I
Seungmin fue hijo del Gran rey Woojin. Woojin lo adoraba por su belleza, por su piel delicada y suave, por que sus ojos reflejaban la luz de las velas y la luz del oro que adornaban su rostro.
Aunque fuera varón el príncipe al ser dotado de belleza, también poseía una enorme valentía, pero nunca fue a la guerra y tampoco participó ni entrenó como los otros príncipes por un pequeño e insignificante cambio en su interior...
Un día una gran sequía agotó los campos del país. La gente sufría hambre y el Dios de las siembras y de las cosechas, para aplacar su ira, pedía que se le entregarán a las jóvenes más hermosas del país.
Veinticuatro sacerdotisas, todas niñas, esbeltas, sanas y Bellas, debía tener el Dios a su servicio para que las cosechas se dieran abundantes.
Pero poco tiempo duraban las niñas en el templo, pues cuando comenzaban a perder la juventud, el Dios, que no quería ver la vejez sino la belleza, las ocultaba en un monasterio al pie del templo.
Woojin no quería separarse de Seungmin, el Dios había sido claro quería al joven entre las muchachas que debían ser enviadas al templo, pero el pueblo le rogó al rey que lo hiciera, y el niño no opuso resistencia aún con la condición en los mandatos del Dios aceptó ir, dejando a su padre acongojado de la pena pero con un corazón alegre.
Se puso las ropas que le habían dado y los adornos de plumas y turquesas que acostumbraban lucir las sacerdotisas por que aunque era varón era obligación suya lucir con las vestimentas sagradas, empezó a aprender las danzas y los ritos del templo y prometió pasar su vida al servicio del Gran Dios. No había habido una doncella que lo hiciera con más gracias y más devoción que él, a pesar de su condición masculina, su fina figura relucía en cada danza y su dulce voz en cada rito.
Un día un hacendado noble y joven, llamado Hyunjin, subió a lo alto de la montaña para pedir ayuda al gran Dios de la siembra. Sus cosechas se estaban secando y estaba desesperado.
El joven se arrodilló y trató de orar, pero el baile de Seungmin no se lo permitió.
"No me dejes caer en la tentación" Le rogaba al Dios días después.
Pero fue en vano, el recuerdo de Seungmin y su servicio sagrado no lo abandonaban, y hasta en sueños lo veía bailar.
El joven subía cada noche al monasterio y luego al templo. Esperaba el culto que se celebraba antes del amanecer y volvía a bajar a la salida del Sol.
No le importaba ya que la lluvia hubiera empezado a caer, y no regresó a sus haciendas.
La gente, sorprendida, empezó a cuchichear, y los sacerdotes del rey lo llamaron para que explicara sus continuos paseos por el templo.
Entonces Hyunjin reveló los sentimientos que lo llevaban a las alturas.
"Quiero pedirles que me concedan como esposo al joven Seungmin. No puedo seguir viviendo sin él. El gran Dios de la siembra ha hecho llover y estoy seguro que no me negará"
Los viejos sacerdotes no comprendieron el atrevimiento del noble Hyunjin.
"¿No sabes acaso? " Le preguntaron.
"¿Qué el joven no debe casarse jamás, como una sacerdotisa? ¿No te das cuenta de que pondrás en peligro todas las cosechas del Reino? ¿No sientes vergüenza ante la Majestad del Dios y de nuestro rey? "
"Quiero hablar con el padre de Seungmin" Contestó el joven, "Pertenezco a la familia más poderosa de su reino y no soy menos que él"
Más el rey lo recibió con cara severa. "Seungmin ya no pertenece a esta tierra. Él debe servir al Dios durante toda su vida", le contestó.
Hyunjin estaba desesperado. No podía dejar de pensar en Seungmin y siguió escalando la montaña para mirarlo durante el servicio sagrado; sólo de noche se atrevía a subir aquel camino que conducía al templo.
Una noche el pequeño elegido salió del templo y se encontró con el joven, que en ese momento se aproximaba.
"No puedo seguir viviendo sin ti", le dijo Hyunjin contandole sus sufrimientos y expresándole su amor.
El príncipe lo escuchó con la cabeza inclinada. Después lo tomó de la mano, lo llevó al templo, se arrodilló ante la imagen del Dios y le pidió perdón.
"Deseo dejar el servicio del templo. No me castigues por lo que hago, ni dejes de bendecir nuestras cosechas. Se que soy malo y desobediente, pero me duele el corazón y sé que moriría si no me dejaras ir"
Y al terminar su plegaria dejó sus preciosas ropas sobre las piedras y salió corriendo del templo.
Hyunjin y Seungmin sabían que jamás podrían dejarse ver en el Reino de Woojin, así que huyeron al monte, escondiéndose de día y hablando de las cosas que les gusta y disgusta, el como el príncipe se daba cuenta de la presencia del joven haciendo sonrojar al mismo, y caminando de noche. Al fin se detuvieron e hicieron una cabaña; esta era muy pobre, pero no les importaba.
Estaban felices de estar juntos. Hyunjin cazaba animales en el monte y se los traía a Seungmin, y él preparaba la comida y ambos lavaban la poca ropa que habían llevado, de vez en cuando el joven noble enseñaba al príncipe a cazar y métodos de supervivencia.
Pero su felicidad no iba a ser duradera. El rey envió cientos de soldados a buscarlos y por fin los encontraron.
Hyunjin trató de defender a Seungmin, pero al fin lo abatieron y cayó muerto. Eran demasiado enemigos. A Seungmin y al pequeño hijo que había nacido los hicieron prisioneros y los llevaron al Palacio de Woojin.
El rey no pudo contener las lágrimas cuando vio a Seungmin con su hijo en brazos.
Este no había probado comida desde la muerte de Hyunjin, y sus ojos expresaban una profunda tristeza.
"Separen al niño de su padre" Ordenó el rey. "Lleven al príncipe a sus aposentos y déjenlo allí encerrado".
El rey pensó que el pueblo iba a olvidar al príncipe, pero no fue así. La sequía amenazaba nuevamente a las cosechas y no caía ni una gota de agua.
"El Dios de las siembras está enojado porque el príncipe infiel que lo traicionó sigue con vida. Pedimos que lo maten y le saquen el corazón", clamaba el pueblo.
Más el rey no permitió que mataran a su hijo; ordenó que lo llevarán al monasterio y lo encerrarán en una torre, que sólo tenía una pequeña ventana por la cual no entraba mucha luz .
El padre no quería que el sol volviera a ver a su hijo otra vez, y Seungmin tampoco se atrevía a mostrarle la cara. Al contrario, se escondía en la oscuridad y sólo se acercaba a la ventana y buscaba en el cielo la única estrella que podía ver.
Seungmin no comía; estaba pálido y delgado, y las mujeres que le traían el alimento tenían que llevárselo nuevamente.
Una mañana sucedió algo inesperado. El príncipe desapareció y los guardias no pudieron encontrarlo.
Buscaron por todas partes, más lo único que encontraron fue una mariposa posada sobre la ventana de la torre.
Era la mariposa más grande y hermosa que jamás habían visto: sus alas eran de un azul oscuro luminoso y llevaban un borde de oro. Sin embargo, cuando trataron de atraparla, la mariposa huyó y desapareció.
Al cabo del tiempo la mariposa volvió a dejarse ver. Venía de noche, con las brisas del mar, entraba a las casas, buscaba las alcobas de los niños, miraba sus rostros y salía otra vez.
"Seungmin está buscando a su hijito", decían las personas, y también decían que para ayudar a Seungmin las estrellas habían hecho sus alas del manto de la noche, y luego las habían bordado con su luz.
Y aún lo dicen, especialmente cuando en las noches tibias las estrellas parecen contar el cuento del desafortunado príncipe.
Pero no se preocupen que aunque no haya tenido un final totalmente feliz, se rumorea por ahí que el pequeño príncipe lo volvió a encontrar, encontró su felicidad nuevamente.
¿Creen en la reencarnación?
Un final no es en sí la terminación de una historia, es solo el principio de otra...








