Prólogo
– Si tuviera que volver a comenzar mi vida, intentaría encontrarte mucho antes e intentaría amarte mucho antes...
"Lucien". Dos sílabas perfectas, fáciles y adictivas de pronunciar; mis labios involuntariamente se curvan en una sonrisa al musitar tu hermoso nombre, y desafortunadamente, también se quiebran temblorosos en un crudo llanto.
Y es que aprendí a amarte no sólo por tu físico, no solo por esos embriagantes ojos oscuros como el onix, o por tu hermoso y castaño cabello suave como la seda; pues amarte únicamente por tu aspecto sería algo vulgar, ordinario y vacío.
El reloj marca las 3:30 am y mis párpados siguen sin poder cerrarse para conciliar el sueño.
No es de extrañarse desde que regresé a mis malos hábitos; solo quiero dormir, quiero soñar, te quiero besar, abrazar y acariciar, solo quiero ir al único lugar donde te puedo tener, donde podemos estar juntos.
La mesita de noche está atiborrada de bolsas con hierba, cocaína, pipas y algunas pastillas, camino entre tropiezos hacia ellas y me giro hacia ti cuando tu suave voz resuena en mis oídos.
- Haru.- susurras y palmeas tu regazo invitándome a recostarme.
Evito dubitar ante aquello y rápidamente me aviento en la cama para recostarme en tus muslos admirando lo más que puedo tus expresiones y gestos desde mi posición, acaricias mi cabello como te gustaba hacerlo, con delicadeza y sin prisas; tomo tu mano entre la mía, entrelazo mis dedos en los tuyos y beso el dorso de la misma.
- Hablemos de nuestro futuro.- susurro escondiendo mi rostro en tu cuerpo, aferrándome a él, paseando mis dedos por tu cintura, sintiéndote junto a mí.
- El futuro.- repites en una sonrisa admirando el cielo frente a nosotros, un cielo más oscuro que los que hemos visto antes, las estrellas se puede apreciar a la perfección, aquellos cuerpos celestes gigantes que nacieron a años luz de nuestra tierra, unos más lejos que otros, y aún así, nosotros somos privilegiados por poder apreciar su belleza cada noche.
Claro que, hay cosas que nunca entenderemos, que nunca resolveremos y probablemente jamás sabremos. Es por ello que, una persona nunca sabe cómo es el cielo verdadero.
Pero, mi cielo está aquí, tanto la luna como las estrellas están en tus ojos, ojos que jamás me cansaría de admirar maravillado y extasiado por su intensidad y belleza.
- El futuro Haru.- suspiras.– El futuro que quisiera contigo, no necesita estar en el penthouse del rascacielos más alto de Japón, no necesita estar recibiendo cantidades desmesuradas de dinero a diario, es cómodo sí, pero no es lo que quisiera para nosotros.
- ¿Y como sería el nuestro amor?.- pregunté atónito, amaba ver cuándo en verdad eras tú.
- Sería pacífico. Cariño, sabes que jamás podré tener hijos, pero podríamos tener mascotas, gatos más que nada.- reiste.– viviríamos en un campo, alejado de todo y todos, viviríamos de nuestro amor.
- ¿Y qué comeríamos?.
- En algún punto saldríamos a la ciudad a comprar provisiones, tampoco seremos unos salvajes.
- Bien.
- Follariamos en la mañana y antes de dormir.
- Oh mujer, me dejarás seco.- reí.
- Te abrazaré como ahora y tú me tendrás en tus brazos, nos besaremos sin pudor alguno, nos amaremos con libertad.
- ¿Eso es lo que quieres?, poder amar sin miedo ¿verdad?.
- Si, eso es lo que quiero.- besaste mi frente.– Amarte eternamente, desde el alba hasta el anochecer.
- ¿Y si ese futuro jamás se cumple?.
- Otra vez siendo pesimista Haru.
- Siendo realista, sabes que necesito pensar en todas las probabilidades, sean buenas o malas.
La noto tensa y cuido mis palabras a partir de ahora para no soltar algún detonante.
- Entonces, estaremos condenados, si decides engañarte estarás condenado a ti mismo y no podré acompañarte.
- Estaré ¿solo...?
- Estarás solo.- finalizas con melancolía en su voz, haciendo que entre en pánico al no poder sentirte.
- ¡No!, ¡no!, ¡NO!.
Grito en frustración, tiro todo lo de la mesita de noche, aviento una silla al ventanal, mis lágrimas queman al descender por mi rostro, duele, duele demasiado.
Jalo los mechones de mi cabello y escondo mi rostro entre mis rodillas. Ahora estoy en el suelo, frente a la cama, saco algo de mi bolsillo una de las miles de cartas que he escrito para ti, releyendo entre el llanto aquella última frase.
- Porque soy tuyo Lucien, y siempre seré tuyo, tu Haru.
- Y yo soy tuya Haru, siempre seré tuya.- besas mis labios y posas tu mano en mi pecho.– Aún si mi corazón ya no está contigo, el tuyo late por ambos.
- Te amo Lucien.- Susurré y tu reiste levemente.
- Si que te tomaste tu tiempo amor.- acaricias mi mejilla.– Vive nuestro futuro por los dos, por favor.
- Se siente como un jodido infierno sin ti.
- Pero es nuestro cielo Haru y es solo nuestro...