Capítulo 1
Eso hijos de puta con sus aires pomposos y cuentas corrientes con tanto ceros que eran incontables creían que él era gilipollas, o algo así. ChanYeol lo supo desde que vio al dueño de la gran empresa constructora, Lee SooMan, en la sala de reuniones de la clínica. El director, Park JinYoung, se había vestido con su mejor traje de gala, que consistía en un traje rojo que más lo hacía parecer un chuloputas que el director de una clínica de renombre para animales.
—Lo siento, señor Kim, pero lamentablemente, el albergue es insostenible. A penas caben todos los animales que usted ha acogido y, para colmo, ni siquiera hay presupuesto suficiente para pagar a los proveedores por el exceso de comida que pidió sin permiso. —le dijo un duro JinYoung.
JunMyeon era solo el gestor del albergue, pero nada tenía que ver con lo que ocurriera o no con el centro. El tipo era un defensor de los animales hasta puntos extremos y era cierto que ChanYeol a veces lo había ayudado hacer cosas no estrictamente permitidas, para ayudarlo en su causa. Como ese caballo, que misteriosamente, estaba dentro del albergue el Dorado.
Desgraciadamente, el Dorado se encontraba en una zona bastante privilegiada, un solar grande, llano y que solo tenía una estructura de cemento. Nadie estuvo de acuerdo con que se le concediera esa parcela tan aprovechable a un refugio de animales abandonados.
Lo más que le tocaba los cojones a ChanYeol, era que Lee tenía razón cuando hablaba de los presupuestos, balances y toda esa mierda burocrática que venía mostrando cifras y números que no cuadraban. El albergue no era rentable ni sostenible y ya no había dinero público para financiarlo, la clínica JYP ahora eran los responsables totales, y ahora, su director estaba vendiendo el único voto que mantenía a la empresa constructora SM lejos del Dorado.
—Lo sentimos, JunMyeon. —SooMan sonrió, palmeándole la espalda al hombre. —Pero los números hablan solos, y sabes tan bien como yo, que ese refugio no va a durar mucho aunque esta transacción no ocurriera, la clínica JYP no puede asumir todos los gastos que generan esos animales. A la larga, esta es la mejor decisión para ellos. ¿Prefiere que vivan en condiciones deplorables?
Y ChanYeol explotó. Porque ese bastardo lo hacía ver como algo lógico e inevitable, como si le importaran esos animales.
—Una mierda. —arrastró las palabras, llamando la atención de los tres presentes. El director le gritaba con la mirada que se callara la puta boca y eso no iba a ocurrir. —No lo haga ver como que esto es por los animales, porque no es así. Esto es todo por su maldito campo de golf y su club para niños ricos.
—ChanYeol, por favor, no es el momento. —trató de cortarlo JinYoung, sus ojos abiertos y su rostro tenso cuando lo miró, en una mueca evidente.
—No. Estás vendiendo el albergue por dinero, director. —le gruñó mirándolo con odio.
—Oh, vamos, doctor Park, no se ponga así. —rió jocoso Lee. —De todas formas, esos animales iban a terminar recibiendo una inyección, las probabilidades de que los adopten a todos son de un 25% y eso siendo optimistas. Nadie quiere perros sin pedigrí. —hizo una pausa, subiéndose sus gafas por el puente de la nariz. —Pero si tanto significa para usted, estoy dispuesto a ofrecerle una suma considerable de dinero en compensación, señor Park, incluso, a lo mejor podrá salvar alguno de esos animales.
—Es usted un cabrón hijo de puta, señor Lee. —le dijo con rabia, sus puños apretados y su voz vibrando por la furia y repulsión. —Métase por el culo su dinero.
—¡Doctor Park! ¡ChanYeol! —gritó JinYoung, enojado y sorprendido.
ChanYeol lo ignoró, miró con desprecio por última vez la sonrisa cínica de SooMan y azotó la puerta del despacho de reuniones. Caminó por el pasillo como alma que lleva el diablo, respirando agitadamente y con el corazón latiéndole muy deprisa debido a las múltiples emociones del momento. Una vez en la primera planta se encontró con el cirujano Park, más mayor que él.
—No has podido hacer nada. —aseguró con semblante serio.
Se volvió a dejar llevar por la rabia y golpeó una papelera provocando un gran estruendo. Una de las enfermeras se asustó, mirándolo con miedo. JungSoo negó con la cabeza, acercándose a él.
—Cálmate, ChanYeol. Sé que esto es un golpe duro, pero hay cosas que no dependen de nosotros. Al fin y al cabo, solo somos médicos de cuatro patas.
ChanYeol vio la sonrisa del tipo y tuvo que reír por el puñetero chiste que solían decir entre ellos para referirse a los de su profesión. Miró por un segundo el suelo, sus mocasines negros y de regreso a la apacible sonrisa del cirujano. ChanYeol necesitaba mantener su mente ocupada en este momento y joder papeleras y asustar a las enfermeras no iba a cambiar la realidad del refugio. El Dorado necesitaba un milagro en forma de cheque con muchos ceros y eso era algo que ChanYeol no podía darle.
—¿Cómo está el perro del señor y la señora Jang?
La jornada se le hizo eterna, pero la pasó lo mejor que pudo. ChanYeol seguía sintiéndose demasiado miserable a causa del refugio, pero sobre todo le apenaba que él tendría que ser el encargado de poner a dormir a esos perros y gatos abandonados a su suerte y que había encontrado un hogar en el Dorado.
Y además de pena, sentía rabia, joder. No era justo, y aunque fuera estúpido de su parte soltar eso en voz alta, ya que, sep, la vida pocas veces lo era, a ChanYeol le gustaba pensar, o quizás creer, que siempre podían pasar cosas buenas.
Pero el refugio necesitaba un jodido milagro para salvarse y ChanYeol ya no tenía ideas, ni un familiar rico del que desconociera su existencia y que a falta de otra persona, lo hiciera a él heredero de su inmensa fortuna. Esto no era una película de Disney ni una producción televisiva y dentro de tres días muchos animales iban a morir.
Debido a esta realidad, ChanYeol terminó en el bar de billares de su amigo YiFan, acompañado por un indiferente KyungSoo, el cual era su mejor amigo desde el bachillerato. El tipo era cirujano plástico en una clínica bastante reconocida en Seúl y con su ridícula altura y su mirada de mierda, era el único capaz de intimidar a un idiota de uno ochenta y cinco, como él.
—¿Puedes dejar de lamentarte ya? Me estás poniendo enfermo y depresivo y eso me toca mucho los cojones. —chasqueó la lengua el hombre sin tacto ninguno, torciendo el gesto. YiFan, unos metros más allá, los miró de reojo, sonriendo irónico.
—Insensible de mierda. —lo maldijo ChanYeol. —Van a morir seres vivos inocentes ¿y a ti te da igual?
—¿Sabes cuántos seres vivos inocentes mueren al día, ChanYeol?—alzó las cejas, su vaso de cerveza largo unos centímetros en alto. —Sé que este asunto te toca más de cerca, pero quejándote y hablando sobre la injusticia de la vida no vas a solucionar el problema o hacerlo más llevadero.
—Sigues siendo un hijo de puta y un malísimo amigo. —gruñó el alto, apartándose un mechón de cabello castaño de la cara.
KyungSoo bufó.
—ChanYeol, si quisiera ver miseria y personas depresivas, sería neurocirujano y trabajaría en el Hospital General de Seúl. —hizo una pausa dramática, mirándolo de mala forma con sus redondos ojos. —No me jodas la noche con tu mierda y ni me pidas que te consuele. Si tantas ganas tienes de llorar la pérdida, ahógate en alcohol, pero hazlo en silencio, como cualquier adulto normal.
ChanYeol apartó la mirada, incapaz de soportar por más tiempo la mirada despectiva del bastardo, porque KyungSoo odiaba las lamentaciones y la autocompasión y él sabía desde un principio que no lograría de su amigo una palmadita en la espalda o un abrazo ni nada parecido. No lo hizo cuando suspendió microbiología en la carrera después de tres intentos, no lo haría ahora.
YiFan, en cambio, se acercó a ellos, ofreciéndole unas pastas que seguramente, había hecho YiXing esa misma mañana para su servicio de catering. ChanYeol le sonrió, agradecido, y se metió un dulce en la boca, deleitándose al instante de la textura crujiente y su sabor dulce.
—No trabajas en el hospital porque te diste cuenta que trabajar con muertos sería al final igual de deprimente que trabajar como neurocirujano y porque eres un capullo al que le gusta retar a la naturaleza, modificando el cuerpo de la gente. —murmuró mirándolo por el rabillo del ojo, sus labios manchados de azúcar.
KyungSoo hizo una mueca al verlo.
—Ser forense tenía sus ventajas. Al menos mis pacientes no me estarían tocando las narices por cualquier gilipollez. —se escuchó su hastío en la voz cuando respondió.—Pero los vivos pagan más dinero por modificar las partes de su cuerpo que le hacen sentir inseguros e inadaptados.
—Interesado. —rumió.
—Inteligente. Y deja de comer con la boca abierta, cerdo.
ChanYeol giró la cara, molesto. ¿Por qué era amigo de ese idiota? No le aportaba nada a su vida, aparte de ceños fruncidos, caras largas y algún que otro golpe que dolía como la mierda. Sin embargo, sabía que KyungSoo, pese a su manera insensible de hablar y que rodaba demasiado los ojos cuando le contaba sus problemas, al final, le daba un buen consejo. ChanYeol entendía que KyungSoo sólo era realista y práctico y quizás el imbécil de su novio no lo follaba bien.
—¿Y dónde está tu joven novio?
KyungSoo alzó una ceja y le clavó los ojos negros y redondos. Odiaba cuando le recordaba que su pareja era tres años más joven que él. Al fin de cuentas, tenía veintiséis años, ya estaban más cerca de los treinta que de los veinte, y JongIn era un puto modelo, de forma literal. KyungSoo a veces no sabía cómo lidiar con la idea de que su novio estaba demasiado bueno y encima era más joven que él.
ChanYeol sólo pensaba que su amigo era algo idiota en todo lo que se refería al amor, precisamente porque su propio odio por las personas y su actitud individualista siempre lo había llevado a estar solo. KyungSoo juraba que él lo obligó a ser su amigo y ChanYeol no lo negaba del todo.
—Con sus amigos.
—¿Jugando videojuegos?—se burló.
—Probablemente.
—Que maduro. —comentó con tono inocente, bebiendo de su cerveza.
—Lo dijo el llorica que lleva una hora quejándose porque la vida no es justa con él y tiene peluches encima de su cama. —le tiró a la cara con voz ponzoñosa. ChanYeol frunció el ceño y KyungSoo sonrió cínico. —¿Aún duermes con Choco?
—No metas a Choco en esto.
Pero ChanYeol se había sonrojado, su cuello y orejas coloradas y KyungSoo amplió la curvatura de sus labios, dándole un aspecto todavía más malvado.
—Entonces no hables sobre la madurez de JongIn.
El alto escondió la nariz detrás de la cerveza y se metió otro pastelito redondo en la boca, casi atragantándose al no poder masticarlo. Tosió varias veces, escuchando a su amigo bufar por sus formas comiendo y él mentalmente le sacó el dedo de en medio.
—A veces pienso que eres la clase de tío que tiene a JongIn sometido, atado a la cama y chupándole el pene, luego te veo sonrojarte como una colegiala cuando él te dice cualquier mierda al oído y me preguntó dónde diablos está el KyungSoo que conozco.
—¿En verdad es relevante hablar sobre mi vida sexual o como tú no tienes de eso desde hace mucho estás recreándote en la mía?
—¿Quién te dice que no tengo sexo?
—Tu cara de imbécil. —él le gruñó. —Supera de una vez que el chupapenes de HongBin pasó de tu culo, ChanYeol.
Estaba a punto de negarlo, de gritarle que no se trataba de eso y que tenía a HongBin más que superado, pero las voces del televisor lo interrumpieron cuando YiFan subió el volumen. ChanYeol miró hacía el aparato, molesto, pero sus intenciones de pedirle que quitara esa mierda o algo, se fueron al diablo.
—¿Ese no es el refugio con el que trabajas, ChanYeol?—preguntó YiFan.
—Sep. En realidad, la clínica es la dueña del Dorado. O quizás debería decir, era. —se corrigió con tono derrotista.
La periodista explicaba en esencia, lo mismo que había dicho esa mañana Lee SooMan. El refugio estaba en quiebra, no había dinero para mantenerlo y la clínica JYP no era capaz de hacer frente a las deudas. Informaban de que los animales serían sacrificados y les pedían a la población que si tenían intenciones de tener una mascota acudieran al Dorado, dejando un número de contacto.
ChanYeol sabía que no iba a pasar y si lo hacían, no se salvarían los suficientes.
—¿Tenías que ponerle eso?—le recriminó KyungSoo al otro hombre. ChanYeol sintió un golpe en su brazo y miró a su amigo, tocándose la zona, que sip, joder, le dolía. —Joder, quita esa cara. Después de todo un día rodeado de personas, vengo aquí con la esperanza de disfrutar de una cerveza fresca y unos nachos, no estoy dispuesto a tolerar que tú me jodas ese momento.
—Rodeado de personas. —chasqueó la lengua, animándose. —Odias a los humanos.
—No los odio a todos. JongIn me gusta. —se metió un nacho en la boca y lo masticó mirándolo con diversión.
—¿Y yo?
—Tú me obligaste a soportarte, así que cállate, y si vas a llorar procura hacerlo esta noche abrazado a tu Choco.
ChanYeol rodó los ojos, pero sabía que probablemente esa noche dormiría de culo, si es que lograba hacerlo. Y que puede que sí abrazara a Choco.
***
—¡Imbécil! ¡Me has matado y soy de tu puto equipo, SeHun!
—Te pasa por ponerte delante de mí, JongIn.
—No lo golpees sobre mi alfombra italiana, las manchas de sangre son difíciles de sacar y la llevé el otro día a la tintorería. —BaekHyun bostezó sin interés.
JongIn miró con odio a SeHun y se enzarzaron en su pelea de cosquillas, la que siempre ocurría cuando el primero perdía contra el segundo. Nada que no hubiera visto antes.
Byun BaekHyun tenía todo lo que cualquiera pudiera desear.
Hijo único y heredero de una familia pudiente, había recibido la mejor educación posible en instituciones privadas e internados de prestigio, no tenía que mover un dedo en casa porque para eso estaba la servidumbre y tenía trabajo sin ni siquiera acudir a una entrevista, ya que no por nada iba a ser el próximo dueño de los Hoteles ByunStar. Y además era jodidamente guapo.
¿Qué más podía pedirle a la vida? Nada, probablemente. Era rico, era caliente y tenía carisma y BaekHyun, lo sabía. Y sin embargo, se aburría como la mierda.
Como hijo único siempre recibió todo lo que quiso menos el calor de una familia unida. Sus padres aparentaban que estaban enamorados cuando desde el comienzo nunca se habían soportado y mantenían a BaekHyun ocupado con tareas estudiantiles, actividades extraescolares o comprándole lo que el niño deseaba para sustituir la falta de atención que recibía.
Con el tiempo, usó eso en su beneficio para conseguir lo que cualquier adolescente quería. BaekHyun odiaba los internados a los que iba, la gente a su alrededor era artificial, cruel y egoísta y él se transformaba en uno poco a poco, solo para encajar en algún jodido lugar.
¿Después? Estudió en Canadá y en China dirección y administración de empresas, aunque ni de casualidad eso era lo que quisiera. BaekHyun no quería perder su fortuna familiar y le encantaban los Hoteles ByunStar, pero siempre le hubiera gustado ser músico.
Su madre lo apuntó a clases de piano desde pequeño solamente para lucir a su hijo delante de las otras madres en las fiestas elegantes que organizaba el club de campo de su urbanización. Con el tiempo, BaekHyun aprendió a tocar el saxofón, la guitarra y el arpa, absorbiendo cada lección como algo precioso y auténtico.
A sus veintiséis años, BaekHyun tenía todo lo que cualquier pudiera desear y él se sentía vacío, joder. O más bien, estaba asquerosamente aburrido de su vida y estaba buscando algo, cualquier jodida cosa, que lo entretuviera.
—¡Hyung, socorro!—chilló JongIn sacándolo de sus pensamientos.
BaekHyun les dirigió una mirada aburrida. Esos dos chicos eran sus amigos desde hacía años. Los conoció en una escuela privada, y pese a la diferencia de edad de tres años que los separaba, habían sido los amigos más leales que había tenido.
—SeHun. —llamó al chico. Alto, de constitución delgada y rostro afilado. SeHun solía aparentar ser un hijo de puta y lo era en la mitad de los casos, siempre que no estuviera comportándose como un puto crío. —¿Qué hemos hablado sobre matar a JongIn?
—¿Que lo haga fuera de tu alfombra?—bufó el otro. Tenía a su amigo agarrado por el cuello, haciéndole una llave.
—Sé un buen chico y suéltalo.
SeHun lo soltó rodando los ojos. JongIn se incorporó, tirando de su ropa hacia abajo, muy digno. El tipo solo era unos centímetros más bajo que el otro, pero también tenía una constitución delgada, quizá más atlética y grácil, su piel más morena y su cabello castaño oscuro. BaekHyun la primera vez que lo conoció pensó que JongIn sería todo un playboy, después de hablar dos minutos con él supo que era idiota, pero uno adorable.
Casi era absurdo lo diferentes que eran los tres, pero a la vez tan jodidamente parecidos. BaekHyun un heredero de una cadena hotelera, SeHun hijo de un importante juez en Seúl y además, estudiante de Química y JongIn el menor de una familia de cocineros que ganó dinero con su cadena de restaurantes y que ahora es un modelo reconocido.
—¿Te pasa algo, hyung?—preguntó JongIn sentándose a su lado en el sofá. Su brazo colocándose cómodamente detrás de sus hombros para apretarlo contra él. Esos idiotas siempre había tenido la tendencia de hacer ese tipo de cosas por BaekHyun, seguramente, porque él no era tan alto como ellos.
BaekHyun lo codeó en las costillas, resoplando.
—Nop. —SeHun se sentó también, pero en el sillón de relax, mirándolo significativamente. —Me aburro.
—Podrías haberlo dicho antes. Podemos jugar a otra cosa, hyung. ¿Verdad, SeHunnie?—sonrió el modelo.
—Si me vuelves a llamar así te meto el mando de juegos por el culo. —le gruñó el otro.
JongIn hizo un puchero, meneando la nariz.
—No me refería al videojuego, aunque también. Siempre eligen juegos que a mí no se me dan bien. —se quejó de todas formas, cruzándose de brazos.
—Eres malo en muchos juegos. —dijo SeHun sin ninguna tonalidad en su voz.
BaekHyun le sacó el dedo de en medio.
—Entonces ¿cuál es el problema?
—Me aburre mi vida.
Las reacciones fueron inmediatas y los dos chicos menores rodaron los ojos. SeHun se apoderó del mando, quitando el videojuego de la enorme pantalla de plasma y buscando las noticias. JongIn no fue tan descarado y le palmeó el muslo, llamando su atención.
—Siempre dices lo mismo, hyung. A ti todo te aburre.
—No es cierto. —negó él testarudamente, inflando las mejillas.
—Sí, lo es. —lo cortó SeHun. —Silencio.
El estudiante subió el volumen de la televisión y BaekHyun, aunque se sintió molesto por ser vilmente ignorado, miró la pantalla. La reportera informaba del próximo cierre del albergue para animales abandonados de Seúl. El Dorado ya no será más un paraíso para las mascotas sin hogar, se leía en el titular. BaekHyun ladeó la cabeza, observando con atención las imágenes del refugio.
BaekHyun nunca había tenido una mascota, sus padres siempre habían satisfecho todos sus caprichos, menos el de tener un perro y en el fondo, él sabía que por su personalidad volátil, al final no sería capaz de criar a un cachorro.
—Es una vergüenza. —comentó JongIn. Su amigo tenía tres perros y era un apasionado de los animales, siempre participaba en las labores del refugio y el año pasado hizo un anuncio a favor de la adopción de animales abandonados.
—Al parecer, la constructora SM está detrás de la presión que se está ejerciendo para el desahucio de los perros. —explicó SeHun con tono neutral. —Según me dijo mi padre en el almuerzo, la clínica que se encarga del albergue ya no recibirá más ayudas y no tiene capacidad monetaria para encargarse por sí solos del Dorado. SM le comprará el refugio, pagando todas sus deudas, y usará el solar para un club de golf.
—Ya tenemos un club de golf. —exclamó BaekHyun, apartando la mirada de los perros que salían en la televisión con un número de contacto. Muchos iban a ser sacrificados en tres días.
—Sep, pero quieren uno más grande y con otros servicios. —se encogió de hombros, SeHun.
La reportera terminó la noticia dando paso a los deportes y BaekHyun se quedó mirando la nada, absorto. Después de algunos minutos sin mediar palabra, él sonrió y sus dos amigos intercambiaron una mirada extraña con él.
—¿Qué le pasa?—preguntó JognIn en un susurro asustado.
—¿Qué diablos estás pensando ahora, BaekHyun? —le dijo con tono hastiado SeHun.
BaekHyun amplió la sonrisa, tocándose la comisura de su labio en un hábito.
—Creo que no volveré a aburrirme en un tiempo, chicos.