CAPÍTULO ÚNICO
Dicen que todo ser humano está capacitado para sobrellevar varios sentimientos a la vez, que somos lo suficientemente hábiles para dominar cualquier sensación que llegue a nosotros de manera abrupta sacudiendo por completo nuestros cimientos.
Pero eso es una vil y obsoleta mentira.
Nos hemos obligado a dejar de sentir, preferimos no expresar lo que sentimos para no ocasionar algún tipo de conflicto, por lo que es más fácil ponernos esa careta con una fingida sonrisa con la leyenda escrita en la frente "aquí no pasa nada".
Al menos eso era lo que él pensaba en éste momento, había aprendido a camuflajear el dolor con una insípida sonrisa vacía, se limitó a no llorar por temor a causar lástima y en dónde la felicidad quedó en el fondo de aquel cajón dónde guardaba sus más preciados tesoros.
Su vida había cambiado en un abrir y cerrar de ojos, la vida o tal vez el mismo destino se había encargado de hacerle saber lo frágiles que somos, en dónde nosotros no somos más que unas simples marionetas del propio destino.
Ese cúmulo de sentimientos se encontraban almacenados en algún un baúl para Park Jimin, quién de momento se rehusaba en afrontar su nueva realidad.
La vida o el destino mismo, había jugado una vez más con los hilos no sólo de él, también lo había hecho con la persona más importante en el mundo para el hombre de cabellos castaños y mirada aceitunada, todo lo que él había considerado cómo vida perfecta había desaparecido en débil parpadeo.
Desconocía cuantos días habían pasado desde la última vez que se encerró en aquel colorido espacio dónde sonaba la misma melodia por todo lo alto una y otra vez al grado de perder la noción del tiempo, no sabía la cantidad de veces que aquellos melosos acordes musicales seguían repitiéndose en una especie de bucle sin tener la intención de dar un poco de descanso, mientras la intensidad de las notas retumban dentro de esas vacías paredes de la irreconocible y desolada habitación.
No recordaba cuándo había sido la última vez que tomó una ducha, o cuándo fue que comió un poco de sopa caliente, aquello había dejado de importar para el hombre castaño de veinticinco años, quien seguía estoico recostado en aquella mullida cama vacía.
Después de recibir esa llamada, que cambió para siempre su vida tal cómo la conocía, simplemente se aisló de todo y de todos, no estaba listo para escuchar nuevamente las mismas palabras que le invitaban a afrontar su espantosa realidad, obligando a su mente a que dejara de razonar.
Dicen que los verdaderos amigos se cuentan con los dedos de una mano y es muy probable que nos sobren varios falanges, pero si de algo podía presumir Park Jimin es que precisamente él tenía a los dos mejores amigos que jamás hubiera imaginado tener, esos amigos que jamás dejarían que éste caminara sólo en el inframundo, porque para ellos Jimin es lo más importante y verlo en esas condiciones les partía el alma.
Pero aún así, al parecer eso no era suficiente para el joven castaño, quién se rehusaba en afrontar lo inevitable, teniendo la esperanza de que sólo se tratase de algún tipo de mal sueño, y que al momento de despertar vería a Jungkook entrar por esa puerta con su preciosa sonrisa.
Dicen que cuándo repetimos la misma mentira una y otra vez nuestra mente llega a confundirlo con la realidad, y es ahí dónde Jimin deseaba permanecer.
—Te juro que si escucho de nuevo la misma canción voy a enloquecer - escuchó Jimin desde el interior de su habitación cómo su mejor amigo sonaba lleno de frustración.
Kim Taehyung en ningún momento había dejado sólo a su mejor amigo, a pesar de que éste se negase a hablar con él, jamás lo forzó y menos intentó sacarlo de aquella frágil burbuja en la cuál se había refugiado, si no todo lo contrario... quiso tratar de entender por lo que su mejor amigo estaba viviendo, pero debía admitir que verlo en esas condiciones era peor que recibir mil puñaladas.
Por su parte Jimin sólo escuchaba algunas maldiciones provenientes de Taehyung, una vez más se había prometido que aquello no le afectaría, no dejaría que nada lo trajera de vuelta a una realidad que no deseaba admitir.
Los días pasaban y las condiciones para el castaño no mejoraban, estaban muy lejos de estarlo, sabía que su familia había ido a buscarlo con la única finalidad de hacerle entrar en razón, pero todo esfuerzo era en vano.
Jimin seguía estoico aferrado a la vida a la que estaba acostumbrado tener, a la vida que había creado junto a Jeon Jungkook su gran amor, su eterno compañero, su mejor amigo y a la vez su peor verdugo.
Ellos dos habían crecido juntos, desde la primera vez que se encontraron entendieron que estaban destinados a estar juntos, aquel primer encuentro había sido un completo desastre, pero fue el desastre más perfecto ante los ojos del contrario, ellos simplemente eran el día y la noche, fuego y pasión, el yin y el yang, cualquiera que pudiera conocerlos llegaban a la misma conclusión, sus almas estaban destinadas a encontrarse en algún punto en el universo.
Ese era el único pensamiento que Jimin deseaba tener, se negaba a creer que aquello tan hermosamente imperfecto dejaría de estar en su vida.
—Te juro que no puedo más... - por primera vez en todo éste tiempo, Jimin prestó atención a lo que su mejor amigo hablaba —No puedo perderlo a él tampoco - escuchar a Taehyung sollozar había sido suficiente para que aquella frágil burbuja empezara a resquebrajarse.
¿Debería ignorar y seguir en su mundo?, se preguntó una y otra vez, es cierto estaba siendo por demás egoísta y una pequeña voz le indicaba que tal vez había llegado el momento
Con cautela se reincorporó de la cama, y antes de dirigirse a la puerta miró a su alrededor, por primera vez estuvo consciente de que no importaba cuánto desee aferrarse a una realidad que ya no existe, eso no le traería de vuelta a Jungkook.
Al salir de la habitación la radiante luz lastimó de golpe su visión, era imposible fijar la mirada hacia donde había escuchado un ruido de asombro.
—¡Estas de vuelta Jimin! - exclamó Taehyung, pero sin obtener respuesta alguna por parte del nombrado.
Jimin seguía sin expresar todo aquello que pasaba por su mente, e ignorando lo que su corazón sentía, lo único que en ese momento era capaz de hacer es mirar a su alrededor, y agradeció mentalmente a su mejor amigo que ese lugar al que él llamaba hogar estuviera limpio tal cómo lo recordaba, todo lo opuesto a ese lugar al que llamaba santuario en dónde estuvo recluido todos éstos días.
Con mucha cautela, Jimin se liberó del abrazo de Taehyung, quien al empezar a hablar el castaño sólo negó con la cabeza.
—Jimin... - el nombrado detectó cómo el tono de voz de su mejor amigo caía en una anhelante súplica.
Park bajó el rostro cansado y ojeroso, no tenía las suficientes fuerzas para iniciar una nueva batalla, se había encerrado en su propio mundo ignorando cualquier sentimiento ajeno.
—Creo que es el momento de empezar de cero - repitió Kim y con un largo y pausado suspiro Jimin entró de vuelta a la habitación.
Taehyung se maldijo por no haber tenido el debido cuidado, esa era la primera vez que Jimin salía de ese lugar desde que ocurrió todo, y lo primero que hizo fue pedirle que empezara de cero.
—¿Jimin?
—Iré a darme una ducha, porque huelo a desecho humano - se limitó en responder sin ni siquiera mirar a su mejor amigo.
Taehyung asintió, espero a que Jimin entrase al baño para hacer una llamada —Ha salido - comentó a la persona que estaba al otro lado de la línea telefónica.
—Creo que lo hará... - se limitó a decir —solo no tardes - dijo antes de dar por terminada la llamada.
Después de algún tiempo, Jimin salió con aquel pantalón de chandal negro en juego con una enorme polera del mismo color, el castaño ni siquiera se inmutó al ver a una tercera persona en la sala con mirada anhelante, era de imaginarse que Taehyung le llamaría, así que sólo suspiro cansino.
—¿Esperamos a alguien más? - preguntó Jimin
—Me da gusto verte, pequeño - saludo con gran entusiasmo SeokJin, mismo sentimiento que no era compartido por el menor.
—¿Listo? - preguntó Taehyung sin obtener ninguna respuesta a cambio.
Al subir a la parte trasera del modesto carro de SeokJin, miró como sus dos amigos tenían otro semblante, pero una vez más se limitó a expresar todo aquello que realmente pensaba, ante un incómodo y extraño silencio los tres emprendieron un largo camino.
El corazón de Jimin empezó a latir con fuerza al descubrir el lugar al que se dirigían, un sonido proveniente de la parte trasera alertó a SeokJin y Taehyung quienes se miraban entre sí.
—No quiero estar aquí - manifestó al saber la causa del porqué estaban en ese lugar tan especial.
El trío de amigos se encontraban en el río Han, era un área aislada en dónde Jimin y Jungkook se hicieron tantas promesas, mismas que ahora se encontraban vacias, no eran más que promesas rotas que jamás serían cumplidas. Estar ahí provocaba tanto en el menor cómo si ese panorama le nublara la visión, el aire le envenenara los pulmones y la brisa quemara su piel.
El primero en bajar del auto fue Taehyung, quien no dudo en abrirle la puerta a un desconcertado castaño con mirada perdida.
—Vamos Jimin, sabes que él no quería ésto para ti.
—Tú no sabes nada de lo que Jungkook y yo deseábamos - aquellas palabras habían sonado bastante duras y hasta hirientes.
—Vamos Pequeño, no eres él único que está sufriendo, nosotros también lo extrañamos demasiado - expresó SeokJin con mirada triste al ver cómo la pequeña figura que estaba frente a él no era ni la sombra de su mejor amigo.
Jimin bajó la mirada con resignación y ahí estaba de nuevo aquella voz que le decía que había llegado el momento de despedir aquella maravillosa etapa de su vida y darle la bienvenida a un nuevo comienzo.
Muy a su pesar el castaño bajó resignado del vehículo y por primera vez prestó atención a lo que Taehyung llevaba entre las manos.
—¿PORQUE TRAES ESO? ¿QUIEN TE DIO EL DERECHO DE TOMARLO? - cuestionó molesto.
—Porque es necesario, cariño
—No me llames así, ¡no tienes ningún derecho para llámarme como él lo hacía!... - Jimin dio un pequeño hipido al tiempo que una solitaria lágrima empezaba a descender al ser consciente de que aquel cariñoso apodo jamás saldría de nuevo de aquellos delgados labios que tanto amaba.
—Aún recuerdo cuando tropezaste con él y todas las malteadas que llevabas en la charola hicieron aquél desastre - fue el turno de SeokJin al mostrar la instantánea de aquel día dónde Jimin y Jungkook estaban en el suelo de aquella cafetería con las bebidas encima.
Un potente sollozo finalmente salió de Jimin quién le fue imposible no recordar ese mágico momento que fue el causante de que diera inicio su bella historia de amor.
La falta de aire quemaba, joder lo hacía, sentía que se ahogaria en ese instante, su respiración se había vuelto errática, por primera vez en semanas se estaba permitiendo afrontar su triste y desgarradora realidad.
La ausencia de aire le hizo ponerse en cuclillas al tiempo que sus pequeños brazos abrazaban sus piernas, por fin entendió lo que esa voz le decía, era momento de despedir la maravillosa vida que tuvo junto a Jungkook, él jamás regresaría porque su vida había sido arrebatada de manera injusta.
Tanto Jin cómo Taehyung miraban con el corazón destrozado a su mejor amigo con ese llanto desgarrador, por fin se estaba permitiendo expresar lo que su mente y su corazón estaban sintiendo.
Tal vez estar en ese lugar que fuera tan especial para ellos porque ahí fue dónde Jungkook le pidió ser su novio, y con él paso del tiempo también le había pedido unir su vida al proponerle matrimonio, ahora... ese lugar que tanta felicidad les brindó sería nuevamente testigo pero ahora de una manera más dolorosa, porqué por fin había llegado el momento de decir adiós a eso que tanto anhelaban y no podrán tener.
Aunque también ver el baúl en las manos de Taehyung dónde guardaba hasta el último envoltorio de la goma de mascar que Jungkook le había regalado, eso sin contar las alegres anécdotas que SeokJin comentaba entre lágrimas, finalmente habían logrado con su cometido.
Ambos amigos miraban cómo Jimin era un cúmulo de emociones dispersas, reía y lloraba sin importarle si pensaban que había perdido la cordura, pero era realmente todo lo contrario, ambos miraban con el corazón en la mano cómo su pequeño amigo estaba aceptando finalmente su triste realidad y aquel estruendoso grito desgarrador lo comprobaba.
No sabían cuánto tiempo llevaban en ese lugar, ni sabían por cuánto tiempo Jimin se había permitido reír y llorar, enojarse y maldecir en todo lo alto, en ese momento no importaba nada más que el bienestar de su mejor amigo.
Cuándo el menor finalmente se puso en pie, miró hacia aquel hermoso atardecer que en su momento fue testigo de su amor, para por fin hablar.
—Sé que a partir de ahora todo cambiará, ahora por fin entiendo el hecho de que no estés físicamente conmigo, quiere decir que dejaré de sentirte en cada suspiro, en cada aliento que dé, sé que no querrías verme así cómo estoy, y aunque duela porqué estoy seguro de que no será nada fácil, te prometo que saldré adelante, hoy es un nuevo comienzo, lo haré por ti, por mi y por lo hermoso que fue nuestra historia de amor - dando un nuevo sollozo prosiguió —Jungkookie gracias por haberme dejado formar parte de tu vida, porque tú siempre formarás parte de la mía, y me dedicaré a honrar tu memoria cómo te lo mereces, hoy es un nuevo comienzo dónde seguirás siendo parte de mi vida hasta que llegue el momento de reencontrarme contigo.
El castaño se limitó en cerrar los ojos tras meditar todo lo que había acontecido, fue capaz de mirar a sus dos amigos que le miraban con una mezcla de tristeza y orgullo.
—Gracias por no rendirse conmigo y no dejarme morir aún - dijo con una sonrisa agridulce.
—Bajariamos al mismo infierno para traerte de vuelta, y lo sabes - dijo Taehyung, logrando que Jimin se fundiera en un cálido y reconfortante abrazo, mismo que inmediatamente se unió SeokJin.
—¿Mejor? - preguntó el mayor
—Sólo es el primer paso Jin, pero si... En éste momento estoy un poco mejor, lo necesitaba - respondió con honestidad. —¿Nos vamos?
—¿A dónde deseas ir? - cuestionó Taehyung
—A casa, - los mayores se voltearon a ver preocupados —sé que él no volverá... Pero su esencia aún está viva en ese lugar que fue nuestro hogar y debo comenzar a aprender a vivir con ello