Chapter 1
Me encuentro sentado en un pequeño café con vista a la playa. La brisa del mar acaricia mi rostro con su sabor húmedo y salado, y yo recuerdo que, por más superficial que sea Hollywood, vistas como estas no hay en Suecia. Las gaviotas vuelan hacia la playa, donde la gente toma sol, nada y descansa, aunque sea dia de semana. Es que esta demasiado bonito para estar adentro. Me he tomado la libertad de ordenar por Seokjin antes de que llegue. Después de tantos años de conocerlo, sé que va a querer un mojito. También sé que la puntualidad no es uno de sus puntos fuertes.
La camarera es bonita y me sonríe cuando trae orden. Tal vez esté coqueteando, pero yo no estoy de humor. Hace años que no estoy de humor.
Mientras espero a mi manager y mejor amigo, alguien se queda pasmado ante mi presencia. No puedo negar que eso le hace bien a mi ego.
–¡No puedo creerlo! ¡Jeon Jungkook!
El hombre regordete con camisa de estampado hawaiano grita al verme. Lleva de la mano a un niño de diez años con expresión molesta y camiseta de El Hombre Araña. No tiene idea de quién soy, y tampoco le importa.
–En persona.
Le sonrío en respuesta, y me quito las gafas de sol.
–¡No puedo creerlo! ¡He visto todas sus películas! El luchador rubio, el Implacable, el Héroe del infierno. ¡He visto Venganza Marcial más de diez veces! Incluso me sé los diálogos de memoria.
Bueno, tampoco es que hay mucho diálogo que memorizar en mis películas, pienso. El niño bosteza y jala del brazo de su padre, aburrido.
–Se lo agradezco mucho, No estaría donde estoy sin ustedes.
Estrecho la mano del hombre y sus ojos brillan. Busco mi bolígrafo en el bolsillo de mi pantalón y luego recuerdo que ya no estamos en los noventa y la gente prefiere una selfie a un autógrafo.
El hombre regordete ya está sacando su móvil de su bolsillo con dedos ansiosos. Me pongo de pie y poso junto a él para la foto. Tengo que encorvarme para que ambos salgamos en cuadro. El hombre estrecha mi mano una vez más, su palma está sudorosa. Me agradece mil veces más mientras su hijo lo jala del brazo con todas sus fuerzas. Finalmente ambos se alejan hacia la playa.
Es gracioso; una década atrás me fastidiaba dar autógrafos. Los fans me llegaron a fastidiar con sus insistencias ¡Es que en los noventa yo no podía poner un pie en la acera sin tener fans y paparazzi persiguiéndome! Creo que esa fue una de las cosas que desgastó mi matrimonio; mi constante irritabilidad. Ahora me siento agradecido si alguien recuerda quien soy.
Aunque muy en el fondo se, que no me recuerdan a mí. Recuerdan al Implacable, al Luchador Rubio. A mi ni siquiera me conocen.
–¡Hey, tipo duro!
Jin me saluda al llegar. Palmea mi hombro a modo de saludo y toma asiento. También está usando una de esas ridículas camisas hawaianas y bermudas blancas.
–Perdona la demora.
–Ya estoy acostumbrado. Te he ordenado un mojito.
Digo mientras le doy un sorbo a mi zumo de naranja.
–Y como siempre, tu no tomas alcohol.
–No es bueno para entrenar.
Le digo, como le vengo explicando desde que nos conocimos, más de veinte años atrás. Aunque en realidad,ni sé para qué sigo entrenando. No he actuado en años. pero mantengo mi rutina desde los dieciocho años "Levantarse al amanecer, correr, pesas, técnicas de piernas, de brazos, flexiones." Supongo que, si dejo de entrenar, ya no tendré motivos para salir de la cama cada mañana.
–Bueno muchachón, te tengo una noticia que te hará flipar ¿Estás listo?
Jin se quita sus gafas de sol y las arroja en la mesa.
–¿Me has conseguido trabajo?
–No un trabajo ¡El trabajo que hará que tu carrera resurja de sus cenizas como el puto ave fénix!
Jin saca de su bolso un guión impreso en papel blanco. Me lo entrega y yo comienzo a hojearlo.
Confieso que no estoy muy emocionado; el tiempo me ha enseñado a no ilusionarme cuando me entregan un guión. Lo máximo que Jin me ha conseguido en los últimos años son publicidades de seguros de autos, o cameos ridiculizado a mis personajes clasicos en películas donde el protagonista es alguien más joven.
Hay que comer ¿no es cierto?
Pero a medida que paso las hojas, veo que este guión es diferente. No es una publicidad, ni tampoco hay escenas de acción. De hecho, hay DEMASIADO diálogo, y pocos personajes y locaciones.
–No entiendo.
Le digo mientras sigo hojeando el guión.
–¿Esto es una película de acción?
–Es un policial noir, querido. Lo que significa que vas a tener que actuar más y lanzar menos patadas. Va a estar dirigido nada más y nada menos que por Jung Hoseok, y tú serás el co-protagonista.
Jin le da un sorbo a su mojito, orgulloso.
–¿Jung Hoseok? Recuerdo que me había llamado mono analfabelto en el 95.
Suspiro.
–¿Y quién es el protagonista?
–Park Jimin.
–¡¿Park?! ¿El inglesito pretencioso y maricón?
Arrojo el guión sobre la mesa perplejo. Inmediatamente, el rostro de Park aparece en mi mente, con sus gestos amanerados y su sonrisa suave.
–Escúchame, Jungkook, vas a tener que dejar de hacer esos comentarios. Justamente es una de las razones por las cuales no consigues trabajo. A la comunidad LGBT no le gusta la representación que tiene en tus películas.
–¿De qué hablas? ¡Si no hay personas LTG...o como mierda sea, en mis películas!
Elevo mi voz y la gente de las mesas contiguas gira para mirarme por un segundo. Ninguno me reconoce.
–Exacto. No hay gays en tus películas, excepto como recurso cómico. Y los personajes femeninos solo están para que tu los rescates o folles. Las feministas tampoco están muy felices con eso. Entiendo, Jungkook, toda esa imagen del super macho alfa era bien vista en los ochenta y noventa, pero los tiempos han cambiado. Tienes que cambiar con los tiempos tú también, si quieres sobrevivir.
Suelto una maldición en sueco por lo bajo. Hace años que vivo en América, pero de tanto en tanto se me escapa mi idioma nativo por lo bajo. Usualmente cuando estoy demasiado furioso.
–Si, pero ¿Park Jimin?
Refunfuño.
–¿El muchacho interpreta Shakespeare y ahora va ser policia conmigo?
–Quiere abrirse en el mercado estadounidense. Y va a interpretar a tu compañero, para ser exactos. El film trata sobre una serie de asesinatos en la comunidad travesti, tu personaje y el de Park son dos detectives que deben investigar y encontrar al asesino.
–¡¿Travestis, además?! Dios mio, Jin, ¡ahora me dirás que hay una escena en la cual Park y yo nos besamos!
–No te hagas ilusiones.
Jin ríe y termina su mojito. Le hace una seña a la camarera para que traiga otro. Y yo estoy reconsiderando ordenar algo de alcohol.
–Además, por la suma que te van a pagar, yo me pondria en cuatro patas si el director me lo pide.
Luego Jin saca un cheque de su bolsillo y me lo entrega.
–Tal vez esto te haga cambiar abandonar los prejuicios.
Me guiña el ojo.
A decir verdad, es el monto más generoso que he recibido en décadas. Aún más generoso que cuando estaba en la cima como heroe de accion. Pero todavía tengo un nudo en mi estómago, algo que no me deja tranquilo.
–Mira, Jin. Te lo agradezco mucho, pero no creo poder hacerlo. Simplemente no me siento cómodo con alguien como Park, somos demasiado diferentes ¿No podrías conseguirme una buena película de acción a la antigua?
–Creo que no estas entendiendo el punto, Jungkook. Mira, estas en gran estado físico pero ya tienes cuarenta y cuatro años, nadie quiere ver un héroe de acción de esa edad. Además, tampoco quieren ver actores haciendo sus piruetas, todo es CGI ahora. Esta es la movida inteligente.
Jin le da unos golpecitos al guión sobre la mesa.
–Esta es una película seria, con argumento, que podría levantar tu carrera y acabar con esos rumores de que eres homofóbico. Admítelo, ya estás viejo para el cine de acción. Esta es tu oportunidad de transicionar al cine más serio. Podrás probarle al público que eres más que unos músculos... y mejores papeles vendrán después.
Suspiro, frustrado.
¿Realmente soy más que unos músculos?
–Mira, muchachón, es esto o volver a Suecia y dar clases de artes marciales para mocosos insoportables.
Jin sentencia mientras termina su segundo mojito.
–Lo dices como si fuera algo malo.
Protesto.
–Jungkook, eres un actor. No puedes negarlo. Sé lo feliz que te sientes frente a las cámaras, como cambia tu disposición cuando estás trabajando en un proyecto. No he visto ese entusiasmo en ti en años. Honestamente, creí que estarías feliz con esta propuesta. Que te daría un empujón para salir del pozo depresivo.
–No estoy deprimido.
Jin arquea una ceja. Es imposible engañarlo después de tantos años trabajando juntos. Creo que mi carrera no habría sido lo que es sin la ayuda de Jin.
–¿Cuándo fue la última vez que has follado?
Me pregunta.
–Eso no es asunto tuyo.
Protestó una vez más, luego confieso.
–Demasiado. Simplemente no tengo ganas.
–Eso es un síntoma de depresión. Y un total desperdicio. Si yo tuviera ese físico...
–¿Park te ha pegado lo maricón, acaso? Además, en mis tiempos de héroe de acción consagrado he follado lo suficiente para dos reencarnaciones.
–Nunca es suficiente.
Jin ordena su tercer mojito. Yo aun no he terminado mi zumo de naranja.
–No me digas que aun estas enamorado de JiEun...
–No. De hecho, creo que nunca lo he estado.
Respondo con seguridad. Una de las pocas cosas en mi vida de las que me siento seguro. Recuerdo al hijito del fanático hace media hora y agradezco que JiEun y yo no hayamos tenido hijos.
–¿Entonces, lo harás? Porque, literalmente hay actores arrancándose los ojos por este papel.
Jin interrumpe mis pensamientos con insistencia.
–De acuerdo. Déjame el guión para estudiarlo.
Suspiro.
–Bien.
Jin exclama satisfecho. Termina su trago y se levanta de la mesa.
–Te enviare los contratos para que firmes.
Y yo quedo solo, contemplando el rosado atardecer y el suave oleaje. Debería estar feliz, pero el nudo en mi estomago no me abandona.
Tampoco la imagen de Park Jimin, con su sonrisa de lado y sus ojos verdes.