Chapter 1
By AG
Aquella tarde pasó por mí como todas las tardes; cuando llegó, nos dimos un beso frío y comenzamos a caminar. Lo tomé de la mano como indicaba la rutina que ya teníamos hecha, sin realmente mirarnos, sin realmente sentirnos.
Yo iba pensando en el trabajo, en los pendientes, en el carácter de mi jefe, en el café que derramaron en mi escritorio, él llevaba la mirada perdida, absorto en sus propios pensamientos. De pronto, un ruido de botes me asustó y me sacó de mis pensamientos, me aferre a él como pude; cuando volteé a ver lo que había pasado, un maldito gato salía de detrás del bote de basura que había tirado, sonreí aliviada. – Tenemos que hablar – escuché; cuando volteé la mirada, me di cuenta de que estábamos en el callejón rumbo a la casa, el mismo por el que pasábamos todas las tardes a la misma hora, (hacía tres meses que vivíamos juntos) lo miré y estaba muy tenso y apretaba los puños – ¿Qué pasa? – le pregunté – ya no puedo más, debemos terminar – me quedé muda y abrí aún más mis grades ojos - ¿Perdón? – pregunté – ya no puedo más, no puedo seguir fingiendo que te amo. Ya no puedo tocarte y hacerte el amor sin sentir fastidio – No entendía lo que me estaba diciendo – ya no te amo, todo se ha vuelto monotonía, tú siempre la misma, siempre las mismas cosas…me voy a ir – seguía muda y con mucho trabajo pude apenas preguntar – ¿A dónde irás? – No lo sé, con mi madre, en lo que encuentro un lugar – Mis ojos se llenaron de lágrimas pero no supe por qué, no entendía lo que decía, hacía poco que habíamos decidido vivir juntos y ahora me decía ¿adiós?, sentí un hueco en el estómago, no podía respirar y me senté en el piso mientras lloraba. Se hizo un silencio en el que sólo se escuchaba el caer de mis lágrimas – perdóname, pero lo prefiero a seguirte mintiendo, ya no hay nada más que hacer… espero que lo entiendas – Levanté la mirada para ver su cara, era alguien que no reconocía, ¿quién era ese hombre que me estaba lastimando? ¿qué le había hecho yo para que me tratará así? Me levanté y comencé a caminar; caminaba cada vez más rápido hasta que empecé a correr, quería huir de ese lugar, corrí hasta llegar al lago del parque cercano al callejón, corrí sin parar mientras lloraba.
Me detuve y miré mi reflejo en el agua, ¿qué había pasado? ¿en qué fallé? Las escenas de mi vida con él comenzaron a pasar por mi mente una a una, para mí todo había sido perfecto, las risas, los juegos, los besos, la alcoba… no era yo, yo no había hecho nada mal, yo no había fallado; entonces comencé a llenarme de enojo, de ira.
Comencé a voltear a todos lados desesperada, como buscando algo y lo encontré. Había un bate cerca de la banca que estaba junto al lago, sin pensarlo dos veces lo tomé entre mis manos, me giré y comencé a andar de vuelta al callejón. Iba furiosa recordando cada palabra – ya no te amo … me voy a ir – ¿qué chingados se pensaba? Comencé a correr con paso fuerte, la sangre me hervía a cada paso hasta que llegué al callejón; pareciera que me estaba esperando, seguía ahí, de espaldas, inmóvil, frágil. Lo llame por su nombre y tan pronto como volteó, le golpeé la cabeza con el bate, el cayó al piso desconcertado, con la mirada perdida – espera – me gritó y volví a golpear una y otra vez con todas mis fuerzas en cada parte de su cuerpo: la cabeza, los brazos, me pareció escuchar un “crack” cuando rompí sus piernas; él gritaba de dolor y pedía piedad. ¿Piedad? ¿acaso él la había tenido conmigo instantes antes? ¿que no había dejado de amarme? ¿no se iría?
Lo seguí golpeando con todo mi ser hasta que dejo de moverse y yo me cansé, lancé el bate a un lado, respiré profundo, vi un charco de sangre que salía de él y lo rodeaba, lo pateé, no se movió más. Me giré y caminé, lo pensaría dos veces antes de volver a decir semejantes idioteces.
Seguí caminando hasta llegar a casa, llegué más tranquila, me lavé las manos, preparé un té y me senté junto a la ventana con el té en la mano a ver la lluvia que comenzaba a caer.








