Con Furia | JJK ✓

Summary

Jade lleva enamorada de Jungkook, su instructor, desde que le vio por primera vez. Por eso aceptaba que la llamase endeble y la tratase de muy malas formas. Hasta que decidió que recorrería su propio camino, sin su ayuda, con la intención de demostrarle todo lo que es capaz de hacer. Al encontrarse tiempo después, la pasión que ambos sienten los hace saltar por los aires. Porque Jungkook, en el fondo, lo quiere todo de ella. Su pasión, sus insultos, sus quejas y su furia. Y luchará por alcanzarla y que no vuelva a irse de su lado nunca más.

Status
Complete
Chapters
4
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

01

—Eh, cazadora.

Jade resopló, rodando los ojos. No esperaba que él fuera a aparecer de pronto por allí, en un lugar tan remoto y alejado de la mano de Dios. Aunque pensándolo bien, tampoco era de extrañar. Él hacía cosas raras todo el tiempo.

—Jungkook —saludó ella sin mucho entusiasmo—. ¿Qué haces tú por aquí?

—Me aburría —admitió, asomándose por la ventanilla del copiloto del 4x4 que, según había visto Jade, siempre conducía—. Y decidí buscar un poco de acción.

—Ya me hago una idea de lo que buscas, y te aviso que aquí —señaló la gasolinera donde trabajaba, sucia, vieja y a punto de venirse abajo— no lo encontrarás. Esto está desértico. Las mujeres guapas están a veinte kilómetros al noroeste.

—Puede, pero la que a mí me interesa está aquí.

Jade notó la mirada ardiente de Jungkook sobre ella y sintió una punzada de calor en el vientre. Eso era lo que llamaban en su ciudad: calentar el chili con las ganas. Porque si de algo era capaz Jungkook, aparte de matar demonios con un tenedor, era de hacer que una mujer se sintiese femenina y deseada, y también poderosa.

—No vas a conseguir nada con un truco tan viejo, capitán —hizo el viejo saludo militar que en el pasado le sirvió como provocación, y que ahora se quedaba como un desfasado recuerdo—. Hace mucho que el morbo de capitán-soldado se terminó.

Jungkook bajó del coche con elegancia, estirando sus largas y atléticas piernas. El pantalón se le caía un poco, marcando las líneas de sus caderas y mostrando algunos rizos oscuros que se entreveían bajo la cinturilla. No llevaba camiseta, pero sí una chaqueta de cuero marrón abierta y una cadena de plata alrededor del cuello.

—Qué poca imaginación tienes, Jade —chascó la lengua con reprobación—. ¿Dónde está todo lo que te enseñé?

—Bien lejos de mi culo.

—Siempre tan hosca y poco femenina —a pesar de sus palabras, se le notaba por la forma en que la miraba que le encantaba su carácter. Porque cada palabra fuera de lugar o cada tono cortante le excitaba. No lograba evitarlo; Jade representaba el tipo de mujer que deseaba y que no podía tener—. Servir gasolina a viajeros invisibles debe ser duro.

—Ya ves. Mejor que matar demonios —dijo en tono cortante, arrugando la nariz cuando su olor corporal llegó hasta ella, recordándole lo delicioso que olía—. Tú hace mucho que te retiraste del campo. Veo que entrenar a nuevas promesas no es lo tuyo, viejo.

Jungkook torció el gesto.

—No me insultes. Un cazador no es viejo por llegar a los treinta, a ver cuántas veces tengo que decírtelo. No te quejabas tanto cuando luchabas para mí.

Jade apoyó los codos sobre uno de los expendedores, esbozando una sonrisa inocente y casi infantil. La perversión bailó en sus ojos.

—Cuando el dinero está por el medio, una mujer es capaz de todo —aseguró, bateando las pestañas con coquetería.

—Eso lo sé. Por eso hay más putas que putos.

—No se dice putos, pero te lo dejo pasar porque es evidente que te interesa el tema. Ahora en serio, ¿qué haces aquí?

—Buscarte.

Jade resopló. Esa no era la respuesta que ella quería. Su corazón galopaba con cada sonrisa de Jungkook. Por eso no le gustaba estar en su compañía, y por eso había abandonado su grupo. Concentrarse en el campo de batalla con Jungkook al lado era tarea imposible.

—Tengo gasolina a buen precio, igual si repostas el coche logres ir a Las Vegas. Hay bailarinas baratas y muy sensuales.

—Por favor, no me conformo con tan poco —dijo, tomando uno de sus mechones castaños que siempre se agolpaban sobre su rostro y colocándoselo detrás de la oreja—. A mí me gusta otro tipo de... mujeres —acarició su mejilla con el índice, notándola temblar de forma involuntaria—. Y tú eres la que está al principio de la lista.

—¿Porque soy cazadora como tú? —preguntó, mordiéndose la lengua un segundo después, enfadada por seguirle el juego.

—Porque eres hermosa, poderosa y te enfureces con mucha facilidad. Y a mí lo simple no me satisface.

Tomó su rostro entre las manos, aprisionándola con las palmas sobre sus mejillas de manera que no se escapase, y presionó sus labios en un beso que le quemó la lengua. Sabía que Jade era fogosa, pero no hasta el punto de sentir chispas de fuego en la boca. Tal era su deseo, que se derritió de placer al sentir cómo clavaba sus uñas en las manos para apartarle, sintiéndose al mismo tiempo excitada por él.

Su sabor era exquisito y demoníaco. Si es que ese sabor existía. A partir de ese instante Jade, para él, sabría a demoníaco. A esencia recién sacada del infierno para torturarle a placer.

Liberó su boca para mirar las consecuencias de su acto. Ella respiraba con agitación, su pecho subiendo y bajando frenéticamente, y sus manos aún clavadas sobre las de Jungkook. Apenas logró reaccionar a tiempo, dándole una bofetada y saltando hacia atrás, impresionada.

—¡Cazador estúpido! —Gritó fuera de sí—. ¡Siempre igual, acosando a las mujeres!

Jungkook soltó una carcajada.

—No sé qué has oído por ahí, pero te aseguro, Jade, que a mí jamás me ha hecho falta acosar a una mujer.

Y Jade le creía, siendo consciente de cómo su cuerpo reaccionaba a uno de sus besos. ¿Era fuego lo que danzaba sobre su paladar?

—Jódete —le enseñó el dedo corazón, igual que el primer día que se conocieron y él la llamó endeble—. Regresa al infierno, que es donde deberían encerrarte.

Zapateó con fuerza por el terreno terroso en dirección a la laguna que había detrás de la gasolinera. Ni siquiera sabía por qué iba allí, pero necesitaba alejarse de Jungkook y sus besos. Un demonio jamás besaría de la forma en que Jungkook la había besado, y eso le molestaba mucho, porque una vez más él había demostrado que poseía las armas exactas para romper sus esquemas.

De la furia que experimentaba no se fijó en que el terreno había dejado de ser duro para pasar a atrapar sus botas. Las que le habían costado seiscientos dólares. Gruñó, mirando hacia abajo. ¿Barro? ¡Barro!

—¡Mierda! —Exclamó, doblando las rodillas para analizar los desperfectos—. ¡Esto no se quita! ¡Maldito Jungkook!

Giró para volver a la gasolinera con tan mala pata que cayó de culo sobre el barro. Abrió la boca, frunciendo los hombros y reprimiendo un grito. Sus vaqueros, los que más le gustaban, listos para ser enviados a la basura. ¡No podía ser! ¿Es que ella sola iba a pagar las consecuencias de un beso?

Jungkook, a lo lejos, rompió a reír ante la escena. Le resultaba tan divertido ver a Jade allí tirada, pegajosa por el barro y a punto de explotar de furia. Hacía mucho tiempo que no se enfadaba tanto. Y es que Jade y la furia siempre iban de la mano, pero en los últimos tiempos la cazadora se había decidido por ser más racional. Cosa que le molestaba. A él le gustaba la cazadora de verdad, no la nueva mujer que pretendía borrar su pasado como si nunca hubiese existido.

—¿Estás cómoda? —gritó para que ella le escuchase.

Jade le fulminó con la mirada. En aquella situación no podía hacer gala de su dignidad, porque estaba llena de barro y tenía el pelo pegado a la frente, los hombros y el cuello.

Dios todo poderoso la odiaba.

—Si necesitas ayuda, puedo llamar a alguien —siguió diciendo Jungkook, claramente encantado por su reacción y el rubor de su rostro.

—Cállate de una vez, bravucón —le espetó, poniéndose de rodillas e intentando levantarse.

—Venga, Jade, no seas orgullosa. Los basureros ganan dinero recogiendo porquería.

—¿Estás llamándome basura? —inquirió Jade con tanta furia burbujeando en su interior que no comprendía cómo no había explotado ya—. ¿Tú, maldito hijo de puta?

Ahí estaba su lengua afilada y un tanto soez. Jungkook sonrió encantado. Con la chispa adecuada, Jade prendía fácilmente.

—Mide tus palabras, no querrías verme enfadado —se quitó las botas con cuidado, y también la chaqueta, dejándolo todo a un lado. Jade lo miraba sin entender qué pretendía, porque se veía más bien feliz y no molesto—. ¿Qué tal si hablamos tú y yo?

Caminó por el barro con mucha más elegancia que ella. Jade hirvió de rabia. Él tenía los pies más grandes, su cuerpo era más pesado y, por qué no, era más imbécil. El que tendría que estar en el barro era Jungkook y no ella.

—Sal de aquí. Es mi barro, yo me topé antes con él —siseó, entrecerrando sus ojos.

—Jade, estás comportándote de forma muy infantil —chascó la lengua, colocando las manos sobre sus caderas.

«Por tu culpa, capitán. Yo sigo siendo una endeble en tu presencia.» pensó ella.