หนึ่ง
Había un condón usado en el piso cerca de la cama.
Esto no sería particularmente digno de mención si no fuera por el hecho de que Jungkook había estado ausente varias semanas y el preservativo definitivamente no le pertenecía.
Jungkook miró fijamente al condón, sintiendo la bilis subir hasta su garganta. Su mirada se desplazó hacia la imagen de la mesita de noche, una foto de un día en el parque. Él y Soyeon parecían tan felices, su pequeño cuerpo parecía diminuto en sus brazos mientras la abrazaba por detrás.
Volvió a mirar el condón y se sintió mal del estómago.
Tras de él, Soyeon seguía parloteando distraídamente, diciendo lo feliz que estaba de que hubiera regresado a casa, de Suiza, antes de lo planeado.
Jungkook siempre se había enorgullecido de nunca golpear una mujer. Era un tipo grande, con un trabajo peligroso, un temperamento explosivo y puños a juego, pero nunca había golpeado a una mujer.
Nunca había estado tan tentado en su vida.
Y había pensado que esta semana no podría empeorar. Aparentemente no era suficiente que hubiera perdido su trabajo y la confianza del hombre al que había considerado un amigo. Descubrir que su novia había traído a otro hombre a su propia casa para follar, y engañarlo en su propia cama, no era otra cosa que la cereza arriba de todo ello.
─ ¿Quién es? ─ Se oyó decir Jungkook, con la voz llana.
El parloteo constante de Soyeon finalmente se detuvo.
─ ¿Qué?
Jungkook se dio la vuelta y apuntó con el dedo hacia el condón.
─ ¿Quién es el hijo de perra con el que me estás engañando?
Los enormes ojos azules de Soyeon se ensancharon. Sus labios temblaban.
─ Jungkook, no es lo que...
─ ¿No es lo que parece? ─ gruñó Jungkook ─ ¿Estás jodiendo conmigo, Soyeon?
Ella se estremeció, alejándose de él.
─ No sé de qué estás hablando ─ dijo ella con voz llena de confusión.
No era una mala mentirosa. Demasiado mal para ella que Jungkook fuera un ex agente federal y reconocía a la gente que mentía para ganarse la vida. Solía ser uno de ellos.
─ ¿Quién es? ─ preguntó. No sabía por qué de repente era tan importante. No, sabía por qué: él no creía que fuera capaz de golpear a una mujer, ni siquiera ahora, sin importar cuan mentirosa y puta-engañadora fuera. Con un hombre sería un asunto diferente. El cuerpo de Jungkook picaba por una pelea, había estado ansioso por encontrar una salida para su frustración y rabia reprimida desde que Yeonjun lo había despedido de su cargo de jefe de seguridad. Si Jungkook era honesto consigo mismo, necesitaba encontrar una salida para su ira desde que ese joven inglés, Choi Beomgyu, había conseguido tener al jefe de Jungkook envuelto en su dedo meñique. Hasta el día de hoy, desconcertaba y disgustaba a Jungkook cómo el pequeño chupa pollas había logrado engañar a un hombre como Yeonjun. Jungkook nunca había pensado que Yeonjun fuera gay. Todavía estaba convencido de que Yeonjun no lo era. Todo era culpa de Choi Beomgyu: el mocoso tenía los labios más obscenos que jamás había visto. Incluso Jungkook, un hombre completamente recto, no pudo evitar mirar un poco.
─ ¿Quién es? ─ preguntó Jungkook. Le dolía el pecho más de lo que le hubiera gustado admitir. Soyeon había sido su novia oficial por dos años. Era inteligente, divertida y hermosa. La había querido genuinamente, a veces incluso pensaba que la amaba. Habían tenido algo bueno entre ellos. O eso había pensado. Al parecer, Soyeon era de una opinión diferente si había caído en la polla de otro hombre en las pocas semanas que había estado fuera.
No es que pensara que su relación fuera perfecta. Se peleaban bastante a menudo, principalmente debido a sus viajes de trabajo por todo el mundo. El sexo no había sido perfecto tampoco, pero de nuevo, nunca lo fue. Jungkook siempre se sintió vagamente insatisfecho y desinteresado durante el sexo, sin importar la mujer a la que se follara. Jungkook estaba acostumbrado a ello, considerándolo como “su bajo deseo sexual”. En realidad estaba muy orgulloso de que nunca dejara que su polla dominara su cabeza, como lo hacían muchos otros hombres.
─ ¿Importa? ─ preguntó Soyeon, trabando la mandíbula obstinadamente. Sus ojos brillaban. Ya no parecía asustada y culpable; ahora parecía molesta y a la defensiva ─ ¿Por qué estás sorprendido? ¡Nunca estás en casa! ¿Se supone que debo ser una monja mientras viajas por todo el mundo, jodiendo mujeres en París y Londres?
─ Nunca te he engañado ─ dijo, ignorando su incredulidad. Ella nunca le creyó ─ Te lo pregunto por última vez, ¿quién es él?
Soyeon apretó los labios.
─ No te lo diré. Le harás daño.
El hecho de que ella protegiera al hijo de puta era un golpe adicional.
─ Eso es jodidamente cierto, lo haré ─ dijo ─ Ahora junta tu mierda y sal de mi casa.
Soyeon se congeló.
─ No puedes hacer esto ─ dijo ─ ¡No puedes echarme! ¡No tengo a dónde ir en Moscú!
─ Deberías haber pensado en eso antes de montarte encima de la polla de otro hombre ─ dijo Jungkook en voz calma.
Soyeon se sonrojó.
─ ¿Tienes que ser tan vulgar?
Jungkook soltó una risita.
─ Sólo estoy llamando “espada” a una “espada”. O, en este caso, “puta” a una “puta”.
Volviéndose de un rojo brillante, ella lo fulminó con la mirada.
─ ¿Sabes qué? ¡Sí, te engañé y disfruté cada segundo! ¡Era mucho mejor que tú! ¡Fue el mejor que he tenido! Le dije lo patético y egoísta que eras en la cama y nos reímos juntos...
─ Fuera ─ Jungkook dijo entre dientes ─ Voy a salir ahora y es mejor que te hayas ido para cuando regrese ─ Con los puños apretados, salió luego de espetar por sobre su hombro ─ Deja tu llave en el escritorio.
Afuera, golpeó la pared y apoyó su frente contra ella, respirando con dificultad y tratando de controlar su temperamento. No iba a responder a la provocación. No iba a golpear a una mujer. Él no era así, maldita sea. Aunque necesitaba como al aire una salida para el dolor, y la rabia que palpitaba bajo su piel, su objetivo no iba a ser una mujer débil. Soyeon no era la única que lo había humillado. Ella había tenido un cómplice.
Jungkook levantó la cabeza, con la mandíbula en una línea determinada.
No necesitaba a Soyeon para decirle el nombre de su amante. Podía descubrirlo por sí mismo. Había video vigilancia en el edificio. La última década como jefe de seguridad de uno de los oligarcas más despiadados e influyentes de Europa le había dado muchas conexiones útiles. Al final del día, tendría el nombre y la dirección del pedazo de mierda que había hecho un tonto de él.
El hijo de puta iba a pagar.