Fucsia y su amigo imaginario
Fucsia estaba aburrida de que su vida sea siempre igual. Estaba aburrida del colegio. estaba aburrida de sus amigos, de su familia. De que nada interesante le pasase. De la televisión. Del celular. De absolutamente t-o-d-o.
No sabía de donde venía tanto aburrimiento. pero así se sentía.
Y quería algo nuevo.
Aparte de que era una niña muy fácil de distraerse, nada le convencía al 100. Todo lo que hacía lo hacía o por obligación o se aburría a los 5 segundos o se distraía con el mosquito que pasó cerca de su oreja.
Así que un día, aburrida del aburrimiento, se puso a pensar.
Cómo acabar con ese aburrimiento.
No iba a ser fácil. Pensó la niña. Pero tampoco tiene por qué ser muy difícil.
¿O si?
Luego de dos horas de pensamiento continuo, cuando escucha a su madre hablar con la vecina en el comedor, una lamparita se enciende dentro de ella.
una idea.
— Fucsia tiene mucha imaginación, solo que es bastante... — escuchaba Fucsia desde su cuarto.
— Pero creo que la escuela de arte de mi marido le va a servir para explotar su talento.
— No tiene talentos. No sabe hacer nada.
— Claro que si, la vi pintar con acuarelas el otro día y para su edad y experiencia, es muy buena expresándose.
— Pero pintó dos minutos.
A ese punto, fucsia ya no prestaba atención a lo que decían su madre y vecina.
— ¡BINGO! —grita la niña de 11 años.
— Ves lo que te digo... hasta habla sola a veces —susurraba su madre.
Fucsia rodó los ojos y siguió no prestandole atención a lo que su madre decía de ella.
A veces hasta sentía que no la conocía en lo absoluto por como hablaba de su persona. Era como si su madre y fucsia no fuesen realmente madre e hija.
Pero bueno, dejando eso de lado. La idea de fucsia.
La niña sonreía a más no poder. Contenta. contentísima de que al fin, al fin había encontrado la manera de eliminar por completo su aburrimiento.
Si tenía tanta imaginación como la madre decía, entonces su mente era capaz de imaginarse lo que fuese.
¿No funciona así?, pensaba Fucsia.
Entonces la mejor idea más brillante cruzo por su cabeza.
Un amigo imaginario.
Lo podía imaginar de cualquier forma. Color. personalidad. Voz. Altura. Lo que sea. Ella lo inventaba y listo.
Así que con muchísimo entusiasmo por su idea mega hiper genial, fue hacia su escritorio, agarro su cuaderno del colegio, y en la ultima hoja escribió todas las características que le gustaría que su amigo imaginario tenga.
Luego de escribirlas. Miró el papel con emoción y se fue a dormir.
Ja ja. Sí. Se fue a dormir.
Si lo soñaba, pensaba, iba a ser más probable aún que aparezca al otro día.
— Fucsia.
Escuchó una voz gruesa y extraña. Pero raramente, a la vez esa voz le sonaba particularmente familiar.
Fucsia abrió los ojos y los abrió aún más cuando vio lo que tenía frente a ella. Sentado en la cama.
era él.
Su amigo imaginario.
Y era de noche. por lo que tendría que haber soñado con él y así fue como se apareció. Pensaba ella.
— escucha fucsia, no tengo mucho tiempo. ya que me creaste en poco tiempo.
Tiene sentido. Decía la niña en su mente.
— ¿Quieres saber cual es la clave para tu aburrimiento? — Fucsia asintió, totalmente sorprendida pero para nada asustada. Aunque su amigo imaginario tenía la voz super gruesa
— Usa tu imaginación. Como hiciste conmigo. Pero para todo. Cuando sientas que te estas aburriendo, crea cosas nuevas. Y el aburrimiento pronto se irá ¿No fue así como paso conmigo?
Fucsia estaba sin palabras. No podía creer que su invento había funcionado.
— Quieres decir... ¡¿SER CREADORA?! —preguntó la niña a los gritos.
— Shhh, fucsia. Si me escuchan, estaremos en graves problemas.
Fucsia se preguntaba por qué estarían en problemas.
— Ahora si fucsia, me voy. Espero que mi consejo te haya servido —su amigo fue hasta la ventana, y salió volando con sus mini alas que, obviamente, Fucsia habia ya dibujado —No te aburras —volvió solo para decirle eso y se fue volando nuevamente.
— ¡FUCSIA! ¡AL COLEGIO! — gritaba su madre desde el comedor.
Fucsia se despertó lentamente y lo primero que hizo fue mirar hacia su ventana.
— ¡ES TARDISIMO, FUCSIA!
La niña rodó los ojos y se sentó en la cama.
—¡AHÍ VOY! ¡DIOS MIO! —gritó aún más fuerte que su madre.
Mientras se preparaba, Fucsia pensaba en todo lo ocurrido la noche anterior.
Su amigo imaginario la había visitado.
y no solo eso, le había dejado un consejo vital para su vida aburrida.
— Mamá, soy creadora.
La madre frunció el ceño mientras esperaba el semaforo, ni miró a la niña que estaba en el asiento de al lado de su auto.
— Bien, sí, como sea. Te incribí en la escuela de arte esta importante de la vecina.
Aunque su madre sonó con total indiferencia, fucsia pegó un grito de felicidad que hasta los demás autos de la calle escucharon.
El semaforo se puso en verde.
Significaba todo para ella.
Ahí iba a poder crear cosas todo el tiempo, ¿no?
y muchos, muchos amigos imaginarios que la vayan a visitar de noche a que le den consejos de vida.
La idea le parecía no estupenda. Super mega genial.
Estaba, por primera vez en tanto tiempo, feliz.
Y más importante aún.
No aburrida en lo absoluto.