La teoría del invierno.

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Sinopsis

Emma Garello tiene una razón para competir en la Senda del Yetghram, una razón que no piensa contarle a nadie. Ni siquiera a sus amigos. La competición promete un premio de un millón de dólares, para quienes consigan superar sus desafíos y llegar hasta el final, y Emma, está dispuesta a arriesgarlo todo. Entonces aparece Adam. Adam Vandepeer no es como los demás participantes. Él es reservado, frío y parece tener siempre una respuesta para todo. Ella es impulsiva, cabezota y no está dispuesta a dejarse intimidar por nadie. Emma y Adam no podrían ser más diferentes. Él no puede permitirse perder. Ella necesita ganar. Y ninguno debería enamorarse.

Genero:
Romance
Autor/a:
Patri
Estado:
Complete
Capítulos:
30
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Prólogo.

⚠️ Todos los derechos reservados. Esta historia, es una historia original de Patricia A. García, cualquier tipo de plagio o distribución, tendrá consecuencias legales ⚠️

A los idealistas, porque aún no nos han roto.

Dicen que el corazón late aproximadamente entre unas cien mil y unas ciento quince mil veces al día, de ochenta a cien veces por minuto. Sin embargo, no noto mi corazón palpitando ahora. Siento una opresión en el pecho y no puedo respirar.

Sostengo en mis brazos su cuerpo aún caliente. Los copos descienden sobre nosotros, mientras una capa blanca y fría, nos cubre como un manto. Necesito que el frío me cale los huesos, los destroce y baile sobre ellos.

La gatita se acerca sigilosa entre la nieve, y apoya su patita en mi brazo, como si de alguna manera, supiera cómo me siento. Como si fuese el único ser en este mundo, con el que poder compartir el dolor que me oprime el pecho.

La comprensión llega como una punzada a mi estómago.

Haría cualquier cosa por la persona que amo, y esa es la razón por la que no amaba a cualquiera.

Yo no creía en un dios, no era un orador, ni tampoco un santo. Pero en aquellos momentos supliqué, al invierno, al viento, al universo, a esa gata endemoniada que no dejaba de mirarme con tristeza, que lo que me hacía latir el corazón, me sonriera de nuevo, por última vez.

Acaricié su mejilla, que comenzaba a estar demasiado fría, y las lágrimas cayeron, como pequeñas gotas congeladas en el tiempo y el espacio, sobre su rostro. Y me quedé ahí, inmóvil, abrazando a la única persona que tenía el poder de hacer arder mi corazón.

Me tambaleé con ella en brazos, mientras la nieve caía sin tregua. Pronto no seríamos más que un recuerdo.

La muerte es un suceso irreversible, y en ocasiones llega sin previo aviso. Apreté los dientes con fuerza, pero no sería hoy, no ella, no nosotros.

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