Amante Imperfecto [XiuChen]

Sinopsis

Su primer modelo de Amante Artificial no fue aceptado por los directivos de EXBot; sin embargo, JongDae no se ve capaz de desarmar el prototipo X99. Pues estuvo muchos años trabajando en él y aunque no lo consideraron perfecto, es suyo y lo mantiene junto a él, a pesar de no formar parte del proyecto.

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18+

Primera Parte

—Rechazado.

Sentenció el jefe de la junta de directivos.

—Pero…

—Es un amante imperfecto, JongDae. No nos complace, está desfasado. Tiene, ¿cuántos años?

—Cinco —murmuró, mirando a su Amante Artificial de reojo.

—¿Ves? Está anticuado, pero me gustan todos los cambios que has hecho —dijo como felicitándolo, aún así JongDae no se sintió nada complacido con sus palabras—. Intenta instalar todo lo nuevo que has hecho en él y mejorarlo, en un modelo que su interior sea creado con la nueva tecnología que tienes a tu disposición.

—Entiendo…

—Puedes desmontarlo y reciclar las piezas que sean útil-

—No, no, no haré eso.

Lo interrumpió horrorizado, al menos se pudo contener para no gritarle al hombre que pagaba su obsceno sueldo. Miró al prototipo X99 de nuevo, el pobre estaba ahí quieto, activado, y mirando de un lado a otro, curioso, procesando y aprendiendo. JongDae se alegraba que no supiera exactamente qué estaban hablando de él, ya que acababa de ser despertado en esa misma oficina y le costaba un poco arrancar.

—Haz lo que quieras con él. Mientras no sigas perdiendo el tiempo en seguir mejorándolo, no saldrá al mercado. Comienza con otro modelo desde cero, ¿entendido?

—Sí, señor. ¿Puedo retirarme?

—Claro, adelante.

—Vamos.

Le dijo al robot de pelo rosa, se acercó a él y cogió su mano para llevarlo consigo. Desanimado volvió a su laboratorio con lentitud, de camino hacia allí el amante imperfecto, como lo había llamado su jefe, correspondió a su agarre y entrelazó sus dedos con JongDae.

Se giró y le regaló una sonrisa triste. Este le sonrió de vuelta, JongDae se cuestionó el qué haría con él ahora que no iba a ser parte del proyecto Amante Artificial.

Una vez en su laboratorio, soltó la mano de su robot y lo dejó pulular curioso por ahí, mientras él se sentó en el taburete que tenía delante de la mesa de trabajo. Se tapó el rostro con ambas manos, intentando meditar seriamente qué haría con X99. El cual por fuera era hermoso, rostro dulce e incluso levemente infantil, pelo rosa, cuerpo delgado pero fuerte... Los únicos “peros” estaban, probablemente, en su voz. Posiblemente también en su interior, en su estructura y su sistema que comenzaba a estar obsoleto, era normal. Porque X99 lo comenzó a hacer cuando todavía seguía estudiando, y fue su proyecto de final de carrera. Habían pasado tres años de eso y otros dos más desde que entró a esa gran empresa de Nuevo Seúl.Gracias a ese prototipo rechazado fue elegido para trabajar en EXBot, el cual estuvo mejorando desde que ingresó a la empresa. Pero había un límite de mejoras que podía hacer en X99 sin desmontarlo del todo y empezar de cero. Y JongDae era bastante emocional y apegado a sus creaciones, más a esta. Era lo primero que parecía un humano al cual había logrado darle vida. Así que varias horas atrás, cuando lo vio parpadear y despertar de nuevo después de mucho tiempo, sintió un gran orgullo y cariño recorrerle de los pies a la cabeza.

—¿Qué debería hacer contigo? Se preguntó en voz alta, después de un rato, y se puso de pie de nuevo. Para acercarse al robot, que estaba observando sus herramientas con interés. Acarició su mejilla con cuidado y miró fijamente a sus ojos color verde claro, profundos e irreales, estos le devolvían la mirada. X99 inclinó el rostro hacia la mano que aún tenía en él y dibujó una pequeña sonrisa mientras cerraba los ojos. El corazón de JongDae comenzó a latir con fuerza.

No iba a desconectarlo. Esa opción estaba totalmente descartada.

Acunó el rostro de su Amante Artificial con ambas manos y este de nuevo abrió los ojos, JongDae acortó la distancia y apoyó su frente sobre la de él. Con sus ojos conectados le habló entre susurros.

—Te quedarás conmigo, aunque sean un robot con la función de amar a su dueño seguro que me serás de ayuda en muchas cosas aquí y en casa —le dijo, sabiendo que le entendía aunque aún no hubiera pronunciado palabra alguna—. Debemos conectarte a la red para actualizarte y ponerte al día, luego buscamos un nombre para ti.

Lo último lo comentó alejándose y cogiéndolo de la muñeca, para acercarlo al escritorio y a las conexiones que había a un lado de la mesa. Cogió un cable y lo conectó al pequeño orificio que había a un lado del número de serie de la muñeca izquierda de X99. Inmediatamente apareció un holograma de una pantalla, suspendido sobre la mesa y surgieron varias barras que comenzaron a llenarse despacio.

—Quédate aquí mientras voy a por algo de comer, tardarán un rato las actualizaciones.

Le informó, acariciando su pelo, que era muy suave. Más que el suyo propio. Seguidamente se fue sonriendo.

Le encantaba ver cada detalle de sus creaciones, y que incluso estos fueran mejor en muchos aspectos. Ese era uno de los motivos por los cuales ChanYeol le llamaba loco de la tecnología, también era porque su tema de conversación no resultaba muy variado. Tampoco ChanYeol podía quejarse de lo que él mismo carecía, pero, en fin. Era el único amigo de verdad que tenía y se aguantaban con sus cosas malas, quejas y de todo.

En la cafetería de la empresa se hizo con provisiones para varias horas, pensaba quedarse la noche trabajando… A decir verdad, no recordaba la última vez que había pisado su casa. ¿Fue la semana pasada o la anterior? A decir verdad, era irrelevante, resultaba más productivo quedarse allí que trasladarse de un lado a otro todos los días.

Después de hablar con el chico agradable de la cafetería salió cargado de muchas cosas, lo que le dificultaba un poco llevar todo en sus brazos. Se dirigió de regreso a su laboratorio con lentitud para que no se le cayera ni una sola migaja de nada.

—Ya estoy aquí —anunció al entrar a su laboratorio—. ¿Ya ha terminado de cargar las actualizaciones?

—Sí, JongDae, hace unos minutos.

Se detuvo en seco, no esperaba una respuesta. Era la primera jodida palabra que le oía a X99 y le miró asombrado. Este le sonrió y JongDae se recompuso rápidamente, devolviéndole la sonrisa mientras caminaba a su escritorio lleno de trastos y tiraba allí sus víveres para pasar el resto del día.

—Así que ya hablas, me alegro. Debemos hacer algo con esa voz, ¿no crees? No encaja con tu imagen.

—¿Sí? —le preguntó de regreso, soltando el cable que estaba unido a su muñeca cuando vio que en la pantalla terminaba de llenarse la última barra que faltaba.

—Lo creo, es un cambio simple. Ven conmigo.

Le pidió acercándose a…

—Un nombre, sí, verdad, se me olvidaba.

Comentó para sí mismo y lo agarró de la mano, para llevarlo a la camilla de metal que había en el rincón donde trabajaba en el interior de sus robots. X99 sin esperar una orden se subió a ella, JongDae se alejó de él para ir a por algunas herramientas y su pequeño portátil.

A la vez que abría una parte de la piel del cuello de X99 y buscaba el sitio donde estaba el control de voz, pensaba en el mejor nombre. Su rostro tenía un leve parecido a un niño que le gustaba en su niñez, aunque sus ojos eran distintos, los de su robot eran más almendrados y bonitos, siendo muy llamativos por esa linda forma y ese color verde agua de sus irises. Sus labios eran totalmente diferentes también, al menos de lo que recordaba.

Sin embargo, había una cosa en él que le recordaba a ese niño de su más tierna infancia. Tal vez inconscientemente se había inspirado en algo de su amor infantil para crear a su robot.

—Como me voy quedar contigo creo que te bautizaré como MinSeok, X99. ¿Te gusta?

Le dijo olvidándose que no podía hablar en ese momento, se apresuró a decirle que no saldría nada de sus labios y comenzó a buscar la voz ideal para su Amante Artificial. Nunca había pensado en tener para él una de sus creaciones, pero MinSeok al final había acabado siendo suyo y la idea le gustaba cada vez más, tendría un ayudante eficiente en su trabajo y una compañía en su solitaria vida. Ya que JongDae al menos se admitía a sí mismo que era un adicto a su trabajo, no como otros altos y de pelo gris, y no solía salir a buscar amantes reales o artificiales. Era un poco vergonzoso, pero hacía varios años que no disfrutaba de una noche de placer, una que no incluyera sólo a su mano y él.

Se sonrojó al pensar en eso, ya había perdido la puñetera cuenta del tiempo. Movió la cabeza de un lado a otro, para hacer volar esos pensamientos y se dedicó a terminar de instalar la nueva voz elegida para MinSeok, cauterizó la piel sintética y anunció que estaba listo.

—¿Entonces también eres mi dueño? —Fue lo que primero preguntó el de pelo rosa.

JongDae sabía que su robot no podía sonrojarse, pero su manera tímida de preguntárselo y ese nuevo tono tan dulce, que encajaba completamente con él, le hizo pensar que si pudiera sus lindas mejillas estarían teñidas de rosa.

—Sí, soy tu creador y también dueño, MinSeok —contestó acariciando sus pálidas pero cálidas mejillas.

***

Los días fueron pasando tranquilos y MinSeok no comenzó a ser más hablador, pero se mantenía cerca de él. JongDae le enseñaba para que pudiera ayudarle en el trabajo y aunque había veces que tenía que repetirle las cosas dos veces, aprendía muy rápido.

«¿Amante imperfecto? Una mierda». Pensaba en muchas ocasiones cuando MinSeok superaba sus expectativas.

No obstante, comprendía. Era más lento de lo que debía ser y tenía pequeños lapsus donde parecía que le costaba quedarse con las indicaciones… Pero con unas leves mejoras.

Aunque se lo hubieran prohibido, no lo hicieron muy claramente, ¿no? No pasaba nada, ya que había empezado con el nuevo modelo. Y MinSeok era suyo, estaba arreglando detalles de él en su tiempo libre, en un juzgado no lo condenarían como culpable con ese argumento.

El movimiento repentino de MinSeok le hizo dejar de perderse en sus pensamientos para mirar el esqueleto que tenía sobre la camilla, estaba casi acabado. Se quitó las gafas para tallar sus ojos, se sentía cansado.

—¿Qué hora es?

—Las 3:00 am —respondió MinSeok, acercándose a él y posando ambas manos en sus hombros, masajeándolos—. Deberíamos ir a casa, JongDae.

—Debería acabar el esqueleto, para mañana probar las articulaciones y ponerme con el resto de sistemas internos —murmuró, cerrando los ojos y echándose hacia atrás, para apoyarse en el torso de MinSeok.

El otro lo abrazó por los hombros y no dijo nada, JongDae se sentía jodidamente cómodo y confortable al poder estar así. Notando el calor del cuerpo de MinSeok, se sentía real, aunque no tuviera algunas capacidades de los humanos se notaba su cuerpo cálido y atrayente. De pronto, y pillándolo desprevenido, sintió que MinSeok besaba su cabello.

Abrió los ojos, dándose cuenta de algo muy obvio y sintiéndose estúpido, ya que era el creador y se había olvidado de un gran detalle. Llevaba casi una semana con el robot de pelo rosa pero aún no le había dado más muestras de cariño que abrazos e inocentes caricias en su lindo rostro.

No estaba “alimentándolo” como debía y eso no podía ser.

—Minnie —dijo, sin saber de dónde había acabado sacando ese apodo, pero lo sintió correcto y que encajaba totalmente con lo adorable que era MinSeok.

—¿Minnie? —preguntó alejándose de él—. ¿Quién es ese?

El azabache se giró en el taburete para quedar de frente al robot, tenía el ceño arrugado y parecía molesto. JongDae no sabía qué pasaba, le miró curioso antes de contestar.

—Tú, es tu apodo cariñoso ahora.

—No me gusta.

—¿Por qué?

—Suena a un ratón, y ridículo.

—Es lindo, como tú y me estás distrayendo. Ven aquí.

Lo agarró de la mano, y tiró del Amante Artificial hacia él. MinSeok quedó de pie entre sus piernas. JongDae alzó la vista para poder mirar su rostro y lo abrazó de la cadera. De pronto, se puso nervioso. Los intensos ojos verdes lograron ponerlo ansioso.

Demonios, era idiota. Sabía lo que debía hacer, lo que quería hacer… Pero comenzó a sentirse como un estúpido adolescente. ¿Cuándo fue la última vez que besó a alguien que no fuera su querida madre? ¿Cuándo besó a un ser humano en los labios por última vez?

Tragó saliva y se obligó a controlarse, no pasaba nada. Era MinSeok, su querido robot, y era algo que iba acabar haciendo.

—Agáchate un poco —pidió en un murmullo.

MinSeok se inclinó hacia él y JongDae decidió posar las manos en esas mejillas que tan adorables le parecían y buscó su boca. Sus labios se juntaron con delicadeza y sintió al Amante Artificial suspirar antes de mover sus labios contra los de su creador. JongDae notaba su corazón latir más rápido cuando el chico de pelo rosa se pegó más a él y su lengua rozó su labio inferior.

Permitió, soltando un jadeo, que se adentrara en su boca. Su cálida lengua rozó la suya y JongDae podría jurar que, si no estuviera sentado, para sus piernas hubiera sido difícil seguir manteniéndolo en pie. No obstante, se hallaba sentado con MinSeok pegado a su cuerpo, más cernido sobre él como nadie había estado antes y joder, ¿por qué había tardado tantos días en besarlo? Cuando eso era el maldito paraíso en la tierra.

Se separó de MinSeok porque no le quedaba otro remedio si quería conseguir algo de oxígeno de manera decente.

Miró el rostro de su creación y este parecía realmente complacido por haber logrado que su dueño le besara por fin. JongDae se dijo en ese momento que debía dejar de pensar en él simplemente como su creación más preciada, por ser el primero de todos, debía de dejar de sentir un simple cariño. Porque MinSeok ya no era solo su primer Amante Artificial, era suyo y nunca iba a ser de nadie más. Debía comenzar a amarlo de otra forma y darle lo que necesitaba, para que siguiera existiendo sin problemas y fallos, necesitaba de su cariño más profundo y verdadero, menos inocente y platónico.

Sin embargo, debía hacerse a esa idea poco a poco. De un momento a otro no iba a lanzarse sobre él para montárselo con MinSeok, aunque fuera esa una de las principales tareas de los Amantes Artificiales.

Para el azabache MinSeok era su bebé y su cariño hasta ese momento había sido puro. Hasta que le había dado un beso tan avasallante, que había despertado cada fibra dormida del cuerpo de JongDae, haciendo que se estremeciera y disfrutara como nunca de un beso.

—Vamos a casa, ¿sí?

Se aclaró la garganta luego de hablar y poniéndose de pie cogió de la mano de MinSeok, para entrelazar sus dedos.

—Claro, debes descansar en una cama. Llevamos dos días aquí y tú durmiendo en ese sofá que tienes en una esquina. Y debes comer algo adecuado.

—No tengo el cuerpo para ir a la cocina y esperar a que esa pastillita me dé comida, Minnie —explicó bostezando.

—Yo lo hago cuando lleguemos, vago, y deja de llamarme así.

Lo último lo pidió cuando subían al ascensor, para ir a la azotea. Mientras lo hacían JongDae llamó a un aerotaxi para que fuera a recogerlos. Estaba postergando el comprar un coche, aunque le atraía más una aeromoto. Sería genial montar con MinSeok detrás de él abrazándolo… Sí, era una aeromoto la mejor opción.

Una vez en el aerotaxi, se apoyó en el hombro del otro y cerró los ojos para descansar en el trayecto hasta su departamento. No planeaba dormirse, pero pasó. Y varios minutos después fue despertado.

—Vamos, JongDae. Hemos llegado.

El mencionado parpadeó desorientado, tardó unos segundos en percatarse dónde estaban. Que fueron los suficientes para que MinSeok lo arrastrara fuera del aerotaxi.

—No he pagado. —Fue lo que dijo, mientras se abrazaba a sí mismo y se pegaba a MinSeok. En busca de algo de calor.

—Pagué yo por ti.

—¿Cómo lograste pagar con el chip de mi muñeca?

—Estabas bastante dormido, aunque te hubiera cargado hasta casa seguro que ni lo notarías —contestó MinSeok, sonriendo.

Caminaron hacia dentro del edificio y bajaron la escalera para ir a su piso. El cual estaba ubicado en la azotea de un edificio de cien plantas.

—He llegado —dijo cuando estuvo delante de la puerta.

—Bienvenido a casa, JongDae.

Saludó la voz masculina de su hogar nada más entrar, y cerrando la puerta una vez que ambos estuvieron dentro.

—Sube tres grados la temperatura, John.

—De acuerdo.

Bostezó quitándose los zapatos. MinSeok imitó la segunda acción en silencio y entró directo a la cocina. JongDae caminó despacio y se dejó caer sobre el sofá cerrando los ojos, mientras escuchaba los ruidos provenientes desde el otro lado de la sala.

Comenzó a recordar por qué había pasado a llamar a su casa “John”, todo fue desde que ChanYeol se rio por ponerle Sebastián. “Suena al mayordomo de familia adinerada”, le dijo burlándose de él. Esa fue la última vez que le invitó a su casa a beber y eso sucedió hace un año, justo la cantidad de tiempo que llevaba viviendo allí.

Estuvo bastante tiempo perdido en sus recuerdos del pasado y en tonterías de su niñez. Poco antes de que MinSeok llamara su atención para que fuera a sentarse a comer, decidió que debía llamar a ChanYeol para quedar. Hace muchos meses que no veía a ese idiota, amigo suyo de la infancia.

—Gracias por la comida, Minnie —dijo sentándose.

MinSeok hizo un movimiento de asentimiento y lo miró casi sin pestañear mientras comía. Estaba sentado a su lado con el codo apoyado en la mesa y la barbilla descansando en la palma de su mano. JongDae comenzaba a acostumbrarse a ese comportamiento, pero en un inicio le resultó bastante incómodo ser el objeto de observación de alguien de manera tan descarada.

—Es un poco triste, ¿no crees? —dijo de pronto el de pelo rosa.

—¿A qué te refieres?

—A comer solo, me gustaría acompañarte. Sería lindo.

JongDae se quedó con los palillos a medio camino de su boca, bajándolos mientras observaba a MinSeok, analizando su expresión. Se veía algo decaído, y el humano se sintió culpable.

—Lo siento.

—No tienes que di-

—Claro que debo, es mi culpa. Cuando te hice no pensaba en esas cosas, ahora que lo mencionas creo que debería intentar cambiar eso, ¿no?

—Yo no quiero que me mejores nada —contestó MinSeok, tozudo.

Dejando completamente olvidada la comida, JongDae agarró ambas manos de su robot. Este lo miró con el ceño fruncido y apretando los labios. Comprendía que dijera eso, porque para esa clase de mejores debía desmontarlo y no era nada fácil cambiar piezas interiores antiguas por unas nuevas y que estás funcionaran igual de bien que la original. Tampoco sabía si sería capaz de dejar toda su memoria intacta al estar hurgando en todo lo que estaba dentro de él, cualquier error de cálculo podría hacerlo olvidarlo.

Cuando cayó en eso, no pudo evitar acercarse a su creación y rozar sus labios con ternura.

—Yo tampoco quiero que me olvides, MinSeok —susurró alejándose y apretándole las manos—. Por eso, no estaba sugiriendo que fuera a mejorarte a ti. Pero en el nuevo prototipo puedo intentar hacerlo.

MinSeok lo observó, desviando segundos después la mirada hacia otro lado. JongDae podría jurar que estaba avergonzado por verse descubierto.

—Bueno…

Contestó de manera ambigua y cambió rápidamente la atención a la comida de nuevo. Se libró con delicadeza de la mano izquierda de JongDae y se hizo con los palillos, cogiendo un poco del arroz y acercándolo a los labios del azabache, este lo miró unos segundos, sonrió encantador y se dejó alimentar por MinSeok por primera vez.

Desde ese momento supo que no había forma más placentera de comer que siendo alimentado por MinSeok.

Al terminar tuvo que arrastrar al otro con él a la habitación, ya que este quería quedarse limpiando un poco. JongDae en esos días se había dado cuenta que su robot era un poco obsesivo con el orden y la limpieza. Pero al final logró persuadirlo para que dejara la cocina como estaba porque John terminaría dejando todo en orden.

—Vamos, métete de una vez a la cama. ¿A qué esperas?

—A n-nada.

«Claro». Meditó JongDae.

A pesar de que llevaban una semana conviviendo, nunca habían dormido juntos, porque, aunque hubieran ido a su departamento dos veces en esos días, sólo fueron para que JongDae se duchara más cómodamente, para lavar la ropa sucia que tenía en su oficina y a que se cambiase de muda. Y en la oficina JongDae se tiraba a dormir sobre el sofá individual que tenía o caía sobre la mesa de trabajo agotado y ahí despertaba horas después cubierto por una manta.

Era la primera vez que dormirían juntos.

—Ven aquí.

Dijo al fin, arrodillándose sobre el colchón de su cama y agarrando de la muñeca izquierda a MinSeok. El cual se subió a la cama y se quedó delante de JongDae mirándole, que supo interpretar su mirada sin problemas. No es que estuviera nervioso, estaba emocionado por dormir con él, a eso se debía ese pequeño tartamudeo que tuvo antes.

MinSeok se mordió el labio inferior y JongDae le sonrió, poniendo ambas manos en sus hombros.

—Yo también estoy emocionado por dormir co-

No pudo acabar la frase porque el de pelo rosa lo besó de imprevisto. JongDae correspondió el beso, cerrando los ojos y agarrándole de la nuca. Mientras se besaban se las apañó, con dificultad, para tirar de MinSeok hacia él y que acabaran ambos tumbados.

Cuando el robot se alejó de sus labios, JongDae ya lo tenía firmemente abrazado de la cintura, MinSeok intentó quitarse de encima de él, pero el humano se negó rotundamente.

—Quiero dormir así, por lo tanto, quédate donde estás.

—Pero peso…

—No pesas.

—Pero…

Shhh.

Chistó JongDae apoyando una mano en el pelo rosa de MinSeok y haciendo que se apoyara en su pectoral, el corto cabello del robot rozó la nariz del azabache, que sonrió y lo besó. MinSeok tardó un poco en acomodarse en una postura en la cual no recayera todo su peso en JongDae, pero una vez que el robot dio con la posición adecuada se quedó quieto mientras dejaba que su dueño acariciara su pelo hasta quedar dormido.

***

MinSeok había empezado a leer, no es como si su dueño le hubiera instado a ello. Pero comenzó a aburrirse cuando este estaba muy enfrascado en su trabajo y no le pedía ayuda. Ya había limpiado y organizado todo el laboratorio de JongDae, que antes de su “llegada” era un absoluto basurero, así que no tenía mucho que hacer, aparte de mirar a su creador. Lo cual le fascinaba, pero no quería entorpecer su trabajo estando a su lado simplemente observándolo, sabía que eso ponía nervioso al de pelo negro, aunque después de dos meses se le veía bastante acostumbrado a sus miradas insistentes.

Así que había comenzado a leer para distraerse. Por simple curiosidad, se hizo con uno de los libros que había ordenado y puesto en una estantería, tardó unas pocas horas en leerlo completamente y se sorprendió gratamente al ver que las horas parecían minutos al estar metido en la historia que leía. Así que empezó con uno, para pasar a leer dos por día, si estos eran cortos, y a leer muchos a la semana, tanto que en poco tiempo devoró todos los libros que tenía JongDae en su laboratorio, ya fueran de narrativa fantástica o que los que eran libros teóricos de ingeniería mecánica e ingeniería celular y molecular .

Acabó con todos ellos y ya no tenía nada qué hacer.

Por eso desde que fue a la cafetería esa mañana a por el desayuno para Jongdae y volvió, se había instalado en el único sofá de la estancia y se dedicó a mirar a su dueño inclinado sobre su futuro “hermano”, como le había llamado Jongdae. El cual ya estaba muy avanzado. Su interior estaba completamente montado, aunque a JongDae le costó un poco de trabajo adaptar el interior del nuevo prototipo para que pudiera ingerir alimentos sin dañarse, y no solamente probarlos, como tenía que hacer MinSeok. Si a éste se le ocurría tragar alguna de las comidas que le servía a su dueño sería terrible.

Amaría poder comer con JongDae, pero no quería que le mejorara. Se había rehusado rotundamente varias veces a lo largo de esos dos meses que llevaban juntos y parecía que JongDae ya comenzó a mentalizarse que pocas mejoras iba a lograr hacerle.

—Minnie, puedes ayudarme un momento.

Pidió JongDae, tan cernido sobre lo que hacía que MinSeok desde donde estaba sólo veía su espalda encorvada.

—No deberías inclinarte tanto, JongDae, luego te dolerá la espalda —reprendió acercándose.

—Si me duele tú me darás un masaje y amo tus masajes —contestó el humano, alzándose y mirándole por encima de la montura de sus gafas.

MinSeok resopló, disconforme y encantado a partes iguales. Odiaba que su dueño fuera tan despreocupado con su salud, aunque eso le daba pie a cuidarlo mucho, algo que le gustaba hacer.

—¿Qué necesitas? —preguntó tocando el pelo negro de su dueño y comprobando que ya le hacía falta una ducha—. Deberías ducharte, tu pelo está asqueroso. Y hueles realmente mal, JongDae.

Le espetó antes de que pudiera contestar su pregunta, pasó la mano por la bata blanca de su dueño, para limpiarse. Luego dio un paso atrás. JongDae le miró ofendido y frunció el ceño, pero MinSeok no se arrepintió. Todos esos días a su lado había aprendido que su creador y dueño era como un niño, debía decirle las cosas claras para que se diera por aludido e hiciera lo que le insinuaba o pedía claramente. Si no, seguía a lo suyo y no había quién le sacara de su laboratorio y se alejara de su trabajo.

—Que malo eres, Minnie.

Se quejó, haciendo un puchero y estirando el brazo para agarrar a MinSeok para así acercarlo.

—No soy malo y no te acerques a mí con ese hedor. ¿Qué querías que hiciera?

Prefirió cambiar de tema.

—Era para que fueras a por una cosa al laboratorio de mi compañero, pero mejor vamos a casa. ¿Desde cuándo que no pisamos allí?

—Desde hace cinco días, exactamente los mismos días que llevas sin tocar el agua.

Su dueño perdía la noción de las horas y días con mucha facilidad. Encontraba digno de admiración que JongDae fuera tan trabajador, pero era bastante obsesivo; no obstante, resultaba imposible obligarlo a dejar su trabajo cuando amaba hacer lo que hacía y estaba siendo presionado para que avanzara a pasos agigantados con el nuevo prototipo, el cual había escuchado a JongDae llamarlo K88.

—Entiendo, entiendo. Necesito una ducha.

Respondió levantándose del taburete y estirándose. Una pequeña franja de piel del abdomen de su dueño quedó expuesta y la vista de MinSeok se perdió en la tez al descubierto. Una vez que la camiseta volvió a su sitio alzó la vista y miró a los ojos de JongDae, este desvió la mirada rápidamente y comenzó a hablar.

Siempre que el humano se sentía avergonzado le daba por hablar hasta por los codos. MinSeok se dejó arrastrar fuera del laboratorio y se dedicó a meditar una cosa, mientras JongDae se aseguraba en bloquear bien la entrada a su laboratorio, a base de algunas claves.

Había algo en su dueño que tenía confuso a MinSeok. Y no sabía cómo comportarse con ello, o cuál era el paso correcto a seguir. JongDae lo mimaba y le besaba constantemente.

No es que se quejara de eso, amaba que su dueño le diera amor y que dejara que le tocara. No obstante, ¿por qué se conformaba con tan poco? Cuando era evidente que lo deseaba y MinSeok moría de ganas por hacerlo sentir mucho mejor que hasta ahora, de cualquier manera posible. También estaba lo que escuchó sin planearlo esa mañana, no le dio mayor importancia, pero no paraba de colarse constantemente en sus pensamientos.

—¿Pasa algo? —quiso saber JongDae, al ver que no le prestaba atención a lo que relataba.

—¿No te gusto?

El azabache se vio visiblemente sorprendido por esa pregunta y el propio MinSeok lo estaba. Su dueño se detuvo delante de la puerta del ascensor, analizándolo con sus penetrantes ojos. A pesar del asombro inicial su respuesta no se hizo esperar.

—Claro que sí, eres hermoso. Perfecto.

Sintió que esa última palabra se le clavaba donde tendría un corazón si fuera un humano real. Dio un paso a JongDae y cogió sus manos, lo miró por debajo de sus pestañas y comenzó a hablar bajito.

—¿Entonces por qué no lo hemos hecho? Entiendo que con lo que recibo de amor puede ser suficiente, pero, aunque ese es el caso, no es como si no me vieras atractivo. Tú me hiciste y me has creado para ser agradable para la vista, pero no comprendo porque no llegamos a algo más…

—Deberías dejar de darle tantas vueltas a las cosas, MinSeok.

Habló JongDae cuando MinSeok se calló sin saber muy bien qué más decir, no al menos sin sentirse estúpido. No tenía la intención de decirle eso, sabía que el humano gustaba de él... Seguro que la conversación que había escuchado esa mañana en la cafetería tenía la culpa que comenzara a dudar sobre lo que sentía JongDae por él.

—Te besaría si no me hubieras dicho hace unos minutos que daba asco. Eres tan directo, Minnie.

Comentó el humano haciendo un gesto dramático al llevar una mano a su corazón. MinSeok bufó y le dio la mano mientras esperaban que el ascensor por fin llegara a su planta.

***

—¿Vienes al baño conmigo?

MinSeok se giró para mirar a JongDae, a la vez que este se deshacía de la camiseta que llevaba y quedaba con el torso al descubierto. El humano sentía como si su corazón quisiera salir del pecho, porque esa sugerencia era muy clara. Nunca le había dado esa clase de invitación.

Nervioso como estaba, no esperó respuesta de su Amante Artificial, ingresó al cuarto de baño y comenzó a quitarse el resto de su ropa inferior. A los segundos escuchó la puerta abrirse, y agradeció que MinSeok hablara calmado nada más entrar. Así no obligó a JongDae a decir algo y de esa forma no podría soltar alguna tontería de las suyas.

Aunque junto a su creación no solía hacer mucho alarde de esa parte suya que solía irritar a sus conocidos y amigos.

—¿Te ayudo a lavarte el pelo?

—Claro, ¿nos duchamos rápidamente mientras se llena la bañera?

—Bien.

Dijo MinSeok y comenzó a quitarse la ropa, mientras lo metía todo dentro del cesto de la ropa sucia. JongDae sonrió divertido al notar que él sólo había tirado todo al suelo… Algo menos nervioso se quitó la última tela que cubría su total desnudez y se metió a la ducha.

—John, llena la bañera.

Pidió cerrando los ojos, el agua cayó inmediatamente encima de su cuerpo al detectar su casa su presencia en la ducha. Estuvo algunos segundos con los ojos cerrados, disfrutando del agua cálida que caía sobre él.

Poco después sintió las manos de MinSeok sobre sus hombros, que lo masajearon levemente. Su respiración chocó con la nuca de JongDae, haciéndolo estremecer de la cabeza a los pies. Las hermosas manos subieron por su cuello, rozando con sus delgados dedos sus orejas, y llegaron hasta su cabello.

JongDae contuvo la respiración mientras MinSeok pedía a su casa que quitara el agua, para comenzar a lavarle el pelo, estaba muy pegado a él que le costaba respirar con regularidad y sentía como si por su cuerpo le recorrieran miles de pequeñas descargas. Quedando ardiendo cada zona de su piel en la que sentía la presencia del chico de pelo rosa. Sin darse cuenta estaba con los ojos cerrados y el agua volvió a caer sobre él. JongDae abrió los ojos en cuanto sintió a MinSeok moverse hacia delante y en silencio. Pero fue capaz de percibir ese lento movimiento gracias a esa mano que se situó en su cadera y lo acarició mientras el dueño de esa mano se movía.

Era como si la voz de JongDae hubiera desaparecido, siempre hablaba mucho. Sin embargo, en ese momento con los penetrantes ojos verdes de MinSeok su labia desapareció. Y vio cómo se acercó a sus labios, pegando su desnudo cuerpo al suyo y gimió cuando esa deliciosa boca tocó la suya. Se aferró a la espalda de su creación cuando sus pieles al desnudo se sintieron por primera vez. Y joder, JongDae estaba tan duro que le resultaba hasta vergonzoso, porque MinSeok no había hecho nada raro ni descarado, sus caricias tal vez inocente las había transformado él mismo en sugerentes y provocadoras.

Estaba encendido y MinSeok rozó su hombría contra la suya, a la vez que dejaba de devorarlo con sus labios para sollozar, JongDae le secundó suspirando el nombre del hombre de pelo rosa sobre su humedecida boca.

Se dejó llevar, por un deseo que no creía que fuera tan abismal. Bajo el agua que los empapa cedió todo el control a MinSeok, dejándose acariciar y besar. Accedió a que su tierno MinSeok le diera placer, llevándolo hasta la misma locura cuando su cuerpo lo llenó por completo mientras le acariciaba, empujando contra él y dando en el punto exacto para llevarlo al límite de la razón y el placer.

Al permitir dejarse llevar de aquella manera y dejar que MinSeok le completara como no había dejado a nadie hacerlo en ese momento lo supo.

Estaba perdido, estaba jodidamente perdido por MinSeok, por esa creación suya a la cual habían llamado amante imperfecto. Pero que a los ojos de JongDae no podía ser más perfecto, no le había mentido antes cuando se lo dijo.

Para él era perfecto, no habría nadie más perfecto que MinSeok.

Se perdió en esos hermosos ojos verdes color claro, en su mente no había otro MinSeok. Nunca más podría recordar a nadie que no fuera ese ser que tenía delante cuando pensara en ese nombre.

—¡MinSeok!

Gimió el nombre de este, prolongando exageradamente la “o”, mientras se dejaba ir. Cerrando los ojos y sintiendo al mencionado lamer su nuez a la vez lo apretaba siguiéndolo en su orgasmo.

Susurrando su nombre como un mantra.

Después de algunos minutos se separaron, las piernas de JongDae temblaban. Pero no le importaba, no podía sentirse más satisfecho y feliz en ese instante. MinSeok soltó una risita, que hizo que en el estómago de JongDae revolotear algo que hacía que se sintiera aún más feliz, y deseoso de envolver de nuevo a MinSeok con sus brazos. Para ser esta vez él el que pudiera recorrer con sus manos todo el cuerpo de su amante y enterrarse en los más profundo de él.

—¿Qué es tan gracioso? —preguntó al Amante Artificial.

—No puedes mantenerte en pie.

—Claro que no puedo, no había estado nunca en esa posición y encima me duele la cadera. Debes hacerte cargo, Minnie, porque qu-

“Quiero meterme en esa bañera” terminó mentalmente de decir porque MinSeok acababa de tomarlo en los brazos sin problema. Se sintió enrojecido, y enternecido. Se dejó cargar durante el corto tramo sin rechistar. Y una vez que le dejó de pie dentro de la bañera, JongDae se sentó, MinSeok se ingresó una vez que estuvo dentro del agua y se situó entre las piernas del azabache.

Inmediatamente JongDae lo abrazó por la cintura y la espalda de MinSeok quedó apoyada en su torso. Después de unos minutos, en los cuales el de pelo rosa se dedicó a juguetear con los dedos del humano y este le daba algunos besos por su cuello, notando que su amante se estremecía con cada uno de ellos, sintió la imperiosa necesidad de poner en palabras lo que estaba pasándole por la cabeza.

—Estoy feliz de que seas mío —murmuró sobre la oreja de MinSeok—. Eres el mejor.

Las manos de MinSeok se quedaron quietas, fueron unos escasos segundos. Sin embargo, JongDae lo notó.

—Yo estoy feliz de ser tuyo, JongDae.

Contestó MinSeok, entrelazando sus dedos, JongDae lo apretó contra él con más fuerza. Aspirando el aroma de su nuca y deseando poder estar así las veinticuatro horas del día.

Pero cayó de pronto en lo dicho por su creación.

—Debes decir que estás feliz de que yo sea tuyo, Minnie.

—¿Eres mío?

—Claro.

Contestó extrañado por la pregunta. ¿No era obvio? Antes de MinSeok no tenía pareja ni le interesaba tener una, por qué iba a ser de nadie más cuando tenía a lo que nunca supo que deseaba entre sus brazos.

—Por supuesto que sí —reafirmó al no recibir respuesta—. Antes de ti estaba solo, y no me importaba estarlo.

—¿Y ahora?

Preguntó quedo el robot, JongDae sintió que algo andaba mal, no era una actitud habitual de MinSeok el parecer tan inseguro de alguna cosa. Sobre todo, de él mismo y de JongDae, no sabía qué estaba mal ni cómo solucionarlo cuando no era consciente el detonante de esa actitud en su Amante Artificial. Solamente estaba en sus manos decir la verdad y esperar con eso hacer sentir seguro a MinSeok.

—Ahora no podría vivir sin ti, ¿no has comprobado que mi vida era un desastre antes de ti? Moriría sin ti a mi lado, MinSeok.

Lo dijo despacio, intentando imprimir en cada palabra sus sentimientos y la pura verdad de ellos. Lo dijo murmurando sobre esa adorable oreja que tenía MinSeok, la cual rozó con sus labios palabras tras palabras. Y no por primera vez pensó que, si el de pelo rosa pudiera sonrojarse en ese preciso instante lo estaría, porque sus manos temblaron levemente antes de que acercara la diestra de JongDae a sus labios para besarla mientras susurraba.

—Yo no viviría sin ti, JongDae. No existiría si no fuera por ti.

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