Capítulo 1
La inauguración de la galería en aquel jueves lluvioso debía ser solo otro turno más para Libby. A sus veintitrés años, compaginar un trabajo a tiempo parcial gestionando la logística de eventos con su último semestre de universidad significaba que su vida era un ciclo constante de prisas entre clases, horarios de transporte y bandejas de catering. Estaba de pie cerca de la entrada trasera del espacio de arte en el centro, ajustándose el cuello de su sencilla americana negra, cuando una copa de champán se deslizó de la bandeja de un camarero que pasaba y se hizo añicos contra el cemento pulido cerca de sus botas.
Antes de que pudiera dar un paso atrás, una mano se extendió, sujetándola por el codo con firmeza pero con suavidad para apartarla del cristal.
"Cuidado", dijo una voz profunda y pausada.
Libby levantó la vista y se encontró con los llamativos ojos oscuros de Victor Blackwood. Se movía con una autoridad natural que lo diferenciaba inmediatamente de la multitud de asistentes al evento. A sus treinta y seis años, Victor tenía una presencia tranquila e impecable; su traje gris marengo hecho a medida, su reloj de plata y su postura irradiaban éxito sin necesidad de llamar la atención.
"Gracias", dijo Libby, sintiéndose de repente muy consciente de sus botas desgastadas y de la pequeña mancha de tinta en su muñeca por haber estado estudiando esa misma tarde.
"No tendrías que estar esquivando cristales un jueves", dijo Victor, con una sonrisa cálida y sincera dibujándose en sus labios. No soltó su brazo hasta asegurarse de que ella mantenía el equilibrio; su contacto fue deliberado y tranquilizador. "Soy Victor".
"Libby", respondió ella, tratando de recuperar el aliento.
En lugar de intercambiar cortesías y regresar a la zona VIP, Victor se quedó. Durante veinte minutos, mientras la galería bullía a su alrededor, él le dedicó toda su atención. Le preguntó por sus estudios, escuchó con interés sus ambiciones y la hizo sentir como si sus palabras fueran la conversación más fascinante de todo el lugar. Antes de marcharse, no le pidió sus redes sociales ni dejó las cosas en el aire; sacó una tarjeta gruesa y grabada de su chaqueta, escribió su número de teléfono personal al dorso y se la entregó.
"Déjame invitarte a cenar como es debido, Libby. A un sitio donde no tengas que trabajar".
Para el viernes por la noche, un coche negro esperaba fuera de su modesto edificio de apartamentos.
El restaurante que eligió Victor estaba en una planta alta con vistas al horizonte de la ciudad; un lugar que Libby solo había visto en revistas de estilo de vida. Desde el momento en que cruzaron las puertas, el personal saludó a Victor por su nombre y los acompañó más allá de la zona principal del comedor, hacia un reservado rodeado de cristaleras de suelo a techo.
La cita fluyó con naturalidad. Victor estuvo atento a cada detalle. Notó que ella temblaba un poco por el aire acondicionado y pidió enseguida al camarero que bajara la intensidad del aire cerca de su mesa. Pidió un vino que maridaba a la perfección con su plato principal, tomándose el tiempo necesario para explicarle las notas de cata sin pizca de arrogancia. Le prestó toda su atención; sin mirar el móvil, sin distracciones.
"Trabajas demasiado, Libby", dijo Victor con suavidad, inclinándose sobre el mantel blanco mientras sus ojos se clavaban en los de ella con intensa calidez. "Una mujer con tu talento y empuje no debería estresarse por trabajos logísticos sin importancia. Mereces que te cuiden".
Aquellas palabras la golpearon como una ola cálida. En un mundo donde tenía que luchar constantemente por el reconocimiento y encargarse de todo por su cuenta, la fortaleza de Victor se sentía como un refugio. Él era generoso, protector y estaba completamente cautivado por ella.
Al final de la velada, cuando el coche la llevaba de vuelta a su apartamento y Victor la besó para despedirse —un gesto lento, reverente y profundamente persuasivo—, Libby supo que estaba completamente perdida. Subió las escaleras de su edificio con la cabeza dando vueltas, convencida de que acababa de conocer al hombre de sus sueños.








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