Lindo Chico En Una Falda by Moon at Inkitt
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Lindo Chico en una Falda

Summary

Felix ha decidido vestirse lindo para Hyunjin.

Genre
Erotica
Author
Moon
Status
Complete
Chapters
1
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

1

Daddy Kink, Kink de Cría, Boypussy; ligera asfixia, sexo oral.


—Te ves tan bonito —él alaga e intenta no moverse. Aprieta las sábanas con los dedos y mueve ligeramente los pies. No puedo evitar sonreír y desear poder hacerle sentir así todo el tiempo—. ¿Puedes acercarte a mí, por favor?

Evito que un gemido escape de mis labios, mordiéndolos, y asiento. Camino a paso despacio, queriendo que el momento dure un poco más, pero él lo arruina cuando sus manos atrapan mi cintura y hace que mis piernas queden atrapadas en las suyas.

Me encanta sentirlo así.

—Mierda —gruñe. Sus ojos atrapan los míos y su agarre se intensifica. Me permito gemir, y él ríe—. ¿Estuviste preparándote para mí, Felix? Toda la tarde, ese rato que me dejaste afuera... ¿Todo ese tiempo fue para verte bonito para mí? —asiento, porque no puedo hacer más—. Oh, mi pequeño gatito... Tan adorable, tan lindo... tan mío.

—Sí —digo. Aprieto la tela de su camisa con mis dedos sin dejar de asentir—. Tuyo...

Él no dice nada. Sus manos bajan de mi cintura hasta mi trasero y lo aprieta duramente sobre la tela, una, dos, tres veces. No sé qué mano, no me importa, deja su lugar y dos de sus dedos acarician la separación de mis glúteos tras levantar la falda, y yo no puedo hacer más que lloriquear.

Lo deseo tanto.

El dedo medio, sé que es el dedo medio, se aventura más allá. Acaricia mi perineo sobre mi ropa interior por un tortuoso tiempo. Es suave, su toque es dulce, pero yo deseo más, e intento hacérselo saber moviendo mis caderas, pero él me detiene y se sepera de mí.

Quiero llorar.

—Oh, no, cariño —dice. Una de sus manos toma mi barbilla y hace que me incline hasta que nuestras narices rosan—. Sé paciente. Me tendrás para ti si eres bueno. ¿Puedes ser un buen chico para mí?

Asiento desesperadamente. Quiero ser un buen chico para él.

Hyunjin sonríe. Es suficiente para mí.

Me empuja con una de sus manos y hace que me enderece. No entiendo qué pasa hasta que se levanta y comienza a caminar lentamente a mi alrededor.

—Me encanta verte así —dice. Él se queda detrás de mí y siento su aliento chocar contra mi nuca. No puedo evitar estremecerme—. Tan pequeño, tan lindo, tan sumiso... —murmura. Una de sus manos acaricia mi muslo izquierdo y su lengua viaja por mi cuello mientras que, con su otra mano, aprieta sobre una de mis clavículas; sus dedos caminan hasta atrapar la parte de mi cuello y jala despacio, para tener más espacio para comerme.

Besa, chupa, lame. Mis piernas tiemblan; aprieta descaradamente mi muslo y decide comenzar a clavar sus uñas en él, evitando así que pueda moverme lo suficiente.

—Te gusta, ¿no es así? —susurra sobre mi oreja, despacio—. ¿Es suficiente para ti?

No sé qué responder. Mi cabeza está en blanco.

—Más —suspiro—, por favor. Más.

Él ríe. Suelta mi muslo y quiero reprocharle hasta que siento cómo sus manos pasan debajo de mis piernas y me alza; ahora descanso sobre su pecho. Mis piernas están abiertas de par en par, y él nos da la vuelta hasta que quedamos frente a un espejo.

—¿Puedes ver lo precioso que eres? —dice mientras sus dedos recorren el interior de mis muslos. Arqueo mi espalda, mi cuello recae en su hombro, y él continua tocándome—. Tan abierto para mí... Estás tan desesperado por que te toque. Solo yo puedo hacerte sentir así, ¿verdad? Nadie más puede tocarte como yo, nadie más puede verte así... —sus dedos se detienen. Retrocede y se sienta en la cama, pero no continúa—. Dilo, Felix.

Sus dedos entonces se posan sobre mi vientre y descienden tan lentamente que lloriqueo. Me hará rogar, suplicar e implorar.

No puede importarme menos.

—Nadie... Nadie más puede tocarme —tartamudeo. Escondo mi rostro en su cuello y muevo mis caderas, buscándolo—. Solo tú.

Hyunjin suelta un gruñido de satisfacción y mete sus dedos en mi ropa interior, buscando mi entrada. Cuando la encuentra, usa dos dedos para acariciarla de arriba hacia abajo. Puedo sentir sus ganas de aumentar el ritmo, pero no lo hace.

—Aquí —jadea— solo mis dedos pueden estar, ¿verdad, cariño? Soy el único a quien le permites enterrar sus dedos tan adentro de ti. Soy el único con la autorización de tocarte así. Tan suave, tan duro, tan profundo, porque eres mío. Porque este coñito es mío.

Sé que no lo está preguntando, pero aún así asiento.

—Sí, solo tú, Hyun —gimo. Él comienza a acariciar mi clítoris con su pulgar mientras entierra uno de sus dedos en mí. Quiero arquearme, echar la cabeza hacia atrás, pero me lo impide usando su otra mano para tomar mi nuca y enderezarla.

—Mírate, cariño —exige—. Eres tan lindo encima de mí. —Usa un brazo para levantar mi falda y ambos podemos ver cómo la ropa interior se mueve de su lugar, casi descubriéndome por su constante toque—. Recibiéndome tan bien, con las piernas tan abiertas, la carita de ángel que tienes y tus manos... Oh, tus manos. ¿No se verían tan bien con algo controlando esa rebeldía? —dice y de pronto todo termina, suelta mi cuello y mi intimidad de repente. Con brusquedad, nos levanta y me avienta a la cama boca arriba. Puedo verlo desatando su corbata, y, pronto, mis manos son atadas con esta hacia mi espalda.

—Jinnie... —gimo débilmente. Intento liberarme, pero es en vano—. Hyunjin... Por favor...

—¿Por favor qué, ángel? —exige mientras, que con un solo dedo, acaricia mi abdomen—. Dime qué quieres y lo tendrás.

—A ti —admito—. Te quiero a ti, por favor... Tócame. Seré- tan bueno para ti, Jinnie... Por favor.

Él sonríe y asiente. Toma unas tijeras del suelo y hace de mi top un trapo inútil, pero no me importa. Mis pezones sienten el aire golpearlos y pronto se endurecen cuando el aliento de Hyunjin los acaricia.

—¿Puedo jugar con estos? —pide, aunque sus dedos ya tienen uno, apretándolo—. Son suaves, rosas... casi como dulces. ¿Sabrán dulce? —no tengo tiempo de responder. Su boca ya está atacando al otro, y yo solo puedo gemir tan alto que me decepcionaría si nadie nos oyera.

—Hyunjin... Jinnie, m-mierda. Por favor, más... Te lo ruego. Seré bueno, más —Él gruñe y me complace. Muerde mi pezón, aprieta el otro; su mano libre atrapa mi cuello y su rodilla acaricia mi entrepierna. Es demasiado, y aún así quiero más.

—¿Más de qué, bebé? —pide a penas separándose de mi pezón—. ¿Qué quieres?

—Tus dedos —digo de inmediato—. Tus dedos, dentro de mí, por favor. Los quiero tan profundo... Quiero tenerte dentro de mí, quiero- quiero que me folles, por- ¡Ah! ¡Hyunnie! —casi grito. Uno de sus dedos está adentro mío de nuevo, y se mueve rápidamente. No tengo tiempo de exigirle más, cuando otros dos ya están tan profundo dentro mío, y su lengua saborea mi pezón. Lo muerde, lo succiona, lo lame. Lo hace con tanta dureza que mi vientre se aprieta, mi entrada se contrae y él se ríe.

—¿Apenas me tienes y ya vas a correrte, Felix? ¿Así de mucho me deseas, bebé? —No se detiene, sin embargo. Comienza a acelerar sus embestidas, mete otro dedo, y sé que por mi culpa tiene la mano empapada. Veo estrellas, no sé pensar. No sé hablar. Solo sé que tenerlo así me gusta, me encanta, y no podré resistir mucho más.

—Por favor, Jinnie —suplico—. Voy a correrme. Déjame hacerlo.

—Córrete, Felix —ordena—. Córrete y moja mi mano. Córrete y grita mi maldito nombre tan fuerte que todo este puto vecindario se entere de quién es tu dueño. Quiero que todos se enteren de lo bien que te hago sentir. Hazlo, amor, ahora.

No necesito más. Sus embestidas se vuelven más rápidas. Su boca vuelve a mi pezón, y yo lo complazco gritando su nombre mientras me retuerzo debajo suyo y lo mojo con mi corrida.

—Jinnie... —balbuceo. Abro más las piernas y hago que se recueste sobre mí mientras abrazo su cuello. Él suelta un bufido de risa y besa el mío, suave.

Puedo sentirlo aún dentro de mí. Sus dedos están quietos, sé que solo espera que me recupere para volver a moverlos.

Levanta su mirada hacia mí minutos después y besa fugazmente mis labios.

—Qué bonito bebé —dice. Con un dedo, acaricia mi pecho desnudo. No puedo evitar estremecerme—. Siempre tan bueno para mí, ¿verdad? —asiento rápidamente—. Abre más las piernas, Felix. —Le obedezco mientras suelto un quejido. Puedo sentir cómo mis paredes aprietan sus dedos—. Eso es, mi lindo bebé. Tan perfecto para mí, en cada sentido. ¿Cómo podrías no serlo?

—Tuyo —gimoteo. Quiero más de él—. Por favor, Hyunjin... Tócame. —Siento un golpe en mi trasero y chillo.

—No me llames así, cariño —susurra sobre mi piel mientras aprieta mi parte baja. Sé entonces que las cosas se calentará aún más—. Tú sabes cómo pedir las cosas.

—Sí, papi —balbuceo. Hyunjin sonríe y lleva la palma de su mano a mi pecho plano. Lo acaricia con suavidad, casi adoración.

—Qué lindas tetitas, amor —murmura mientras aprieta una—. ¿Quizás algún día estén llenas de leche por mis bebés? Apuesto a que te mueres porque te llene de mi semen. —Asiento, porque no puedo hacer otra cosa—. Deseas tanto ser mi contenedor de semen... Lo amarías, ¿cierto?

—Sí, sí, papi. Por favor, quiero ser tu putita de semen.

Hyunjin aprieta mi pecho y comienza a mover sus dedos de nuevo. Yo gimo, fuerte, porque sé que le gusta así.

—Qué buen bebé —dice—. Tan apretado, tan mío. No puedo esperar a hundirme en este coñito sucio. ¿Cómo te quiero? ¿En cuatro? Quizás saltando mi polla... O debajo de mí, atado.

Sus dedos embisten con fuerza de repente. Su pulgar acaricia mi clítoris y no puedo evitar removerme, ansioso.

—Te quiero adentro, papi —ruego—. Por favor, hazme tuyo. Entierrate en mí tan fuerte que...

Callo, porque su mano ha ido a mi cuello y aprieta, fuerte. Puedo sentir la falta de aire y entrecierro los ojos.

—Voy a follarte sin sentido, Felix —dice y saca sus dedos de mi coño bruscamente. Suelta mi cuello y comienza a acariciar mi abdomen—. Este lugar estará tan lleno de mi semen que se hinchará como si estuvieras preñado. ¿Quieres estar preñado de mis hijos, bebé?

—Sí, sí, papi —acepto—. Dame a tus hijos, por favor.

Hyunjin sonríe y saca la lengua. Instintivamente, le ofrezco mi cuello y él lame una vez, luego, se separa lo suficiente de mí y hace que me siente sobre la cama. Desata mis muñecas y las acarica antes de hablar.

—Quítame esto —señala su ropa y yo no tardo en obedecerlo. Desabotono su pantalón y lo bajó con todo y su ropa interior. Su polla sale entonces y trago duro. Lo miro una vez y asiente. Saco la lengua y lamo toda la extensión. Es grande, gorda, ancha, venosa. Lo tomo de las caderas con una mano para evitar que se separe y meto lo más que puedo su polla en mi boca; succiono mientras toco sus testículos con la otra mano y lo escucho gemir—. Oh, tan bueno. Eres tan bueno con la boca, amor. Me encanta follarte este coñito. Mi dulce bebé.

Sonrio y quiero meter más su pene en mi boca, pero él me separa y hace que vuelva a recostarme en la cama. Me besa con fuerza. Siento su pene en mis muslos y gimo.

—Jinnie... Papi, por favor...

—¿Qué quieres, bebé? Dímelo, tengo que entenderte.

—Fóllame, te necesito.

No dice nada. Toma mi cuerpo como si fuese una pluma y hace que quede encima del suyo.

—Chúpame la polla mientras te preparo con la lengua. Sé un buen bebé. Sé mi buen bebé.

Le obedezco.

Con torpeza, meto la punta de su polla en mi boca. Succiono un poco, despacio, disfrutando del sabor salado que desprende. Hyunjin ríe, pero no dice nada. Uno de sus dedos acaricia mi perineo, lo que me hace estremecer, pero ni siquiera tengo tiempo de recomponerme, porque él usa su lengua para acariciar mi entrada.

—Jinnie... —exhalo—. Papi, Hyunjin, por favor...

La lengua se detiene. El aire caliente que choca en donde antes estuvo, me hace gemir. Podría correrme solo con eso.

—Aún no estás listo, bebé —susurra. Entonces, mete uno de sus dedos en mi vagina sin ningún tipo de aviso. Entonces, grito—. Es solo un dedo y ni siquiera ha entrado por completo. ¿Qué harás con mi polla? ¿Mmh?

—Yo... —balbuceo. Hyunjin da una larga lamida al rededor de donde su dedo está clavado que me saca un par de lágrimas.

—Sigue chupándomela, Felix. Sé un bebé bueno, ¿puedes?

Asiento, porque sé que sí.

De inmediato, mi boca regresa a su pene. Meto todo lo que puedo de él dentro de mi cavidad bucal. Mientras mis manos tiemblan. Tomo lo que me sobra y acaricio de arriba hacia abajo. Ahueco las mejillas y chupo. Hyunjin gime con fuerza, y, pronto, su lengua se une al dedo que me penetra con lentitud.

Los sucios ruidos de cada uno comiéndose al otro harán que me corra.

—Estoy listo —digo como puedo.

—¿Seguro, bebé?

—Sí, por favor, entierrate en mí.

Hyunjin suelta una pequeña carcajada por la necesidad en mi voz. Me agarra del culo con fuerza y me lanza a la cama.

—Voy a clavarte la polla —afirma. Abre mis piernas de lado a lado, en forma de M, y yo no puedo hacer nada más que asentir—. Voy a follarte tan bien que no conocerás nada más que el nombre de tu dueño.

Mi corazón se acelera ante su declaración. Aprieto las sábanas entre mis dedos y espero. El glande se desliza sobre los labios de mi vagina, lo que me hace arquear la espalda, desesperado.

—Por favor —suplico en un hilo de voz. Hyunjin se apiada de mí y entierra su miembro en mi coño lentamente. Mis paredes se abren para él y, por un segundo, me siento completo, porque mi coño es bueno para él, yo soy bueno para él, y él lo sabe.

Podría morir justo ahora de lo bien que se siente tenerlo adentro.

Hyunjin comienza con embestidas lentas que me permiten escuchar el ruido lascivo de nuestras pieles chocando. Es casi una tortura que sea así de lento.

Un susurro es el único aviso que tengo antes de que todo se vuelva rudo. Estoy clavado en la cama mientras sus manos se encargan de marcar mis muslos, sus dientes muerden todo lo que encuentran en mi pecho y en mi cuello, y su pene se entierra en mí con fuerza, como si deseara romperme en dos.

Quizás así lo quiere.

Cierro los ojos y me permito gritar. Hyunjin gruñe y deja de contener sus gemidos en cuanto me escucha.

Trago saliva y llevo mis manos a su espalda sudada. Con las yemas de mis dedos la acaricio mientras veo en mi mente todo lo que estoy tocando. Decido comenzar a aruñarlo en cuanto él encuentra mi punto sensible.

Una de las manos de Hyunjin deja mi pierna y se enrosca en mi cuello. No lo aprieta, solo deja que su mano descanse alrededor de mí, y mantiene toda su concentración en las embestidas que me dejan sin aire.

El cielo jamás se vio tan bueno como esto.

La garganta casi se me desgarra, pero no puede importarme. Hyunjin se vacía en mí entonces. Puedo sentir el líquido caliente mancharme y eso es suficiente para hacerme venir de nuevo. Él sigue embistiendo, ahora despacio, y yo lloriqueo.

Duró tan poco que me sorprende darme la vuelta y notar que han pasado varias horas.

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