Prologo.
Nueva York era una ciudad que respiraba ambición.
Los rascacielos parecían gigantes de acero que observaban el mundo desde arriba, iluminados por miles de luces que nunca se apagaban. Para algunos, esa ciudad representaba oportunidades. Para otros, simplemente era una jungla donde sobrevivía quien tuviera el suficiente poder para hacerlo.
Enjoy lo sabía mejor que nadie.
Desde el último piso del edificio más imponente del distrito financiero, la ciudad se extendía bajo sus pies como un tablero de ajedrez. Cada empresa, cada contrato y cada alianza eran piezas que podían moverse con precisión si se tenía la mente correcta para hacerlo.
Y Enjoy tenía esa mente.
A sus treinta años, era una de las abogadas más influyentes de Nueva York. Su nombre estaba asociado a victorias imposibles, negociaciones que parecían milagros y estrategias legales que dejaban a sus adversarios completamente arruinados.
Pero nada de eso había sido un regalo.
Había construido su imperio desde los dieciocho años.
Sin padrinos.Sin familia poderosa.Sin nadie que le sostuviera la mano.
Solo inteligencia, disciplina y una ambición que ardía como fuego.
Su bufete ahora dominaba casos corporativos, litigios millonarios y conflictos empresariales que podían mover economías enteras. La gente no solo respetaba a Enjoy.
La temían.
En ese momento, ella estaba sentada detrás de su escritorio de madera oscura, revisando un expediente con absoluta calma. Sus dedos largos pasaban las páginas con precisión, mientras su mente analizaba cada detalle como si fuera un rompecabezas.
Un error.
Eso era todo lo que necesitaba encontrar.
Un pequeño error que derrumbara a la empresa contraria.
—Ridículo... —murmuró con un tono bajo.
Cerró la carpeta con suavidad y se recostó en su silla.
El silencio de la oficina era profundo. Solo el leve zumbido del aire acondicionado y el murmullo lejano de la ciudad rompían la quietud.
Para muchos, ese tipo de soledad sería incómoda.
Para Enjoy era normal.
Estar en la cima siempre significaba estar sola.
Tomó su copa de vino y la giró ligeramente entre sus dedos. El líquido rojo reflejaba las luces de la ciudad, creando pequeños destellos carmesí.
Entonces recordó algo.
Una imagen breve.
Una chica caminando por el pasillo esa misma mañana.
Enjoy entrecerró los ojos.
June.
El nombre apareció en su mente como una chispa.
Había sido un momento insignificante... o al menos debería haberlo sido.
La joven caminaba con pasos cuidadosos por el edificio, sosteniendo una carpeta contra su pecho como si fuera un escudo. Su ropa era sencilla, muy distinta a los trajes elegantes que dominaban el lugar.
Pero no era eso lo que había llamado la atención de Enjoy.
Era su mirada.
Había algo en esos ojos.
Algo honesto.
Algo que no pertenecía a ese mundo de abogados calculadores, negociaciones millonarias y ambición despiadada.
Enjoy dejó la copa sobre el escritorio.
Curioso.
Muy curioso.
Porque normalmente nada lograba captar su atención de esa manera.
Se levantó lentamente de su silla y caminó hacia el enorme ventanal de la oficina. Desde allí, Nueva York parecía un océano de luces interminables.
Las personas corrían por las calles sin saber que arriba, en uno de esos edificios, se tomaban decisiones capaces de cambiar el destino de miles.
Enjoy apoyó una mano en el vidrio.
En su mundo existían reglas muy simples.
Control.
Poder.
Dominio.
Quien dudaba, perdía.
Quien mostraba debilidad, era devorado.
Y quien llamaba su atención...
nunca volvía a ser invisible.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
Mientras tanto, en otro piso del edificio, June caminaba por un pasillo estrecho sosteniendo una bandeja con documentos que debía entregar.
El trabajo no era fácil.
Era su primer día.
Su corazón latía con fuerza mientras miraba las oficinas elegantes y los abogados que caminaban con confianza por el lugar.
Todo parecía demasiado grande.
Demasiado caro.
Demasiado distante de la vida que había tenido.
June provenía de una familia humilde. Su madre había trabajado toda su vida para sacar adelante a la familia, sacrificando cada cosa que tenía para que sus hijos pudieran estudiar y vivir un poco mejor.
Pero la vida no siempre era justa.
El diagnóstico había llegado como un golpe inesperado.
Cáncer.
Etapa uno, cerca de la dos.
Los médicos habían sido claros.
Había tratamiento.
Había esperanza.
Pero también había algo más.
Costos.
Muchos costos.
Dinero que su familia simplemente no tenía.
Por eso June estaba allí.
Había conseguido ese trabajo por pura casualidad. Una oportunidad pequeña dentro de una empresa gigantesca.
Pero para ella significaba todo.
Cada hora de trabajo era una posibilidad.
Cada sueldo era una pequeña batalla ganada contra la desesperación.
No podía fallar.
No tenía derecho a fallar.
Mientras caminaba por el pasillo, June no sabía que, varios pisos más arriba, alguien observaba la ciudad pensando en ella.
Porque Enjoy no era una persona que ignorara lo que despertaba su curiosidad.
Y cuando algo despertaba su interés...
siempre encontraba la forma de acercarse.
Siempre encontraba la forma de obtenerlo.
En otro edificio cercano, tres mujeres estaban reunidas en un restaurante elegante.
Lingling Kwong levantó su copa con una sonrisa tranquila.
—Enjoy ha estado demasiado silenciosa últimamente.
Frente a ella, Faye Peraya soltó una pequeña risa.
—Eso nunca es buena señal.
Engfa Waraha apoyó el codo sobre la mesa.
—Cuando Enjoy se queda callada, significa que algo le interesa.
Las tres se conocían demasiado bien.
Sabían cómo funcionaba la mente de su amiga.
Lingling miró su teléfono donde aparecía una foto de su esposa, Orm.
Su expresión se suavizó inmediatamente.
—Si alguien intentara lastimar a Orm... —dijo con calma— no sobreviviría mucho tiempo.
Faye sonrió de lado.
—Lo mismo con Atom.
Su mirada se volvió peligrosa por un segundo.
—Hay personas que olvidan que el amor también puede ser violento.
Engfa bebió un sorbo de su bebida antes de hablar.
—Charlotte dice que yo exagero... pero si alguien la hiciera sufrir, lo arruinaría todo. Empresas, reputaciones, lo que sea necesario.
Las tres se miraron.
Y luego rieron suavemente.
Porque en su círculo había una verdad simple.
Cuando amaban, lo hacían sin límites.
Y Enjoy...
era la peor de todas en ese aspecto.
En ese mismo momento, en su oficina, Enjoy tomó nuevamente su copa de vino.
Sus ojos reflejaban las luces de la ciudad mientras pensaba en algo que apenas comenzaba a tomar forma en su mente.
June.
La joven ni siquiera imaginaba el tipo de mundo en el que estaba entrando.
No sabía que había captado la atención de una mujer que siempre conseguía lo que quería.
Y cuando Enjoy decide algo...
no hay reglas que puedan detenerla.
Sus labios se curvaron lentamente mientras murmuraba para sí misma:
—Eres interesante, June.
La ciudad continuaba brillando bajo la noche.
Pero en algún punto entre el deseo, el poder y el destino...
dos caminos estaban a punto de cruzarse.
Y cuando eso sucediera...
nada volvería a ser igual.







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