1
Permítanme presentarme, mi nombre es Asmodeo. Soy lo que ustedes llaman demonio; un espíritu del mal que corrompe los corazones de los mortales. Desde el principio de los siglos me han asociado con la lujuria, en concreto con la lujuria que los hombres sienten por otros hombres. Históricamente, yo soy el culpable cuando un hombre siente ese irrefrenable impulso de fundirse con la carne de otro hombre.
Aunque para ser honesto, muchos hombres sienten ese impulso sin necesidad de que yo intervenga.
Pero me gusta intervenir. Es la única diversión que un demonio tiene en estos tiempos escépticos.
En este siglo, los hombres ya no condenan la homosexualidad como antes. Todavía hay crímenes de odio contra los gays ,de los cuales yo nunca formo parte, pero en gran parte el mundo Occidental ha cosechado más tolerancia que hace décadas atrás. Y de hecho, la mayoría de los humanos niega mi existencia.
Lo cual hace de mi vida algo muy aburrido.
Y cuando me aburro es cuando los problemas comienzan. Por lo menos para los hombres que se creen a sí mismos heterosexuales.
En un principio me gustaba aparecerles en sueños y darles la pesadilla más erótica que sus febriles imaginaciones podían concebir. Por la mañana despertaban cubiertos en sudor y en su propio semen, y cuestionando su masculinidad. Pero como lo disfrutaban.
Por supuesto mis fechorías eventualmente provocaron mi persecución por parte de ángeles y hombres de la Iglesia. Hubo décadas en las cuales estuve tan débil que ni siquiera podía penetrar lo sueños de los mortales. Pero no en este siglo. El siglo XXI me ha encontrado con más fuerzas y ganas de follar que nunca. Por algún motivo el hecho que la gente no crea en mi existencia me ha dado más energía.
Hoy por hoy no necesito aparecerme en sueños;puedo adoptar cualquier forma humana que quiera. Mi favorita es la de un hombre alto, de hombros anchos y brazos torneados, y con cabello negro como la noche. Mi piel es pálida como la porcelana y mis ojos verdes como dos esmeraldas que brillan en la negrura de la noche. Tengo piernas largas y fuertes, y una voz grave y aterciopelada que provoca escalofríos tanto en hombres como en mujeres. Pero los hombres son mis favoritos (tengo una reputación que mantener después de todo, y la verdad que ser llamado El demonio de la homosexualidad me parece muy divertido). Y por supuesto, tengo una polla enorme.
A veces me gusta tomar la forma de un hombre rubio de cálidos largos, o de un moreno con sonrisa irresistible. Lo de la polla enorme es igual en todos los casos. Pero la forma humana que he descrito al principio es mi favorita, y con la que mejores resultados obtengo.
Me gusta tomar aquella forma y entrar en algún antro nocturno, donde el olor a alcohol y ansias de sexo inundan el ambiente. Me abro paso entre la multitud como un depredador hasta que encuentro a mi presa. Generalmente es un hombre joven en búsqueda de alguna fémina para follar. Está muy orgulloso de su virilidad, pero en cuanto sus ojos se encuentran con los míos, la confusión lo invade. Amo ese momento, cuando todas las barreras que han levantado caen hechas pedazos. Todos se resisten al principio, luchan contra su propio deseo con ansias ardientes. Es algo tan típico de los humanos...
Pero yo contraataco, con mis suaves roces y mis sonrisas inocentes. Siempre la suavidad es un ataque mil veces más poderoso que la violencia. Les susurro alguna guarrada al oído,mientras acerco mi cuerpo al de ellos y les hago notar la dureza de mi miembro contra sus muslos o nalgas. Difícilmente se rehúsan a ello. Algunos dan pelea, me empujan o incluso tratan de golpearme y echarme del club. Pero pocos minutos después ya estamos follando en el baño o en el callejón.
Pocas cosas disfruto más que ver sus rostros acalorados mientras les entierro mi polla bien duro hasta el fondo. Contemplar cómo el hombre que hasta diez minutos atrás se decía hetero ahora estaba suplicando por que lo folle más rápido, con lágrimas de dolor y placer resbalando por sus mejillas. O como envuelven sus labios en mi miembro hasta atragantarse como si sus vidas dependieran de eso. O esa mezcla de satisfacción y confusión cuando mi semen caliente enchastra sus caras.
Creo que este es buen momento para aclarar algo; si bien soy un demonio muy poderoso, jamás violo el libre albedrío humano. Mis armas de seducción son imbatibles, y aun asi, jamas he actuado contra la voluntad de nadie. Jamás me he acercado a un hombre completamente heterosexual, si tal cosa de veras existe. En todas mis víctimas hay una chispa de curiosidad latente torturándolos en secreto. Una chispa que yo disfruto en convertir en un incendio fuera de control. Yo los libero de la prisión que ellos mismos eligen.
De hecho, creo que es injusto catalogarme de demonio. Ellos brindan caos, guerra y miseria entre los humanos. Yo simplemente les brindo placer y orgasmos. El mundo estaría mejor con más orgasmos. Hasta podrían decir que soy un humanitario.
Pero me estoy yendo por las ramas. Eso siempre pasa cuando hablo de mi tópico favorito, o sea yo.
Hoy quiero contarles la historia de Jungkook y Jimin, una de mis victorias más satisfactorias, y que espero les brinde tanto placer a ustedes como a mí.
Ellos eran dos muchachos del Siglo XXI que sentían un profundo deseo el uno por el otro. Rara vez había percibido yo una energía tan intensa y voraz entre dos personas. En un principio, yo me había interesado solo por Jungkook. Quería hacerlo mío a como dé lugar.
Una noche él salía del gimnasio usando una sudadera azul que revelaba unos bíceps fuertes y cubiertos de sudor. Eso, sumado a sus ojos café y su barba incipiente era una combinación irresistible para mí. Lo esperé unas aceras lejos del gimnasio, listo para hacer mi movida, cuando vi a un muchacho rubio esperándolo en motocicleta. Era Jimin.
Al verlos juntos, me di cuenta que había algo más que simple lujuria entre ellos. La forma en que se hablaban, como reían juntos, como cada uno admiraba los labios del otro cuando creía que no estaba mirando. Y por supuesto, los golpes en la espalda y chistes obscenos. La clásica conducta que tienen los hombres supuestamente heterosexuales cuando quieren demostrar afecto y al mismo tiempo ocultar la calentura entre ellos.
Sin embargo, Jungkook y Jimin se rehusaban a dar rienda suelta a su pasión. Me preguntaba por qué dos muchachos adultos, en una época y país donde la homosexualidad no era tan mal vista, se reprimían tanto. Especialmente cuando su deseo era tan grande, y ya llevaba años cultivándose. Abandoné mi forma humana y comencé a observarlos día y noche desde las sombras.
Jungkook, de 26 años ya tenía su propio piso. Y Jimin de 23 vivía en la residencia de la Universidad, donde cursaba la carrera de arquitectura. Habían sido amigos desde la preparatoria, a pesar de su diferencia de edad. Y a pesar de ser dos jóvenes perfectamente sanos y fuertes, vivían presas del miedo. Miedo al qué dirán, miedo a ser gays, miedo a arruinar su amistad de años...
Si hay algo que me indigna más que un hombre hermoso negando sus propios deseos, es ver a dos muchachos hermosos reprimiendo su amor por una estúpida convención moral humana. Y si, he usado la palabra amor aquí, porque no hay otra manera de describir lo que Jungkook y Jimin sentían el uno por el otro.
Así que decidí intervenir. Y de paso, divertirme un poco con los dos muchachos.
Pero antes debía idear un buen plan. Unir a Jungkook y Jimin era un proyecto tan delicioso como ambicioso, y debía tener cuidado. De nada serviría aparacerme ante ellos en forma humana; mi deseo era que follasen entre ellos, no conmigo. Además, estaban tan embelesados el uno con el otro que hasta probablemente me ignorarían. No, debía intervenir sin que ellos notaran mi presencia. Tampoco serviría de mucho aparecerme en sus sueños.
Finalmente, me decidí por un viejo clásico; la posesión humana. La sola idea me emocionó por completo; hacía siglos que no poseía un cuerpo humano. Ya había olvidado lo divertido que era. Mi plan entonces sería ir alternando entre poseer a Jungkook y poseer a Jimin, hasta que los dos cabeza duras aceptaran sus sentimientos el uno por el otro y olvidaran esa tontería de la heterosexualidad.
Los dos muchachos eran ateos, así que ninguno jamás imaginaría estar poseído por un demonio. Y los exorcismos en el siglo XXI no eran más que el argumento de alguna película de terror, así que no había riesgos de algún sacerdote molesto tratando de expulsarme.
Y lo mejor de todo, era que así yo tendría la chance follar con ambos....