Capítulo 1: Las apariencias
Orochimaru acaba de donar una fortuna para un hospital infantil.
Aplaudo con el resto del salón.
Él acepta los agradecimientos de la anfitriona y vuelve a su conversación. A mi alrededor brillan pulseras, copas y sonrisas. Hay empresarios, políticos y una actriz a la que reconozco de los anuncios. La mayoría no sabe con quién está compartiendo mesa.
Yo sí.
—No te alejes —me dice.
—Estaré por aquí.
Me sitúo junto a una columna, cerca de él, pero fuera de la conversación. El vestido negro es discreto y me permite moverme. No he venido a destacar. Esta noche solo tengo que escuchar y esperar.
Un camarero me ofrece champán. Acepto una copa para tener algo en las manos.
Entonces lo veo.
Sasuke está al otro extremo del salón, junto a Itachi.
Durante unos segundos espero que se vuelva y resulte ser otra persona. Pero conozco ese perfil. La inclinación de la cabeza cuando escucha algo que no le interesa. La mano izquierda en el bolsillo.
En el coche habían hablado de una posible alianza con los Uchiha. Supuse que vendría Itachi, que llevaba las negociaciones.
Una suposición cómoda. Estúpida.
Retrocedo detrás de la columna.
Cinco años deberían bastar para que alguien dejara de afectarte así.
Vuelvo a observarlo. Tiene los hombros más anchos y el pelo algo más corto. Un hombre se acerca para saludarlo y espera a que termine de hablar antes de ofrecerle la mano.
Sasuke no necesita imponerse. Los demás se encargan de demostrar quién es.
Yo recuerdo cuando tenía veintiún años y se quedaba dormido sobre mis apuntes.
—Haruno.
Orochimaru me entrega una carpeta.
—Guárdala. La necesitaremos después.
Al levantar la vista, encuentro a Itachi mirándome.
Me reconoce. Se inclina hacia su hermano y le dice algo.
Sasuke termina la conversación antes de girarse.
Nuestros ojos se encuentran.
Su expresión apenas cambia, pero deja de mover el pulgar sobre el borde de la copa. Mira a Orochimaru. Después vuelve a mirarme.
Dejo el champán intacto sobre una bandeja y salgo a la terraza.
——
Hay dos invitados fumando junto a la puerta. Camino hasta el extremo contrario y apoyo las manos en la barandilla.
Necesito volver dentro. Hacer mi trabajo. Marcharme sin convertir esta noche en un problema.
Cuando los fumadores entran, oigo mi nombre.
—Sakura.
Sasuke se detiene a unos pasos.
—No es un buen momento —digo.
Su mirada pasa por mi cara y por la carpeta.
—¿Qué haces con Orochimaru?
—Trabajando.
—Ya lo veo.
Habla bajo. Desde el salón pareceremos dos conocidos conversando.
—Entonces no necesitas preguntarlo.
Aprieta apenas la mandíbula.
—¿Puedes marcharte cuando quieras?
La pregunta me desconcierta.
—¿Qué?
—Si decides irte ahora, ¿te dejaría?
No sabe qué pensar. No sabe si necesita ayudarme o desconfiar de mí.
Durante un segundo quiero contárselo todo.
Después recuerdo que este hombre se fue sin permitirme siquiera discutirlo.
—No necesito que me saques de aquí.
—No es lo que he preguntado.
—Es la respuesta que vas a tener.
Mira hacia el salón.
—¿Desde cuándo trabajas para él?
—¿Importa?
—Sí.
—Pues tendrás que acostumbrarte a no saberlo todo.
Vuelve a mirarme.
—Hace cinco años estabas estudiando para...
—Sé lo que estaba haciendo hace cinco años.
Mi voz sale más cortante de lo que pretendía.
Sasuke guarda silencio.
—No esperaba encontrarte aquí —dice finalmente.
—Yo tampoco esperaba encontrarte a ti.
—Sakura...
—No puedes desaparecer y volver a hacerme preguntas como si te debiera un informe.
—No he dicho que me debas nada.
—Entonces deja de hablarme como si fuera así.
Dentro, alguien ríe. Sasuke mete una mano en el bolsillo.
—Hay cosas que no sabes de ese hombre.
Tengo que apartar la mirada.
Si tuviera la menor idea.
—Y hay cosas que no sabes de mí.
La puerta se abre. Una pareja sale conversando y Sasuke retrocede medio paso.
—Van a servir la cena —dice.
Asiento como si lleváramos hablando de eso todo el tiempo.
Paso junto a él sin rozarlo.
——
Nos sientan en mesas distintas.
Orochimaru ocupa la cabecera de la nuestra. Yo quedo a su derecha, frente a un matrimonio que habla de colegios privados.
Respondo cuando corresponde. Apenas pruebo la comida.
A tres mesas de distancia, Sasuke escucha a una mujer de vestido azul. No me mira.
Su frialdad siempre ha tenido algo de eso: hacerte dudar de lo que acabas de vivir con él.
—¿Conocías a alguno de los Uchiha? —pregunta Orochimaru.
Mantengo el tenedor en la mano.
—Coincidí con Sasuke en la universidad.
No conviene mentir sobre algo que otro puede confirmar.
—Qué pequeño es el mundo.
—A veces.
Me observa unos segundos. Después vuelve a su conversación.
Durante el postre se levanta para hablar con los anfitriones. Estoy doblando la servilleta cuando Kakashi Hatake se detiene a mi lado.
—Sakura.
—Kakashi.
Deja una tarjeta junto a mi plato.
—Sasuke te espera arriba. Ala este, habitación doce.
—No, gracias. No acepto la invitación.
Sostiene mi mirada.
—No es una invitación. Vamos.
Me recuesto en la silla.
—Había olvidado vuestra costumbre de confundir peticiones con órdenes.
—Puedes decírselo a él.
Podría quedarme. Obligar a Sasuke a decidir cuánto está dispuesto a llamar la atención.
Pero también hay preguntas que llevo cinco años guardándome.
Dejo la servilleta sobre la mesa y me levanto. —Cinco minutos.
Kakashi se aparta para dejarme pasar.
——
La música pierde volumen a medida que subimos. La primera planta está reservada a los invitados que se alojan en la mansión. Hay cuadros antiguos, una alfombra gruesa y un silencio incómodo después del ruido de abajo. Kakashi se detiene ante una puerta. —Aquí.
Entro sin llamar. Sasuke está junto a un escritorio, con el teléfono en la mano. Lo guarda al verme. Espero a que Kakashi se marche antes de hablar.
—No vuelvas a mandarme buscar así
—Necesitaba hablar contigo sin interrupciones.
—Podías haber preguntado.
—Lo intenté en la terraza.
—Eso fue un interrogatorio.
Mira la puerta, todavía abierta. —Puedes irte.
La respuesta me descoloca más que una orden. —¿Después de hacer que tu hombre me traiga hasta aquí?
—Kakashi no volverá a buscarte.
Nos miramos. Detrás de él hay otro espacio, separado por unas puertas entreabiertas: una cama, una lámpara encendida, una maleta cerrada junto a un armario. Una habitación de invitados. No un despacho.
Dejo la carpeta sobre una mesa y cierro la puerta.
—Cinco minutos —repito.
Sasuke asiente.
—¿Estás en problemas?
Suelto una risa breve, sin humor. —Esa pregunta llega un poco tarde.
Lo veo encajar el golpe. No se defiende.
—¿Orochimaru te está obligando a trabajar para él?
—No voy a hablarte de Orochimaru.
—Eres su mano derecha.
—Entonces ya sabes algo.
—Sé lo que he visto esta noche. No sé cómo has llegado ahí.
—No has estado.
La frase queda entre nosotros. Sasuke aparta la mirada por primera vez.
—Lo sé.
No esperaba que lo admitiera tan fácilmente. Me había preparado para excusas, para que volviera a explicarme qué era lo mejor para mí.
La falta de resistencia me deja sin saber dónde poner la rabia.
Se quita la chaqueta y la deja sobre el respaldo de una silla. Al hacerlo, la camisa se tensa sobre la funda que lleva en la cintura. Me quedo mirándola. Por un instante vuelvo a su apartamento de estudiante. Estoy sentada en el suelo, rodeada de apuntes, y él estira el brazo para alcanzar una taza. La camiseta se levanta. Veo el arma y dejo de hablar a mitad de una frase.
Recuerdo que se bajó la camiseta en cuanto se dio cuenta. Recuerdo, sobre todo, que aquella noche no conseguí dormir.
Ahora llevo una también.
—¿Qué pasa? —pregunta.
—Nada.
Sigue mi mirada. Después observa mi bolso, cerrado bajo mi brazo. No pregunta. La comprensión le cambia la expresión apenas un segundo.
—Sakura...
—No me mires así.
—¿Cómo?
—Como si estuvieras intentando averiguar qué queda de mí.
Se queda en silencio. Yo habría preferido que lo negara.
—No voy a contarte cinco años de mi vida porque hayas decidido que hoy te interesa.
—No ha dejado de interesarme.
—Pues se te dio muy bien disimularlo.
Sasuke baja la cabeza. Se pasa el pulgar por el nudillo de la otra mano, una costumbre que creía olvidada.
—Me fui porque pensé que...
—No digas que fue por mí.
Levanta los ojos. —Lo pensé. No significa que acertara.
Me quedo sin réplica. Es una frase pequeña para todo lo que pasó. Insuficiente. Y, aun así, es la primera vez que no siento que esté decidiendo por los dos.
——
Miro el reloj de la pared. Han pasado bastante más de cinco minutos.
—Tengo que bajar.
Recojo la carpeta, pero al girarme tropiezo con el borde de la alfombra. Sasuke alarga la mano por reflejo y me sujeta el antebrazo. Me estabilizo enseguida. Él me suelta. El contacto no ha durado nada. Ese es el problema: que no ha durado nada y lo he notado demasiado.
—Gracias —digo, sin mirarlo.
—Sakura.
Esta vez mi nombre suena distinto. Alzo la cabeza. Está cerca, aunque no sé cuál de los dos ha reducido la distancia. Le miro la boca y me odio un poco por hacerlo. Sasuke lo ve. No se mueve.
—No voy a confundirte esto con un perdón —le advierto.
Su expresión cambia. —No te lo estoy pidiendo.
Dejo la carpeta otra vez. Después agarro la solapa de su camisa y lo beso. Durante un instante permanece inmóvil, sorprendido. Luego me responde, y el beso pierde enseguida la cautela. Hay demasiado que reconocer y demasiado que no quiero recordar. Me aparto apenas para mirarlo, todavía sujetándolo. Él no intenta acercarme otra vez. Espera.
Fuera se oyen pasos. Ambos volvemos la cabeza hacia la puerta. Los pasos siguen de largo. Podría aprovechar ese momento. Recoger mis cosas. Bajar y dejar que todo termine en un beso que ninguno tendría por qué mencionar.
—Dime que quieres que me vaya —murmuro.
Sasuke me sostiene la mirada. —No quiero que te vayas.
Yo tampoco. Esta vez nos acercamos los dos.
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Holaaaa!!
Realmente es la primera vez que me atrevo a subir las historias que estoy escribiendo
Siempre he sido una fiel lectora de fanfics sasusaku y tenia varios borradores con mis propias historias. Estoy reescribiendo todas para poder publicarlas y daros más contenido para pasar horas con el teléfono pegado jajajaja
Muchas gracias por leerme y seguirme para enteraros de cuando actualizo!
Valoro mucho si votáis mis historias para darles apoyo y podéis comentar todo lo que queráis!
Besossss








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