El increíble Ash

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Ash Storm tiene problemas. Problemas muy grandes. O, para ser más exactos: su miembro tiene problemas muy grandes. De esos que hacen que las chicas rompan contigo. Así que, cuando se muda a una nueva ciudad, le parece el momento perfecto para empezar terapia. Aquí entra en escena Peyton Snow, su terapeuta. Ella ha estado enamorada de Ash desde que era niña, aunque él apenas la recuerda. Saltan chispas, pero ambos están decididos a no caer en la tentación. Los dos tienen buenas razones para no salir juntos, ¿y una terapeuta saliendo con su paciente? Ni hablar. Jamás. Ni en un millón de años… ¿O sí?

Estado:
Completado
Capítulos:
39
Rating
4.9 66 reseñas
Clasificación por edades:
18+

#1 The deep end

BLURB

Ash Storm tiene problemas. Problemas grandes. O, más exactamente: su polla tiene problemas grandes. De esos que hacen que las chicas te dejen. Así que, cuando se muda a una ciudad nueva, parece el momento perfecto para empezar terapia. En su casa, en ese pueblo ridículamente pequeño, todos se conocen. Las chicas cotillean. Los terapeutas conocen a sus padres. Allí no podía pedir ayuda, pero ahora, por fin puede. Gran mudanza, gran ciudad y, con suerte, una solución para sus grandes problemas.

Aparece Peyton Snow, su terapeuta. Ha estado colada por Ash desde que era niña, aunque él apenas la recuerda. Ella no sale con nadie y su objetivo principal es ser una terapeuta de puta madre, ayudando a tanta gente como sea posible. Está decidida a ayudar a Ash, aunque eso signifique hablarle de una parte de su cuerpo con la que fantasea por las noches, en la cama, a solas. Es una profesional. Puede hacerlo, por muy... dura que sea la situación. Y no es un juego de palabras.

Saltan chispas, pero ambos están decididos a no cruzar esa línea. Los dos tienen buenas razones para no salir con nadie, ¿y una terapeuta saliendo con su paciente? Ni de coña. Jamás. Ni en un millón de años... ¿Verdad?

Aviso: puedes leer este libro totalmente por separado. Sin embargo, forma parte de una serie. ¡Echa un vistazo a los libros “Guide to books by Goddess Hedone” en mi perfil para saber más! Allí te indica el mejor orden para leer los libros, pero los escribo todos como independientes, ¡así que siéntete libre de elegir a tu gusto! Solo ten en cuenta que los cameos y los easter eggs no tendrán sentido si lees este libro por separado. No es que importe mucho, no necesitas esa información, pero si te preguntas: “¿Por qué otros lectores encuentran esto gracioso en los comentarios?” o “¿Por qué mete a este personaje aleatorio en la historia?”, lo más probable es que sea un personaje de uno de mis otros libros.

El primer libro de la serie es "Sweet Caroline", por si quieres empezar desde el principio, con la pareja que dio inicio a todo este universo.

Para aquellos que habéis leído “Blaming Benjamin”: este relato corto se sitúa al final del libro. Así que habrá algo de solapamiento entre los capítulos finales, pero por lo demás es totalmente independiente y avanzará un poco más allá de esa línea temporal.

¡Espero que disfrutéis de este relato corto!

#1 The deep end

Punto de vista de Ash

Primer día en el trabajo y también mi primer día de terapia. Qué buena forma de tirarse a la piscina, Ash.

Aunque, pensándolo bien, es lo que siempre he hecho. Cuando hice mis primeras prácticas mientras estudiaba Magisterio, el profesor que me orientaba se puso enfermo y tuve que hacerme cargo de su clase por la falta de docentes. Solo llevaba una semana fingiendo que sabía lo que hacía cuando, de repente, me vi responsable de 25 alumnos de cuarto de primaria. Me las arreglé, me ofrecieron trabajo incluso antes de terminar la carrera y seguí lanzándome a la piscina todos los días.

¿La escuela no tenía presupuesto para actividades extraescolares? Adivina quién fue el que organizó la recaudación de fondos...

¿La madre que debía hacer los disfraces para la obra escolar se echó atrás? Adivina quién estaba viendo vídeos en YouTube a mitad de la noche sobre cómo usar una máquina de coser...

¿El profesor de séptimo se puso malo y no había nadie más para el puesto? Adivina quién pasó de enseñar a niños de cuarto a lidiar con críos de doce años...

¿Mis hermanos pequeños querían ir a una fiesta y necesitaban a alguien que les recogiera después? Adivina quién se metió en el coche...

¿Papá y mamá estaban en plena crisis de pareja y pensaban que nadie se daría cuenta? Adivina quién no solo se dio cuenta, sino que intentó recomponer los pedazos lo mejor que pudo...

Para ser justos, no creo que mis padres sean malas personas. Ni mucho menos. Su crisis de pareja terminó y volvieron a ser una pareja cariñosa y fuerte. Aun así, el daño al Ash joven y sensible ya estaba hecho para entonces. Siempre he sido uno de esos niños que absorben el estrés de los demás e intentan arreglarlo todo. Pensaba que eso era cosa de hijos mayores, pero no soy el mayor. Tengo dos hermanas mayores.

En muchos sentidos, me sentía el mayor al crecer. Mi hermana Rose es mucho más mayor que yo; se fue a la universidad cuando yo solo tenía 6 años. Mi hermana Daisy es un alma libre y pasó la mayor parte de su adolescencia centrada totalmente en sí misma. Lo entiendo, porque es gay y luchó con eso durante mucho tiempo, sintiéndose siempre diferente sin saber exactamente por qué. Se convirtió en una versión mucho más feliz de sí misma cuando salió del armario, pero ¿acaso pareció alguna vez la hermana mayor responsable? Ni de coña.

Ese soy yo. De cabo a rabo. El mayor por defecto, supongo.

Además, no es como si hubiera hecho esas cosas para la escuela en la que trabajaba yo solo. Mi madre es profesora de segundo de primaria y se quedaba conmigo de madrugada cosiendo disfraces. Ella hacía la decoración para las recaudaciones que yo organizaba. Me ayudaba cuando me sentía abrumado al ser responsable de toda una clase sin la formación adecuada. Siempre ha sido mi modelo a seguir. Por eso seguí viviendo en casa mientras iba a la universidad. Quería estar cerca de ella y de mis tres hermanos pequeños.

Primero está Ivy, tres años menor que yo. Es un sol, sensible como yo. También es un poco marimacho, aunque le gusta ponerse vestidos brillantes. Es de esas chicas que combinan ambos mundos sin esfuerzo, sin encajar nunca en una sola etiqueta. Como es tan parecida a mí, también emocionalmente sensible, siempre sentí que debía protegerla. Y lo hice. No creo que ella tenga ninguno de mis problemas. No necesita terapia. Está felizmente asentada con su novio Cliff. Creo que de todos los lobeznos rabiosos que criaron mis padres, ella es la más equilibrada de todos.

Luego está Violet, nuestra pequeña reina del drama. Llegó cuando yo tenía 7 años, y cuando nació... creo que fue entonces cuando las cosas cambiaron para mí. Recuerdo a mamá de mal humor y cansada durante aquel embarazo. Volvió a la normalidad después de que naciera Violet —más o menos—, pero siempre me sentí responsable de asegurarme de que Daisy e Ivy no se portaran mal para que mamá pudiera centrarse en Violet.

Mucha presión para un niño de 7 años, créeme.

No es que mis padres esperaran nunca que yo cargara con eso. Ni de coña. Incluso hablaron conmigo sobre ello en aquel entonces, diciéndome que no tenía por qué estar siempre pendiente de Ivy, que no debía estar diciendo a mis hermanos que se callaran y se portaran bien, que debía disfrutar y ser un niño. Pero es más fácil decirlo que hacerlo.

Las cosas se pusieron realmente feas cuando mamá se quedó embarazada de mi hermano pequeño Quill. Yo tenía 8 años y mi madre apenas podía levantarse de la cama. Solo lloraba y apenas miraba a Quill los primeros meses de su vida. Yo no era lo suficientemente mayor para entender del todo lo que pasaba. Joder, es que ni mi padre lo entendió al principio.

¿El nombre de la jugada? Depresión posparto.

Puede cambiar la personalidad de alguien por completo. Mamá pasó de ser dulce, cariñosa y fuerte a ser una sombra temblorosa, malhumorada y sollozante de lo que fue.

Mejoró gracias a nuestra niñera interna, que se hizo cargo de nosotros, a papá, que apoyó a mamá en todo lo que pudo, y a que ella fue a terapia. Costó un tiempo, pero recuperamos a nuestra madre.

De nuevo, no culpo a nadie por lo que pasó. Rose, Daisy, Ivy, Violet y Quill no parecen tener ningún trauma persistente de aquel año horrible. El hecho es que yo sí, y estoy bastante seguro de que ese año duro, cuando tenía 8, es parte de la razón por la que conduzco hacia terapia hoy, justo después de mi primer día de trabajo.

Aparco frente al edificio que alberga varios pequeños negocios y un montón de apartamentos encima, y respiro hondo para centrarme. Compruebo mi aspecto en el retrovisor y me doy cuenta de que tengo mala cara. No es de extrañar, ya que me mudé a la ciudad hace solo una semana y esta mañana he empezado mi nuevo trabajo como profesor de sexto curso en la misma escuela donde mi cuñado Jagger enseña en preescolar. Soy bastante normalito en mis mejores días, pero hoy no es uno de ellos. Tengo un aspecto demacrado: ojeras bajo los ojos, el pelo necesita un corte desesperadamente y las cejas parecen intentar escapar de mi cara. Me paso los dedos por ellas intentando ponerlas en forma, pero los pelos saltan hacia arriba. Jesús, necesito un buen arreglo. Sin mencionar que no me he afeitado en una semana y ya luzco una barba en condiciones.

No me extraña que los niños no me hayan dado problemas hoy. Parezco mucho más intimidante de lo que soy.

Agarro mi maletín del portátil y salgo del coche, dirigiéndome a donde mi terapeuta tiene su consulta. Hay una pequeña sala de espera rodeada de varias puertas, cada una con el nombre del terapeuta. No hay recepcionista ni lugar para registrarse, así que simplemente me siento. Peyton Snow tiene su propia consulta, al igual que los demás, así que supongo que comparten este pequeño espacio para no tener que crear una sala de espera independiente para sus clientes. Asiento a las dos mujeres que están sentadas allí también, y sonríen con cortesía antes de volver a mirar hacia otro lado.

Vale, nada de charlas triviales. Por mí, perfecto.

Respondo a unos mensajes de mis hermanos mientras espero, la mayoría de mi hermana mayor Rose. Ella vive en la ciudad también y está emocionadísima de que me haya mudado aquí. Nuestros padres, Violet y Quill, siguen viviendo en nuestro pueblo natal a tres horas de distancia, Daisy no tiene una base fija porque viaja por todas partes por trabajo, y Ivy vive al otro lado del estado con su novio. Creo que Violet podría quedarse en nuestro pueblo, pero Quill seguro que no. No es un chico de pueblo a pesar de haber crecido en uno. Rose ya está trabajando para intentar que se mude aquí. Por ahora, trabaja a tiempo completo en una tienda de deportes, ya que decidió no ir a la universidad. Siempre bromea diciendo que a mamá no le quedaba cerebro para darle a él porque ya era su quinto embarazo, y que se alegra de que le guardara a él la parte de la belleza.

Y vaya si se la guardó. Es mi hermano y, además, soy hetero, así que no miro a los hombres de esa forma, especialmente si tienen mi sangre, pero Quill es objetivamente guapo. Cualquiera con ojos puede verlo. Nos parecemos un poco, tenemos el mismo color de pelo y ojos, pero yo definitivamente no heredé los genes de la belleza de esta familia. Todo eso fue para mis hermanas y mi hermano. Sin embargo, yo tengo el cerebro. Soy un empollón de tomo y lomo, y ni siquiera me importa admitirlo.

—¿Ash Storm?

Miro hacia arriba cuando llaman a mi nombre y veo a la joven rubia que, al parecer, es mi terapeuta. Mi amiga Alana me dio sus datos, asegurando que es increíble. También es la antigua hermana de acogida de Alana y la conocí un par de veces cuando era más joven, pero apenas la recuerdo. Sé que suena fatal, pero mis padres tienen un millón de amigos y la mayoría tiene hijos. Me arrastraron de casa en casa durante años, a tantas fiestas de cumpleaños. Siempre me sentía un poco abrumado en esas situaciones, así que solía acabar jugando con mis hermanos, a los que ya conocía, o leyendo solo en un rincón. Curioso pensar que me hice profesor a pesar de ser socialmente torpe. Bueno, solía serlo. A veces todavía lo soy un poco.

—Hola —digo mientras me acerco y le doy la mano—. Es un placer volver a verte, señorita Snow.

Ella se ríe, apartándose el pelo largo de la cara. Su mano tiembla un poco, lo que me hace pensar que podría estar nerviosa. —Llámame Peyton. Es un placer verte a ti también, Ash. Pasa.

Su consulta es acogedora y me señala una de las grandes butacas mientras ella ocupa la otra. Hay un cuaderno en su reposabrazos y una jarra de agua, dos vasos y una caja de pañuelos en la mesita entre nosotros.

—Así que... —digo, alargando la palabra—. ¿Cómo hacemos... esto?

Ella me regala una sonrisa dulce, pero profesional. —Nunca has estado en terapia antes, ¿verdad?

Niego con la cabeza. —Probablemente debería haber buscado un terapeuta hace años, pero... no sé. Cuando era más joven, tendría que habérselo pedido a mis padres, y no quería que se sintieran mal por haber hecho algo que me afectara tanto como para necesitar ayuda profesional. Y luego, al crecer, me di cuenta de que mi pueblo era tan pequeño que los terapeutas eran todos... ya sabes... gente que yo conocía. Sus hijos estaban en mi clase, o solían dirigir el grupo de apoyo de mi madre, o su hijo era amigo de uno de mis hermanos... No quería contarle mis problemas a alguien que pudiera irse de la lengua con mi familia.

Peyton asiente. —Es comprensible. Aunque debo decir... aunque nunca rompería la confidencialidad de nuestras charlas, tampoco soy una completa desconocida para ti. Fui hermana de acogida de Alana y sé que sois amigos. Además, mis padres de acogida son íntimos de tus padres. Nos conocimos unas cuantas veces cuando éramos niños.

Asiento. Lo sé todo eso. Lo valoré antes de enviarle un correo. —Alana jura que eres la mejor, así que supongo que me siento más cómodo hablando contigo que con un extraño. Ella confía en ti y yo confío en ella, así que... aquí estoy. Además, siempre me siento más cómodo hablando con mujeres que con hombres.

Ella coge su cuaderno y garabatea algo. —No te preocupes cuando escriba en esto —dice, levantándolo—. No significa que hayas dicho algo raro. Anoto cosas a las que quiero volver después.

—¿El comentario sobre que me siento más cómodo con mujeres? —adivino con una pequeña sonrisa—. La gente siempre asume que significa que soy gay. Y no lo soy.

Por alguna razón, sus mejillas se ponen de un rojo intenso. —No es lo que yo... no simplemente... Pero sí, he anotado eso, pero solo porque... quiero decir... Es interesante.

Es casi tan torpe como yo, lo que me hace sentir extrañamente a gusto. Espero que Alana tenga razón y que Peyton sea realmente una gran terapeuta. Aunque es un poco nerviosa.

—Empecemos porque te cuente algo sobre mí, y luego tú podrás decirme qué esperas conseguir en tus sesiones conmigo —dice Peyton, con la voz firme y estable de nuevo—. Soy Peyton Snow, tengo 26 años, como ya sabes. Llevo dos años con mi propia consulta. —Señala con la mano la pared con todos sus diplomas—. Podría decirte dónde estudié y todos los cursos que hice, pero estoy segura de que ya leíste sobre todo eso en mi página web.

Me tiene calado como el empollón que se prepara bien las cosas. No se equivoca. —Lo hice.

—Ya hablamos un poco por correo —continúa, mirando hacia su cuaderno—. No entraste en muchos detalles, pero sí me contaste en qué te gustaría trabajar. He tenido otros pacientes con problemas similares, para que lo sepas. Cada persona es un mundo, pero creo que siempre es bueno saber que no estás solo. Los hombres no suelen hablar de estas cosas, pero definitivamente no eres el único tipo en el mundo con miedo a dejar a una chica embarazada hasta el punto de que afecte a su vida amorosa.

Vale, nos metemos de lleno, supongo.

—¿Hay algo más que deba saber sobre ti? —pregunta—. Cuéntame lo básico. ¿Quién es Ash Storm? ¿Y qué esperas ganar yendo a terapia?

—Antes de entrar en eso, debería decirte... —Joder, he estado temiendo esto todo el día—. No te conté la totalidad de mis problemas en el correo.

Ella no dice nada, solo me mira con una expresión abierta y acogedora.

—Te dije que... que no estoy saliendo con nadie ahora. Que me da miedo dejar a alguien embarazada. Que mi ex y yo lo dejamos por un susto de embarazo, y que ella quería niños mientras que yo no quiero ni tener relaciones sexuales sin preservativo. Sin embargo, esa no es la historia completa.

Esto va a ser vergonzoso.

—¿Cuál es la historia completa? —pregunta, inclinando la cabeza hacia un lado.

—La historia completa es...

Vamos, Ash. Puedes hacerlo. Tienes que contárselo a alguien, o nunca arreglarás este problema.

—Es casi un milagro que mi ex tuviera un susto de embarazo, ya que no nos acostábamos muy a menudo. Y eso es porque... Bueno, creo que...

Suéltalo de una vez.

—Creo que podría tener disfunción eréctil.