Crear nueva lista
Compartir con tus amigos
Personalizar legibilidad

El último Golpe

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Manoplas es un omega tímido que intenta sobrevivir en un instituto dominado por alfas. Su mayor tormento es Lolo, un alfa cruel que disfruta humillándolo. Pero detrás de su silencio se esconde una historia que está a punto de cambiar para siempre.

Genero:
Lgbtq
Autor/a:
LoreEstelar
Estado:
Completa
Capítulos:
31
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

0- El despertar de Manoplas

EL PACTO DE LAS CENIZAS

En un mundo donde nacer alfa, beta u omega determina cómo te trata la sociedad, ser diferente puede convertirse en una condena.

Manoplas lo sabe demasiado bien.

Desde que llegó al instituto, su vida se ha convertido en una lucha constante por sobrevivir a cada jornada. No porque estudiar le resulte difícil, sino porque nunca sabe cuándo será el próximo día en que alguien decida convertirlo en el blanco de sus burlas.

Todo comenzó con comentarios sobre su condición de omega. Primero fueron bromas, risas y miradas despectivas. Después llegaron los apodos, los rumores y las humillaciones delante de sus compañeros.

Al principio intentaba ignorarlos. Pensaba que, si no respondía, terminarían aburriéndose. Si caminaba más rápido, si hablaba menos, si evitaba llamar la atención, quizá lo dejarían tranquilo.

Pero nunca era suficiente.

Lolo era uno de los principales responsables de su sufrimiento. Un alfa dominante, popular y acostumbrado a que los demás hicieran lo que él quería. Le bastaba una mirada para intimidar a otros estudiantes y una palabra para conseguir que todos se rieran de quien señalaba.

Manoplas se convirtió en uno de sus objetivos favoritos.

A veces Lolo lo esperaba en los pasillos para insultarlo. Otras veces le quitaba sus cosas, lo empujaba o encontraba cualquier excusa para dejarlo en ridículo delante de los demás. Si Manoplas respondía, las burlas aumentaban. Si se quedaba callado, también se reían.

No había una respuesta correcta. Cualquier cosa que hiciera podía convertirse en otro motivo para atacarlo.

Y lo peor era que casi siempre había alguien mirando.

Algunos compañeros se reían. Otros grababan, comentaban o repetían los rumores. Muchos fingían no ver nada porque tenían miedo de convertirse en los siguientes objetivos.

Manoplas empezó a sentirse invisible cuando estaba solo y demasiado visible cuando alguien quería humillarlo.

Cada mañana, antes de entrar al instituto, sentía un nudo en el estómago. Se preguntaba si aquel día habría algún comentario sobre él, si encontraría sus cosas destrozadas o si tendría que soportar otra escena delante de toda la clase.

Aprendió a reconocer las risas que anunciaban problemas. A distinguir los pasos de quienes solían perseguirlo. A buscar un lugar donde sentarse sin llamar la atención y a evitar los espacios en los que podía quedarse atrapado con sus agresores.

Su vida comenzó a organizarse alrededor del miedo.

Dejó de participar en clase para que nadie se burlara de sus respuestas. Evitaba levantar la mano, hablar demasiado alto o expresar lo que pensaba. Incluso cuando sabía que tenía razón, prefería callarse antes que convertirse otra vez en el centro de atención.

También empezó a esconder lo que sentía.

Cuando alguien le preguntaba si estaba bien, respondía que sí. Cuando llegaba a casa después de un día horrible, intentaba comportarse como si no hubiera ocurrido nada. No quería preocupar a nadie ni tener que explicar por qué volvía a sentirse tan mal.

Pero las palabras se quedaban dentro.

Cada insulto se sumaba al anterior. Cada empujón le recordaba que no podía estar tranquilo. Cada carcajada le hacía pensar que todos estaban de acuerdo con quienes lo maltrataban.

Poco a poco, comenzó a creer que quizá el problema era él.

Se preguntaba si era demasiado sensible, si debía aprender a soportar las bromas o si realmente merecía aquel trato por ser diferente. Llegó a sentir vergüenza de sí mismo, como si su condición de omega fuera algo que tuviera que disculpar.

El acoso no terminaba cuando sonaba el timbre.

Continuaba en sus pensamientos, en los recuerdos que aparecían cuando intentaba dormir y en el miedo que sentía al imaginar el día siguiente. A veces recordaba una humillación y volvía a sentir la misma vergüenza, aunque estuviera completamente solo.

Había días en los que no quería salir de casa. Otros en los que deseaba desaparecer para no tener que enfrentarse a las miradas de sus compañeros.

Lo más doloroso era sentir que nadie comprendía lo que estaba viviendo.

Quienes lo rodeaban podían ver a un estudiante callado, apartado y poco participativo. No siempre veían las razones detrás de su silencio. No sabían cuántas veces había tenido que contener las lágrimas, cuántas veces había fingido una sonrisa o cuánto esfuerzo le costaba simplemente entrar en clase.

Y cuando intentaba defenderse, la situación empeoraba.

Lolo no soportaba que Manoplas respondiera. Para él, que un omega cuestionara sus acciones era una provocación. Sus burlas se volvían más crueles y sus ataques buscaban recordarle delante de todos quién tenía el poder.

Manoplas comenzó a tener miedo incluso de equivocarse.

Si tropezaba, pensaba que se reirían. Si hablaba, temía que utilizaran sus palabras en su contra. Si alguien se acercaba con amabilidad, desconfiaba, porque demasiadas veces había descubierto que una aparente amistad solo era otra forma de conseguir que bajara la guardia.

El maltrato había cambiado su manera de relacionarse con los demás.

Ya no confiaba fácilmente. Le costaba aceptar cumplidos y se sentía incómodo cuando alguien lo miraba durante demasiado tiempo. Había aprendido a esperar lo peor incluso de quienes no le habían hecho nada.

Mientras tanto, Lolo seguía con su vida.

Para él, lo que hacía no parecía tener importancia. Podía insultar a Manoplas durante el recreo y después sentarse con sus amigos como si nada hubiera ocurrido. Podía verlo llorar y continuar riéndose. Podía hacerle pasar una jornada horrible y olvidarlo al salir del instituto.

Pero Manoplas no podía olvidarlo.

Para quien sufre acoso, una humillación puede durar mucho más que los segundos en los que ocurre. Puede repetirse una y otra vez en la memoria, afectar a la autoestima y hacer que hasta las situaciones cotidianas parezcan amenazantes.

Y eso era precisamente lo que le estaba pasando.

Manoplas ya no se reconocía. Antes tenía ilusiones, gustos y cosas que le hacían feliz. Ahora parecía que toda su vida giraba alrededor de evitar que alguien volviera a hacerle daño.

No quería ser el centro de atención. No quería que se rieran de él. No quería tener que demostrar constantemente que merecía respeto.

Solo quería ir al instituto sin miedo.

Quería poder caminar por un pasillo sin escuchar su nombre acompañado de insultos. Quería sentarse en clase sin preguntarse quién estaría esperando para humillarlo. Quería tener amigos sin sospechar que acabarían utilizándolo como motivo de burla.

Quería que alguien se diera cuenta.

Que un compañero dejara de reírse y le preguntara si necesitaba ayuda. Que un profesor no confundiera el acoso con simples bromas. Que alguien entendiera que quedarse callado no significaba que no estuviera sufriendo.

Porque no todos los que sufren maltrato saben pedir ayuda. Algunos tienen tanto miedo de empeorar las cosas que prefieren soportarlo en silencio.

Y Manoplas llevaba demasiado tiempo haciéndolo.

Esta es la historia de un estudiante al que le hicieron creer que no valía nada, de las heridas que no siempre se ven y de cómo el acoso puede destruir poco a poco la confianza de una persona.

Una historia sobre los golpes, pero también sobre las palabras; sobre las risas que humillan, los rumores que aíslan y el silencio de quienes podrían intervenir.

Porque el bullying no es una broma cuando alguien sufre.

No es diversión cuando una persona tiene miedo de ir a clase.

Y no es algo sin importancia cuando alguien empieza a odiarse a sí mismo por culpa de lo que otros le hacen.

Nadie debería tener que acostumbrarse al maltrato para poder sobrevivir a la escuela.

¡Cuéntale a LoreEstelar lo que piensas sobre este capítulo!
Me encanta

0

Me encanta

Divertido

0

Divertido

Picante

0

Picante

Suspense

0

Suspense

Emotivo

0

Emotivo

Profundo

0

Profundo

Alentador

0

Alentador

Impactante

0

Impactante

Bien escrito

0

Bien escrito

Trama absorbente

0

Trama absorbente

Buenos personajes

0

Buenos personajes

Diálogos potentes

0

Diálogos potentes

Otras recomendaciones

Dame Una Oportunidad ~ kookmin

Ana: Me gustó,al principio llore,mil gracias por la historia

Leer ahora
Amor en cláusulas.

Elena: Me s gustado todo

Leer ahora
Chica nueva, Jefe nuevo

MaríEn: Me gusta la temática y no me gusta que la dejen a medias

Leer ahora
Mi hermosa pesadilla

Diana Rodríguez Hernández: Me gusta mucho la historia

Leer ahora
ATRAPADO

MONSY💋: Me.encanto 💋

Leer ahora
BETTER MAN

jarae8650: Me gusta todo de la historia, muy bien escrito de fácil comprensión cada personaje tiene su historia, su carácter se la recomiendo a todos sobre todo alos jóvenes... Se que normalmente no siguen consejos pero conocer est tipo de relaciónes puede orientarlos mejor.

Leer ahora
Nuestra Última Navidad

Ivanna: Ha sido una travesía sin precendetes el leer esta historia. Me ha gustado de principio a fin y de fin a principio, sin duda creo que sin esto yo no podria haber avanzado en un capitulo complicado de mi vida. cada dia que pasa recuerdo esta obra y me siento identificada con el hijo y su complicada si...

Leer ahora
El último Golpe