Capítulo 1 La llegada
Carolina POV.
Una mañana cualquiera simplemente desperté con el valor y el coraje de dejarlo todo atrás. Anhelaba un cambio en mi vida, lo necesitaba y me armé de valor para hacerlo, pero jamás imaginé que mi vida cambiaría tanto.
Hice mi maleta con lo primordial, ropa interior, mis artículos de aseo personal, mis documentos y salí de casa, prácticamente huyendo.
Mis dos mejores amigos me siguieron una vez más, como muchas veces en nuestras tantas aventuras; alegaron que me seguirían hasta el fin del mundo. Y la verdad se los agradecía en el alma, porque no quería hacerlo sola. Estaba aterrada.
Paola y Mauricio eran mis mejores amigos desde que tenía memoria; eran como los hermanos que nunca tuve. Excepto por el hecho de que hace menos de un año descubrí que eran pareja, pero al hacerlo los apoyé de corazón, sabía que estaban locos el uno por el otro.
Algunas veces exageran con ese amor tan empalagoso e incondicional que me restriegan cada tanto, y hasta me dan envidia. En lo que llevo de vida no he vivido nada similar, por el contrario, mis experiencias amorosas, no siempre terminaron bien.
Tampoco es que haya tenido muchas, pero por alguna razón, no han sido significativas ni duraderas. Tal vez sea porque eso lo heredé de mi mamá. Nunca conocí a mi padre; según ella, es o era un buen hombre, pero es difícil creerle a una mujer enamorada sola, sobre todo cuando no conozco la otra versión de la historia.
Quizás por eso mis relaciones no duraban y la más duradera, no la quería ni recordar. Mi pasado con Héctor fue algo tan desquiciante y perturbador que solo deseaba olvidarlo pronto, a pesar de que las cicatrices aún continuaban abiertas.
—¿Estás bien? —inquirió Pao. —Tienes una carita...
—Sí —aseguré y sonreí en un intento por tranquilizarla.
—Ya verás que nos irá bien. Tú tranquila.
—Eso espero, Pao.
Mi amiga sabía todo lo que había ocurrido con Héctor, incluso se lo conté primero a ella que, a mi mamá, no quería preocuparla y además ella lo adoraba. Mi mamá creía que él era el hombre perfecto. Y nada más alejado de la realidad, pero nunca terminas de conocer a alguien hasta que te muestra cómo es en realidad.
—¿Y por fin, para dónde vamos? —interrogó Mau, alejándome de esos oscuros recuerdos.
—Vamos a visitar a mi familia materna. No sé bien cómo resulte el reencuentro porque nunca los conocí, pero supongo que me debo parecer en algo a mi mamá. ¿No?
—¿Y les avisaste que iríamos? —preguntó mi amiga
—La verdad, mientras menos personas sepan que vamos, mejor. Ustedes saben —agregué.
—Caro, sabes que cuentas con nosotros. Pero, aun así, necesitamos un plan B —aconsejó Mauricio.
—¡Lo sé! Lo sé. Los primeros días nos quedaremos en un motel y luego ubicaré la casa de mis familiares.
—¡Mau, por favor! Sabes por qué lo hacemos —lo reprendió Paola.
—Ok, ok. Está bien. Me cayeron las dos, pues.
—Gracias, chicos —interrumpí. —No sé qué habría hecho sin ustedes.
—No nos agradezcas. Somos más que familia.
Les di un abrazo a ambos y le agradecí a Dios por tenerlos en mi vida. Gracias a ellos no afrontaré esto sola.
El terminal de buses se veía más grande, más frío y desconocido de lo que imaginé. A mi alrededor, las caras eran extrañas, pero ninguna tan ajena como la que sentí reflejada en el vidrio del baño: una mujer que parecía mirarme desde un espejo roto, confundida, buscando respuestas a preguntas que ni siquiera sabía cómo formular.
Nos montamos en el bus y nos sentamos todos juntos en el asiento trasero. Yo me ubiqué cerca de la ventana y Pao a mi lado, seguida de Mau.
A partir de ahora, tendré lo que he estado buscando, un nuevo comienzo.
Al llegar a nuestro destino, nos bajamos del bus y sacamos nuestras cosas del maletero. Intentamos ubicarnos un poco con la intención de saber dónde nos encontrábamos, pero no lo logramos, por lo que Mauricio se ofreció a dar una vuelta en busca de ayuda y nos pidió que lo esperáramos.
Luis Ángel POV.
Sonó estruendosamente la alarma de mi celular y la apagué para dormir un poco más. Mi mamá tocó la puerta varias veces para despertarme y me gritó desde el otro lado de la puerta.
—¡Hora de levantarse, Luis Ángel! ¡Ya escuché que apagaste la alarma! ¡Si no te levantas ahora mismo, esa muchachita va a llegar directo aquí! ¡Ten un poco de consideración! —reprendió.
—¡Voy, mamá! ¡Voy! ¡Ya escuché! Ya me estoy levantando —respondí resignado.
—Ok. El desayuno ya está listo —informó.
—Gracias, mamá.
Me levanté de la cama sin más remedio. Realmente, no quería ir a ningún lugar y mucho menos hoy, no estoy de ánimos para nada. Desde que Natie murió, nada ha sido igual. Todo se siente vacío, gris, opaco. Es como si la vida no tuviera razón de ser ni sentido.
Entré al baño y me cepillé los dientes en automático, me di una ducha y me vestí con lo primero que encontré en el clóset. Era inevitable no pensar en ella. Sobre todo, por la forma en la que murió. Murió pensando lo peor de mí. Aún recuerdo cuando la conocí y...
Flashback
Me vi a mí mismo, hace más de un año, estacionado fuera de una fiesta. Estaba revisando el móvil cuando la puerta del asiento trasero se abrió de golpe y dos mujeres irrumpieron. Una de ellas, con el rostro desencajado y los ojos llenos de lágrimas, gritó desesperada: “¡Arranca, por favor! ¡Acelera!”. Era Natalie. Su amiga, Gabriela, insistió: “¡Arranca! ¡Se nos viene encima!”.
Vi por el espejo retrovisor al tal Ángel, el novio de Natalie, golpeando el cristal de mi coche y gritando su nombre. Por la intensidad de la escena, creí que sus vidas estaban en peligro. Metí primera y salí disparado de allí.
Cuando estuve seguro de que nos habíamos alejado, pregunté si estaban bien. Se miraron. Natalie se sonrojó hasta las orejas y su amiga soltó una risita nerviosa. “Tú… no me digas que… no eres un taxista”, dijo Gabriela. Me reí. Natalie se disculpó avergonzada, contándome del engaño de su ex y su prima, Erica. Su impulsividad me fascinó, pero su dolor me tocó. Le ofrecí llevarlas a casa, y desde aquel momento en que me confundió con un taxi, supe que era una mujer de la que jamás querría alejarme. Aquella noche, a pesar del caos, encontré la calma en sus ojos.
Fin del Flashback
De pronto entró a la habitación mi primo César.
—Buen día, bro. ¿Cómo estás? —agregó a modo de saludo
—Respirando, que es más de lo que quisiera —respondí cabizbajo.
—¡Arriba el ánimo, hermano! —declaró dándome una fuerte palmada en la espalda. —¡Hoy llega Sofía! No pretenderás recibirla con esa cara.
—No tengo otra.
—¡Vamos! Sabes a lo que me refiero.
—No soy buena compañía para nadie en este momento. Y ahora ella tampoco. Acaba de perder a su papá, yo perdí a Natalie...
—Y entre los dos pueden encontrar consuelo —aseveró.
—César, de pana que si no fueras mi primo ya te hubiera partido la cara —admití.
—Tranquilo, hermano. Se alejó en un intento por conservar su integridad intacta.
—No quiero que tenga una idea equivocada de este recibimiento. Solo la voy a ayudar porque no tiene a nadie en el mundo.
—Aprovecha eso, hermano. Donde hubo fuego, cenizas quedan.
—¡César, mejor lárgate! —Agregué lanzándole un zapato.
Salió corriendo de mi habitación y me volví a sentar en la cama, pero aun así, podía escucharlo hablar con mi mamá.
—Qué va, tía. Luis Ángel va a demorar en recuperarse —aseguró, y lo escuché arrastrar una silla para sentarse a la mesa a tomar el desayuno. —Sigue muy enamorado de Natie.
—Eso lo sé, hijo. Solo han pasado algunos meses —agregó con tristeza. —No se va a recuperar tan rápido, solo necesita salir más seguido —suspiró resignada. —Ojalá Sofía lo ayude —declaró esperanzada.
—No lo creo, tía, y ni se lo mencione —aconseja.
Salí de la habitación con intenciones de matar esa triste conversación y detuve a César.
—Bro, acompáñame a buscar a Sofía en el terminal —agregué a los empujones.
—Hermano, quedé de verme con Gaby.
—Solo por hoy —rogué.
La intensa mirada de mi mamá cayó sobre él y no le quedó más que aceptar.
—Está bien. Le voy a avisar que llegaré tarde.
—Desayunen, mis amores. Hace mucho que nadie usa el comedor —invitó mi mamá.
—Gracias, tía. Entonces, ¿piensas llevar a tu ex a la casa de tu... —meditó sus palabras y corrigió —de la Señora Natalia?...
—No. Yo... —no supe qué responder en ese momento. Ni siquiera yo sabía cómo llamarla.
—Sabes que Natie y Sofía no se llevaban —interrumpió
—Creo que no lo pensé bien.
—¿Tú dices?... —bromeó
—No te preocupes, Luis Ángel, Natalia no se molestará porque lleves a Sofía —aseguró mi mamá.
Sofía POV.
Finalmente había llegado al terminal, había bajado del bus y no tenía noticias de Luis Ángel. Suspiré molesta y comencé a descargarme con un intenso monólogo mental.
¿Es en serio, Luis Ángel?... ¿Es que ni siquiera porque mi papá murió vas a tener un gesto de amabilidad conmigo? Inquirí observando su foto en mi celular.
¡Si no quieres venir por mí al menos manda un maldito mensaje de texto! Yo no estoy impedida. Perfectamente puedo pagar un taxi hasta tu casa. Le hablé al celular como el artefacto me entendiese.
De pronto comenzó a sonar mi celular y un mensaje de texto se mostró en la pantalla. Era de Luis Ángel, como si me hubiera leído el pensamiento.
Luis Ángel
Hola Sofía, ya voy en camino. Perdón por el retraso. Y por favor, no me vayas a hacer un berrinche. No hagas que me arrepienta de irte a buscar.
¡¡¡Eres un grandísimo idiota!!! Me quejé. Pero no te voy a dar el gusto de verme molesta. Voy a actuar como si nada.
—¡Disculpa! —interrumpió un joven, sacándome de mis pensamientos.
—¿Qué se te ofrece? —inquirí con el toque de amabilidad que me representaba.
—Mis amigas y yo acabamos de llegar y no tenemos idea de hacia dónde ir. ¿Nos podrías ayudar? —interrogó.
—Lo siento mucho. Yo tampoco soy de aquí, así que estamos igual, pero estoy esperando a un amigo que viene por mí. Puedes esperarlo conmigo y preguntarle a él, tal vez sepa algo.
—Muchas gracias, déjame y voy por mi novia y mi amiga.
—Ok.
Le di la espalda mientras el joven iba por sus acompañantes e intenté responder el mensaje de Luis Ángel, pero quedé como una estatua al ver quiénes eran las acompañantes del joven al que le ofrecí ayuda.
La chica que se acercaba era... Natalie.
Continuará...






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