Teñido de Escarlata (Kookmin)

Summary

¿Cómo la vida de un joven heredero se puede cruzar con la vida de un mesero? ¿Y como cambiarán cada uno la vida del otro?

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

Las mesas de marmol combinaban perfectamente con las paredes de piedra blanca. Las rosas blancas frescas en los centros de las mesas no solo aportaban el sensual aroma, si no que daban la perfecta vista que Jimin proyectaba. Puro y etéreo.


Heredar no era para todos. Solo algunos cuantos eran afortunados de heredar algo de sus padres o familiares, unos heredaban carros, otros casas, unos suertudos terrenos y/o fortuna, Park Jimin heredaba la mayor corporación de tecnología en Corea del Sur.


24 años bastaron para que Park Jimin estuviera ahora sentado en el trono. Altisonante, engreído, arrogante, eran descripciones perfectas para su persona, ¿puro y etéreo? Perfectamente sus cabellos rubios recién teñidos, junto con su blanca y lisa piel podrían dar la apariencia de una persona que algunos describirían como un ángel. Pero el no era ningún ángel.


Ahora estaba sentado en la mesa principal. en el medio y hasta arriba, en un salón de Nueva York, junto con sus padres y su hermano menor.


Cubierto de joyas, desde la punta de sus pies hasta la coronilla de su cabeza, Jimin fácilmente costaba más que la casa de muchos. Y con esa autoproclamada superioridad, vislumbraba a todos los invitados.


Su pie izquierdo tocaba muchas veces el piso, en señal de desesperación, su mano izquierda se posaba recargándose en su cabeza, aburrido, digustado, no podía dejar de suspirar y bufar cada dos por tres.


–Tu postura. –Le decía su madre, quien ni siquiera lo volteaba a ver, pero por alguna razón tenía una vista perfirerica que le permitía darse cuenta de todo lo que Jimin hacía.


Rápidamente, Jimin, rodó sus ojos y se acomodó derecho, con su postura ya corregida en 90 grados, su cabeza bien n alto, y el cuello recto.

Esperaban que por fin la comida llegara, un platillo de pato que a Jimin poco podía importarle, solo quería llegar al hotel y deshacerse de ese costoso traje.


Vio a los meseros subiendo al pequeño estrado para llegar hasta ellos, parecían estar haciendo un número, casi ensayado, por como todos entraban y se distribuían, unos traían la comida y otros vino.


Se pusieron frente a frente y los meseros con el vino dieron un paso al frente y se intercalaron para llegar cada uno a cada persona y servir el vino tinto añejo, bueno una copa de vino no le caería mal en estos momentos. Cuando su mesero llegó a el, pudo ver que era tan joven como el, y esos momentos pasaron rápidamente a través de los ojos de Jimin. Como de repente se tiñó de color escarlata, y la cara de su madre; podía ver como sus ojos se abrían tanto que parecía que de iban a salir de sus órbitas, podía percibir el grito enfurecido de su padre, y como la silla de su hermano se cayó. Vio la cara de sorpresa de los demás meseros y como el jefe de meseros se acercaba rápidamente a ellos. Rápidamente Jimin dirigió sus ojos a ver al causante del problema; por Dios, no debió hacerlo nunca.


Sus ojos estaban abiertos como platos, ojos negros, muy profundos, su boca abierta un poco, dejando entrever sus graciosos dientes frontales, una boca adornada por rosados labios, que parecían recién hidratados, el joven mesero tenía el cabello negro puro, oscuro como una obsidiana, largo, con un corte tipo flow, que enmarcaban su masculina mandíbula, un cabello ondulado, que tenía un vaivén muy particular y esos ojos de diamante negro, brillaban fuertemente, que Jimin pensó por un momento que se cegaría, por verlos.


Volteo a ver su fina camisa de seda y su saco diseñado especialmente para el, manchado de vino, y como el escarlata se impregnaba profundamente, una mancha que nunca podría borrar.


Y el estallido sucedió, el jefe de meseros se acercó y golpeó al joven mesero en la cabeza, en forma de regaño, la madre de Jimin se acercó y comenzó a gritarle, mientras que el mesero se inclinaba una y otra vez repitiendo: "Lo siento, fue mi error".


Su padre por otra parte, comenzó a despotricar, haciendo que los ojos del mesero se aguadaran.


–Por esto la gente pobre no debería estar cerca de la gente con clase, mira lo que hiciste niño tonto, ¿si te demando ahora quien te salvara?–Jimin solo veía como el mesero se inclinaba una y otra vez. El jefe de meseros también lo hacía y decía: "Es mi error no lo entrene bien, lo sentimos mucho". –Discúlpate correctamente,–El padre de Jimin se acercó rápidamente al mesero, una vez frente a el, con su dedo índice, comenzó a darle golpes en la cabeza.–Quiero que te disculpes con mi hijo, como es, como una escoria como tú lo debe hacer.


–Si, si. –El mesero rápidamente volteó a Jimin, aún con la cabeza gacha. –Perdóneme señor Park, se lo pido de la manera más humilde que puedo, no fue mi intención, en verdad, no quería hacerlo, pero mis padres no hicieron lo correcto, y no me criaron de la manera correcta, soy un escuálido y débil hombre, que deshonra a todos...–No pudo terminar de hablar, porque el padre de Jimin nuevamente dejó caer su pesada mano sobre la cabeza del mesero proporcionándole un golpe nuevamente.


–Dije correctamente. De rodillas.–Rápidamente un seco silencio se esparció por la sala, Jimin no entendía que sucedía, le dolía la cabeza, de repente su corazón se sentia sin vida, como si no latiera.


Las rodillas del joven mesero se doblaron hasta llegar al piso, sus manos se posaron sobre sus rodillas, y le corrían pequeñas lágrimas por la línea del agua. Todo pasó rápidamente, y fue la primera vez que vio Jimin a alguien sucumbir ante el poder.


Una vez que termino y su padre estuvo satisfecho, rápidamente salieron de la escena el mesero y el jefe de meseros, los otros rápidamente fueron a terminar su trabajo y a limpiar su desastre. Jimin se dejó caer sobre su silla, y sintió cómo el desplome de alguna manera representaba su humor ese día, su día se había caído.


La cena siguió sin darle importancia al hecho que había sucedido, los demás invitados por supuesto hicieron la vista gorda, junto con los demás meseros, nadie se acordaba del asustadizo mesero, a excepción de Jimin, que no podía dejar de pensar en esos diamantes negros que tenía por ojos.


Después de la cena, se procedió al brindis, donde todos le daban sus buenos deseos a Jimin y como esperaban que la compañía prosperara aún más. Jimin dibujó una tiesa sonrisa en su rostro esperando que toda la hipocresía acabara.


Cuando el reloj toco las 12 am, se detuvo, y los grandes jefes y sus esposas se retiraron dejando solo a los hijos o a cualquier menor de 35 años.


–Busca una buena prospecta para que sea tu esposa.–Le susurró su madre, dándole unas palmadas en su hombro derecho.–Ya hicimos oficial que te quedarás con la compañía, pero sin una esposa no podrás estar a cargo, ¿que rey no tiene una reina?


Lo sabía, sabía que tenía que encontrar a alguien para poder concretar toda su vida, pero no quería, se rehusaba a estar con cualquiera.


Una vez se retiraron, el salón cambió completamente de ambiente, las luces se hicieron tenues, con un tono amarillento, y música romántica comenzó a sonar, de repente como hienas, muchos ojos devoraron a Jimin, desde hombres a mujeres, muchos se le acercaron, pidiendo que bailara con ellos, otros cuantos se le acercaron de manera más atrevida, acariciando su mano, Jimin rechazó a todos los que pudo de la manera más amable que pudo. De repente se sentía fuera de lugar.


Exhausto, camino fuera del salón, en el balcón, donde no había nadie, o bueno, Jimin no esperaba que hubiera alguien, entre la luz de la luna vislumbró una figura masculina recargada en la pared, fumando un cigarrillo.


Sus ojos se cruzaron con los de Jimin, era el, el mesero. Jimin de alguna manera se sintió cohibido viéndole ahí, tenía su camisa blanca arremangada hasta los codos, y aún portaba su mandil en la cintura.


–¿Porque viniste?–Por fin dijo el, con una voz gruesa, pero suave, una extraña y exquisita combinación.


–Yo...–Por un momento Jimin sintió que su palabras se le atragantaban.–Necesitaba aire fresco.


Pasaron segundos donde el mesero observó a Jimin detenidamente, sin decir ninguna palabra y sin darle otra calada al cigarrillo. Después, lo dejo caer en el piso y lo aplasto con su pie izquierdo.


–Me llamó Jungkook.


–¿Eh?–Esperaba un insulto o tal vez le pediría que se vaya del lugar.


–Mi nombre, el hombre que se arrodilló ante ti también tiene nombre; me llamo Jungkook.


–Oh, si, sobre eso, lo siento.


–No pasa nada, es normal que los de tu tipo piensen que están por encima de la gente como yo, creo que lo puedo entender.


–¿A que te refieres?–Incrédulo Jimin pregunto. ¿Le estaba tomando el pelo?


–Olvídalo.–Jungkook se acercó peligrosamente a Jimin, y le susurró en el oído.–Me voy de aquí.


Una canción americana romántica sonaba de fondo, venía del salón, podía escuchar la suave voz masculina mezclándose con los instrumentos de fondo, y prontamente el corazón de Jimin latió rápidamente.


–¡Espera!–Jimin se giró sobre sus talones, timándole del brazo.


Jungkook le volteó a ver con una mirada que Jimin nunca pudo descifrar, no sabía que lo movía a ser tan osado, pero ahí estaba con ojos suplicantes y tomándole del fuerte brazo.


–¿Que quieres? –Preguntaba Jungkook confuso, ante su mirada Jimin solo era un escuálido ricachón, que disfrutaba de humillar a los demás.


–Baila conmigo.–Dijo por fin Jimin.


¿Bailar? Jungkook no podía creer lo que escuchaba, ¿Porque quería que bailara con el?


–No sé bailar.–Respondió.


–No importa, yo te enseño.–Dijo rápidamente Jimin.–Sólo, no te vayas.


Y Jungkook no sabía porque, pero se quedó.


Jimin procedió a sacarse el saco oscuro quedando solo con su suave camisa de seda, con una gran mancha escarlata en el pecho. Eran muy diferentes uno del otro, Jimin era blanquísimo, sin ninguna marca en su piel, su cabello bien peinado y cortado perfectamente, era rubio vainilla que combinaban perfectamente con sus ojos color miel. No era muy alto, y su cuerpo era delgado. Jungkook por otra parte, era su contraste absoluto, su cabello era oscuro como la noche, rebelde, su piel no era precisamente blanca, si no que una suave capa de bronceado la adornaba, sus ojos oscuros adornaban su estructura facial. Su cuerpo era grande, parecía que iba mucho al gimnasio, y además de eso era alto.


No sabían bien como habían llegado a eso, Jimin puso su manos sobre el duro pecho del contrario, viendo fijamente los botones de plástico que están cosidos en su camisa, Jungkook le veía desde arriba, a sus fosas nasales le llegaba el olor a fresa del champú de Jimin.


Deslizó sus manos hacia los costados de Jungkook, dirigiendo sus manos a las del contrario, levantó su mirada, encontrándose con la del más alto. Mientras se veían, Jimin dirigió la mano derecha de Jungkook a su cintura, y la otra la deslizó igualmente a su cintura. Jimin por su parte dejó sus brazos caer alrededor del cuello de Jungkook.


–Solo sígueme.–Susurró quedito Jimin, como no queriendo que nadie mas lo escuchara. En esos momentos solo eran el y Jungkook.


Jimin y el.