Capítulo 1
—Ya no más— suplicaba una y otra vez.
— ¿Ya no?— reía gozando de verla destruida.
"Quiero matarlo, voy a matarlo, a matarme y ser libre" me repetía una y otra vez mientras el maldito seguía penetrando mi cuerpo sin piedad y sin delicadeza alguna.
No era la primera vez que lo hacía, no era la primera vez que lo justificaba, en realidad que estaba enamorada, tantas veces me habían advertido, el amor te ciega y te hace cometer errores, demasiados.
—Anda maldita, sigue poniendo algo de tu parte, hasta que no me satisfaga no te dejaré—
—Por favor Dean, me estás lastimando—
—Ya deja de hacerte mojigata—
Torció mi muñeca y me volteó dejando expuesta mi espalda. Lo siguiente que sentí fueron los golpes que daba con su cinturón sobre mí. Sin salir de mi interior seguía golpeándome cada vez más fuerte y las lágrimas rodaban por mis mejillas. Luego de acabar con su tortura, simplemente entró al baño, se duchó y mudó de ropa.
—Ya aprenderás a la próxima a obedecer cuando pida algo—
No contesté. Quedé hecha un ovillo sobre la cama, cubierta con la sábana aún ensangrentada por lo violento del acto. Siquiera me sentía con fuerzas para levantarme e ir al baño a quitar toda la suciedad que había en mi cuerpo. Dolía, más el alma que el cuerpo, y aún seguía viva. No caí en la cuenta del tiempo que había pasado y quedé profundamente dormida sin más compañía que el dolor.
Al despertar giré en la cama hasta llegar al borde, me dejé caer en el suelo y sin mediar sensación alguna las lágrimas nuevamente comenzaron a caer. Me arrastré hasta el baño y abrí el grifo del agua dejando que se llenara la tina para luego sumergirme en ella.
—”Es lo que eres, no llegarás a nada por más que lo intentes, siempre serás nada más que esto, una mojigata“—
Sus palabras calaban cada vez más hondo en mi mente y en mi corazón. El agua iba mojando lentamente mis piernas al tiempo que se iba tiñendo del carmín de la sangre que mi cuerpo llevaba impregnada, comenzaba realmente a cuestionarme el hecho de que si aquello que estaba sufriendo no era más que mi destino sellado desde mi nacimiento.
—La solución a todo o ser cobarde una vez más— susurré mientras me sumergía en las tibias aguas que llenaban la tina.
Cerré los ojos tratando de hallar aquello que me salve, algún recuerdo escondido en mi mente, alguna voz que me guíe hasta el final del dolor, una mano que llegue hasta mí y me permita salir a flote una vez más, ”algo“.
— ¡Pero qué demonios!— oí que gritaba Joel —No, Alaia, no— Sus fuertes brazos, ”ese algo“, pero ¿por qué estaba aquí? Joel era mi amigo de la infancia, uno de los pocos que no me juzgaba y seguía a mi lado a pesar de todo.
—Abre los ojos Alaia, te pedí que me llamaras si volvías a sentirte mal ¿por qué me haces a un lado?— susurraba mientras me acunaba y besaba mi cabello.
Su calidez era algo increíble, la última vez que había sentido algo así fue cuando en mis noches de pesadilla mi abuela me refugiaba en sus brazos diciendo que ya pasaría y todo estaría bien. Demasiadas pérdidas y ninguna ganancia, error tras error y no hallaba salida. No podía arrastrar a Joel a mi infierno, él no se merecía esto, él merecía que alguien lo amara como el hombre que era y yo, ya estaba demasiado dañada para hacerlo.
El aroma a café llegó hasta donde estaba despertando mis sentidos, aún me costaba abrir los ojos, o simplemente y no quería hacerlo, no quería ver a mi amigo cuidando nuevamente de mí, no quería sentirme feliz y valorada por él, no lo merecía, quería que se vaya, que se aleje antes que.
—Ya deja de pensar y abre los ojos Alaia— habló mientras secaba las lágrimas delatoras.
—No quiero abrirlos— musité.
—Quiero verlos, ver el rastro de la Alaia que conozco—
—Ya no existe, no pierdas tu tiempo—
—Existe, es real, está aquí— tomó mi mano y la puso en su pecho —Mírame Alaia, por favor—
—Voy a lastimarte, si él sabe que estás aquí te matará— negué con la cabeza y me separé de él.
—No dejaré que lo haga, te lo he dicho mil veces Alaia, ¿por qué no confías en mí?—
—Porque no, él no me dejará en paz, me lo ha dejado claro las veces que intenté alejarme de él—
—Así como anoche...— soltó apretando los dientes —... amiga, tu espalda... vi los moretones en tu entrepierna y tu rostro, ¡con un demonio Alaia, abre los putos ojos y mírame!—
Su grito no me asustó, no me dolió como los de Dean, los de Joel eran un llamado, un grito desesperado para que dejara de sufrir, era mi bote salvavidas, era mi salvación, pero el miedo me cegaba, el terror me consumía, sabía bien de lo que Dean era capaz de hacerle. Aun así, esta vez era diferente, su voz poco a poco iba dándome fuerzas y comencé a abrir los ojos y allí lo vi, esos hermosos ojos negros, pero, las lágrimas los estaban cristalizando esta vez, su ceño fruncido y sus labios gruesos temblaban, lucía demacrado, como si no hubiera dormido en toda la noche, la verdad es que ni siquiera tenía idea de que día era.
—Sálvame Joel— susurré dejando caer mis lágrimas mientras tomaba su rostro entre mis manos.
—Confía en mí— dijo tirando suavemente de mi cintura rodeándome con sus brazos —Confía en mí por favor—
—Tengo miedo, él nos matará Joel— confesé al fin.
—No lo dejaré Alaia, ya basta de tenerle miedo, él es fuerte, pero yo también lo soy y tú...— me alejó y levantó mi rostro con sus manos —... eres la mujer más fuerte del planeta, sólo has perdido el rumbo—