Si decido esperarte •|Daniel Gal|• SAGA WIPLASH #1

Summary

“Y si espero un poco más, quizás tú estés lista... Y si espero un poco más, quizás tú vuelvas... Porque yo esperaría por siempre para que Tú regreses a mis brazos...”

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

En el inicio no había tantas cosas, eras apenas una niña de 10 años, sin amigos de tu edad en el vecindario, hasta que llegó él.


Fue un día de verano. Estabad sentada en la acera de tu casa, la gente iba pasando, saludabas a los conocidos, pero no había nada interesante salvo una cosa: un camión de mudanza a tres casas de la tuya. A


Supiste el instante que querías adelantarte al ritual de bienvenida de tu madre, ese que llevaría a cabo una vez que se enterara que había nuevos vecinos. Te tomaría de la mano para ir con ella y diría que, en caso de que haya niños en casa, tú serías una compañía perfecta; sostendría en la otra mano algún pastel barato y diría que ella lo hizo, ¿Por qué? estabas harta de aquello, por lo que mejor decidiste tomar tu bicicleta y acercarte al camión.


Arriba había alguien, un pequeño, o eso parecía. Tenía la altura de un niño de 12 años pero por un momento te pareció más alto. En las manos llevaba una caja que fácilmente podía cargar y, de pronto, volteó. Te concentraste tanto en querer verle la cara que perdiste el control de la bicicleta y caíste al piso a unos cuantos metros del camión.


Trataste de no llorar, ¿qué podría decir el si te vea llorando? sentías arder tus rodillas, y con los ojos en el piso lograste ver unos zapatitos color azul corriendo hacia ti.


—¿Estás bien? ¿Te lastimaste?


Y ahí, no pudiste contener temas y lloraste. Las lágrimas acumulaban tanto en tus ojos que no te permitían siquiera mirar aquel pequeño.


—Ven, mi mamá sabrá que hacer.


El nerviosismo en su voz te hizo notar que quizás él tampoco sabía que hacer, pero ir con un adulto no era tan mala idea, al menos, no en ese momento.


Era extraño. Nadie se había preocupado por ser tu amiga o amigo, a excepción de Elena, la única niña en la escuela que era tu amiga.


De cualquier manera, aquel vivaracho chiquillo te levanto del suelo puso tu bicicleta en las escaleras del pórtico de su casa y te invito a entrar.


—¿Daniel?


Daniel, pensaste... qué bonito nombre


—Mamá, traigo a una amiga, se cayó de la bici.


Viste aquella mujer salir de alguna parte de la casa. Era alta, la estatura común de un adulto y te pregunto cómo te llamabas.


—Ana Sofía.


Te sonrío y te dijo su nombre: Verónica.


Se encargó de ayudarte, al parecer era doctora y Daniel fue detrás de ti todo el tiempo, así podrías verle mejor la cara. ¿Cuándo? cuando fuera, eso no te preocupaba... ¿No?


—¿En dónde vives, Ana Sofía?


—A dos casas de aquí.


La conversación te distraía, hacia que olvidarás un poco que te estaba doliendo.


—¿Qué edad tienes? — te preguntó mientras te colocaba una curita en la rodilla.


—Diez.


—¡Yo tengo once!


Y fue en ese momento que finalmente le viste la cara. La nariz ligeramente redonda pero respingada, las cejas bien definidas y poco pobladas, las pestañas largas caían sobre sus ojos color café oscuro; las mejillas redondas y un poco abultadas

Era delgado para su edad pero también era alto, lo suficiente como para poder trepar un árbol sin problemas o para alcanzar los pedales de la bicicleta.


—Van a ser buenos amigos. — Te sonrío su madre, mientras tú por dentro pedías que así fuera.