Interludio
Los ojos del azabache se paseaban perezosos por la pared floral. No era recargada o abrumadora, y el estampado era suave, perfecto para concentrarse, pero teniendo en cuenta que Jungkook se estaba aburriendo, no le costó demasiado tomarlo como una distracción.
Siempre le ocurría.
-Jungkook- Sunmi dijo con suavidad- ¿Me has escuchado?
-Ah... No- cerró sus labios en una fina línea.
La Alfa frente a él alzó una ceja. Inhalando lentamente, golpeó con sus uñas rojas su escritorio y habló de nuevo.
-Vamos a continuar con otra cosa, porque siempre desconectas cada vez que hablamos del tema de tus padres así que... Intentaré empezar de otro modo hoy- Jungkook asintió lentamente- Kai, o también conocido como Kim Jongin. ¿Qué harías si lo tuvieras delante?
Los ojos del Alfa se estrecharon.
-Lo cogería del cuello y lo empotraría contra la pared, y apretaría hasta que su cara se volviera azul y...-
-¡Jungkook!- Sunmi exhaló frustrada- No. No quedamos en eso en la última sesión. Si lo tuvieras delante no harías absolutamente nada, lo ignorarías.
Sunmi pareció levemente irritada, pero rápidamente se recompuso y se dedicó a tomar notas, como acostumbraba a hacer.
El tatuado se hundió en su sitio. Hizo una mueca y miró de nuevo a la pared. Sus dedos picaron sintiéndose juzgado y evaluado. Aquello le dio ansiedad.
-¿Puedo fumarme un cigarro?
-No- La Alfa contestó imperturbable y siguió apuntando en su tabla.
-Quiero fumarme un cigarro.
Sunmi lo miró de soslayo, tranquila e impasible.
-No en mi consulta, y ahora, vamos a trabajar de nuevo en esa ira. Parece que has olvidado todo lo aprendido en la sesión anterior.
Sería una larga tarde.
...
Jungkook abandonó la consulta tan rápido como pudo. Se despidió de su terapeuta cordialmente y pagó la cantidad acordada, y entonces sólo supo que estaba corriendo hacia su moto.
Miró la hora en su reloj.
Las siete y media.
Mierda, mierda, mierda.
Tras llegar a su moto tan rápido como pudo, y conducir a toda velocidad hasta su destino, el Alfa consideró seriamente cambiar de rutina. Apenas tenía tiempo en el día para respirar. Taehyung abrió la puerta de la casa antes de que Jungkook llegara a ella, visiblemente exasperado.
-Me debes una y bien gorda- espetó.
El tatuado asintió, todavía sintiendo como el alma volvía a su cuerpo, y entró en la casa. Taehyung no tardó en marcharse de allí.
Dentro de la casa, dos niños trotaron en saltos desordenados hacia él.
-¡Jungkookie!
El azabache sonrió un poco.
-Hey, ¿qué tal?- El tatuado se agachó frente a ellos, los saludó y revolvió sus mechones de pelo. Los niños le devolvieron sonrisas sin dientes y miradas alegres- Atentos, vamos a jugar a un juego ¿vale?
Los niños asintieron entusiasmados.
-Falta muy poco para que venga vuestra mamá. Cuando venga, jugaremos al juego de mentir ¿Vale?
-¿Y cómo se juega a eso?- preguntó el más pequeño de los dos. Jungkook le sonrió.
-Ahora os lo explico. Fingiremos que yo os he cuidado toda la tarde ¿sí?
-Pero eso es mentira- el mayor de los dos expuso confundido- Nos ha cuidado Tae.
Siempre ocurría cuando la cita con su psicóloga coincidía con cuidar de los pequeños.
-Ya- Jungkook sonrió tenso- Por eso se llama el juego de mentir.
-¡A mí me gusta el juego!- Beomgyu expuso sonriente.
El mayor seguía desconfiado ante aquella idea y no dudó en mostrarlo negando con la cabeza.
-Soobin, haz caso a tu hermano Beomgyu- Jungkook expuso algo frustrado- El que juegue mejor, se llevará un premio.
-¿Cuál?- Soobin musitó persuasivo.
-¡Golosinas!- Beomgyu chilló y saltó contra su hermano en un abrazo atosigante.
Mientras que el pequeño era un desastroso y repleto de atención cachorro, Soobin utilizaba su cabeza para absolutamente todo. Jungkook siempre lo tenía más difícil a la hora de convencerlo a él.
-Vale, golosinas para el que mejor juegue ¿De acuerdo? El juego empieza...- Jungkook escuchó el motor del coche apagarse fuera de la casa- Ya.
Unos segundos después, Dahyun apareció cargada hasta arriba de bolsas de la compra. Suspiró cansada cerrando la puerta, y su rostro se reavivó al ver a sus hijos correteando hasta ella.
-¡Mamá!
Los niños la abrazaron como pudieron, y cuando Dahyun se agachó para recibirlos todavía mejor, Beomgyu se colgó de su cuello. La Beta soltó una risita sofocada y lo cargó en sus brazos.
-Hola a ti también- pellizcó la mejilla de Soobin, quien prefería la distancia. El niño se sonrojó con timidez.
Dahyun conectó sus ojos con los de Jungkook al final del pasillo.
-Hola- anduvo hasta él y dejó a Beomgyu de nuevo en el suelo- ¿Cómo se han portado hoy?
-Genial, ni si quiera los he notado.
-¡Jungkookie nos ha cuidado muy bien, hoy nos ha cuidado mejor que nunca! ¡No ha venido Tae a cuidarnos porque nos ha cuidado Jungkookie!- Beomgyu canturreó.
Jungkook se tensó.
Dahyun frunció el ceño, su hijo pequeño hablaba tan rápido que a penas podía seguirle el hilo.
-Cariño, más despacio, ¿qué has...-
-¿Podrías darme el dinero ya?- el Alfa la interrumpió- E-es que tengo prisa hoy y...
-Claro, no te preocupes- asintió comprensiva.
Había sido una pequeña mentira piadosa para que Beomgyu no volviera a abrir la boca. Pero una vez tuvo el dinero en mano y estuvo frente a su moto, reaccionó.
-Mierda, Jimin.
En realidad, sí tenía prisa. Y viendo la hora que era, tenía mucha prisa.
Después de las clases, y tras haberlo dejado en casa aquella tarde, Jimin le había avisado de que por la noche tendrían una cena con su padre.
Por supuesto, a Jimin no se le había ocurrido decírselo antes, porque como siempre, había tenido la cabeza ocupada en otras cosas y se había esperado al último momento para avisarlo.
El Alfa no había podido decir que no a aquella cara de cachorro malherido.
La luna, aquella tarde iba a acabar con él.
...
Fue en el instante en que Jungkook aparcó la moto frente al edificio del Omega que su teléfono recibió una llamada entrante de él. Jungkook la respondió apresurado, indicándole que estaba abajo y le abriera la puerta del portal. Subió corriendo las escaleras y llegó a él. Jimin lo recibía con ojos divertidos y enamorados desde el marco de la puerta.
-Lo siento...- Jungkook jadeó sin aire. Apoyó su peso en sus rodillas e inhaló.
Mierda, ¿dónde había quedado su juventud?
-No te preocupes, papá todavía no ha salido del trabajo. La cena será a las diez.
El Alfa frunció el ceño y miró la hora en el móvil.
-¿Y por qué me haces venir mucho antes?- tragó en su boca seca, mirando confuso a Jimin.
El rubio se lamió los labios divertido y llegó hasta él.
-¿Tú qué crees?- musitó persuasivo. Se colgó de su cuello y lo encaró a centímetros.
La mueca en el rostro del Alfa cambió drásticamente a una sonrisa ladeada.
-Uhum...- musitó con la voz ronca, aproximando ambos torsos y envolviendo su pequeña cintura con sus tatuadas manos. Fue como si mágicamente olvidara su cansancio- Así que querías que viniera antes de hora para eso.
El Omega asintió lentamente, hasta casi rozar sus labios. Entonces la expresión en su rostro cambió.
-¡Para hablar de tu cita con la psicóloga! ¿Cómo lo has sabido?- Jimin brincó y besó su mejilla. Después se separó dejando al Alfa estático y correteó hasta el interior de su apartamrnto- Venga, hace frío aquí- puchereó.
Jungkook tenía los ojos abiertos y confusos.
Estaba seguro de que Jimin había insinuado otra cosa. Estaba seguro de que había visto sus ojos titilear persuasivos y... El Omega mordió sus labios para aguantar la risa.
Se estaba burlando de él.
-¡Con eso no se juega, cachorro!- Jungkook bufó y fue por él.
Jimin reaccionó rápidamente y corrió lejos de él. No llegó demasiado lejos, el Alfa lo interceptó a mitad del pasillo y lo alzó como un sacó de patatas. El rubio chilló y pataleó, incapaz de deshacerse de su agarre.
-¡O-oye, pero iba enserio lo de hablar de la psicóloga!- habló boca abajo.
-Seguro que sí- Jungkook lo lanzó a la cama.
Jimin abrió sus piernas inconscientemente, y dejó al Alfa situarse entre ellas. Jungkook no tardó ni un segundo en llegar a su cuello y succionar la cicatriz de la última marca. El Omega tembló del gusto.
-¿H-habrás cerrado la puerta, verdad?- gimió el rubio.
-Claro que he cerrado la puerta.
¿Lo había hecho?
Qué más daba. Sólo le importaba el cuello que estaba mordisqueando y lamiendo.
-E-es que Nun es muy listo, y en cuanto la ve a... ¡Ah!- Jimin se retorció de placer- A-abierta aprovecha para escaparse...
El Alfa se detuvo abruptamente.
Mierda, no. No la había cerrado.
Se separó del rubio con una sonrisa tensa. Jimin abrió sus ojos como platos.
-¡No la has cerrado, mentiroso!
Jimin lo empujó y se levantó tambaleante, rápido en su carrera hacia la puerta.
...
El perro no estaba.
La cabeza del Alfa dolía para aquellos momentos del día de una forma completamente persistente y angustiosa, pero aquello no le impidió acompañar a su Omega por todo el vecindario en búsqueda de Nun.
-No puede haber ido tan lejos, es viejo y gordo- bufó Jungkook tratando de calmar a su novio
El rubio lo fulminó con la mirada. Sus ojos brillaban sospechosamente y Jungkook dejó la ironía para otro momento. Frotó su espalda con cariño y lo acunó entre sus brazos.
-Vamos a encontrarlo ¿Vale? Aunque sea lo último que haga.
Jimin asintió sin cambiar la mueca de preocupación en su rostro.
Después de un susto que dejó a Jimin más sensible de lo que hubiera querido, finalmente encontraron al perro. Había huído embelesado por el aroma de una hembra en celo a unas calles de distancia, y había tratado de llegar hasta ella. Una verja con un gran letrero de propiedad privada se lo había impedido, y Jimin corrió por él cuando lo vió gimoteando y arañando la misma.
-¡Nun!- gritó tembloroso y lo alzó en brazos- ¡Nun, no vuelvas a hacerme esto!
El perro ni si quiera entendió.
El Omega lo apresó fuerte contra su pecho, bajo la mirada cautelosa del Alfa.
-H-has estado a punto de quedarte en abstinencia por un mes, Jeon Jungkook- el rubio musitó débilmente- Agradécele a esta verja.
-Por la luna, gracias- balbuceó inaudible.
...
A media hora de que el señor Park finalmente llegara a casa, Jimin observaba el horno con Nun abrazado entre sus brazos.
-Oye, enserio que lo siento- Jungkook entró del balcón tras haberse fumado un cigarro.
El rubio lo miró con los labios abultados.
-Da igual.
-Nunca se me habría ocurrido que el perro pudiera escaparse. Parece tan viejo y gordo...
Jimin lo fulminó con la mirada.
-Deja de llamarlo así. Es muy listo para su edad, además ha olido una hembra en celo. Eso es más fuerte que que sea viejo o gordo. ¡Y no es gordo! Sólo está llenito de amor.
-Así que es un pervertido- el Alfa sonrió ladeado y acarició la cabeza de Nun. El perro se inclinó ante su toque.
-Nun se ha quedado sin pollo esta noche- sentenció, besó al animal y lo dejó en el suelo. Después encaró a Jungkook- Y tú... Tú te has quedado sin... ¡Mmgh!
Jungkook lo estaba besando y empotrando contra la pared de la cocina antes de que pudiera pronunciar una palabra más.
-¿Sin qué?- se separó agitado de sus labios, y provocativo murmuró. Su voz ronca y gesto dominante. Jimin no podía encontrar las palabras- Ah, ya decía yo.
El Alfa volvió a unir sus labios. Las manos de Jimin viajaron rápidas a su nuca, arañaron y se colaron entre sus mechones azabaches. Jungkook gruñó. No tardó en alzarlo en brazos y sacarlo de la cocina.
-E-el pollo- Jimin jadeó.
-¿Cuánto le falta?
-Como cuarenta minutos y...-
-Ah- el Alfa se encogió de hombros- Entonces tenemos tiempo de sobra.
Sólo si supieran que Minwha llegaría en menos de treinta minutos, quizás no habrían estado tan seguros.
...
-Mierda, bebé- Jungkook gruñó extasiado. Pasó su mano libre por su rostro, despejándolo del pelo que caía molesto frente a sus ojos. Su otra mano sostenía el muslo de Jimin contra su pecho.
Con la una pierna colgando de uno de los hombros del Alfa y las gafas completamente empañadas, Jimin se deshacía en gemidos frenéticos y quejidos de placer.
-No te veo los ojos- Jungkook rió con dificultad, mientras su miembro era exprimido deliciosamente por el interior del Omega. No cesó de arremeter dentro de él, aún cuando quería parar un poco para reírse de sus cristales empapados.
-S-si me las quito el que no ve soy yo... ¡Ay! ¡Mgh! ¡Ahí!
A la mierda las gafas.
Jungkook descolgó el muslo de su hombro y lo abrió de piernas, se sujetó en ellas y embistió más rápido.
El cuarto nadaba infestado en una explosión de feromonas dulces con toques ácidos, que se entremezclaba a su vez con feromonas fuertes de Alfa, con un tenue olor a avellanas y a sexo. Los quejidos del Omega se veían silenciados por el ruido de la carne contra la carne.
La irritante pero caliente voz de Jimin se alzó cuando estuvo cerca de correrse. No dejaba de gritar. Mierda, Jungkook iba a quedarse sordo, pero estaba amando aquello tanto como él. Si hubieran estado pecho contra pecho, estaba seguro de que Jimin habría arañado su espalda hasta hacerla sangrar.
Ese Omega era un puto desastre.
Su puto desastre.
-Muérdeme- gimió el rubio sin poder abrir los ojos. Su rostro se inclinó, y mostró de forma dócil su cuello marcado.
El Alfa se tensó, luchando entre la necesidad de hacerlo y pensar con la razón.
-Lo verá tu padre- gimió soltando sus muslos e inclinando todo su peso sobre él, apoyándose con sus brazos tatuados. Seguían vestidos, no les había dado tiempo a desnudarse, porque para cuando se habían dado cuenta, el Alfa ya había embestido en él. Eran unos hormonales necesitados.
-Por favor, porfi~- Jimin sostuvo el rostro de Jungkook y lo acercó a su cuello. Los ojos del Alfa brillaron rojos al absorber su aroma de cerca. Todo lo que pudo sentir a partir de entonces fue a Jimin, sus sentidos colapsando por él. Por su imagen agitada e inestable, su aroma, sus gemidos y lo bien que se sentía su húmedo interior.
Jungkook iba a correrse.
Pero Jimin aún no.
Aunque si lo mordía, provocaría el orgasmo en él.
No pudo debatir más tiempo, cuando quiso darse cuenta, ya estaba enterrando sus dientes en él y explotando en su tan anhelado orgasmo. Jimin lo siguió, gritando en su oreja y clavando sus uñas en su espalda de forma desesperada.
Jungkook ahogó el dolor en las oleadas de placer que lo invadieron. Gimió en el cuello del rubio, y no cesó sus caderas hasta que se sintió vacío y saciado a la vez, y hasta que Jimin no dejó de gritar y su voz se rompió en jadeos ahogados.
-¿Patito? ¡Ya estoy en casa!
El Alfa salió del hueco de su cuello y lo miró con los ojos bien abiertos. Los colmillos todavía sobresalían de sus labios.
-Joder.
¿Acaso el destino estaba riéndose de él?
...
Jungkook salió de él antes de que su cuerpo decidiera anudarlo. Habría sido otro problema innecesario. Se sacó el condón con velocidad, guardó su miembro de nuevo dentro de sus bóxers. Después subió su bragueta. Había una pequeña mancha de la esencia del rubio en su camiseta negra, por no decir, que la ropa de Jimin estaba completamente manchada y echada a perder.
-Mierda, cachorro, dime que tienes ropa para prestarme.
Daba igual cuánto se cambiara de ropa, ambos tenían escrito en el rostro que acababan de echar el mejor polvo de sus vidas. Ni si quiera olían a sí mismos, y había una marca de aroma del contrario en cada parte de sus cuerpos.
Minwha iba a darse cuenta.
-¿Jimin?-su padre gritó.
El rubio pareció despertar de su letargo, abrió los ojos asustado y se propulsó a la puerta, cerrándola con pestillo antes de que su padre entrara.
-¿S-sí, papá?
-¿Estás ahí? ¿Qué haces? ¿Por qué me cierras? Anda, sal de ahí y dale un beso a tu padre.
Jimin miró asustado al Alfa, quien le devolvía la misma mirada.
-Eh... E-es que está Jungkook aquí.
Jungkook abrió mucho los ojos y se golpeó la frente.
-¡E-estudiando! Quiero decir, que estamos estudiando y... Nos estás desconcentrando.
El Alfa bufó y contuvo una risa frustrada, se lanzó a la cama y miró al techo. Ya la habían cagado, así que, mejor reír que llorar ¿no?
Minwha estuvo callado durante un tiempo. El rubio rezó a la luna durante todo aquel lapso para que su padre creyera su historia.
Finalmente, Minwha habló.
-Voy a bajar a Nun a pasear. Espero que cuando suba hayáis dejado de... Estudiar.
Y si su padre estaba con la ceja alzada y una sonrisita comprensiva al otro lado de la puerta, ninguno de los dos lo supo.
...
Jungkook podía jurar que Minwha no había apartado sus ojos de él desde que había vuelto de pasear al perro. El Alfa quería creer que lo miraba porque llevaba puesta una camiseta de Jimin, repleta de colores y estampados ridículos. De hecho, había tenido suerte encontrando una que fuera más o menos de su talla, y había sido un milagro que Jimin amara usar camisetas grandes en verano. Pero no, Minwha no lo miraba por eso.
Lo miraba porque no podía dejar de observar la mal cubierta marca en el cuello de su hijo. Ni si quiera aquel suéter de cuello alto podía cubrir el enrojecimiento que ascendía hasta su nuca.
Si bien no era la primera vez que Jungkook lo mordía, sí era la primera vez que el papá de Jimin se daba cuenta de que su hijo tenía una marca.
Levemente tenso, el azabache colocó el último plato sobre la mesa y se sentó junto a Jimin. Minwha lo hizo frente a ellos con su mirada cauta y estudiosa.
La cena comenzó con una pequeña charla formal. Paradójicamente, algo fría después de que en el cumpleaños de Jimin, meses atrás, Minwha hubiera compartido una ronda de chupitos con él.
Claro, porque ahora las cosas iban enserio, y Minwha no dejaría que nadie enamorara a su patito en vano.
-Así que, Jungkook...- El Alfa lo observó con cuidado- ¿Qué tal te va en el Instituto?
Jungkook alzó las cejas.
-Mejor de lo que esperaba- musitó lentamente- Su hijo está ayudándome mucho. Gracias a él estoy sacando todas las materias y a este paso... Bueno, en unos meses me graduaré.
Minwha sonrió levemente.
-Me alegro por eso- comentó y masticó un bocado- Tus padres deben estar mu...-
-Papá- Jimin musitó tenso.
Porque por supuesto el rubio no le había contado a nadie sobre los padres de Jungkook. Cuando decía que guardaba un secreto, lo hacía enserio. Minwha enmudeció confundido.
-¿Qué?- preguntó con suavidad.
-¿Por qué no hablamos de otra cosa?- Jimin exclamó nervioso- ¿Te gusta el pollo? Lo hemos hecho Kook y yo y...-
-Da igual, cachorro. Puede saberlo, es tu padre- Jungkook murmuró.
Jimin frunció el ceño.
-Pero...-
Minwha los observaba confuso.
-Señor Park, mis padres murieron hace tres años en un accidente de coche.
Los ojos del nombrado se abrieron levemente.
-Oh- mordió sus labios- L-lo siento... No...-
-Está bien. No puedo decir que lo haya superado pero... No me importa decirlo. Es la realidad, al fin y al cabo- dijo más decaído de lo que hubiera querido.
Sintió la mano de Jimin buscar la suya bajó la mesa y entrelazarlas. Aquello lo lleno un poquito de energía.
-Te entiendo, chico- en ese momento, los ojos de Minwha de suavizaron un poco. Ya no miraba al Alfa como si quisiera analizarlo en todos los aspectos de su vida, y el Alfa se permitió relajarse un poco- El papá de Jimin, y, bueno, mi esposo, murió cuando Minnie tenía diez años- sonrió con tristeza- Supongo que Jimin ya te lo habrá contado, pero... Si necesitas ayuda sobre ese tema... Nosotros te vamos a entender mejor que nadie.
-Papá era el Alfa más guapo del mundo- Jimin musitó perdido en su bucle de pensamientos- ¿Has visto fotos de él, Kookie?
Los ojos de Jungkook se suavizaron al mirar a Jimin.
-Me encantaría.
-Tenía gafas como yo, y era muuuuy alto. Creo que más alto que tú.
Jungkook sonrió enternecido, mirando a Jimin como si fuera lo más importante del mundo. Como si fuera lo único valioso en lo que centrar su atención. Jimin siguió hablando de su padre con fascinación, contando todos sus recuerdos desde la alegría, y el Alfa lo atendió en cada anécdota.
Minwha los observó, ignorando el hecho evidente de que habían estado teniendo sexo antes de su llegada o de que su hijo estaba marcado por él. No le hizo falta saber de palabra que Jungkook era el adecuado para Jimin, sólo con verle a los ojos le bastó.
La cena llegó a su fin con una conversación mucho más amena y fluida.
-En realidad, yo no había preparado nada de esto- Minwha expuso algo frustrado- Pero Jimin insistió en que quería que cenáramos todos así que... ¡Jimin!
El rubio dejó de darle pollo a Nun y brincó en la silla.
-P-perdón...
-¡Va a terminar rodando por el suelo por tu culpa!- su papá bufó- ¿Has escuchado lo que he dicho?
-Ah...- los ojos del rubio alteraron entre Jungkook y Minwha- No.
-¿Por qué las prisas de querer cenar hoy todos juntos? Podrías habérmelo dicho con tiempo, y preparar una comida un fin de semana o...-
-E-es que tenía algo que contaros y... No podía esperar.
Jungkook se tensó.
-¿A-algo como qué?- preguntó con lentitud.
Jimin le sonrió nervioso.
-¿¡Has preñado a mi hijo!?- Minwha señaló furioso a Jungkook.
-¿¡Qué!? ¡No!- sus ojos buscaron los de Jimin con miedo- ¿No?
-¡No!- Jimin chilló con el ceño fruncido- No es eso.
Jungkook sintió que el alma le volvía al cuerpo.
-Menos mal- jadeó recostándose en su silla.
-¿¡Cómo que menos mal!?- Minwha gritó- ¿¡No te harías cargo de mi nieto!?
Los ojos del Alfa se abrieron asustados
-N-no, yo... No estoy diciendo q-que...-
-¡Papá, calla de una vez!- Jimin exhaló y dejó el nerviosismo a un lado- Lo que quiero decir es que la resolución de la beca de excelencia salió hace unos días, cuando acabó Enero. Y...- soltó una risita emocionada- ¡Me la han dado!
Los ojos de Minwha se abrieron atónitos.
-¿Qué? ¿Lo dices enserio?
Jimin asintió eufórico.
-N-no es mucha cantidad, pero son mil dólares y con eso podremos ir tirando. Además, el director habló conmigo y probablemente también me den la beca de matrícula, y el primer año de universidad será gratis y... Lunas, pero lo importante es lo de ahora. ¡Somos ricos!
Minwha se levantó de la mesa y abrazó a su hijo, besuqueándolo por todas partes.
-Ya quisiéramos- rió divertido y feliz- Pero ese dinero es muy importante para ti. Es tu dinero, para tu carrera. Lunas, te lo mereces tanto, estoy tan orgulloso de ti...
-Bebé, eso es genial- Jungkook acarició su mejilla una vez Minwha volvió a su sitio. El rubio se recostó en su toque- ¿Pero por qué querías que yo también estuviera aquí? Es... Es algo más íntimo ¿No? O sea...-
Jimin sonrió levemente.
-Quería que estuvieras aquí, porque he tomado una decisión. Mil dólares es mucho dinero, y aunque lo necesite para la Universidad, si de todos modos van a darme la otra beca... Pienso que podría hacer algo mejor con ese dinero- musitó- Estuve viendo por Internet que sacarse el título de tatuador cuesta trescientos dólares, así que... Me gustaría poder darte ese dinero a ti y...-
-No- Jungkook espetó repentinamente tenso- No, no lo quiero.
-¡Sí lo quieres! Es un regalo. Tú gastaste tu dinero en mí y me compraste un casco aún cuando no tenías ni para hacer la compra, deja que esta vez sea yo quien...
-Que no.
-¡Que sí!- Jimin chilló frustrado- Sólo son trescientos dólares, ni si quiera es todo el dinero de la beca. Pero me haría muy feliz que fueran para ti y así pudieras hacer lo que te gusta y...-
-Bebé- Jungkook siseó- Es tu dinero. Tienes que gastártelo en cosas que te gusten. No vale la pena que lo gastes conmigo, no...-
-Tú me gustas- musitó divertido- Y te quiero mucho, y sé que cualquier inversión en ti funciona, porque eres inteligente y sabes mejorar, me lo demuestras constantemente. Estoy tan orgulloso de ti, de que vayas a terapia, incluso de que puedas contarle lo de tus padres a mi papá. Te lo mereces más que nadie, por favor, acéptalo.
Jungkook miró a los ojos a Minwha como último recurso.
-N-no creo que tu padre esté de acuerdo... No creo que sea una buena idea.
-Papá lo ha dicho, es mi dinero, además ya tengo dieciocho- Jimin contestó antes de que lo hiciera Minwha. Su padre suspiró.
-Aunque quisiera, Jimin es muy cabezota y terco. No me hará caso. Lo sé, porque yo soy igual.
El de gafas sonrió con todos sus dientes.
-¿Entonces? No te dejo hacer otra cosa más que aceptar. Si no aceptas me enfadaré mucho.
-Cachorro, yo...-
-Vamos, déjame hacerlo. De verdad que quiero. ¡Es mi regalo de cumpleaños!
Jungkook alzó una ceja.
-Falta casi un año para mi cumpleaños.
-¿Enserio? ¿Cuándo los cumples?
-¡No desvíes el tema, cachorro!
-¡No lo desvíes tú! Pues celebramos tu cumpleaños por adelantado- Jimin sonrió autosuficiente- Cuando llegue no te regalo nada y ya está- Sacó su lengua. Aunque por supuesto, aquello era mentira. Jimin amaba los regalos, tanto recibirlos como hacerlos.
-¿Vas a hacerme un regalo de trescientos dólares?- el Alfa rodó los ojos.
-¡Y si me vuelves a decir que no, de cuatrocientos!
-Vale, vale...- Jungkook musitó todavía sin poder asimilar la situación- De acuerdo. Pero... Pero no lo aceptaré a menos que sepas que voy a devolverle hasta el último centavo. Es una promesa.
-No hace falta que me lo devuelvas- el rubio contestó en un hilito de voz- Sólo acéptalo.
-Pero...-
-¡Acéptalo, lunas!- Minwha expresó irritado. Tenía el móvil en las manos mientras grababa el momento.
Jungkook frunció el ceño incrédulo.
-Eh...
-¡Venga!- Jimin gimoteó- Jungkookieeeeeeeeee...-
-Vale, joder, vale, lo acepto- respondió rápido y forzado.
-¡Bien!- el Omega se colgó de su cuello.
Las cosas funcionaban como no lo habían hecho nunca antes.
Mientras el rubio aplaudía entusiasmado y guiaba a Jungkook a la cocina para sacar el postre, y Nun los seguía corriendo con sus patitas, lo supo con certeza.
¿Qué podría salir mal?
...