alfa en celo² 𝗞𝗢𝗢𝗞𝗠𝗜𝗡

Sinopsis

Un alfa joven desesperado. Un alfa mayor con complejo de héroe. Un amor prohibido que no puede ser negado. El joven Park Jimin sabe que nunca podrá tener lo que realmente quiere: un apasionado romance y un feliz por siempre con otro alfa. No solamente está prohibido por la fe predominante del territorio, sino que es un acto ilegal. Resignado a su miserable futuro, se une a Jinhwan por contrato, un anti romántico y asexual omega con sus propias necesidades especiales. Su amistad es un consuelo, pero Jimin anhela el amor y la dominación sexual de otro alfa. Jeon Jungkook es un alfa de mediana edad con un pasado desgarrador. Cuidadoso, reservado y firme, y cuyos amigos lo tachan de ser chapado a la antigua y un puritano. Cuando descubre un lado peligroso de la vida de Jimin que nunca imaginó, su mundo se sacude y es consumido por el deseo. Las costuras que cuidadosamente lo mantenían unido después de perder a su hijo y omega, se deshacen, y lo mismo ocurre con él. Pero para amarse y hacer una vida juntos, Jimin y Jungkook se arriesgan a la ruina total. Con la aceptación y el apoyo de Jinhwan, tienen que encontrar la fuerza para adaptarse al peligro y construir la familia que merecen. Advertencia: contiene violencia sexual.

Genero:
Fantasy/Romance
Autor/a:
miel.
Estado:
Completado
Capítulos:
44
Rating
4.9 8 reseñas
Clasificación por edades:
18+

01.

Primera parte.





















Un nudo gigante estaba retorciéndole el estómago, Jimin bajó de su auto frente a la casa azul de madera en la avenida Roble, perteneciente a Taehyung y Yoongi. Miró hacia esta, notando la capa de pintura fresca, los jardines impecables, y las pequeñas mecedoras en el porche con cojines llamativos. Taehyung y Yoongi se habían acoplado fuertemente desde que se encontraron en la biblioteca de la universidad de Monte Nessadare, hacía cuatro años atrás.

Jimin se obligó a ignorar la familiar punzada que era en parte por celos y por anhelo de querer tener un amor así. Había estado a punto de salir de su oficina simbólica como director, dentro de la división más grande de la empresa de su padre ubicada en la calle principal, para volver a casa, pero después de escuchar la voz temblorosa de Taehyung y su urgencia, había conducido directo a la casa de su mejor amigo.

Las vidas de ellos tres diferían tanto de aquellos días felices antes de la imprimación. A veces apenas y se reconocía a sí mismo en el espejo. Pero había algo que nunca cambiaría: ser el mejor amigo de Taehyung, y estar allí para él en las buenas y en las malas.

Alarmantemente, las cosas parecían haberse complicado de nuevo, ya que Taehyung había sonado aterrado cuando le llamó por teléfono hacía una hora. Le había pedido que fuera lo más pronto posible, negándose a dar más detalles.

Al acercarse a la puerta principal, dio un paso atrás con sorpresa cuando esta se abrió antes de que tuviera la oportunidad de tocarla. Taehyung lo apresuró a pasar. Su cabello rubio estaba despeinado y su rostro, muy pálido. Peor aún, su largo cuerpo desgarbado, temblaba bajo su traje arrugado. Era evidente que no se lo había cambiado desde que regresó de su nuevo trabajo en el negocio de envíos de su padre, por el cual había tenido que hacer a un lado su pasión por la ciencia, para cumplir con el deber de la familia, de la misma manera en que él mismo lo hizo en su momento.

Jimin enderezó su corbatín con ansiedad mientras seguía a Taehyung por el pasillo hacia el estudio de Yoongi, sintiendo una pesadez en su interior. No había visto a Taehyung así de angustiado en años, no desde que se arreglaron las cosas con su omega Érosgápe, Min Yoongi, y sentó cabeza en la dicha doméstica. El nudo en su estómago se apretó.

El sol brillaba a través de las amplias ventanas traseras del polvoriento estudio con piso enladrillado de Yoongi, pero la profusión de las coloridas hojas de otoño en el arreglado jardín, no suavizaban en absoluto el ambiente de tensión.

—Me alegra que nos acompañes —dijo Yoongi en voz baja. Sus ojos verdes estaban enrojecidos y sus labios, situados entre la oscura barba hermosamente recortada, lucían secos.

A Jimin se le cerró la garganta al tiempo que veía a los demás invitados de Taehyung y Yoongi: Seokjin, Hoseok y, «mierda», Jungkook. Todos ellos ocupaban un lugar importante para la pareja, al igual que aparentaban estar tan inestables como él se sentía.

—Lo siento si los hice esperar —dijo, pasando saliva con dificultad—. Pero vine tan pronto como pude.

—¿Y cómo está Jinhwan? —preguntó Yoongi, como si la habitación completa no estuviera a punto de explotar por la ansiedad que los rodeaba.

—Bien —balbuceó nerviosamente—. Bueno, no se sentía bien esta mañana, así que tuve que ir a la farmacia a comprarle un tónico, lo cual me hizo llegar tarde al trabajo, por lo que me fue difícil salirme temprano de la oficina.

—Está bien —dijo Yoongi con una extraña calma, desde su posición en su preferido sillón orejero de cuero—. Dile que esperamos que se recupere pronto. —Su cara estaba más pálida que de costumbre, y sus labios se apretaron en una falsa sonrisa.

Taehyung tomó rígidamente su lugar detrás Yoongi, con su pelo rubio cayendo sobre su frente, y sus ojos azules brillando con un poco de descontrol.

Yoongi hizo un gesto hacia el sofá.

— Seokjin también acaba de llegar.

Jimin le dio una mirada a Seokjin, al extremadamente moreno y medio guapo mejor amigo de Yoongi, con su pareja beta sentado estrechamente a su lado, Hoseok, sujetándose de las manos y con una expresión triste en su rostro. Su barba y el cabello blanco impecablemente peinado, delataban que era un buen número de años mayor que Seokjin, pero aun así eran una pareja indudablemente atractiva. Yoongi había sido cercano a ellos desde hacía varios años.

Jimin pasó una palma sudorosa por su propio cabello lacio. Si todos lucían tan preocupados, la noticia por la que había sido convocado debía tratarse de que alguno de los dos, Yoongi o Taehyung, estaba muy enfermo.

—Entonces, ¿qué sucede? —preguntó, incapaz de guardar silencio por un segundo más—. ¿Qué diablos está pasando?

Jungkook salió de las sombras, haciéndolo pasar saliva. Jungkook era alto, musculoso, y lleno de esa fuerte energía alfa, que Jimin anhelaba como si se tratara de una especie de aire al que se le negaba el derecho a respirar. Las llamas de la chimenea irradiaban en la piel oscura de Jungkook y destacaban su pelo canoso, causando que se le retorcieran las entrañas por un deseo muy inapropiado.

—Me pidieron que diera la noticia —dijo Jungkook, solemnemente—. Es tanto un honor como una carga, pero es algo que Taehyung y Yoongi me pidieron llevar a…

—Sólo díganoslo —interrumpió Jimin, con una racha de sorpresa atravesándolo. Normalmente daba rodeos con Jungkook, trabándosele la lengua y poniéndose ansioso, diciendo lo equivocado, pero esta noche no iba siquiera a intentar mantener la boca cerrada. Tenía que saber por qué su mejor amigo parecía como que acababan de sentenciarlo a muerte.

Jungkook levantó la barbilla, y se le quedó viendo a Jimin por un largo momento de calma, antes de asentir.

—Está bien. Pues resulta que Yoongi, en contra de todo pronóstico y a pesar del máximo esfuerzo de Taehyung, está embarazado.

El silencio en la habitación resonó en las ventanas y zumbó en el oído de Jimin, como una mosca. Los hombros de Taehyung colapsaron, y bajó la cabeza para ocultar su rostro, incluso mientras apretaba los hombros de Yoongi, dándole apoyo como su alfa que era.

—¿Disculpe? —dijo Jimin, parpadeando entre Yoongi y Taehyung—. ¿Dijo que Yoongi está embarazado?

—Sí. —La boca de Jungkook se volvió una línea recta y contempló seriamente a Jimin—. Obviamente es un problema, uno que es tanto privado como comunitario, ya que todos los queremos y admiramos, y…

—¿Qué demonios, Taehyung? —soltó Jimin bruscamente, interrumpiendo a Jungkook sin pensar—. Sabes que no puede tener hijos. ¿Por qué lo embarazaste?

Taehyung no levantó la cabeza, y Jimin apenas pudo escuchar su respuesta amortiguada:

—Fue un accidente.

—¿Un accidente? —se mofó Jimin. Yoongi levantó la palma de la mano.

—Lo hecho, hecho está. Ahora todo lo que queda es hacer frente a lo que está pasando.

—Obviamente lo abortarás —dijo Jimin, asintiendo con firmeza y lanzando una mirada hacia Jungkook, buscando su aprobación.

Había estado presente cuando Jungkook realizó la cirugía que le salvó la vida al papá de Taehyung, hacía cuatro años. También sabía que él era el médico responsable del aborto de Yoongi, cuando este era un joven omega soltero.

No había duda de lo que debía ocurrir. Teniendo en cuenta las cicatrices físicas de Yoongi por ese primer aborto, no podía llevar a terminó un embarazo, ni sobrevivir al mismo. Todos lo sabían. Era parte de por lo que casi le costó a Taehyung y Yoongi su unión, a pesar de su vínculo Érosgápe. Los padres de Taehyung habían querido que él escogiera un sustituto omega, para así poder tener un hijo, ya que Yoongi no tenía ninguna esperanza de darle uno.

—No —susurró Yoongi—. Eso no pasará esta vez.

—¿Perdón? —preguntó Hoseok, con sus cejas blancas elevándose hasta el nacimiento de su pelo—. ¿Qué estás diciendo, Yoongi?

Seokjin se enderezó en su asiento, apretando la mano de Hoseok hasta que sus nudillos se pusieron blancos. Jimin deseó haberse sentado cuando llegó. Se sentía un poco atontado, con la negación de Yoongi resonando en sus oídos.

—Por favor —susurró Taehyung—. Por favor reconsidéralo.

Yoongi negó con la cabeza.

—Jungkook me examinó y piensa…

—¡No me importa lo que él piense! —exclamó Taehyung, rodeándolo para arrodillarse a sus pies—. Sólo te quiero a ti. No necesito esto de ti. Ni siquiera quiero un hi…

Yoongi puso una mano sobre su boca.

—Calla antes de que digas algo que vayas a lamentar.

Los ojos azules de Taehyung se humedecieron antes de agachar la cabeza, apoyando su frente en la rodilla de Yoongi. Se estremeció cuando este pasó con dulzura los dedos por su rubio cabello, y Jimin sintió el mismo temblor de Taehyung, en sus propias rodillas.

—No entiendo —dijo de nuevo Hoseok—. Yoongi no soportará un embarazo. Todos lo sabemos.

—Históricamente, eso era cierto —dijo Jungkook—. Antes de Taehyung.

—¿Estás diciendo que las cosas han cambiado? —murmuró Seokjin, levantando su barbilla oscurecida por una rala barba, salpicada con un poco de pintura azul que no había limpiado correctamente. Posiblemente estaba en una de sus pinturas de óleo cuando recibió la llamada telefónica similar a la que tuvo Jimin.

Jungkook dijo:

—Por razones que es mejor mantener en privado, parece que hay una nueva elasticidad en el tejido de la cicatriz y pasaje de Yoongi, que no existía antes. Tengo varias teorías del porqué, pero el hecho es que, inesperadamente, ahí está.

—Lo más probable es que no pueda llevarlo a término —dijo Yoongi con tanta calma, que Jimin quería darle un puñetazo. Taehyung se le acercó más, hundiendo el rostro todavía más en su regazo, y con el cuerpo temblándole mientras Yoongi continuaba—: Así que Jungkook inducirá el parto antes de tiempo, esperando que el niño sobreviva.

—Eso es enfermizo —soltó Jimin—. No puedes hacer eso. No a Taehyung. — Asintió hacia el susodicho, quien estaba acurrucado a los pies de su omega—. Míralo. Piensa en lo que perderte le haría.

Los ojos verdes de Yoongi se suavizaron.

—Pienso en eso más que en nada.

—Casi me engañas.

Yoongi parecía apenas controlar su ira.

—No ha sido una decisión fácil, pero confío en Jungkook. Él no dejaría al azar mi vida, si no creyera en esto con todo su corazón.

Entonces Taehyung alzó la cabeza, con el rostro cubierto de lágrimas y la boca temblorosa.

—No deja tu vida al azar, sino el que no mueras, y eso no es lo mismo.

—Cariño, no puedes pedirme que renuncie a esto. Tan imprevisto como fue, y tan aterrados como estamos, esta es nuestra única esperanza. Este hermoso error que jamás volveremos a cometer.

—No te pongas poético conmigo —susurró Taehyung con ferocidad—. Estás dispuesto a arriesgar el destruirte a ti, a nosotros, a mí, por algo que según Jungkook, es sólo un cúmulo de células con un minúsculo latido.

—Pero es nuestro —dijo Yoongi, con ojos soñadores—. Nuestros cuerpos se entrelazaron para crear una nueva vida. ¿Cómo podemos elegir el acabar con ella?

—Suenas como mi papá.

—No, tu papá admitió que no tenía esperanzas de sobrevivir después del nacimiento. Planeo seguir al pie de la letra lo que Jungkook me indique. Tengo la intención de vivir para ver nacer a nuestro hijo, para cargarlo y hacer de él un hombre de bien. Para verte reflejado en él, y a mí también. No voy a darme por vencido tan fácilmente.

—¿Entonces por qué estamos aquí? —preguntó Hoseok suavemente, con sus manos aún entrelazadas con las de Seokjin y su expresión seria.

—Porque necesitaremos su apoyo —dijo Yoongi—. Sobre todo Taehyung.

—No, sobre todo tú —susurró Taehyung—. Debes ser atendido en todo momento.

—Qué ridiculez. No soy un inválido. —Se encogió de hombros—. Ya después, conforme pasen los meses, tendré que ser cuidadoso, pero ahora mismo estoy tan sano como un roble. Puedo seguir trabajan…

—¡No! —gruñó Taehyung—. No voy a permitir que esos idiotas alfas de Monte Nessadare, te olfateen y sepan que estás embarazado. Que eres frágil. —Negó con la cabeza—. Vas a tomar otra incapacidad.

Jimin respiró profundo, y sí, por debajo del olor habitual de Yoongi, estaba uno nuevo, algo que era un tanto como tierra húmeda, algas, y el hierro de la sangre. Era el aroma del bebé creciendo en su interior, escondido, con las células multiplicándose a cada segundo, alimentándose de la fuerza vital de Yoongi, para incrementar la suya propia.

Una urgencia por ahorcar a Yoongi, se precipitó a través de él con un deseo irracional por sujetarlo y obligarlo a reconocer que ese embarazo, ese error como lo autoproclamaba, era necesario que lo terminara. Pero otra parte de él olía los genes de Taehyung en el niño, y una actitud protectora aumentó en él, con una necesidad por cuidar del omega de su mejor amigo y a su bebito.

—Necesitaremos de la ayuda de ustedes —dijo Yoongi, mirando a cada uno a los ojos mientras llevaba la cabeza de Taehyung de nuevo hacia abajo en su regazo, acariciándole la oreja suavemente para calmarlo—. No puedo decir cuándo o cómo exactamente, pero ustedes son los amigos con los que sabemos que podemos contar para cualquier cosa.

—Estamos siempre para lo que necesites —concordó Seokjin.

—Para ti y Taehyung —dijo Hoseok, sombríamente.

—Pueden contar conmigo —agregó Jimin, levantando la barbilla, detestando quedar fuera—. Para lo que sea. Si puedo darles apoyo o consuelo, estoy feliz de hacerlo. Y Jinhwan también querrá ayudar.

—Gracias —dijo Yoongi mientras frotaba los hombros de Taehyung—. Estamos batallando con esto, pero estaremos bien.

Entonces Taehyung se levantó, limpiándose la cara con una mano, deshaciéndose de sus lágrimas.

—Queríamos que lo supieran directamente por nosotros, cara a cara.

—¿Y tus padres? —preguntó Hoseok.

—Ya lo saben —respondió Taehyung, pero el tono brusco y la forma en que aplastó sus labios juntos, dejaron claro que no tenía intención de decir algo más sobre ese tema en este momento.

Seokjin y Hoseok fueron los primeros en marcharse. Hoseok abrazó a Taehyung y le susurró algo a Yoongi acerca de arreglar un papeleo legal respecto a su atención médica, en caso de que Taehyung no fuera capaz de tomar decisiones. Yoongi asintió y luego también aceptó un abrazo de Seokjin.

Jungkook esperó a que se despidieran, claramente dispuesto a quedarse allí por más tiempo. Sus anchos hombros y pecho, estiraban muy bien su chaqueta. Jimin se humedeció los labios, dejando que su mirada permaneciera en él. Lo admiraba tanto físicamente y como por el hombre que era, desde que fue testigo de la forma en que manejó el aborto espontaneo del papá de Taehyung y sus secuelas hace cuatro años.

Físicamente fuerte y de agudeza mental, tal vez Jungkook era un poco chapado a la antigua, pero algo en su manera de moverse, con confianza y certeza, secaban la garganta de Jimin con lujuria.

Vergonzosa, ilegal y profana lujuria.

Dos alfas juntos era una abominación, y Jungkook era lo suficientemente conservador para no considerar la idea, y lo gentil para no tener ningún deseo de ejercer poder sobre otro en una llamarada de expresión sexual alfa. Ese juego sádico de poder por el que Jimin vivía y que deseaba encontrar en otro alfa, la emoción sexual que no podía satisfacer, sin importar cuán peligroso fuera, era el tipo de cosas que Jungkook nunca ofrecería.

Seokjin y Hoseok se les acercaron a Taehyung y Yoongi, brindándoles consuelo, ánimo y promesas. Jimin no tenía intención de quedarse, pero no quería irse sin hablar con Jungkook a solas. Cruzando su mirada con la de él, señaló con su cabeza hacia el banco junto a las amplias ventanas al otro lado de la habitación.

Jimin fue el primero en llegar a ese lugar, abriendo las ventanas para dejar que entrara un poco de aire fresco, pero frunciendo el ceño cuando Jungkook llegó por detrás de él y las cerró.

—Está húmedo afuera. No le hará bien a Yoongi que le dé el aire.

—¿Entonces ahora se encuentra bajo arresto domiciliario?

—No, por supuesto que no. —Jungkook dejó escapar un suspiro de frustración—. Sólo quiero mantenerlo seguro.

—Ese es el trabajo de Taehyung —dijo Jimin, entrecerrando los ojos.

Le chocaba su devoción por Yoongi. En el mejor de los casos era inapropiado y en el peor, demostraba intenciones sobre el omega de otro alfa. Pero la razón por la que le irritaba tanto tenía más que ver con su propio deseo frustrado porque otro alfa lo tratara con la mitad de esa estima y protección. Y si ese alfa fuera un hombre como Jungkook, sería un sueño hecho realidad.

Pero eso era lo que lo hacía exasperante. Que él nunca tendría lo que inspira la devoción de un alfa. Nunca entraría en celo. Nunca experimentaría los multiorgasmos de un omega. Nunca podría embarazarse. No, en cambio, él era un alfa. Sin importar que no quisiera serlo y que apenas podía soportar el cumplir su función como tal.

—¿Qué es lo que realmente opina usted sobre esto? —preguntó Jimin, haciendo a un lado todos los incómodos e ilícitos sentimientos y pensamientos que lo inundaban cada vez que estaba cerca de Jungkook—. ¿Lo logrará?

—No puedo prometer nada, pero tiene buenas posibilidades.

—Buenas no es suficiente.

—Grandes posibilidades —corrigió Jungkook, con la calma despareciendo de sus ojos oscuros—. Créeme, si pudiera jurarles que estará bien y así hacerlos sentir aliviados, lo haría en un pestañeo. Pero soy un médico con un optimismo cauteloso, no un adivino.

—Tal vez deberíamos consultar a uno de los del distrito Calitan —dijo Jimin entre dientes—. Su palabra es probablemente tan certera como la de usted.

Los hombros de Jungkook se enderezaron.

—Un día tu boca te meterá en problemas, cachorro. Estás hablando con un alfa casi veinte años mayor que tú, con historial militar y una licencia para practicar medicina. Yo diría que tengo mucha más autoridad que un marginal espiritualista que vive de las ganancias mal habidas obtenidas por falsas esperanzas y mentiras.

Jimin torció los ojos.

—Si fueras un omega, te pondría sobre mi rodilla y te nalguearía — susurró Jungkook, mirando hacia Taehyung y Yoongi—. Lo haría incluso ahora, aunque seas alfa, si no me preocupara el alterar a Yoongi.

El miembro de Jimin se removió y su corazón se le aceleró, con una urgencia apoderándose de él, por ponérsele al tú por tú. Tal vez después de todo, a Jungkook sí le afectaba la expresión alfa. Pero ahora no era el momento para entregarse a sus fantasías o provocar a un alfa mayor y más poderoso que él. Por lo menos Jungkook tenía mucha razón en eso.

—¿Me dijiste que viniera aquí para insultarme? —dijo Jungkook, levantando una ceja y entrecerrando sus ojos oscuros.

Jimin negó con la cabeza.

—Quería su verdadera opinión.

—Ya la tienes. —La boca de Jungkook se volvió una línea plana, con el aire entre ellos tornándose pesado y denso. Jimin le sostuvo la mirada hasta Jungkook la aparató, oscureciéndosele las mejillas y bajando y subiéndosele la nuez de Adán mientras pasaba saliva antes de ir a reunirse con los demás.

Los hombros de Jimin se desplomaron. No sabía por qué saboteaba todas sus conversaciones con Jungkook, pero eso hacía. Inesperadamente, vino a su mente el recuerdo de encuentros similares durante los últimos cuatro años, donde Jungkook daba una opinión y él estúpidamente la desafiaba, desde las vacaciones en el mar que su pequeño grupo de amigos había tomado durante el verano después de que Yoongi y Taehyung se imprimaron, mucho antes de que hubiera elegido estar con Jinhwan.