Forced

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Un despiadado jefe de la mafia. Una chica sencilla y brillante. Un matrimonio forzado. Mucho drama. Wolf no es ningún Príncipe Azul, pero Luna cree en los cuentos de hadas. Todo lo que nos queda por ver es si ella lo atrae hacia la luz, o si él la arrastra hacia la oscuridad. *POR FAVOR TEN EN CUENTA* -NO LEAS SI TE SIENTES AFECTADO POR ESCENAS SEXUALES O VIOLENTAS. -ESTA ES LA SEGUNDA VEZ QUE PUBLICO ESTA HISTORIA. LA PRIMERA VEZ TUVO MÁS DE UN MILLÓN DE LECTURAS. -MI HISTORIA FUE ELIMINADA DE WATTPAD, POR LO TANTO LA ESTOY REESCRIBIENDO.

Genero:
Erotica/Romance
Autor/a:
Bella
Estado:
Completado
Capítulos:
76
Rating
4.8 151 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1 - Un gran error

(Perspectiva de Luna)


Me lo prometió.

Me prometió que no lo volvería a hacer.

Él es todo lo que tengo.



Flashback: Hace unas horas


—Luna, no podemos esperar más —dijo el Dr. Abela—. Necesita la cirugía cuanto antes. El hospital no moverá un dedo hasta que pagues el depósito.


—Yo trabajo aquí, no me voy a fugar... por favor. Solo deme un poco más de tiempo. Tienen que empezar la operación, pagaré el depósito en cuanto pueda —supliqué llorando.


—Luna, has sido una alumna muy querida para mí. Ya hice todo lo posible convenciendo a la directiva para que lo atendieran sin adelantos... pero hasta yo tengo las manos atadas. Para ellos, sigues siendo una estudiante que solo está haciendo sus prácticas —explicó—. ¿No puedes contactar a algún familiar?


—No tenemos a nadie. Solo somos nosotros dos... Él se gastó todos sus ahorros en mi carrera. Yo... no sé qué hacer...


—Tenemos tiempo hasta mañana por la tarde.



Presente.


Tiempo hasta mañana por la tarde...


¿Cómo voy a conseguir el dinero para su cirugía de aquí a mañana?

¿Qué diablos puedo hacer para salvar la vida de mi hermano?


No podía evitar culparme a mí misma.

Si no me hubiera puesto tan terca con lo del campamento médico de la universidad, él no habría ido a esa carrera para conseguir el dinero. Esa estúpida carrera de coches ilegal. De haberlo sabido, ni siquiera le habría mencionado el tema.


Vivo con mi hermano mayor, Owen. Desde hace once años solo somos los dos. Owen y yo empezamos de cero cuando mi madre falleció y mi padre nos abandonó. Yo solo tenía diez años y Owen dieciocho.


Con la pequeña herencia que dejaron mis abuelos maternos, Owen compró una casa sencilla y un pequeño supermercado que ha sacado adelante desde entonces.


Ha dedicado los últimos once años de su vida a intentar darme lo mejor. Nunca sentí que nos faltara nada. Cuando le dije que quería ser doctora, vi que se puso nervioso, pero enseguida lo ocultó tras una sonrisa de orgullo.


El año pasado me enteré de que participaba en carreras ilegales para ganar dinero extra para mi matrícula. Tuvo un accidente y le hice jurar que no volvería a hacerlo, y cumplió. Cumplió hasta que yo hice un berrinche por el dichoso campamento y él volvió a las pistas. Su coche volcó, causándole lesiones muy graves en el cráneo.


La cabeza me empezó a dar vueltas.

¿Por qué no se me ocurre nada?

Algo...

Lo que sea...

¡Espera!

¡Mario!


Mario vivía frente a Owen y a mí. Solíamos jugar con los otros niños del barrio hasta que se mudó hace unos años, pero siempre hemos mantenido el contacto. La última vez que hablamos me ofreció un trabajo para ganar dinero rápido pero lo rechacé. Nunca antes había necesitado el dinero con tanta urgencia.


Fui rápidamente al club que Mario me dijo que administraba, con la esperanza de encontrarlo allí.


En cuanto llegué, vi a una multitud esperando afuera para intentar entrar. Respiré hondo antes de intentar colarme hasta adelante, pero un tipo enorme me detuvo.


—¿Nombre? —preguntó.


—Emm... Luna... Yo... necesito ver a...


—No estás en la lista, hazte a un lado —dijo con frialdad.


—No... no entiende, de verdad necesito ver a Mario... —insistí.


Al mencionar el nombre de Mario, me miró con el ceño fruncido y sacó su teléfono. —¿Luna, dijiste? —preguntó y yo asentí, esperando que lo llamara—. Pues no, lo siento, tampoco estás en la lista VIP. Quítate de en medio —añadió mientras sentía cómo la gente me empujaba hacia atrás.


Perdí el equilibrio y estuve a punto de caerme, cuando sentí un agarre firme en mi cintura que me estabilizó. Me di la vuelta rápidamente y me topé con el par de ojos más hermosos que había visto jamás.


No pude evitar quedarme mirando a aquel hombre tan alto de ojos bicolores, uno marrón y otro azul. Tenía una cicatriz en el lado derecho de la cara y me miraba fijamente, lo que me hizo sentir intimidada.


—¡Suéltala! —le ordenó con firmeza al hombre que estaba detrás de mí, sacándome de mi ensimismamiento.


Quise darle las gracias, pero no me salían las palabras mientras retrocedía. Justo entonces me di cuenta del ejército de hombres que lo rodeaba, apartando a la multitud mientras yo me escabullía dentro del club.


El lugar estaba oscuro y el ruido era ensordecedor, con luces brillantes por todas partes. Me acerqué a varios empleados preguntando por Mario, pero nadie parecía tomarme en serio. Me quedé en medio de la gente mientras varios borrachos bailaban a mi alrededor. Estaba tratando de orientarme cuando sentí ese mismo agarre familiar en mi cintura.


—¿Buscas a alguien, nena?


Me giré rápidamente y me encontré con el mismo par de ojos que no había podido dejar de mirar hacía unos minutos.


—Emm... gra... gracias por ayudarme ahí fuera... —dije, sin saber muy bien qué hacer ni qué decir.


—Se me ocurren mejores formas en las que podrías agradecérmelo... —sonrió con malicia, bajando su mano hasta mi culo y pegándome a él.


Abrí los ojos de par en par cuando me apretó el culo y me empujó contra su entrepierna. Me solté de su agarre como pude y le solté una bofetada en toda la cara.


—¡CÓMO TE ATREVES! —grité mientras él se frotaba la nariz y recuperaba la compostura.


Me devolvió la mirada, esta vez con pura rabia. No pude evitar temblar ante su expresión. Noté que levantaba la mano como si estuviera deteniendo a alguien que venía por detrás, pero yo tenía demasiado miedo como para mirar a otro lado.


—Un gran error —dijo mientras yo sacaba fuerzas para retroceder.


El corazón me latía a mil por hora cuando llegué a la barra y no pude evitar que se me saltaran las lágrimas. No podía creer que un tipo cualquiera y aterrador me hubiera tocado así y que yo solo hubiera podido abofetearlo. No sé de dónde saqué el valor para hacerlo; me sorprende no haberme puesto a llorar allí mismo.


—¿Luna? —oí la voz de Mario y suspiré aliviada—. ¿Eres tú?


—¡Mario! ¿Dónde demonios estabas? ¡¿Sabes lo que me acaba de pasar?! —exclamé llorando.


—¿Qué pasó? —me miró con preocupación.


—Olvídalo, no importa. Necesito tu ayuda —le dije.


Lo senté y se lo conté todo.


—No sé cómo ayudarte... Me he gastado todo el dinero en mi casa nueva —dijo él, pensativo.


—¿Tienes algún trabajo, como la última vez que vine a verte? —pregunté.


—Luna, aquello fue un encargo sencillo. Solo tenías que tomar un vuelo de Sicilia a Roma con unos documentos y entregárselos a alguien que esperaba fuera del aeropuerto. Luego tomabas el segundo vuelo y volvías a Sicilia —explicó.


—¡Pues puedo hacer eso mismo... lo que sea! —exclamé desesperada.


Él suspiró. —No es tan fácil. En aquel entonces necesitábamos a alguien de fuera que no levantara sospechas. Fue cosa de una sola vez. No tengo nada que ofrecerte que sea tan seguro.


—Tiene que haber algo, Mario. Por favor... —Lo miré con los ojos llenos de lágrimas.


Sé que Mario se junta con gente rara y que hace cosas ilegales de vez en cuando. No sé exactamente qué, pero me di cuenta cuando empezó a ganar dinero de la noche a la mañana. A ningún gerente de un club le pagan tan bien.


—Hay algo, pero Owen me mataría... —dijo él.


—Lo hago por él —respondí.


—¡Vale, espera! —Agarró su teléfono y se alejó un par de minutos.


—Hay un tipo que quiere la ciudadanía italiana. La forma más rápida es casándose con una italiana. Sería un matrimonio por contrato. Él te pagará por la boda y, cuando el papeleo y los trámites estén listos, podrán divorciarse —explicó.


—¿Tendré que casarme con alguien? —Abrí los ojos de par en par.


—Solo sobre el papel. Tendrás que mudarte con él unas semanas por si hay alguna inspección sorpresa del juzgado. No te preocupes, el tipo es decente. Estudió medicina aquí en Sicilia. Se le acaba el visado de estudiante y quiere quedarse. Son del mismo entorno, tendrán algo en común —dijo él.


No tenía otra opción. Sé que puedo confiar en Mario; él no me metería con un loco. —Está bien, ¿cuándo?


—Moveré unos hilos para conseguirles una cita mañana a las once de la mañana —dijo—. Te dará el setenta por ciento del dinero mañana mismo tras firmar los papeles. El treinta por ciento restante será cuando el matrimonio esté registrado.


—No —dije—. Dile que ingrese esa cantidad directamente en el hospital a nombre de Owen. Por si surgen más gastos médicos, solo eso y nada más.


—Luna...


—Estaré en el juzgado mañana a las once —afirmé. Él asintió.


—Tendrás que mudarte con él mañana mismo —añadió. Yo volví a asintir y salí del club.


Corrí a casa y empecé a preparar una maleta pequeña. Metí algo de ropa básica y todos mis libros. Siempre podría volver si se me olvidaba algo.


De repente me acordé de algo.


Mierda. ¡Sebastian!


Agarré el teléfono y marqué su número, esperando a que contestara.


Seb: —¿Hola? ¿Es importante? Estoy ocupado.


Luna: —Seb... hoy fui al hospital —dije tomando aire.


Seb: —¿Cómo está él?


Luna: —Tengo que conseguir el dinero para mañana, sea como sea.


Seb: —¿Y cómo piensas hacerlo? Ya te dije que yo no puedo...


Luna: —Sí, ya lo sé. No te pido ayuda... La cuestión es que hoy vi a Mario. Conoce a alguien que necesita la ciudadanía y...


Seb: —¿Y has aceptado casarte con él por dinero? ¡Básicamente te vas a vender como una puta por pasta! —escupió con desprecio.


Sus palabras tan duras me dejaron helada.


Luna: —¡No es así! —exclamé llorando.


Seb: —Olvídalo, Luna. Debería haber cortado contigo el día que me dijiste que querías "esperar al matrimonio". ¡Por el amor de Dios, tienes 21 años! Yo tengo 26, llevo tres años esperando y ni siquiera me has hecho una mamada. Es más, ¡ni siquiera me has dejado tocarte las tetas! ¿Y ahora te casas con ese tío para que él sí te folle?


Luna: —Seb, ¿qué te pasa? ¡Es un matrimonio por contrato! ¿Por qué solo piensas en el sexo?


Seb: —¡PORQUE MI NOVIA DE HACE TRES AÑOS NO ME DA NADA! —gritó, y yo no pude evitar romper a llorar.


Luna: —Seb...


Seb: —Llámame cuando salgas de ese matrimonio. ¡No me enseñes tu puta cara hasta entonces! Te he dado cinco años de mi vida, ¡no voy a dejarte ir tan fácilmente! —Colgó y me desplomé de rodillas, sollozando.


Sebastian.

Mi novio.

El mejor amigo de mi hermano.


Sebastian empezó a trabajar en el supermercado hace cinco años. Le gusté casi desde que nos conocimos, pero yo solo tenía 16 y él 21. Me pidió salir cuando cumplí los 18. Después de meses convenciendo a Owen, este aceptó que estuviéramos juntos.


Siempre me ha gustado, pero nunca he sentido atracción sexual hacia él. Pensé que llegaría con la edad. Sin embargo, el hecho de que siempre insistiera en acostarse conmigo me quitaba las ganas por completo.


Desde hace un año más o menos, no ha estado ahí para mí, ni para su mejor amigo. Dice que está muy liado con su nuevo trabajo. A mí me sabe mal molestar, así que no le pregunto. Ni siquiera se pasó a visitarnos cuando Owen tuvo el accidente.


Nunca me había hablado en ese tono. Aparte de algunos comentarios sarcásticos por mi forma de pensar, por ser aburrida o por no llevar ropa corta y "sexy", jamás me había hablado mal. Nunca fue grosero ni me gritó. A veces decía cosas que me hacían sentir que le estaba privando de algo que hacen todas las parejas.


Hablaré con él cuando esté más calmado. No sé qué le ha pasado. Quizá, solo quizá, ha llegado a su límite conmigo.


Un mensaje de Mario me distrajo.


Mario: Estate allí mañana a las 10 en punto de la mañana.


Luna: Vale, gracias Mario. No sabes lo que esto significa para mí.


Dejé el teléfono y me acosté. Esperaba que mañana fuera un día mejor y que todos mis problemas se resolvieran. Todo saldría bien.


¿Verdad?