Parte uno:
—Según sus exámenes médicos, usted está en espera, señor Nattawin. —el hombre de bata blanca leyó los resultados de los papeles que sostenía en las manos. Resumiendo, en pocas palabras lo que necesitaban saber los actores frente suyo. —Por eso los síntomas, tiene dos semanas y media.
Juntos fueron al hospital, y juntos salieron sin haber sabido si respondieron al doctor. El mayor de los dos condujo hasta el apartamento del menor, estacionando el auto y saliendo para subir al ascensor. En marcha hacia su destino, se mantuvo en silencio sepulcral.
Solo hasta que entraron al hogar del menor, y se sentaron en uno de los divanes. Apo Nattawin separó los labios para hablar.
—Estoy en cinta. —murmullo. No creyendo las palabras que salieron de los labios del hombre en bata blanca.
—Dos semanas y media... —repitió Mile, fijando la mirada en el suelo, específicamente en la alfombra redonda que tenía Nattawin debajo de la mesita de centro.
Hace un mes y medio, comenzaron a grabar la película que se estrenaría el siguiente año. Y con cada mes, su relación floreció a pasos grandes y pequeños tropezones. Hablaron de sus sentimientos en aquel viaje de descanso que tuvieron con todo el reparto, confesaron con el corazón abierto y la honestidad en los labios. Tímidos, con el pulso alto, y el calor de lo ruborizado que se presentaba en su tersa piel. Dijeron lo que se estancaba en su esófago cada vez se miraban destilando profundo cariño y ternura. El hormigueo caminando en la palma de sus manos, y la sensación agridulce que se presentaba cuando alguien robaba su atención que deseaban, equívocamente, solo para ellos. En su mente sigue latiendo de manera clara el beso que compartieron a medianoche, entrelazando los dedos de sus manos y suspirando cálidamente.
—Por eso me he sentido, extrañamente, más enfermo y cansado de lo normal... —estrujó los labios, llevándolos hacia adentro, lamiendo verticalmente con su lengua la resequedad en ellos.
—Apo.
Mile Phakphum giró la cabeza a Apo Nattawin que lo avizoró de inmediato.
—No lo esperábamos, ¿verdad? —desembuchó las palabras que su Mile no sabía cómo formular. Sin sonar mal. Seguía sintiendo que el «su» se cataba tan bien en el paladar.
—No...
—¿Está mal?
—¿Qué? —Mile desacopló. Abriendo los ojos ante la pregunta de su Apo.
Nattawin liberó una risita nerviosa, arrimando su cuerpo al de Phakphum, no entendía cómo es que se habían sentado tan lejos en el diván.
—Bueno, seguimos grabando algunas escenas de la nueva película. Están los detrás de cámara, y la vestimenta que podría cambiar si P’Pond decide variar los escenarios. Aunque no lo creo, ya tenemos todo. —se aferró al brazo de Mile—: Además, no creo que tengamos que hacer muchas entrevistas más adelante, o deber participar en proyectos de publicidad de marcas... Los chicos pueden encargarse de ello... No nos obligarán.
—Apo, ¿tú estás bien con esto?
—¿Por qué no lo estaría? —encumbró la mirada, extrañándose de haberla bajado. —No sabía que yo podía... Ya sabes. —estrujó los labios de nuevo, liberándolos poco después. Recorrió con la punta de su lengua las comisuras de su labio. —Solo creo que esto embrollará un poco... Todo.
—Por esa misma razón, te pregunto si estas bien... Tú sabes que —las siguientes palabras quedaron al aire. Mile sabía que Apo discernía a lo que quería llegar, mientras las manos de él, mimaba generosamente su cabello, deslizando los dedos por el costado de su rostro.
—No, Mile. —negó. Frunciendo el ceño.
—No me malinterpretes. —corrige ameno, levantando un brazo y colocándolo en el de su pareja. —No quiero presionarte a tenerlo.
—No me siento presionado. Solo estoy... Sorprendido. —pestañeó, mirando a Mile que le tornaba la mirada, solo que con un toque de indecisión. —Cuando digo que se va a complicar esto, es porque tendremos que estar menos activos, al menos presencial. Por virtual, podemos hacer algunas de las entrevistas.
Phakphum no dijo nada cuando atendió el «nosotros» en las palabras de Nattawin.
—Mm. Ahora entiendo porque te mareaste anteayer al salir del automóvil.
—Si... —meneó menguante la cabeza en el pecho de Mile. —Tenemos que decírselo a los chicos y a la empresa, y que sea lo más pronto posible.
—Hay que hacerlo. —se inclinó, depositando un beso en los labios sonrientes de Apo, el cual no tardó en presionar la mano en la nuca de Mile, haciendo que este no sé retirará de la unión; y que solo la intensificará a un encuentro de lenguas y calidez conocida.
Unos minutos después, en el apartamento se extiende una hilera de gemidos ahogados. Suspiros entrecortados y murmullos de palabras inentendibles que se perdían por el constante choque de caderas, creando rítmicamente obscenos sonidos húmedos en la unión inferior de sus cuerpos. La cama crujía, y se balanceaba por las vertiginosas embestidas que Mile le entregaba a Apo; que había enroscado sus piernas en la estrecha cintura de Phakphum, manteniendo la boca entreabierta, no callando los agudos y largos gemidos que antes no pensó tener. Le encantaba escuchar como su hombre gruñía, y apretaba en el proceso su piel, de manera suave, fuerte, y como le besaba. Tan profundo, mezclando la delicadeza y a la vez dureza de sus besos con sus arremetidas.
Pero también le fascinaba cambiar de rol, y ser él quien sometía a Mile. El mayor lo dejaba ser, no siempre, pero había ocasiones en las que podía ser el de arriba. Solo que esta vez, lo único que apetecía era montarlo. No hizo mucho esfuerzo cuando rodó en la cama junto a su hombre, que jadeo en protesta al ser detenido por unos míseros segundos.
—... Ah... Mile... —gimió alto. Penetrándose nuevamente, quedándose unos minutos en la misma posición, observando la lujuria en su hombre que sonreía hermosamente. Su piel está siendo cubierta por una capa de sudor, y algunos mechones pegándose en su frente y a los costados de su rostro. —Ah~ —tener esa imagen presente de Mile lo provocaba mucho, así que no perdió más de su tiempo, subiendo y bajando diligentemente.
Phakphum abrió los labios, frunciendo las cejas al placer que Nattawin le daba. El hombre que ahora lo montaba como si su vida dependiera de ello, le concede una sonrisa y un espectáculo al recorrer las manos por su cuerpo, comenzando desde la cintura hasta el pecho, flexionando el cuello a los lados, manteniendo el ritmo dinámico de sus salidas y entradas en cada estocada. Sin callar sus palabras, gemidos y los bajos y altos gritos que se escapaban de su labios hinchados y rojizos.
Apo Nattawin era malditamente sexy en todo el sentido de la palabra.
No se quedó solo a mirar fascinado y babeando por su hombre. Sus manos inquietas se presionaron en los muslos de Nattawin, haciendo que se arqueara. Y provocando que se sentará de un solo, moviendo la postura que mantenía Apo para darse placer.
—Ah, Apo —gimió contra la boca de su hombre. Introduciendo ávidamente la lengua en el interior bucal, encontrándose con la lengua adversa que lo recibió con deleite. Cada tanto, al separarse, un hilo de saliva los acoplada antes de ser perdido en sus continuos movimientos salvajes.
—Ya no... Aguanto... —dijo contra los labios igual de hinchados que los suyos, de Mile. Su cabalgata no se apaciguó en ningún momento, menos cuando las manos del hombre frente a él se cernían en su cintura, alzándose y dejándolo caer estrepitosamente.
Unos cuantos juegos más en las sábanas, y ambos llegaron a su apreciado auge, sin alejar los labios contra el otro; y comerse los prolongados gemidos y gruñidos en besos fogosos.
—Si seguimos así... En unos años tendremos muchos hijos. —suspiro Apo, pasando melifluamente las manos por la frente de su Mile que cerraba los párpados ante sus caricias.
—Tendré muchos mini Apo corriendo por la casa... —dijo en voz baja Mile, levantando un párpado para observar el mohín en los labios de Apo—. ¿Qué sucede, cariño?
—Me vas a reemplazar con ellos, ¿verdad?
Mile Phakphum no respondió enseguida, y aprovechando que no terminó de salir del interior de Apo Nattawin, el cual yacía encima de su pecho, tranquilo. Le dio vuelta, arrinconándolo entre sus brazos.
—¿Por qué lo haría? —inició un nuevo, y suave vaivén de caderas.
—¡Mañana tenemos que grabar! —imputó, sin embargo, trepó una pierna en la cadera de Mile, y llevó sus brazos alrededor del cuello, acercándose más a él.
—Mañana tenemos un día libre. —habló sobre los labios de Apo, quien sonrió. —¿No que ya no querías hacerlo?
-Milla. —gimoteó, creando un puchero. Enseguida sus labios abultados fueron lamidos y besados. -Puaj.
Phakphum se echó a reír.
—Una vez más, ya bañarse.
—Una vez más. —asintió.