Modelo / Mile Apo by ♡ at Inkitt
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Modelo / MileApo

Summary

˗ˏˋ Momentos que comienzan desde un artista y el retrato, y un modelo que solo debía favores. ˎˊ˗

Genre
Romance/Other
Author
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

𓆸 ᴘᴀʀᴛᴇ ᴜɴɪᴄᴀ﹕




En el salón de clases había veinte personas, en el centro de la habitación se podía apreciar un colchón en la mesa rectangular. Algunos de estos supieron por qué estaba, en cambio los nuevos, no.


—En esta clase veremos cómo es prestar atención a los detalles en los aspectos de una persona: la forma de sus ojos, su nariz, su boca, el contorno de su rostro. El cabello, las orejas y la silueta de su anatomía. El arte puede expresarse en letras, paisajes y dibujos. Cuando hay osadía, fervor por el trabajo, este destaca. Y cuándo esa falta, es mediocre. —sobresale con aires de grandeza el maestro. —El día de hoy, como pueden ver; una mesa está rodeada por ustedes. Una persona será el modelo para dibujar en el papel...

Y la cháchara se prolongó unos treinta minutos más. Todos el alumnado se mostraban interesados en quién sería el modelo, si era una mujer o un hombre..., lo último lo descartó. Ya que, según unos, la belleza de un hombre no lograría ensombrecer a la de una mujer que se acostara de lado en la colchoneta, con las piernas cruzadas y manteniendo su cabeza con la palma de su mano abierta, mientras su codo se apoyaba en la comodidad del relleno.

—Puedes pasar. —la voz del maestro se quedó en segundo plano cuando un joven entró en la sala dejando a pocos perplejos, pasando saliva y una persona en concreto, sonrojándose.


¿Dónde había quedado eso de que «un hombre no puede ensombrecer a una mujer por su belleza»?


—Su nombre es Apo Nattawin. Este joven será el modelo al que dibujarán. —sonrió el maestro de arte, girándose al mencionado.


Apo Nattawin...


Phakphum pasó saliva luego de sentir como sus mejillas se calentaban al observar al chico. El maestro de arte le quitaba la primera túnica oscura, dejándolo solo con una interior, la cual era de un color crema, mezclado con la tez de su tersa y morena piel, destacaba demasiado su belleza. Le desató la coleta que hace unos segundos se amoldaba en una forma de moño mal hecho. Phakphum notó un estremecimiento cuando el maestro deslizó sus manos por los hombros de Nattawin, reparando como hacía una expresión de molestia.

El aturdimiento no se iba de los semblantes de las chicas y los chicos en la habitación. ¡El joven modelo en realidad es una deidad que brillaba con una preciosidad desmesurada! La baba se les salía de la comisura de sus bocas al verlo como se acomodaba en el colchón.

Nattawin se sentía un poco incómodo, si no fuera porque le debía un favor a su frenético primo maestro de arte, no estaría haciéndola de modelo delante de varias personas. Liberó un suspiro, adecuando su cuerpo a la forma que permanecerá de lado, formando su brazo en una figura triangular como una almohada debajo de su cabeza. El otro brazo solo lo recostó en la colchoneta, apretando sus dedos en el codo que sobresalía, no antes de doblar sus piernas y abrir un poco la túnica para exponer su hombro derecho y parte de sus clavículas.


«Dios de los cielos... Por favor apiádate de mí y recuérdame no volver a pedirle un favor a este primo.»


Prontamente con su pensamiento efímero, dio un repaso a las personas que lo escudriñaban con cierto brillo en sus ojos. Pero entre ellos; un chico de camisa blanca de manga larga, con pantalón de mezclilla y roto por las rodillas atrajo su atención. Arrugó el ceño por unos minutos y ágilmente lo borro.

—El que quiera acercarse al modelo puede alzar la mano, y pasar uno por uno. —indicó el maestro, y todos subieron la mano enseguida. —Un vistazo, nada más.

Y así desfiló, una chica, pronto un chico, otra chica, otro chico... Hasta que fue el turno de Phakphum, quien inclinó un poco su cuerpo para ver el rostro de Nattawin, este se sonrojo por la cercanía, nadie de las personas que se aproximaron hicieron esto.

—En verdad eres muy hermoso. —deja escapar en murmuro, Mile, retirándose de sopetón al caer en cuenta de lo que expresó.

Las horas fueron pasando en el espacio del día. Todos encontrándose muy atentos al cuerpo de Nattawin como modelo a dibujar. Unos le sonreían, aplicando el flirteo con él, que solo volcaba los ojos y revertía la seriedad inminente. Uno que otro había dejado a medias el trabajo de esbozar el cabello del modelo, pues no dejaban de apreciar la belleza del chico que no se había movido para nada de la posición inicial, a salvo que el maestro les dijera que hicieran una pausa.

Phakphum miraba estable el cuerpo de Nattawin. La curvatura de su cintura estrecha apretada por el cinturón de tela de la túnica, las piernas largas, bonitas y esbeltas que se abrazaban, ni siquiera sus pies se quedan fuera. Los dedos en ellos poseían la altura perfecta, delgados y sus uñas cortadas con delicadeza. Lo que no podía tampoco pasar, era el hueso de sus clavículas, como su piel se hundía entre este y el cuello, así como el color de su tez. Besada muellemente por el sol.

El boceto abrió con lentitud, tomándose su tiempo para observar al chico y regresar a trazar con el lápiz en el papel. La claridad y los colores naranjas llenaron la habitación en una tarde con un clima fresco. Otoño estaba presente en la ciudad, árboles con sus copas coloreándose con tonos cafés, aloques cálidos y profundos, aceras siendo atestadas por hojas caídas de los propios. Personas vagando en las calles con cazadoras, con trajes agradables y abrigándose cálidamente.

La clase finalizó.

Todos entregaron la libreta al maestro a medida que dejaron el salón, pasándose unos breves minutos por Nattawin, agradeciéndole por mostrarse como el modelo en un día que convenía manejar otro tipo de técnicas, pero al final solo ocuparon lápices, borradores, reglas y la libreta de tamaño preferenciales para dibujos como estos.

La primera emoción no es como la que solemos tener cuando vemos una película de romance con un ambiente que silba armonía, deseo y felicidad. O al menos eso apreció Nattawin cuando Phakphum se osó a invitarlo después de dos meses que actuó de modelo en las clases. Al principio hubo decepción por ambas partes. No es que los gustos de ellos no difieran. Es que, concisamente, se sentían muy imposibles al no saber cómo desenvolverse frente a la persona.

—Ya no puedo con esto. —exclamó Apo mirando con el entrecejo fruncido a Mile. —Lo lamento. Hemos salido incontables veces que siento que lo hago para no dañarte con una negativa. No soy para nada bueno cumpliendo leyes oficiales. Te comento que hace unos días atrás, recibí al menos siete sanciones por mal aparcamiento, fui por poco a la cárcel, por oficiales enredados que averiguaban a un tipo con el mismo color de suéter que yo en el centro comercial. Me pase por el culo cambiarme de ropa delante de unas cámaras de seguridad, y todo por una mocosa que dejó caer su batido de fresa en mi ropa, por saltar inquietada en querer ver la película que se estrenaba en el cine. Mm, esta vez sí voy a la cárcel por algo. —se detuvo a pensar, subsecuentemente a eso, suspiro. —No soy una buena persona, que se diga. Odio cumplir las órdenes, las reglas y las leyes, y aún porque las soporto, no quiere decir que en algún momento por andar de idiota pagaré con la cárcel. No quiero influenciarte, ¡y no es que tenga miedo el que no te deje de gustar solo por oír esto! Simplemente... ¿Qué me viste?

Phakphum sonrió de lado.

—Las palabras correctas serían «qué fue lo que no mire». Estoy de acuerdo, nadie es perfecto, y todos nos cansamos en algún momento de nuestras vidas el cumplir las leyes y reglas de la nación, el trabajo o la escuela. No puedo juzgarte por esto. —se apoyó en la mesa, dejando caer su rostro entre sus palmas. —Ah, no creas. Puedo ser alguien tranquilo y que quiera cumplir con todo lo que me establezcan, pero si algo debo salvaguardar, son mis propias creencias y mis gustos. La primera vez que te vi como modelo, me aprisionaste de una manera encantadora, sabía que en estas presentes citas esa conducta manejable y no distraída que muestras al maestro de arte eran solo una cara más. —reconoció. —Me gustaría que fueras más, siendo tú, que fingiendo un atributo que no es tuyo. Todo este tiempo me he mostrado como soy, sin embargo, quién se muestra renuente a aceptar que esto va mal, eres tú. Pues te estas enmarañando con no aceptar que otra persona adore tú indisciplina como es.

Y la última impresión, incesantemente, es la que nos deja un mal sabor de boca. Dependiendo de cómo la alcances a manejar. Pasaron al menos dos meses para que Apo Nattawin Wattanagitiphat se tomará a la reflexión necesaria para pensar que la persona indicada, para entregar su corazón, debía aceptar todo lo que viniera de él. Hasta el minúsculo y fastidioso pormenor.

Esa noche, atrapó el teléfono de la mesa y le marcó a Mile Phakphum Romsaithong, invitándolo a salir. Para su sorpresa, este respondió con un sí, pues después de tanto tiempo, no esperaba que el otro le tuviera paciencia y no prefiriera salir con alguien más y dejarlo en el olvido.

Las siguientes citas brotaron de manera diferente a las primeras. Esta vez ambos disfrutaron la compañía del otro; riendo por las barbaridades de Wattanagitiphat, sonriendo mientras conversaban de sus jornadas en la universidad que estaban por terminar. Acompañándose, incluso en la intimidad de verse llorar frente al otro por un problema familiar, de fallecimientos que atacaron en soplos no propicios en sus vidas, abatimientos que secaron las sonrisas de sus labios. El distanciamiento que duró hasta la graduación, reencontrándose en un supermercado, en el pasillo de las chucherías. Una plática llena de recuerdos, intercambios de números telefónicos; colocándose de acuerdo para una salida espontánea, de las cuales fueron seguidas durante un año y medio.

Su primer beso debajo de un puente, donde se podía alcanzar a escuchar el bullicio de las patrullas, las cuales buscaban a un par de tontos, que trataron de ayudar a una anciana en un robo, pero la misma los culpó al final que ellos intentaron robarle.

Y luego de meses preparándose para una larga confesión, solo acabaron diciéndose: «Me gustas, y te quiero mucho», «Sé mi prometido».

Y finalmente, al cumplir tres años de relación, decidieron mudarse juntos.

Al llegar al apartamento, desató los cordones de sus zapatos, dejándolos a un lado de unas pantuflas. Se quitó el abrigo, el suéter de tela delgada, la bufanda, el gorro y los guantes que los plantó por último, ya que estos se enredaban en sus muñecas. Con pasos suaves fue ingresando a la sala y desplazándose a la habitación principal.

Antes de asaltar a la bolita de mantas y a la persona entre ellas, escogió una camiseta ancha y larga, bóxer limpios y se metió al cuarto de baño.

Tardó media hora en salir con una pequeña toalla cubierta en su cabeza, bostezando a medida que caminaba por la cama. Antes de decidirse a brincar, sus ojos se desviaron a una libreta que quedaba a poco de caerse de la mesita donde respiraba una portátil y unos pequeños peluches. La pobre libreta la había dejado a escasos centímetros de caer al suelo de madera. Con sigilo, la tomó entre sus manos y contempló cada página. Los trazos se revelaban con exquisitez y encante. Como si esta persona se tomará el tiempo para plasmar la imagen del cielo, una montaña a la perfección. Continuó ojeando, hasta detenerse en una página que se notaba vieja, pues el color de esta ya no era blanco, más se mostraba como (casi) amarillenta. Como un papel que fue precavido por años.

Regresó a colocar la libreta lejos del barranco y examinó el dibujo, abriendo los ojos y dejando de masticar el dulce que se metió a la boca después de cepillarse.

—Pensé que esto no lo vería nunca. —siseó asimismo. Un escalofrío caminó por toda su espalda al ver el retractó de su yo de diecinueve años, posando encima de ese colchón, en las clases de arte de su primo idiota.

Regresó la página a su lugar y retomó la marcha a la cama.

P’Mee... —tararea, sacudiendo el cuerpo en las mantas.

El viaje que había realizado para visitar a sus padres solo debió haber tomado al menos cinco días, pero se dio en que ese día de visita, sus demás familiares igualmente hicieron acto de aparición. Obligándolo a permanecer un par de días más, sumándole el hecho de que su teléfono cayó en una pila de excremento de los cerdos, y fue aplastado por las pezuñas de estos. No pudo notificar a su encantadora pareja que estaría un par de días en la casa de sus padres, y ni por lo menos su propia familia le extendió ayuda.

—Mn.

—Mile, he regresado. —protesta al ver que el aludido no hacía amago de querer levantarse.

Al ver esto, decidió quitarle las telas que lo encerraban, sentándose en el abdomen del adverso. El peso que reemplazó las sábanas a uno más pesado provocó que los ojos de Phakphum se abrieran de golpe.

—¡Po! —dice aturdido por despertar y el aire expulsado.

—Ah, por fin despertaste. —se queja, cruzando los brazos.

—¡Volviste! Ah... ¡No sabes la falta que me hiciste! —protesta en su acto seguido, atrapando entre los brazos el cuerpo de Apo para que se inclinara y terminará chocando con el suyo.

Y antes de que Nattawin hablará, lo besó. Recorrió con placer el interior de la calidez de la boca de su pareja, alborozado con avaricia por el contacto de su prometido que extraño en días. En un giro de movimientos, el cuerpo del menor se presionó contra el colchón, quedando por encima. Nattawin regresó el beso con mayor fruición. Al ver el cambio en ellos, descruzo los brazos y los guio al cuello de su amado, así como sus piernas rodearon la cintura de Phakphum. Sus labios se acariciaron con mesura, para luego cambiarlo a un poco de agresividad, apasionada.

El espacio se llenó pronto de respiraciones, de gemidos quedos y gruñidos bajos. La ropa fue quitándose a cada paso que sus manos viajaban en sus cuerpos, tocando cada tramo de piel desnuda. Los besos sin ser desatendidos en ningún segundo, y en cada fricción, fueron los que avivaron el impulso entre las sábanas que se derrumbaban al filo de la cama, haciéndole compañía a la ropa en el suelo.

Las embestidas comenzaron espaciosas, descansando una mano en el muslo que le pertenecía al dueño de su corazón y mente. Besos, succiones y pequeñas mordidas ataviaron el cuello de Nattawin, el cual mantenía su boca entreabierta soltando gemidos sagaces, estimulando a que Phakphum se moviera más rápido y duro. Las piernas de Nattawin volvieron a rodear la cintura de Phakphum, sintiendo como el pene ingresaba más.

Ah... Mile~ —apretó los párpados, sollozando, atrayendo el rostro de Mile cuando sentía que un gemido escandaloso cedería en sus labios.

El retrato de un modelo que posa para diversas personas en una clase de «arte de dibujo y pintura» no es solo tomar el lápiz o el pincel y dibujar como te venga en gana. Mile Phakphum, sentado en aquella silla de madera, escrutinio con detalles finos el cuerpo de Apo Nattawin, y sabía que si pretendía que el dibujo quedará como la persona en físico, tenía que apostar su creatividad y la pasión en cada rasgo. Y si en el futuro, obtenía compartir más que solo una amistad con ese perfecto chico, en su siguiente dibujo no sólo pondría pasión y creatividad, pondría su alma y corazón.




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Strong Dialog

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author

Ame el hecho de que le gusto todo de él,supo lo que se guardaba y cuando Apo se lo permitió,le dijo que debería mostrarse tal cual es...y me encanta porque justo así es como Mile le dice a Apo que lo ama,aceptando todo de él sin prejuicios ni dobles caras,solo siendo él...lo ame mucho🥰🥰🥰🥰

2 years
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