Único y Exótico (O.S)

Sinopsis

Era lindo, era la cosita más linda que Jungkook había visto a sus cortos 7 años. Su alfa interno, aquel dragón se sentía muy atraído hacia el omega de cabellos dorados. Era como la joya más exótica y bonita, y él lo quería solo para sí mismo. Solo tenía 7 años pero protegería y amaría a aquel precioso omega de ojitos blancos como su padre alfa cuidaba de su madre omega y de él. Porque sentía en él algo que jamás había sentido alguna vez, y lo hacía sentir muy feliz. Obra original de mi autoría. ⚠ Se prohíbe cualquier tipo de adaptación u copia⚠

Genero:
Fantasy/Romance
Autor/a:
Cat
Estado:
Completado
Capítulos:
2
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
16+

Único

Era lindo, era la cosita más linda que Jungkook había visto a sus cortos 7 años. Aquel omega tenía una belleza muy única e irreal; su piel era extremadamente pálida aunque en ese momento se encontraba con un leve rosado por restregarse las manos en su cara tratando de limpiarse las lágrimas, sus ojitos chiquitos con el iris en color blanco, no porque estuviera ciego, sino porque era una característica única de aquella especia casi extinta. Su naricita de botón con un lindo sonrojo sobre ella, sus labios eran regordetes y de un color carmín exótico, y su cabello del color dorado le hacía recordar al oro, su dragón interno se regocijo al ver su cabello, le gustaban las cosas brillantes que lucían como la más hermosa joyería del mundo, y su cabello lo parecía, con aquellos rizos dorados.


Era como ver a un pequeño muñequito de porcelana, uno muy exótico. Y a él le encantaban las cosas únicas, cosas que otros jamás tendrían.


Le gustó desde la primera vez que lo vio. Pero no le gustaba que estuviera llorando cada vez que lo observaba, no entendía por qué los otros niños del jardín se burlaban del omega, lo juzgaban fuertemente. Eran niños como él pero aún así le hacían la vida imposible.


A veces los niños eran aún más crueles que los adultos.


Jungkook deseaba acercarse al pequeño omega, consolarlo, abrazarlo y decirle que no importaba lo que otros dijeran, él seguiría siendo el omega más lindo del mundo ante sus ojos. Quería defenderlo de los otros niños, quería ser el dragón que protegiera su tesoro, al amor de su vida, porque sí, aunque el alfa de dragón tuviera 7 años ya lo consideraba el amor de su vida. Y estaba seguro de que así sería para siempre.


El primer amor era el más puro e inocente, y Jungkook quería proporcionarle todo lo que su alfa profesaba al omega, aunque él no entendiera mucho a su dragón interno, era muy pequeño para comprenderlo en su totalidad, le decían sus padres.


Pero el niño de cabellos castaños no podía proteger al omega, se paralizaba cada vez que lo veía, lo atacaban los nervios de la manera más fuerte y su pobre corazoncito sufría los estragos, latiendo a la velocidad más rápida que podía, casi queriendo salir de su pequeño cuerpo e ir directamente a las manitas pequeñas y regordetas del omega, como si dijera estoy aquí, contigo, y soy todo tuyo.


Por esa razón no podía acercarse al omega de murciélago, ni siquiera para defenderlo de los malos comentarios o ataques físicos que le hacían al omega solo por ser de una especie poco común.


Porque sí, el omega de cabellos rubios, de nombre Jimin, era un omega de murciélago.


Una especie que ya se cree casi extinta. A nadie le gustaban aquellos raros animales, la gente decían que eran raros y feos, los repudiaban. En tiempos anteriores hasta llegaban a atacarlos físicamente, causando su muerte.


En el presente tampoco eran muy queridos, pero el Gobierno tenía planes de crear una campaña para su restauración, no querían que una especie por más rara y fea que fuera se encontrara extinta en algunos años en el futuro.


Esa era la razón del porqué Jungkook se encontraba observando a la distancia, escondido como una sombra, al pequeño omega llorar. Otra vez los niños habían hecho de Jimin el centro de burlas.


El alfa de dragón se encontraba harto, no quería ver más nunca al omega llorar de tristeza.


Inhaló y exhaló con fuerza, llenándose de valentía, recordando que su papá alfa siempre le decía que tenía que ser valiente ante cualquier situación, quería ser un buen alfa como su padre y proteger al omega como hacía su padre con su madre omega.


Dio cinco pasos al frente, en dirección al omega de cabellos rubios que se encontraba apoyado en el gran árbol del jardín trasero del colegio, ocultándose de los otros niños. Siguió avanzando hasta que estuvo a unos seis pasos del omega, el cual detuvo su llorar al escuchar pasos acercándose. Levantó su cabeza y se encontró con un niño de cabellos rizados color chocolate. Se asustó e intentó levantarse lo más rápido para irse de aquel lugar. Pero las palabras de aquel niño se lo impidieron.


- ¡E-espera! No vengo a molestarte - El niño de cabellos chocolates agitaba sus manos y rostro tenía una mueca de preocupación por haber asustado al omega, no quería asustarlo. Pero no sabía qué decirle - Yo... bueno, es que yo... Uhm, yo...- El omega tenía una mueca de confusión en su rostro mientras observaba al niño frente a él. Jungkook soltó un suspiro ruidoso y contó mentalmente hasta tres y luego habló. - ¿Por qué lloras, lindo omega?


¿Lindo? Aquel niño que sí era bastante bonito lo consideraba a él, el omega de murciélago raro y feo...¿lindo? Jimin se sonrojó al pensar en eso.


- Yo... Los otros niños, dicen que... Que soy raro, que soy feo y que mis ojos son horribles, que no debería haber existido.


Jungkook lo sabía, pero escucharlo de la propia voz dulce del omega era mucho peor. Su corazón dolió por el lindo omega, él no merecía ese trato. Nadie merece ese horrible trato.


- Son unos tontos, están celosos de que eres alguien con una belleza muy única. Ellos son todos iguales, alfas de lobo y omegas felinas. No entienden lo diferente, a mí tampoco me entienden a veces...- Aquello último lo soltó más como un susurro para sí mismo, pero el omega de murciélago al no tener una muy buena visión lo recompensaba con un excelente y agudo oído, podía escuchar hasta el aleteo de la polilla más pequeña. Por ende escuchó el susurro del alfa.


- ¿A ti? ¿Por qué no te entienden a ti?


Para ese momento el omega ya había dejado de llorar y solo miraba con curiosidad y ojitos brillosos lo poco que distinguía a la luz del sol de la figura del alfa frente él.


- Soy un alfa de dragón. No hay muchos por aquí, así que los otros niños también piensan que soy un poco raro, solo que... Ellos no lo dicen frente a mí porque soy más grande y fuerte que ellos - Hizo una pausa reflexionando un poco lo último que dijo. - supongo que les doy miedo...


- No creí que fueras un dragón, eso es genial... Oh, que tonto, me llamo Jimin, Park Jimin. ¿Cuál es tu nombre?


- Jeon Jungkook - Dijo estrechando su mano contra la del omega, tembló un poco al entrar en contacto con la piel ajena. Su mano era tan suave y chiquita que le producía una ternura y un grande deseo de protegerlo. El omega sonrió en grande, mientras sus ojitos se cerraban formando adorables líneas como pequeñas sonrisas. - Tu sonrisa es muy linda, tú eres muy lindo. - Las palabras abandonaron la boca del alfa antes de que él pudiera siquiera evitarlo. Fue un pensamiento inconsciente que no pudo evitar decir en voz alta. El omega se sonrojó aún más y soltó una tímida risita.


- Gracias, tú también eres muy bonito - Ahora el sonrojado fue el alfa. - ¿Quieres sentarte aquí conmigo? Hasta que nuestros padres vengan a buscarnos.


- ¡Sí, sí quiero! - Soltó rápido y exagerado para luego avergonzarse, carraspeó su garganta para aclararse. - Digo, uhm... Sí quiero.


Los dos niños tomaron asiento bajo aquél enorme árbol, estuvieron hablando y hablando, contando pequeñas anécdotas sobre su vida, para conocerse mejor. Nunca pararon de hablar, descubrieron que tenían una increíble química y que además tenían muchas cosas en común, como su edad, sus gustos sobre videojuegos, y muchas otras.


- ¡Y luego, pum! ¡Mi papá cambió de forma a su dragón interno, y era tan grande! - el alfa contaba muy feliz moviendo sus manos para darle más énfasis a su relato sobre su padre alfa. - ¡Y luego él me cargó con su pata gigantesca y me subió hasta su lomo y me llevó a volar por los cielos! Fue lo más increíble que hice, fue mejor que subirse a una montaña rusa.


El omega solo observaba la cara de alegría del alfa con una sonrisa en su rostro. Se sentía a gusto con Jungkook, le gustaba, era la primera persona que no lo trataba de raro. Fue la primera vez que una persona externa a su familia lo trataba así, como si fuera una persona normal, y eso le gustó mucho del alfa.


Le parecía un niño muy bonito, con su sonrisa de paletas pronunciadas que lo hacían parecer un conejito, su cabello chocolate con algunos rizos, esponjoso. Sus ojos, su nariz un poco pronunciada, su altura. Le estaba gustando todo de aquel niño, ¿era muy rápido para considerarlo su primer amor infantil?


Y el alfa no se quedaba atrás, se sentía inmensamente feliz de poder estar hablando por fin con aquel precioso omega que consideraba el amor de su vida. Él lo sabía, su dragón interno se lo decía, y su padre decía que su animal interno nunca se equivocaba.


Sabía que Jimin sería su omega destinado, como en aquel viejo cuento que solía contarle su abuelita de las personas que estaban destinadas a conocerse y pasar el resto de su vida juntos para siempre.


Él lo sentía, cada vez que veía a Jimin, su corazón se lo confirmaba, era él, él y sólo él. Y siempre lo sería. No importa que aún fueran muy pequeños, él esperaría hasta que fueran mayores y le pediría un cortejo adecuado, porque el precioso omega se lo merecía.


Jimin sentía que su omega trataba de decirle algo, pero no podía comprender el qué era. Y no quería hacerlo aún, solo quería ver al alfa, escuchar su risa y estar cerca de él, era raro porque apenas lo conocía pero lo sentía correcto. Quería estar aún más con él a medida que pasaba el tiempo mientras hablaban.


Pero no podían hacerlo, por lo menos todavía no. En ese momento el timbre de la salida sonó, y ellos resignados se dirigieron adentro del colegio a recoger sus pertenencias, y caminaron hasta la salida mientras hablaban. Jimin observó que el auto de su papá estaba ahí mientras su padre estaba afuera recostado en el carro, esperando por él. Se dirigió hacia el alfa para despedirse.


- Adiós, Kookie. Espero verte mañana y hablar contigo. - Se aproximó al alfa y lo abrazó impulsivamente y dejó un besito en la mejilla del alto niño, alejándose en saltitos hacia su padre que lo recibía con los brazos abiertos y un fuerte abrazo, sin darse cuenta de que al alfa casi se le salían los ojos del rostro y sus mejillas estaban coloreadas de un fuerte rojo.


Jungkook se quedó un rato parado allí mismo, mirando al omega que era ayudado por su padre a subirse en el asiento trasero del auto, asegurando su asiento. Escuchó que una voz gruesa lo llamaba y se volteó ya cuando el auto en el que se hallaba el omega se perdía en el tráfico.


Su padre estaba ahí, llamándolo para que subiera al auto. Su madre también se encontraba ahí, sentada en al asiento del copiloto, mirándolo con el entrecejo fruncido y su mirada de sospecha.


El alfa subió al auto y luego de asegurar su asiento y colocarse el cinturón de seguridad su padre arrancó el auto. Su madre no dejaba de lanzarle miradas a él por el retrovisor, al mismo tiempo que se dirigía miraditas con su padre. El alfa mayor le hizo una seña a la omega, ésta se aclaró la garganta y se dio la vuelta en el asiento para observar a su bebé.


- Kookie, cariño. ¿Quién era ese niño que estaba contigo? Aquel que te abrazó y te dio un beso.


El alfa se sonrojó y apartó la mirada de su madre para posarla en la ventana. Creyó que sus padres no habrían visto el momento en el que Jimin lo abrazó y le dio un besito en la mejilla.


No dijo nada por unos minutos, sentía mucha vergüenza, pero eran sus padres así que no podía ocultarles nada. Su madre sabría si él decía alguna mentira, así que decidió contarle todo, desde la primera vez que lo vio, el como su dragón interno reaccionaba ante el omega, y que hoy fue la primera vez que se le acercaba para tener una interacción con él.


El alfa menor hablaba con una alegría inmensa haciendo sentir orgulloso a su padre alfa de que su hijo menor hubiera tomado el primer paso hacia el omega, hinchaba su pecho de orgullo al escuchar a su hijo decir que de ahora en adelante él defendería al pequeño omega.


Mientras que su madre lo miraba con ternura, posó los ojos en su esposo y él hizo un ademán asintiendo con su cabeza hacia su esposa.


Ellos sabían muy bien que era aquello que su hijo sentía, todos esos sentimientos descontrolados llegando como una ráfaga cada vez que veía al omega, su instinto de proteger, su necesidad de hacerlo feliz y su malestar al verlo llorar.


Eran parejas destinadas, su alfa interno reconoció al omega de aquel niño, y lo aceptó. Justo como pasó con ellos. Estaba muy feliz por su hijo.


- Entonces... ¿Te gusta mucho ese omega, bebé? - La dulce voz maternal de su madre lo hizo sentir en confianza, por lo que admitió que le gustaba mucho y que lo consideraba el omega más lindo del mundo.


- Se llama Jimin mamá y es el omega de murciélago más lindo del mundo, mamá. No, no, es el omega más lindo en general, el más bonito de todos y huele muy rico así como a galletas recién horneadas, como las que hace la abuela. - Jungkook saltaba de emoción y sus ojitos brillaban tal cual faroles en la oscuridad.


- Oh, así que el omega es un cambiaformas de murciélago, te gustan las cosas únicas y exóticas, ¿no cachorro? - Dijo su padre alfa mientras lo observaba por el retrovisor.


- Sí, papá. Es un omega de murciélago, sus ojos son blancos y tiene un oído muy agudo, mejor que el de los dragones. Es perfecto, todo él es perfecto. - Soltó un suspiro enamorado mientras observaba por la ventana los rascacielos de la ciudad bulliciosa. Sus padres soltaban risitas mientras decían cosas como que iban a empezar a ahorrar para la boda, y que no podían esperar más para conocer a Jimin y sin fin de comentarios que lo hacían sentir avergonzado pero feliz.


Hoy había hablado con el omega, había dejado el miedo a un lado, y se había acercado a él. Jimin lo había abrazado y le había dado un besito en la mejilla, ¡un besito! Eso era todo un logro para él.


No podía dejar de pensar en el omega y lo bien que se sintió estar a su lado por todo el receso hasta la salida del colegio. La primera vez que tocó su piel en ese apretón de manos y como su corazón latía tan rápido, cuando lo abrazó sus piernas comenzaron a temblar y cuando sintió sus labios contra su mejilla se sintió desfallecer.


Ese bonito y pequeño omega estaba causando estragos en su ser sin darse cuenta.


Con un último suspiro y la imagen del omega en mente murmuró unas palabras.


- Ya quiero verte mañana otra vez, Jimin. Me encargaré de hacerte siempre feliz, lo prometo.


Y sus palabras no fueron en vano, porque los años pasaban y su amistad fortalecía cada vez más, transformándose en algo mas profundo, en un sentimiento mucho más grande que el de dos cachorros que se sentían bien con la presencia del otro.