mientras lleva su mano cerca de mis labios para ingresar a mi boca su dedo índice. Yo le doy la bienvenida con mi lengua y lo chupo. Siento cómo se pone su miembro aún más duro contra mi pierna y lo escucho gemir de una manera tan ronca, mientras al mismo tiempo besa y muerde mi cuello dejando chupetones.
No soporto más; mi agujero se contrae a la nada. Lo necesito dentro de mí.
Él me dice:
—Mi amor, te voy a dilatar.
Yo tomo sus hombros y le susurro al oído:
—No, no quiero, quiero tenerte ya dentro de mí.
Él me dice que me va a lastimar, y le digo que confío en él. Empiezo a empujarme debajo de su cuerpo, buscando una buena posición para alinear su miembro en mi coño e introducirlo por mi cuenta.
Él gime y echa su cabeza hacia atrás, y me detiene tomándome de las caderas. Me dice:
—Está bien, mí amor, lo haremos como tú digas.
—Está bien —dice agitado, suspirando.
Estoy tan tensa y nerviosa.
Con su mano toma su miembro y lo guía a mi coño. Siento cómo va ingresando poco a poco. Me arqueo del dolor, pero no digo nada. Lo escucho murmurar:
—Solo un poco más… solo un poco más.
Le pregunto cuánto más. Se ríe tensamente.
—Solo un poco más —me dice.
Siento un poco de culpa tiñendo su voz. Doy un grito tan fuerte por el último empujón que dio; siento tanto dolor. Mi primer instinto es alejarlo de mí, sacarlo de mi parte más íntima, pero él empieza a repartir muchos besos por la parte de mi cuerpo que alcanza.
Pasan unos minutos así hasta que contraigo las paredes de mi coño y lo escucho gruñir. Me muerde el hombro y lo escucho murmurar:
—Me estás matando, bebé.
Ya no siento dolor, solo una molestia. Creo que me gusta.
Le digo:
—Ya te puedes mover, por favor.
Empieza a moverse tan lento. Se acerca a mi oído y me dice en un susurro:
—Tócame.
Y lo hago.
Muevo mis piernas y, con mis pies, toco sus talones, sus tobillos, sus pantorrillas, y las dejo encajadas en sus nalgas para presionarlo más contra mí. A cada momento repito esos movimientos con un pie y el otro lo mantengo presionado para que se hunda más profundo en mí.
Con mi mano toco su cabello, lo jalo un poco y hago que despegue su boca de donde la tenía en mi seno, y me besa los labios. Beso sus mejillas, donde siento la barba que me raspa los labios; su nariz, su frente, sus orejas, su cuello, sus hombros.
Siento las embestidas que aumentan de velocidad. Mi coño exprime su miembro y gimo. Le digo:
—Más, por favor, por favor, dame más. Eres tan grande, Yoon, tan grande. Me estiras tanto, me siento tan llena contigo dentro de mí.
Mis manos encuentran su lugar en la espalda de Yoon. El cabezal de la cama choca contra la pared de lo fuerte que me embiste con su miembro tan profundamente dentro de mi coñito recién desvirgado. Entierro mis uñas tan profundamente en su espalda y noto vagamente cómo mi esmalte se pierde, del mismo color de la sangre que brota de las heridas que hago en su espalda.
En este momento siento que está tocando un punto en específico dentro de mí y grito:
—Sí, sí, sí… eso, no pares, dame más, ahí.
Mi cuerpo tiene una sensación que nunca antes había sentido. Me avergüenzo porque siento ganas de hacer pis. Lo empujo un poco para apartarlo y le digo en el oído, muy despacio:
—Amor, Yoon, espérame, necesito ir al baño un momento. Ya vuelvo, por favor, déjame ir al baño un momento.
No me escucha y sigue embistiendo más fuerte en ese punto. Veo cómo jadea y sonríe mientras me besa. Lo escucho decir:
—Lo encontré.
Baja su mano en nuestros cuerpos unidos y sube una de mis piernas a su hombro, y con la otra mano toma mi clítoris y lo masajea. No puedo callarme más; gimo más fuerte. Creo que no voy a poder hablar por un par de días.
Estira mi clítoris con más fuerza y me vengo. Lo escucho murmurar un “oh, sí”. En esta posición siento aún más su pene dentro de mí, cómo me rompe y toma lo que guardé para él sin parar de embestir. Siento algo caliente vaciándose en mi interior. Sé que se corrió también. Es una sensación que quiero repetir otra vez, y otra, y otra vez.
Siento cómo crece aún más dentro de mí. Sigue embistiendo más lentamente, bajando la velocidad con cada movimiento, hasta que solo permanece dentro de mí. Ha dejado caer su peso encima de mí. Siento el latido de su corazón en mi pecho. Mis senos se aplastan contra su cuerpo y me duelen, pero no le digo nada porque me encanta sentirlo así.
Baja mi pierna de su hombro y me dice:
—Voy a salir, bebé, no te muevas.
Y siento cómo lo único que sale de mí no es solo su pene, sino también su semen y un poco de mi sangre. Lo veo maravillado mirando mi coño y sé que es por esa obra de arte que hemos creado juntos.
La cama se mueve un poco y lo veo arrodillarse entre mis piernas. Sin esperármelo, pega su boca a mi coño y empieza a besarlo, a lamerlo. Lo abre y succiona todo lo que hay en él. Tomo su cabello con mis manos y grito; me estremezco por tal sensación.
Este hombre no tiene pudor ni vergüenza. Lo amo. Es mío, solo para mí.
Cuando decide que es suficiente atención en mi coño con su boca, sube por mi cuerpo. Besa mis senos, que ya no soportan más atención, y luego besa mi boca, haciéndome probarme a mí misma y a él juntos, y yo lo tomo.
—Estoy cansada, Yoon, me has dejado sin fuerzas.
Él se recuesta a mi lado y me susurra que duerma, que la noche es joven, que ya tendremos más tiempo, que por ser mi primera vez necesito descansar y afrontar esto.
Mi cabeza descansa sobre su pecho. Siento su barbilla en mi cabeza. Mis senos quedan apretados contra su tórax. Mis brazos quedan entre su abdomen marcado. Nuestros sexos se sienten. Mis piernas quedan en medio de las suyas. Nuestros pies se tocan. Si es aún más posible, me aprieta todavía más contra él.
Lo escucho susurrar, pero no entiendo lo que dice; solo siento la vibración de su pecho mientras sigue hablando. Me voy quedando dormida. No quiero que esto acabe nunca. Me rindo y le doy la bienvenida a Morfeo.
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