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El sol apenas comenzaba a filtrarse entre los pinos cuando yo, ya estaba despierto, recostado en mi enorme cama de pieles suaves, observando cómo la luz bailaba sobre las cortinas blancas que parecían flotar como nubes en mi pequeño paraíso. Sí, mi paraíso. Mi cabaña en el árbol. Una obra maestra que convencí a mi bruto appa de construir, con la ayuda de mi papi, usando el viejo truco de “tengo que acostumbrarme a volar del nido”. Obvio que funcionó. ¿Quién podría negarse a la mirada más dulce y mortal que hayas visto? Pero la realidad es, que ya estoy grandecito y tengo... dígamoslo así, algunas necesidades, que ni loco haré bajo el mismo techo de mis padres.
La casa era un fuerte hecho con troncos robustos, más alto que cualquier cabaña normal, con escaleras de madera que crujían de manera encantadora y balcones que daban a todo el bosque. Podría decirse que era como una cabaña de elfos: luminosa, mágica, y con un toque exageradamente mío. Una cama enorme, pieles suaves y cálidas, cortinas que se mecían con el viento... todo perfecto.
Pero no te confundas: aunque parecía un angelito delicado, con mi cabello plateado brillando al sol, no era solo un rostro bonito. Con una espada en la mano, era capaz de cercenar un cuello con la misma facilidad que untar mantequilla en una hogaza de pan negro. Mis padres me habían enseñado de todo: preparar antídotos con raíces, leer signos de veneno, y cómo derribar a un enemigo con la precisión de un maestro.
Sí, podía ser consentido, podía pasar horas tumbado entre las pieles y las cortinas blancas, pero no te equivoques: puedo pasar de angelito, a furia desatada del mismísimo Odín en cuestión de segundos.
Y mientras disfrutaba de mi desayuno en la terraza, observando el bosque que se extendía hasta donde la vista alcanzaba, presentía que aquel día podía traer cualquier cosa... y yo, claro, no podía quedarme quieto. Tenía energía para días, así que llamé a mi tito Hoseok, el curandero más serio de la aldea... al menos en apariencia. Mayor que yo, pero solo en números, siempre con cara de “voy a darte una lección de vida mi polluelo”, pero en el fondo, era mi cómplice número uno.
- Tito Hoseok.- Dije desde mi balcón, lanzándole un pedazo de pan con mantequilla directo a la cabeza.- ¡Hora de jugar!
Él suspiró y me lanzó una mirada que mezclaba resignación y diversión. Me bajé de un salto, ligero y ágil como un gato, aterrizando frente a él.
- ¿Otra vez con tus ideas locas?- Preguntó, intentando sonar severo.
- Idea loca... o genial.- Repliqué con mi sonrisa más angelical, esa que sabía que lo derretía.- Hoy vamos a ver si podemos darle un buen susto al tío Ragnar con esas raíces que encontraste en el bosque.
No importaba si mi papi nos había enseñado a preparar pociones y antídotos con precisión: nosotros lo hacíamos todo a lo exagerado, porque, sinceramente, ¿para qué vivir si no puedes hacer reír y temblar al mismo tiempo?
Hoseok rodó los ojos, pero en su interior ya estaba planeando conmigo. Estábamos preparando la mezcla de raíces para hacer la travesura, cuando el cuerno comenzó a sonar. Una reunión, debíamos dirigirnos al gran salón. Dejamos todo y acudimos al llamado. Ahora que demonios habrá sucedido, quizás otra cabra atascada en un hueco en el campo. En fin, allá vamos.
El aire en la aldea estaba cargado de formalidad y... un poquito de miedo. No todos los días llegaba un duque con su comitiva de soldados para firmar un tratado de paz, y menos uno con fama de ser tan calculador como su hoja de espada. Su Excelencia, Duque Alaric Jeon de Normandía, descendiente vikingo pero ahora revestido de títulos y protocolos, se plantaba frente a Namjoon, el jefe de nuestra aldea, como si el mundo entero dependiera de su humor. Y bueno... de alguna manera, sí dependía.
Los rumores corrían como fuego: aumento de impuestos, nuevos tributos, y la sombra de la guerra nunca muy lejos. Namjoon se mantuvo firme, con los brazos cruzados y la mirada directa, mientras Alaric jugaba con su pluma y sonreía como un lobo disfrazado de cordero. La tensión era palpable, casi podía cortarse con una espada.
Yo, por supuesto, no podía quedarme fuera de este espectáculo. Llegué con Hoseok, escondiéndonos entre la multitud que se había reunido en el gran salón, colándome en la reunión como si fuese lo más natural del mundo. Mi tío rodó los ojos, pero estaba sonriendo: sabía que no podía detenerme.
Y entonces lo vi. Lord Jeon Jungkook. El hijo del Duque de Normandía. Alto, enorme, serio, impecable, demasiado hermoso para ser tan estirado, con una compostura que gritaba “no te acerques demasiado o morirás de aburrimiento”. Y yo, bueno... yo solo podía mirarlo y pensar que debía romper esa armadura rígida con toda la coquetería que tenía a mano.
Me acerqué un poco más a la esquina, apoyando la barbilla en mi mano, moviendo el cabello plateado para que la luz del sol que entraba por la ventana brillara aún más sobre él. Observé cada detalle: su postura perfecta, los labios finos apretados, las manos que descansaban sin temblar ni un segundo. Y cuando nuestros ojos se cruzaron... bueno, digamos que el mundo pareció detenerse.
Jungkook carraspeó, giró la mirada rápidamente, tratando de mantener su estoicismo. Yo, por supuesto, no podía evitar sonreír con descaro, mordiéndome el labio inferior mientras admiraba cómo se esforzaba por ignorarme. Oh, sí, lo quería. Lo quería para enseñarle algo que su rigidez jamás le había permitido: que relajarse de vez en cuando no era un crimen, sino un lujo.
Hoseok me dio un codazo suave, murmurando:
- Jimin... ¿puedes dejar de mirarlo como si fueras a devorarlo?
- Imposible.- Susurré.- Es demasiado estirado... y demasiado tentador.
Mientras los documentos del tratado se firmaban y Alaric y Namjoon intercambiaban miradas de cuchillo, yo no podía apartar los ojos de Jungkook. Cada pequeño movimiento suyo era como un imán, y cada vez que nuestros ojos se rozaban, mi sonrisa se hacía más amplia. Este noble no sabía en qué lío se estaba metiendo... y yo planeaba disfrutarlo.
Porque en medio de la tensión, de los tratados y de los soldados atentos, yo era un vikingo coqueto, listo para romper cualquier regla, y Jungkook era mi víctima preferida.

Este Jimeno también será tremendo, bueno, como siempre 🤣🤣🤣🤣









este Jimin es hijo del berkerser??