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Summary

Jeon Jungkook jamás imaginó lo que su pequeño hijo Jeon Soobin diría aquella noche en la cuál padre e hijo tuvieron que inventar ese cuento de Navidad para un trabajo escolar. ✨ Historia Original ✨ OS con 3400 palabras ✨ Género Romance, fluff, cliché navideño ✨ Ship Kookmin ✨ Contenido Homosexual ✨ Contenido maduro /adulto ✨ No copiar ni adaptar sin mi permiso total o parcialmente

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1
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5.0 5 reviews
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13+

CAPÍTULO ÚNICO

Era tarde, el sol apenas comenzaba a ocultarse. La mujer miró el reloj sólo para ver que ya pasaban las seis de la tarde. Una dulce sonrisa se posó en sus labios cuándo escuchó abrirse la puerta principal.


Su muchacho había llegado.


Jeon Jungkook, sonrió con calidez al sentir ese calor de hogar en cuánto entró. Desde el instante en que abrió la puerta, sus fosas nasales se llenaron por aquel delicioso olor a galletas recién horneadas. Por lo que aspiro profundo dejándose llevar por las emociones que despertaba el estar en casa.


De forma sigilosa y tratando de no hacer ruido, se quitó los zapatos en la entrada. Una vez más sonrió cómo si fuese un chiquillo al dejar el maletin negro sobre la mesita lateral.


Desde dónde se encontraba, podía escuchar el parloteo proveniente de la cocina. Estaba seguro que si sonreía un poco más, le saldrían un par de arrugas en el contorno de la boca. Pero era imposible tratar de no hacerlo. Más cuándo escuchaba con claridad las ocurrencias del pequeño Soobin de seis años.


Una nueva sonrisa se posó en sus delgados labios al escuchar a su hijo hablar de manera eufórica, siendo seguido por una cálida risa femenina logrando que él mismo emitiera una sonrisa sin siquiera saber cual era el motivo de su visible felicidad.


Pero no era necesario saberlo, ya que sólo le bastaba ver a su hijo feliz, así, con esa enorme sonrisa mientras éste hablaba y hablaba sin parar mientras comenzaba a decorar las galletas con el icing glass.


Al llegar a la cocina, se detuvo en la puerta para apreciar con ternura la bella imagen frente a sus ojos. Ahí estaba Soobin en compañía de su nana, Sunny.


Un suspiro se hizo presente llamando la atención de su hijo, que al instante, dejó sobre la encimera el bol con la nueva mezcla de glaseado para ir a recibir a su padre.


—¡Papá, te extrañe! - exclamó Soobin ya en brazos de su progenitor que le abrazaba con júbilo.


Siempre era la misma frase de Soobin decía cada vez que veía llegar a su padre sin importar el tiempo que estuviesen separados. A veces sólo se trataba de algunos cuantos minutos, pero para él pequeño, ese tiempo, era una eternidad.


—Yo también te extrañe mucho, Soo - respondió Jungkook depositando un amoroso beso en los oscuros cabellos de su hijo, mientras era abrazado por éste.


—Bienvenido a casa, niño Koo. ¿Ya cenaste? ¿Quieres que te sirva de cenar? - fue el típico saludo de la mujer mayor que miraba a Jungkook cómo si éste aún fuese un chiquillo de la edad de Soobin.


Pero eso era Jungkook para Sunny, el chiquillo que cuidó por tantos años, y que justo ahora, tiene el privilegio de cuidar a Soobin, quién es una réplica de Jungkook. Sólo que Soobin tiene los ojos color miel y se le hacen un par de hoyuelos en las mejillas cuándo sonríe, rasgo que heredó por parte de su madre.


—Gracias, Nana. No he preocupes, yo me sirvo, por favor descansa - fue la respuesta del pelinegro al abrazar a la mujer mayor con ternura. Misma que sonrió por la muestra de afecto.


—¡Vamos, papá. Come rápido porque tenemos que hacer la tarea juntos! - exclamó con una mezcla de apuro y excitación.


Jungkook miró con sorpresa a su hijo y después a la Nana Sunny, quién sólo alzó los hombros con un toque de diversión.


—Anda niño, Koo. Deberías comer pronto, porque Soo no ha parado de hablar sobre la tarea que tiene que hacer. - dijo la mujer y Jungkook asintió.


Adiós descanso, pensó.


La mujer miró a Jungkook quién seguía con Soobin, quién hablaba y hablaba sobre su tarea y en lo que tenía planeado para hacerla.


La mujer sonrió al ver los gestos de padre e hijo y dándoles un poco de espacio, tomó asiento en uno de los bancos de la cocina, mientras seguía admirando la tierna imagen.


Así eran las tardes y los días libres de la pequeña familia. Dónde Jeon Jungkook asumió la responsabilidad tan grande de criar y sacar a su único hijo adelante desde que la mamá de Soobin falleció cuándo éste era tan sólo un bebé de meses.


Desde entonces, sólo eran ellos dos y Sunny.


Los padres de Jungkook vivían en Seúl debido a los negocios familiares, y tristemente estaba distanciado de los padres de su ex mujer, ya que éstos nunca estuvieron de acuerdo con su matrimonio. Por lo que él y su hijo vivían en Busan. En primera, por ser un lugar más tranquilo para criar a un niño. En segunda, porque esa ciudad le traía bonitos recuerdos de su juventud.


Siendo muy joven, se caso con quién consideró su primer amor, una linda mujer de nombre Susy. Se habían conocido en la universidad. Ellos aún no habían cumplido los diecinueve años cuándo tuvieron a Soobin.


Lo que nunca se imaginó, Jungkook, fue que la salud de su joven esposa comenzará a deteriorarse, todo había sido tan rápido, que cúando menos lo pensó, ya sólo eran él y el pequeño Soobin de tan sólo seis meses de edad.


Tal vez muchos se hubieran dejado caer ante esa dolorosa perdida, pero no fue el caso de Jungkook. Sino todo contrario, fue su hijo quién le impulso a salir adelante logrando convertirse en un honorable hombre de negocios y un padre dedicado completamente a su hijo.


Ahora, a sus escasos veinticinco años, sigue siendo un hombre joven viudo con un amado hijo que va en primer año de primaria. Muy atrás dejó el romance y el deseo de buscar pareja.


Lo que no sabe Jeon Jungkook, es que el pequeño Soobin no está muy de acuerdo con su padre, y pronto se lo haría saber.



****


Después de haber tomado un baño, padre e hijo tomaron asiento en el escritorio para hacer lo que se supone sería uno de los últimos trabajos escolares antes de salir de vacaciones.


—¿Y bien, campeón? ¿Qué tienes en mente? - preguntó mientras leía las hoja con las indicaciones.


La actividad prácticamente era muy simple. Se trataba de hacer un cuento de Navidad. Una vez hecho, un padre o madre de familia iría al colegio para leerlo en clase.


Jungkook no entendía el porqué esta tarea le causaba tanto alboroto a Soobin, ya que por lo general, tanto Kook como Sunny batallaban un poco para que Soobin haga las tareas en casa. Pero al parecer, esta actividad era especial para el niño, porque fue precisamente él, quién apuró a su padre para hacerlo lo más pronto posible.


—¿Soo...?


El niño le miró con sus enormes ojos amielados y su pequeño dedo en la mejilla, cómo si estuviera pensando que responderle a su padre.


—¿Y bien? - volvió a preguntar Kook.


—Quiero se trate de un niño y su papá - Jungkook sonrió al instante


—Okey...


—Anda escribe, papá. Erase una vez un hermoso niño de nombre Goo que vive feliz con su padre Gguk. No había una mamá, ni una pareja, ellos vivían sólitos con Nana.


Jungkook miró al niño un poco desconcertado por la similitud entre ellos y los personajes. Fue inevitable dar un suspiro al pensar en Susy.


—Él papá de Goo estaba sólito, y a Goo no le gustaba ver triste a su papá. Por lo que le pidió a Santa que le trajera a su papi alguien con quién ser feliz.


Jungkook dejó de escribir al escuchar aquello. Bajó un poco su mirada para pensar que responderle a su hijo sin herir sus sentimientos.


—Soo...


—¿Uhm?


—Tu cuento es muy lindo, pero... -


—El papa de Goo merece conocer y tener a alguien que lo ame mucho. - le interrumpió seguro de sus palabras.


Jungkook suspiró. No estaba muy convencido de hacer éste cuento.


—Soo. ¿Y si hacemos el cuento de otra cosa?


Soobin negó con la cabeza y se cruzó de brazos.


—Por favor, papá... - puchereo - no quiero cambiarlo. Yo quiero hacerlo así ¿si?


Jungkook suspiró. ¿Cómo diantres podía negarse a ese lindo puchero y a esos ojos anhelantes? Honestamente, no podía. Nunca podría.


—Okey... ¿Qué más?


—Mmm...


Soobin volvió a quedarse pensativo.


—¡Ah!¡Ya sé! - Jungkook sonrió al ver la efusividad de su hijo. —de pronto, Gguk conoce a Mimi y se enamora de él al verlo.


Una vez más, Jungkook dejó de escribir más sorprendido que antes.


—¿Mimi?


—¡Si! - exclamó con una sonrisa de oreja oreja.


—¿Quién es Mimi, hijo?


—Es un angelito. - respondió sin titubeos confundiendo al mayor.


—¿Un Ángelito?


—Bueno, no es un ángel, ángel... Pero si parece uno - Jungkook tuvo que hacer todo lo posible para no reír por las caras graciosas de su hijo.


—¿Quieres hablarme de Mimi?


Soobin pareció pensarlo un poco, para después asentir.


—Es un poco pequeño y su cabello parece cómo si fueran hilos de oro.


Jungkook no pudo resistir más y soltó una carcajada ganándose una mueca de disgusto por parte de su hijo.


—Lo lamento, Soo. No quise reírme. ¿Quieres seguirme contando? - a lo que el menor asintió.


—Él es muy bueno, quiere mucho a los niños y cuándo sonríe, sus ojitos desaparecen por arte de magia.


Aquello llamó por completo la atención de Jungkook. Porque su hijo estaba hablando de un "él", y no una "ella". No porque esté mal. Si no porque antes de casarse con Susy, él en su momento había tenido una que otra relación con chicos, pero hasta ahí.


Aunque bueno, pensándolo bien, no tenía porque preocuparse, puesto que sólo se trataba de un simple cuento de navidad, y se supone que todo es ficción... ¿cierto?


—¿Lo escribiste papá? - preguntó el menor con gran curiosidad a lo que Jungkook afirmó mientras escribía a toda prisa.


Así estuvieron un par de horas entre risas, juegos y gestos, hasta que por fin terminaron su cuento de navidad, ambos quedando satisfechos por su creación.


Soobin estaba fascinado, en cambio Jungkook estaba entre confundido y curioso por la ávida imaginación de su hijo.


Tras lavarse los dientes, Soobin se fue a la cama sin protestar, no sin antes asegurarse que todo estuviese listo para mañana. Desde las docenas de galletas ya decoradas, su uniforme limpio, y por supuesto... El cuento que volvió a leer más que satisfecho.


Mañana sería un gran día, lo podía sentir, con ese pensamiento, le dio a su padre un cálido beso de las buenas noches para soñar con los angelitos, o más bien con ese especial angelito de cabellos dorados y sonrisa con forma de medias lunas.



****


A la mañana siguiente, Jungkook fue al cuarto de Soobin para iniciar la ardua labor de despertarlo. Pero vaya sorpresa se llevó al entrar, y mirar a su hijo ya con el uniforme puesto mientras se ponía los zapatos.


—¡Hola, papá! ¿Estás listo? - preguntó visiblemente emocionado.


—Oh - exclamó confundido.


—¡Ay, papá! ¡Aún sigues en pijama! - soltó una escándalosa carcajada al ver a su padre usar su ropa de dormir y el cabello todo enmarañado — ve a cambiarte que llegaremos tarde - le apresuró —anda, papá. Qué quiero llegar temprano porque quiero ser el primero en pasar a leer el cuento.


Jungkook asintió y negó con rapidez provocando una nueva risita en su hijo. Así que no tuvo más alternativa que hacer lo que su pequeño le había indicado.


Tras desayunar y mirar el reloj, por fin había llegado el momento para ir al colegio. Dentro del carro, había dos tipos de sentimientos diferentes.


Soobin estaba feliz, tenía una sonrisa de oreja a oreja. Era una bella y pura sonrisa digna de cualquier comercial. En cambio Jungkook, sentía en su interior un inexplicable revoltijo, estaba nervioso y no sabía la razón .


Al llegar, se sorprendio ver a muchos compañeros de su hijo con la misma reacción que Soobin. Todos los niños literalmente caminaban a toda prisa y ellos prácticamente iban arrastrando a sus padres al salón de clases.


Jungkook sabía que Miss Jieun es una muy buena maestra, y también que es muy querida por todos sus alumnos. Por lo que no era de sorprenderse la emoción de los niños.


Mientras caminaban, Soobin le entregó a su padre la canasta con las galletas horneadas, sin decir más, corrió al salón de clases. Ni siquiera le dio oportunidad a su padre de decir ni media palabra porque éste ya no se encontraba dentro de su campo de visión.


Antes de entrar al salón, Jungkook miró a los otros padres de familia y le sorprendió la reacción de éstos. Las mujeres se arregalaban más de la cuenta. Mientras que los caballeros ponían su mejor sonrisa.


—¿Qué hay, Jeon? ¡¿Cuánto tiempo sin verte?! - le saludo otro padre de familia.


—¿Si, verd...? -


—Bienvenidos, Padres de familia. Es un gusto que hayan tomado un poco de su valioso tiempo para estar aquí con sus hijos. - se escucho una dulce y alegre voz.


¿Qué había pasado con Miss JiEun?, fue lo primero que pensó el pelinegro, más porque Soobin no le había hecho mención que ahora tenía un maestro.


—Buen día, para los que no me conocen, me presento. Mi nombre es Park Jimin y soy maestro suplente de Miss Jieun. Yo la estaré cubriendo por el resto del ciclo escolar. Ya que ella estará con su bebé recién nacido. - expresó con una bonita sonrisa.


De pronto, voila... Al sonreír, sus ojos desaparecieron por arte de magia.


Ahora todo tuvo sentido...


—Adelante, por favor, tomen asiento junto a sus hijos - les invitó a pasar.


Jungkook prestó atención a la figura que estaba frente suyo.


Cuerpo pequeño, cabello dorado, lindas facciones, gentil, cariñoso, ojitos que desaparecen al sonreir, apariencia de ángel.


Ohhh...


Sintió un escalofrío recorrerle de pies a cabeza al caer en cuenta que el Mimi de su historia, en realidad es Jimin. ¡El hijo de su maestro!. ¡Qué diga, el maestro de su hijo!


Una vez dentro, colocó la canasta de galletas junto a los otros aperitivos y busco a Soobin con la mirada. Aunque no necesitó buscarlo mucho, porque ahí estaba él sentado en la segunda fila. Justo en dónde estaba una silla más grande. Sip. Ahí Junto a su guapo, que diga, simpático maestro.


Jungkook le sonrió al lindo profesor con timidez, hace mucho que no se sentía tan nervioso cómo lo estaba en éste momento. Aunque no es para menos, ahora que sabía quién es la fuente de inspiración de su hijo. Eso sin contar que ahora tiene que pasar al frente para leer su cuento.


Por un momento, consideró la idea de fingir estar afónico, o sentirse mal, o inventar una emergencia en la oficina. Pero cuándo su hijo le hizo la seña que había llegado su turno, una vez más, no pudo decirle que no a esos hermosos ojos.


Exhalo profundo.


A paso lento, caminó al frente con el cuaderno en mano, toda la atención estaba puesta sobre él. Con cada paso que daba, sentía un ligero temblor en piernas y manos. De pronto, sintió que había vuelto a tener quince años. Dando una larga exhalación, miró a su hijo, y cruzó su mirada con cierto rubio de ojos pequeños color chocolate, para después mirar a todos los presentes.


—Buen día, mi nombre es Jeon Jungkook y soy padre de Soobin. - se presentó con nerviosismo — éste cuento lo hicimos entre Soo y yo, y lleva por nombre Cuento de Navidad.


Jungkook miró de soslayo a su hijo quién le miraba embelesado, cómo si su padre fuese su más grande super héroe. De pronto, todo el temor en Jungkook desapareció, sólo necesitó mirar esos ojitos pispiretos para dar inicio con la lectura.


—Erase una vez... -


Jungkook comenzó a leer el cuento haciendo caras y gestos logrando que todos los niños sonrieran a la par, al igual que uno que otro adulto. Miró de soslayo hacía donde estaba su hijo y juró que haría hasta lo imposible para que su pequeño siempre le mirase con esos ojos llenos de admiración.


Al terminar. Jungkook dio un suspiro. Sus manos temblaban y su mirada se sentía un poco cristalizada ante lo que él y su hijo habían creado.


Durante mucho tiempo, creyó que sus decisiones habían sido lo mejor para él como para Soobin, pero vaya sorpresa se llevó al darse cuenta que no era así.


Su hijo lo ama, eso es un hecho. Pero también quedó demostrado a través del breve relato que Soobin deseaba ver a su padre feliz y enamorado.


Los aplausos y los vítores no se hicieron esperar, aunque no faltó quién quedó sorprendido por el relato. Tratando de ignorar aquello, miró a su hijo y fue increíble ver cómo su pequeño miraba con un brillo especial a su joven maestro.


Hablando de Mimi. Digo hablando de Jimin, Jungkook apreció cómo éste había terminado con las mejillas sonrojadas. Más cuando escuchaba atento a Soobin.


Antes de volver junto a su hijo, dio un largo suspiró tratando de calmar su nerviosismo. Sin mirar a nadie, tomó asiento a un lado de su hijo quién quedó en medio.


Mientras escuchaban los demás cuentos, Soobin sigilosamente tomó la enorme mano de su padre y la manito de su querido profesor para que estas quedarán unidas sobre el regazo del menor.


Jimin y Jungkook se miraron al instante por la atrevida acción del niño. Pero para asombro de los tres, ninguno quitó la mano. Sólo se limitaron a sonreír con timidez.


Cuándo todos terminaron de contar sus cuentos y llegó la hora de comer bocadillos, Jungkook observó cómo el joven rubio estaba de pie en el fondo del salón, por lo que aprovecho para hablar con él.


—Hola ¿interrumpo algo? - preguntó al llegar a su lado.


—No, en lo absoluto - respondió ocultando sus ojos por la sonrisa que le regaló.


—Yo... Uhm... - se aclaró la garganta —


—Tranquilo, señor Jeon.


Oh...


—Dime solo, Jungkook.


Ambos sonrieron


—Okey, Jungkook. Sólo si me llamas Jimin, o Mimi cómo suelen llamarme mis alumnos.


Jungkook sintió su cara arder y no se equivocó. Tenía el rostro al rojo vivo lo comprobó cuando escuchó la risita del lindo maestro.


—Sobre lo del cuento, yo espero no haberte hecho sentir incómodo. Yo... -


—Tranquilo, todo está bien. - suspiró —la creatividad e imaginación de los niños es increíble. - afirmó.


Doble ohhh...


—Lamento si ese relato pudo haberle ocasionado algún problema.


Jimin negó con la cabeza


—Está todo bien, no te preocupes. - se apresuró a responder —de hecho me sorprendió todo lo que captó Soobin cuándo preguntaron por mi vida antes de llegar a la escuela.


Jungkook suspiró esbozando una cálida sonrisa. Porque si Park Jimin es igual al Mimi de su cuento, quiere decir que el joven maestro es soltero, tiene veinticuatro años y tristemente sus padres fallecieron cuándo apenas era un niño siendo criado por sus abuelos. Pero lastimosamente éstos fallecieron hace un par de años.

Ahora, Mimi se encontraba sólito en una nueva ciudad. Eso le estrujo el corazón al pelinegro. Por lo que sin pensarlo preguntó :


—Jimin, ¿quieres cenar esta noche en casa con Soobin y conmigo?, la Nana Sunny hará lasaña a petición especial de Soo - al escuchar Jimin abrió la boca bastante sorprendido. Porque es precisamente la lasaña uno de sus platillos favoritos.


Por un momento pensó antes de responder, pero al ver la mirada del pelinegro y al sentir unos pequeños brazos alrededor de su cintura. No tuvo que pensarlo más.


—Será todo un honor, Jungkook.


—¡Siiiiiiiiii! - gritó Soobin llamando la atención de sus compañeritos.


—Tranquilo, campeón - le llamó la atención.


Jimin sonrió haciendo desaparecer sus ojos con sus mejillas sonrojadas y por primera vez en mucho tiempo, el corazón de Jungkook comenzó a latir con fuerza.


Tal vez era muy pronto para pensar en un felices por siempre. Pero si de algo estaban seguros Jimin, Soobin y Jungkook, es que a partir de ese día, llegarían cosas buenas para los tres. Secretamente, sólo esperaban poder terminar cómo lo hicieron en su cuento de Navidad.


Dónde un padre amoroso, que vivía junto a su hijo encontró el amor en un buen hombre que resultó ser el maestro de su hijo. Al cuál por cierto adora.


Holis, aquí les dejo este nuevo os con temática navideña, espero les haya gustado aunque sea un poquito. Si están leyendo en este punto, no me queda más que decirles mil gracias por la oportunidad de haberlo leído.


Cuídense mucho y de todo corazón deseo que pasen felices fiestas en compañía de sus seres queridos. Desde acá les mando un beso enorme lleno de buenos deseos.


Dolly ❤️