CAPÍTULO 1 - CORAZÓN DE JONGNO
El mar de gritos retumbaba al unísono en el estadio. Más de setenta mil personas abarrotaban la imponente Cyber Dome, en el corazón de Jongno, Seúl, Corea del Sur.
Todos vitoreaban un mismo nombre.
Spectre. Spectre. Spectre.
El rostro más famoso de los eSports. El campeón que había convertido a GG en una leyenda y cuyo nombre era conocido incluso por quienes jamás habían jugado Eternal Leagues Online —ELO para los fans—.
Lyra llevaba siete años mirándolo a través de una pantalla, estudiando cada técnica y jugada que él había realizado desde su debut a los catorce años. Caminaba entre los fanáticos para llegar a la zona VIP. Tomó asiento en cuanto encontró su lugar. Las butacas de la primera fila eran más cómodas que las del resto, tenían una almohadilla color rojo intenso y un descansabrazos que separaba cada asiento. Lyra pasó su mano para sentirlos mientras recorría el enorme escenario con la mirada.
—Tantos años de esfuerzo y ahora estás aquí —susurró para ella—. Te lo mereces.
Pensó en las transmisiones en vivo que veía, las grabaciones de los torneos y todo el contenido que había consumido durante años. Durante mucho tiempo, vivir un Mundial en persona había parecido un sueño borroso, casi imposible.
—No puede ser. Tengo veinte años y todavía me tiemblan las piernas como cuando tenía trece —murmuró, forzando una respiración profunda.
Tomó la acreditación VIP que colgaba de su cuello. Sonrió por unos segundos al leer el texto:
«Acceso VIP. Lyra Noelle Ríos - Creadora de Contenido».
Sus más de ochenta mil seguidores habían sido suficientes para conseguirle aquel acceso. Pero el verdadero motivo de aquella invitación había sido un video viral de meses atrás, después de que Lyra admitiera en una transmisión en vivo que Aiden Vale era su hombre ideal. Miles de fans habían convertido aquella confesión en un ship: «SPECTRA».
El resto lo había hecho internet. Unos cuantos edits se convirtieron en cientos. Luego en miles. Hasta que uno de ellos se volvió viral en todo el mundo y Helix Dynamics, un importante patrocinador de la liga, decidió invitarla a la fase final del campeonato mundial, mejor conocido como “Champs”.
***
Las luces se apagaron por completo. Una sola luz blanca barrió el escenario para dar inicio al impresionante show de apertura de la gran final y apareció la cantante principal. Cuando los primeros acordes de “Legends Never Die” resonaron por todo el estadio, Lyra sintió un nudo en la garganta. Sin pensarlo, empezó a cantarla a todo pulmón. Varias personas voltearon a verla. Apenas unas cuantas voces secundaban la letra entre el público. Lyra tardó unos segundos en darse cuenta de que ahí la gente solía guardar respetuoso silencio o grabar con sus teléfonos. Bajó la voz de golpe y sonrió con vergüenza, sintiendo las mejillas calientes.
En el clímax de la canción, cuando el humo estalló en los senderos del escenario, apareció Aiden Vale guiando a GG.
Lyra se puso de pie de un salto. Sin pensarlo dos veces, se giró hacia un chico coreano completamente desconocido que estaba sentado a su lado.
—¡Es él! ¡Es Aiden, no lo puedo creer! —le gritó en español.
El chico la miró como un bicho raro por la efusividad y porque no entendía lo que dijo.
—¡Perdón! ¡Estoy muy emocionada! —se disculpó en coreano.
El chico se sintió apenado y soltó una pequeña risa.
—¡VAMOS GG! ¡VAMOS AIDEN!
Varios fans de las filas de atrás la miraron de reojo, escandalizados por el ruido, pero ella ni se enteró. Estaba viviendo su sueño.
Los jugadores se metieron a las cabinas insonorizadas y el juego comenzó. «Dios mío, esto es real», pensó Lyra mientras veía la imagen de Aiden en una pantalla LED.
***
Los primeros treinta minutos se mantuvieron reñidos. El equipo Golden Dragon de China era el contrincante más temido y el rival eterno de GG. De un momento a otro, la sonrisa de Lyra se le congeló en el rostro.
«Está lento. ¿Por qué se está cubriendo tanto?».
Un frío le subió por la espalda. Miró la cabina de cristal donde estaba él. Tenía los hombros idénticos a siempre. La cabeza inclinada igual. Pero la mano sobre el mouse temblaba, apenas, como si la sostuviera contra una corriente.
En el minuto cuarenta pasó lo que nunca había sucedido en los últimos campeonatos mundiales. GG, el equipo de G-MAX perdió el objetivo, luego el mapa y después el partido.
La palabra «DERROTA» inundó las pantallas en blanco y negro, y por un segundo el estadio entero se quedó sin aire.
Las voces que minutos antes habían coreado su nombre ahora se volvieron contra él. Aquel que había sido el rey durante tantos años terminó convertido en un extraño de sangre mixta en su propia tierra.
Aiden se levantó de su asiento, contenido como siempre, dio una reverencia al público y salió guiando a su equipo fuera del escenario hasta perderse en el túnel.
Las lágrimas cayeron por las mejillas de Lyra, no se había dado cuenta hasta que la sal le llegó a los labios.
Los fanáticos empezaron a irse pero ella permaneció quieta, con el gafete apretado entre ambas manos. Un jugador del calibre de Aiden no se derrumbaba así. Había algo más.
Se puso de pie. Barrió el lugar completo hasta detectar la salida más cercana al área del backstage. Cuando la encontró, titubeó un segundo, pero no había viajado desde México para solo quedarse viendo cómo el hombre que tanto admiraba había salido de ese escenario con los ojos cansados y los nudillos blancos; necesitaba entender qué le pasaba antes de dejar Corea.
—Un shot de tequila hubiera sido bueno para agarrar valor —Cerró ambos puños con determinación antes de dar el primer paso—. Tú puedes, Lyra.
Caminó con cuidado entre las butacas y esquivó algunas cintas que delimitaban la zona. Logró camuflarse entre el staff sin que pudieran notarla. Se abrió paso contra la corriente de gente. Pasó junto al guardia de seguridad, mostró el gafete sin detenerse y él, ocupado en contener una fila de fans furiosos, apenas le hizo un gesto con la barbilla. Cruzó una puerta lateral. Después otra, más angosta, donde el ruido del estadio se volvió un rugido lejano.
***
Cuando llegó a un largo pasillo con diversas puertas, no supo adónde más ir. Junto a una puerta de emergencia, dos personas hablaban en voz baja. Una era una mujer con el gafete de G-MAX y una tableta pegada al pecho. El otro era el entrenador de GG. Lyra lo reconoció de las entrevistas, aunque nunca lo había visto con los hombros tan caídos. Se pegó a la pared.
—Kessel quiere todo listo antes de la rueda de prensa —dijo la mujer en coreano, sin despegar los ojos de la tableta—. La cláusula ya está corriendo.
—Acaba de perder una final del mundo. Déjenlo respirar.
—Es protocolo.
—Es un chico.
—Es el activo más caro de la empresa. —Tocó la pantalla—. Y esta noche bajó de valor.
El entrenador apretó la mandíbula. Miró al suelo, como si buscara algo que decir y no lo encontrara.
—Déjenlo asimilar la derrota —murmuró—. En cuanto esté listo, yo mismo lo llevaré.
La mujer por fin levantó la vista. No contestó. Le regaló una sonrisa corta y se fue con los tacones sonando por el pasillo. El entrenador se quedó solo, con la mano en la nuca. Segundos después se fue hacia el lado contrario.
Lyra tenía el gafete apretado con tanta fuerza que las letras se le marcaron en la palma. «¿Qué cláusula? ¿Qué le dijeron?». Ni una sola vez dijeron su nombre. Solo «activo». Esperó a que los pasos se apagaran. Finalmente se movió. Dobló una esquina y chocó de frente con alguien.
—Perdón, perdón —dijo en coreano, tapando su rostro con la gorra de la sudadera y manteniendo el rostro hacia el lado contrario.
—¿Quién eres? —preguntó una voz femenina detrás de ella en coreano.
Lyra se tensó y se mantuvo de espaldas y giró el rostro a medias.
—Me mandaron a revisar… —Lyra titubeó en coreano sin saber qué mentira podría ser creíble en ese momento.
—Tú no eres coreana… —respondió la voz.
Su acento latino la delataba, pero esa voz también tenía un acento diferente, similar a uno que Lyra conocía. Destapó su rostro y se giró por completo para afirmar su sospecha.
Frente a ella estaba una chica pequeña, de cabello negro corto y la chamarra roja y negra de GG arrugada en las mangas. Lyra la reconoció al instante, se trataba de Yuki Akira, mejor conocida como Rift, la soporte del equipo. La chica se quedó paralizada al ver el gafete y luego la cara de Lyra.
—¿Rift? —preguntó Lyra con asombro—. ¡Soy una gran fan! Estoy…
Se quedó sin palabras. Había llegado más lejos de lo que jamás pensó. Pero sabía que Yuki era una excelente analista y mentirle no terminaría bien.
—Solo quiero saber si Aiden está bien… —murmuró finalmente.
Yuki resopló y entrecerró los ojos por un segundo como si estuviera repasando distintos escenarios y posibilidades en su cabeza. Después señaló con la mano hacia el pasillo.
—Derecha. Camerino diecisiete.
—Gracias…
Yuki asintió.
—Si quieres verlo, abre la puerta.
—¿No me va a dejar entrar?
—No.
La respuesta fue tan seca que Lyra no supo si estaba hablando de Aiden o si, de alguna manera, acababa de echarla. Le dedicó una pequeña reverencia antes de seguir por el pasillo. Yuki esperó hasta que la vio doblar la esquina.
***
Conforme avanzaba por el pasillo se escucharon varios golpes y el ruido de muebles siendo arrastrados o derribados. Provenía del camerino que Yuki había dicho.
«¿Qué está pasando ahí dentro?».
Tomó el pomo y abrió justo cuando un mouse pasó volando a centímetros de su cara y se estrelló contra la pared.
—¡Dije que no quiero ver a nadie, Jun! —gritó Aiden.
El camerino era pequeño, con una sola luz cenital que dejaba el resto en penumbra. Había sillas volteadas en el suelo. Una contra el espejo, con una pata torcida. El escritorio, corrido medio metro de su lugar. Un teclado partido sobre la alfombra, con las teclas regadas por todo el piso. Y en el centro, Aiden Vale, de espaldas, con el cuello de la chamarra abierto y el cabello revuelto, respirando como si hubiera corrido kilómetros.
—¿Aiden? —preguntó Lyra. Su voz tembló apenas.
Giró la cabeza al oír su voz. Cuando la vio su expresión cambió de rabia a una mezcla de confusión y sorpresa de un segundo a otro. Lyra entró con cautela y cerró la puerta detrás de ella. Paseó los ojos por el desastre en el piso. Spectre no era así. Durante años, Lyra había estudiado cada una de sus derrotas, sus victorias y entrevistas. Nunca lo había visto perder el control y definitivamente esta escena no era lo que ella tenía en mente al pensar en encontrarse con Aiden Vale a solas.
Dio un paso más. Observó su cabello despeinado y las ojeras marcadas debajo de sus ojos.
—¿Estás bien, Aiden? —preguntó en inglés con voz más firme.
«¿Por qué le estoy hablando en inglés? ¡Qué tonta!», se fustigó mentalmente al recordar que ella dominaba el coreano, pero los nervios la habían traicionado en el peor momento.
—No voy a firmar autógrafos. Vete —Aiden le dio la espalda de inmediato. Su voz en inglés sonaba todavía más fría que en coreano.
Sus puños estaban blancos de la fuerza con la que los apretaba.
Lyra caminó decidida. Claramente algo estaba mal y no lo dejaría solo en un momento tan difícil como ese. Su mano encontró el hombro de Aiden y con su dedo índice le dio tres toques.
Él giró por completo, quedando a centímetros de distancia. Sus ojos, que normalmente carecían de emoción alguna, ahora eran un torbellino difícil de descifrar.
Aiden miró el reloj de la pared una vez. Y antes de que Lyra pudiera articular una palabra más, él acortó la distancia, la tomó de la cintura y la besó con una desesperación que la dejó sin aliento. Lyra soltó un susurro ahogado por la sorpresa. Un segundo después cerró los ojos y le correspondió con la misma intensidad, rodeándole el cuello. El corazón le golpeó con tanta fuerza que por un instante olvidó dónde estaba. Había imaginado ese momento demasiadas veces. En su habitación, frente a la pantalla y durante alguna transmisión. Incluso, en sueños que jamás se habría atrevido a contarle a nadie. Pero nunca pensó que sería Aiden quien tomara la decisión de besarla así.
Sus dedos se aferraron a la tela de su sudadera mientras él mantenía una mano firme sobre su cintura. Lyra cerró los ojos y dejó que todo lo demás desapareciera. Durante unos segundos solo existían ellos dos. Hasta que la puerta se abrió de golpe. Se separaron apenas. Lyra se paralizó sin poder mirar hacia la puerta.
—¡Esperen! —gritó Yuki, intentando impedir que el resto del equipo entrara.
Su corta estatura no fue suficiente para detener a Ethan Smith, el flanker estadounidense del equipo, que alcanzó a verlos antes que nadie.
—Bueno... —dijo en coreano, con una media sonrisa incrédula—. Al menos alguien recibió un premio de consolación.
Detrás de él entraron los demás. El resto del equipo, personal de G-MAX y el entrenador. Un silencio de pasos detenidos al mismo tiempo. Lyra sintió que el calor le subía del cuello hasta las orejas.
Se cubrió el rostro con las manos.
«¿Premio de consolación? ¡¿Eso piensan de mí?!».
—Dios mío… —susurró en español.
Retrocedió un paso. Luego otro. Miró a Aiden una última vez, él permanecía inmóvil, sin mostrar ninguna reacción que pudiera ayudarla a entender lo que acababa de pasar, ni siquiera la estaba mirando. Por un instante, una duda le atravesó el pecho.
«¿Y si había estado equivocada sobre él todo este tiempo?».
Tal vez el Aiden que había admirado durante años no era el hombre que acababa de conocer. Tal vez para él aquello no había significado nada; solo había visto a una fan enamorada y se había aprovechado del momento. La idea le dolió más de lo que esperaba. No pudo levantar la mirada.
—Lo siento...
No sabía siquiera por qué se disculpaba. Salió del camerino tan rápido como pudo apartando a los demás al pasar. Escuchó a Yuki llamarla a su espalda, pero no se detuvo. Atravesó el pasillo casi corriendo, con el corazón todavía desbocado y las mejillas ardiendo. Aiden Vale acababa de besarla y todos lo habían visto. Quería morirse de vergüenza.








