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Sinopsis

"—Acabamos de visualizar a una horda caminando hacia donde estáis. Si tenéis armas, genial, usadlas. Si no... salid cagando hostias de ahí. Espero recibir una llamada vuestra en una hora. Si por el contrario no me llamáis suerte muchachos, la vais a necesitar." Cuando esa llamada finalizó, comprendí que Dante y yo acabábamos de meternos en un buen lío. Solo que esta vez no tenía a mis padres para consolarme o defenderme. Estaba sola en un mundo lleno de esas cosas junto con un desconocido que acababa de salvarme la vida.

Genero:
Action
Autor/a:
CGM
Estado:
hace 2 horas
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

1

—Tensa los brazos. Sujeta bien el arma con ambas manos. Levántala un poco. Dedo en el gatillo. No dispares. Mantén el enfoque en tu objetivo. Y no te muevas ni un centímetro. Presiona poco a poco en…

Bum.

En cuanto presiono el gatillo, la bala sale disparada de la pistola y me echa hacia atrás unos cuantos pasos. Entrecierro los ojos para ver mejor y que el sol no me ciegue en toda la cara y, observo, satisfecha un agujero enorme en el centro de la frente del monigote de paja. Empiezo a sonreír, orgullosa de ser tan buena con la pistola. Me doy el lujo de presumir a sabiendas de toda la gente que tengo detrás de mí, esperando su turno. Se me hincha el pecho al pensar que ni siquiera Gil le daría al blanco en su primera tirada… Contenta y entusiasmada, me doy la vuelta para darle la pistola al siguiente y…

Un brazo atraviesa la pasarela improvisada del campo de tiro y veo como sus músculos se contraen cuanto más fuerte aprieta la baranda. Mi corazón da un vuelco y, poco a poco, voy levantando la mirada, viendo las caras de compasión de la gente que espera. La respiración se me vuelve pesada, pastosa e irregular, cuando poso mi mirada en la suya. Sus ojos color esmeralda me escrutan impasibles y veo como aprieta la mandíbula y se le marcan los pómulos. En otro momento me hubiese parecido increíblemente atractivo, pero ¿ahora? Ahora solo lo quiero matar muy jodidamente lento.

—¿Me dejas pasar? Estás haciendo cola y después te vas a quedar hasta las tantas enfurruñado contigo mismo por ser tan idiota. – Le espeto y doy un paso al frente apartando su brazo del tirón al intentar pasar. Sin embargo, su fuerza es, como era de esperar, tremendamente mayor que yo y solo consigo balancearlo un poco. Se queda donde está y una ira ardiente se empieza a arremolinar en mi interior. — ¿Qué cojones quieres, Dan? Le he dado en la puta cabeza. ¿Acaso no es suficiente para ti?

No le miro a los ojos cuando digo eso, pero noto como su cuerpo se va moviendo unos pocos centímetros. Su brazo, no obstante, sigue impidiéndome el paso. Y yo cuento hasta diez para no abalanzarme sobre él.

—Sería suficiente para mí si acataras por alguna puñetera vez las normas, Sia.

—Yo las acato, pero es cuando no estás tú.

—Que justo, ¿verdad?

Me encojo de hombros y levanto la cabeza. Sus ojos me siguen escrutando. Y, por si todo ya de por si no fuera más incómodo, su brazo, el que tiene apoyado en la baranda, se suelta y me lo pasa por la cintura, por detrás de mí. Su piel entra en contacto con la mía y eso me produce un escalofrío. Intento respirar con normalidad y, entonces, noto que algo se desprende de mi otra mano. Parpadeo lentamente cuando Dan da un paso hacia atrás sin apartar su mirada de la mía, con la pistola que yo llevaba hace unos segundos y se la da al siguiente que espera impaciente.

—Tiro perfecto. Pero te descuento puntos por tu desobediencia. Y, al paso que vas, estás muy lejos de conseguir el privilegio de esta semana. Así que ponte las pilas si no quieres que te encierre con un Rathe.

Una risa floja nace de mi garganta.

—Me gusta la manera que tenéis de dirigir esto. Castigando a los que saben defenderse. Adelante, enciérrame con varios de esos. Te aseguro que no quedará ni uno vivo.

Mi mirada es una promesa de la verdad de mis palabras y cuando por fin me bajo de la pasarela y paso por el lado de Dan, éste me observa detenidamente. Sigo caminando y me alejo del campo de tiro para ir a mi siguiente entrenamiento; las peleas cuerpo a cuerpo. Sin embargo, escucho algo detrás de mí, e ignoro el instinto de girarme para encararlo. Una mano me cubre la muñeca y aprieta con una advertencia muda. Paro en seco y él se acerca a mi cuerpo por detrás. Me quedo paralizada y tensa al sentir su voz a escasos centímetros de mi oído. Reprimo el escalofrío.

—No vayas de lista, Siana. Ambos sabemos que distas mucho de ser la mejor del campamento.

Ahora es mi turno de apretar la mandíbula.

—Y tú no vayas de listo, Dante. – Lo llamo por su nombre completo y juraría que sus dedos me aprietan todavía más. — Ambos sabemos que distas mucho de ser el próximo líder del campamento. — Giro un pelín la cabeza y, de reojo, lo veo tensarse.

Sonrío internamente.

—Muy bien. — Su voz suena ronca y me suelta la muñeca de mala hostia. — Te lo has ganado. — Dice y lo veo empezar a caminar hacia atrás, alejándose de mí. Me giro totalmente y me cruzo de brazos mientras no me quita ojo de encima. — Anochecer. Ala uno. Nada de armas. Tú y yo.

Frunzo el ceño.

—¿Para qué? — Medio grito al verlo ya demasiado lejos.

—¡Sorpresa!

Con una estúpida sonrisa se gira del todo y sale a correr hacia el campo de tiro. Me quedo parada en mi sitio y obligo a que mi acalorado corazón se serene. Con un fuerte pisotón al suelo, me doy la vuelta y enfadada me dirijo al ruedo de peleas al otro lado del vasto campo donde tenemos ubicado el campamento. A medida que me voy alejando de ese estúpido, empiezo a respirar con tranquilidad y alejo todos los pensamientos que me produce ver a Dan siendo… él mismo.

De verdad… ¿no podría tan solo por una vez felicitarme por ser la mejor con la pistola de todo el campamento? No, en lugar de eso siempre busca una excusa para quitarme puntos, para no tener ningún privilegio ninguna puta semana. Y no es que viviese por y para ganarme unos días de absoluta tranquilidad, o para tener una buena cama en la que dormir al menos dos días… a veces, me gustaría poder respirar con normalidad, sin sentir que en cualquier momento me puedan matar.

Respiro hondo, y dejo que los pensamientos se desvanezcan poco a poco de mi mente. En estos largos meses desde que empezó todo, he aprendido que cuanto más despejada tengas la cabeza mucho mejor. Así que me permito divagar en mis pensamientos unas cuantas veces al día, siempre y cuando esté dentro del campamento y tenga una pistola o un cuchillo en mi mano. No me gustaría que algún Kriger me comiera los sesos en mis momentos de ensoñación…

Tardo más de lo esperado en llegar a los ruedos y lo primero que veo es a Gil Haven sonriendo de oreja a oreja, cruzado de brazos y con su postura de superioridad absoluta enfrente de mi mejor amiga. Entrecierro los ojos y me quedo a unos metros de ellos, viendo el panorama.

—Joder, Gil. ¿No sé supone que deberías ayudarme? Eres el puto profesor. — Grazna Ona Upton haciendo una sentadilla profunda para coger con ambas manos una especie de pesa que, a juzgar por cómo le cuesta, debe pesar más de cincuenta kilos.

—Lo haría, Upton. De verdad. Pero tienes que aprender a hacer las cosas tú sola. Ahí fuera cada uno va a lo suyo, te matarían solo con pisar un pie fuera de este campamento.

Ona gruñe y se levanta exhalando fuerte por la boca. Se aleja unos pasos de la pesa y levanta la cabeza, mirando a Gil a los ojos.

—Te odio. Te odié desde el mismo momento en que vi tu cara en el instituto…

—Oh, tesoro. Por aquel entonces estabas enamorada de mí…

Levanto ambas cejas y sonrío.

Ona odiaba cuando Gil la llamaba tesoro. Era un mote cariñoso y él siempre lo tenía guardado para ella, pese a las circunstancias de la vida y que a veces era mejor no encariñarse con nadie, ambos siempre estaban peleándose, pero los había visto cuando ellos creían que nadie los miraba. Había visto sus miradas, sus sonrisas, el contacto de él recogiéndole un mechón de pelo y pasándoselo por la oreja… Eran actos muy bonitos que yo nunca iba a tener… Pero, aun así, me alegraba por ella. Al menos tenía una vía de escape de toda esta mierda…

—Ni en tus sueños, Gillian. Yo solo estoy enamorada de mí misma. — Gil se ríe y descruza los brazos mientras da dos pasos al frente.

Coje a Ona de los brazos y la hace ponerse otra vez de frente a la pesa. Se pone a su lado y le toca la parte baja de la espalda, presionando un poco para que ella se agache. Entonces, le hace estirar los brazos para coger la pesa y él, rápidamente, se pone detrás de ella, pone sus manos sobre las suyas y ambos levantan la pesa. No se me pasa desapercibido el roce íntimo que seguro que Gil se moría por provocar. Observo como sueltan la pesa dos segundos después y, alguien en alguna parte, silba.

—¡Bravo, Gil! ¡La tienes en el bote!

El estúpido bastardo de Neihan Olsek brama un alarido y su sonrisa de imbécil delata lo estúpido que es. Pongo los ojos en blanco y vuelvo a mirar a Gil y a Ona que salen del ruedo de pesas con ambas mejillas más rojas que un tomate de la huerta de Miley.

Sin embargo, los ojos de Gillian se van directos a Olsek, el cual deja de sonreír de inmediato.

Genial, esto va a ser divertido de ver…

—Y tú tienes una gran cantidad de puntos, ¿no? ¿Déjame adivinar, vas a conseguir el privilegio de esta semana? — Neihan asiente con la cabeza. — Estupendo… para el siguiente en la lista. Acabas de perder todos tus malditos puntos por esa estúpida bromita.

Los ojos de Olsek se abren como platos.

—¿Qué? ¡Espera, no! Joder Gil…

Con una última mirada, Gillian se da la vuelta y tanto Ona como él se quedan parados, observándome. Doy unos pasos al frente y le doy unos suaves golpes en el hombro al macho-men. Seguidamente, levanto el pulgar hacia arriba mientras sonrío.

—Me encanta lo parecidos que sois tú y Dan, ambos castigando, haciendo perder puntos a la gente…

Gill se cruza de brazos y sonríe de medio lado.

—No es mi culpa que desobedezcas tanto, Siana. Aprende de una vez que responder no te hará bien.

Aprieto los dientes ante su comentario y entrelazo mi brazo con el de Ona haciéndola salir del lado de ese capullo.

—Y tú aprende de una vez a hacer un tiro limpio con la pistola, ¿no te cansas de verme el culo, segundón?

Antes de que me conteste, ya estoy tirando de Ona y alejándome todo lo que puedo de Gillian Haven.

Visualizo un ruedo de combate vacío y con un suspiro planto mis pies antes de que alguien nos lo quite. Es entonces, cuando me doy la vuelta y veo a Ona que niega con la cabeza demasiado seria. Me encojo de hombros y sonrío de forma inocente.

—Que sepas que ha empezado Dan.

Sé que mi excusa es penosa pero no puedo evitar echar la culpa a alguien cuando mis palabras envenenadas salen de mi boca sin control.

Estoy harta de la gente que se cree superior en todo.

Ona se mete conmigo al ruedo y ambas empezamos a calentar.

—Gil no te ha hecho nada. De hecho, esta mañana me estaba preguntando por ti.

Ruedo los ojos y finjo que no me importa.

—¿Cuándo os habéis puesto a entrenar?

—Antes de que saliese el sol, mientras tú estabas roncando como un hombre.

Abro la boca indignada ante las palabras de mi mejor amiga y ella se ríe.

—Desearás no haber dicho eso. — La fulmino con la mirada y Ona me reta con su dedo índice.

—Termina de estirar y ahora lo comprobaremos.

Sonrío y estiro mi espalda para tocar los dedos de mis manos con los pies. Cuento hasta tres y vuelvo a levantarme.

—¿Tiro perfecto?

—Por supuesto, ¿acaso lo dudabas?

—En absoluto. Y déjame adivinar… ¿has vuelto a discutir con Dan?

—Por supuesto, ¿acaso lo dudabas?

Ona pone los ojos en blanco y gira su cadera de izquierda a derecha varias veces.

—Siana, ¿Cuándo dejarás de ser tan insensible con la gente? Tener un poco de sentimientos por alguien no te va a matar.

—Me permito ser buena contigo, Ona. No me apetece tener a más gente en mi lista de buenos amigos y luego perderlos. No quiero sentir ese dolor ni ese vacío. No me hagas arrepentirme de tenerte como amiga.

Cruzo mi mirada con la suya y veo un rastro de dolor que va perdiendo intensidad a la vez que parpadea. Siento un pinchacito en el corazón, pero no le doy la suficiente importancia para que se quede. Lo ignoro todo lo que puedo y siento como va perdiendo fuerza en mi interior.

Termino de estirar y me pongo en posición. Ona me imita y ambas nos lanzamos hacia la otra con los puños en alto, dispuestas a defendernos como si tuviéramos a un Kriger delante de nosotras.

Y mientras tanto, mi mente empieza a danzar como si le hubiese dado rienda suelta. A medida que fogonazos de recuerdos de mi vida pasada se abren paso, voy lanzando los puños con más fuerza y rapidez.

Aprieto los dientes dispuesta a borrarlos de un plumazo.

Sin embargo, algo me hace resbalarme y caigo de bruces al suelo, con el puño de Ona estampado en mi mejilla derecha. Gruño y golpeo el suelo, con rabia contenida.

—Sia, ¿estás bien?

Ona extiende una mano y yo la cojo.

—Sí.

Nos volvemos a poner en posición y seguimos con los movimientos. Pero esta vez pongo mi mente en blanco, sintiéndome ridícula por haber dejado que las emociones me afectasen en un combate… de nuevo.

Todavía recuerdo la paliza que me dio Dan por haber sido tan estúpida de dejar que los recuerdos me alterasen.

Al final, quieras o no, tener apego por alguien cuando el mundo se ha ido a la mierda es lo peor que te puede pasar.

Y lo sé por experiencia.

—No lo haces mal, pero tener un par de clases con Gil no te matarán.

—Déjate, prefiero entrenar por mí misma que tener a tu amorcito dándome sermones.

—Sia… Gil no es…

—Oh venga, excusas para quien las quiera. — Veo como Ona resopla y se cruza de brazos. — Oye, me parece genial que a pesar de todo sigas con el corazón intacto capaz de amar a alguien, de verdad.

—Sia…

—Pero yo no estoy en tu misma línea. Y eh, que no pasa nada. No te reprimas por mí, de verdad te lo digo. Ya de por sí todo esto es imposible de tolerar como para que no estés con él por mi culpa.

Poco a poco, mi voz va perdiendo fuerza hasta el punto de quedarme callada. Veo como Ona descruza sus brazos y un brillo suave aparece en sus ojos. Sin poder evitarlo, un fuerte pinchazo me atenaza cerca del corazón y tengo que sacudir la cabeza para olvidarme del pasado y que más imágenes no me vengan a la mente dispuestas a destrozarme el maldito día.

Porque ya era lo que me faltaba.

Tener que sobrevivir a Krigers hambrientos de cerebro humano más hacer sanar a mi puñetero corazón.

Las dos cosas son, prácticamente, imposibles.

—Venga, terminemos con el entrenamiento, me muero de hambre. — Disipo todo el ambiente que se ha formado entre nosotras trotando en mi sitio y poniendo ambas manos enfrente de mi cabeza.

Ona hace lo mismo, sin embargo, en lo que resta de combate noto que sus movimientos no son tan efectivos como hace un momento. Sin duda, ha bajado el ritmo por mí, porque sabe que no estoy bien. Que desde que todo empezó llevo mi corazón amarrado a una soga creyendo que así dejará de caérsele pedacitos rotos.

Suspiro.

De nada me sirve vivir en el pasado si el futuro ya está todo perdido.

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