Amados dos veces

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Sinopsis

Olivia y Mason son amigos desde hace mucho tiempo y viven juntos en las Montañas Rocosas. Un día, se encuentran con un hombre que necesita desesperadamente su ayuda, y ellos lo necesitan a él mucho más de lo que imaginan. (MMF) Aunque Olivia y Mason son compatibles en casi todo lo importante, la única vez que intentaron tener una relación, ninguno de los dos terminó de ser feliz. A pesar de eso, se escaparon juntos a las montañas y se conforman con ser amigos que, a veces, se ponen un poco traviesos. Un día, durante una caminata, tropiezan con un hombre golpeado y al borde de la muerte. Lo cuidan hasta que recupera la salud y, a pesar de su amnesia y su ceguera en lenta recuperación, ambos encuentran en él una conexión que les faltaba. ¿Encontrarán en él algo que llene los vacíos de su relación? ¿Será el descubrir quién es él realmente lo que termine por separarlos? (MMF)

Genero:
Erotica/Romance
Autor/a:
VAddison
Estado:
Completado
Capítulos:
24
Rating
4.7 684 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1: Noah

—Sigo pensando que debimos llevarlo al hospital —dijo una voz suave y desconocida por encima de mí. Luché por recuperar la conciencia. Intenté mover alguna parte de mi cuerpo o incluso abrir los ojos. Un dolor agudo y punzante me recorrió la cabeza. Me quedé quieto y apreté los dientes para controlar el dolor. Hasta cerrar la mandíbula me dolía. Me pregunté qué carajos me había pasado.

—Lo sé, Liv, pero necesitaba ayuda de inmediato. Estoy seguro de que habría muerto si esperábamos a la ambulancia.

La segunda voz era grave, claramente de un hombre. No reconocía ninguna de las dos. Me quedé totalmente quieto dondequiera que estuviese, tratando de entender qué estaba pasando.

—Sí, te entiendo. Al menos ya empieza a verse mejor. Gracias a Dios que sabes lo que haces.

—Ni que lo digas —murmuró el hombre. Oí que se alejaban mientras seguían hablando. Aproveché la oportunidad para ver qué podía averiguar sobre mi situación. Mentalmente hice un recuento de mis heridas. Para mi sorpresa, eran muchas.

Traté de mover los pies. Al rozar la manta, me di cuenta de que no llevaba zapatos ni calcetines. Moví las piernas y reprimí un gemido cuando me dio un pinchazo en la rodilla derecha. Noté que tenía una férula y vendajes alrededor. Me pregunté qué habría pasado, pero seguí revisando mi cuerpo. Intenté estirarme un poco y solté el aire por una punzada en las costillas izquierdas. Luego sentí un dolor que se extendía por la espalda y los hombros, bajando hasta los brazos.

Me seguía retumbando la cabeza. Me llevé las manos para sostenerla y sentí otro vendaje alrededor de los ojos. Sentía como si me hubieran pasado por encima una docena de camiones. Se me escapó un gemido de esfuerzo. Hice lo posible por sentarme en la cama, que a decir verdad era bastante cómoda.

—¡Epa, con cuidado! —La voz del hombre de antes retumbó en el cuarto. Me estremecí por el volumen. —Mierda, perdón. Me sorprendiste, no esperaba volver y encontrarte despierto.

Unas manos grandes y cálidas me sujetaron por los hombros. Me empujaron de vuelta a la cama con una presión suave pero firme. Me quejé y empecé a forcejear. Sin embargo, no tenía ni de cerca la fuerza de antes. Con todas mis heridas, la batalla duró muy poco.

—¡Mason, qué te pasa! —Algo chocó contra una cómoda o un escritorio. Oí el roce de la ropa cuando la mujer de antes corrió hacia mi cama. Traté de recordar cómo la había llamado el hombre.

—Cálmate, Olivia. —Liv. Un apodo para Olivia. Eso era. —Estaba intentando levantarse de la cama.

—Ah. —Su voz ahora sonaba tranquila. Ese cambio tan repentino me dio ganas de reír por alguna razón.

—¿Dónde... estoy? —Mi voz estaba casi irreconocible. Sonaba rota y rasposa, como nunca la había escuchado, ni siquiera cuando estuve tan enfermo que creí que me moría.

—Estamos en una cabaña en las montañas —dijo Mason con suavidad. Empezó a quitar las manos de mis hombros. —Trata de no moverte mucho. No quiero que se te abran los puntos o que te lastimes más.

Asentí levemente. Eso pareció bastarle para alejarse. Sentí que se iba una calidez y me extrañó que eso me molestara. Ignoré esa sensación y giré la cabeza hacia donde estaban sus voces. Me aclaré la garganta y hablé de nuevo.

—¿Qué carajos me pasó?