Damnation → Jjk by GgukHeroine at Inkitt
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Damnation → JJK

Summary

Él le había complicado la vida todavía más... Jeon Jungkook era un guapísimo multimillonario griego para el que las mujeres eran sólo un entretenimiento. Vera Denton estaba desesperada, sin hogar y sin trabajo y los rumores afirmaban que le había roto el corazón a un hombre. Jungkook quería que pagara por ello y había encontrado la manera de vengarse. Por su parte, cuando Vera se enteró de cuál era la intención de Jungkook, ya le había entregado su virginidad. Así que, allí estaba ella: todavía un poco desesperada, con un hogar, pero sin trabajo... y embarazada. Y por otro lado, Jungkook: guapo, millonario... y a punto de tener un hijo.

Status
Ongoing
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Cuando Jeon Jungkook se acercó a Ingrid Morgan para darle el pésame por la pérdida de su único hijo, la mujer se apoyó en su pecho y comenzó a llorar como si le hubieran arrancado el corazón.

Los demás presentes en aquella casa de Brighton miraron con curiosidad. Aquel hombre alto, fuerte, bronceado y de aspecto autoritario se parecía mucho a... No, no podía ser. ¿Cómo iba a estar allí? ¿Cómo iba a ir el magnate griego de la electrónica al funeral de Connor? Alguien se dio cuenta de que había una limusina en la calle y dos guardaespaldas esperando en la acera.

Entonces, sacaron los cuchicheos.

Con los ojos vidriosos, Jungkook esperó a que Ingrid se repusiera un poco.

—¿Podemos hablar en privado?

—¿Sigues empeñado en no manchar mi nombre? —dijo Ingrid levantando la cara. Jungkook se quedó impresionado del sufrimiento que vio reflejado en sus rasgos, antaño bonitos. Se dio cuenta de que el amor que sintió Ingrid por su hijo sobrepasaba al que había sentido por su padre, también fallecido—. Ahora ya da igual. Connor se ha ido a un lugar donde mi pasado ya no puede avergonzarlo...

Ingrid lo acompañó a un elegante estudio y sirvió dos copas. Siempre había sido delgada, pero ahora estaba ya demacrada, aparentaba más edad de los cincuenta años que tenía. Había sido la amante de su padre durante bastante tiempo y muchos de los pocos recuerdos felices que Jungkook tenía de su infancia se los debía a ella y a Connor, que era cinco años más pequeño que él. Siempre lo había tratado como el hermano pequeño que nunca tuvo. Se convirtió en un estupendo jugador de polo al que las mujeres, y también los hombres, adoraban.

Hacía un año que Jungkook no lo veía.

—Lo han matado... —dijo Ingrid.

Jungkook no dijo nada. Había oído que el accidente de coche que había sufrido su hermano no había sido un accidente, sino un suicidio, y sabía que no había manera más dolorosa de perder a un ser querido. Sabía que Ingrid necesitaba hablar y que escucharla era lo mejor que podía hacer por ella en aquellos momentos.

—Me caía bien Vera Dentón... ¡Cuando conocí a esa arpía me cayó bien! —exclamó Ingrid con amargura—. Me di cuenta de que Connor estaba enamorado de ella cuando dejó de contármelo todo. Aquello me dolió, pero tenía veinticuatro años, así que no dije nada.

—¿Vera Dentón? —repitió Jungkook.

—¡Una niña rica y mimada que disfruta volviendo locos a los hombres! En solo tres meses, Connor se enamoró perdidamente de ella. Luego, sin previo aviso ni justificación, ella se carisó de él. Lo dejó en una fiesta hace dos semanas... se presentó con otro... se rio de Connor... ¡Sus amigos me lo han contado todo!

Ingrid hizo una pausa para tragar saliva con dificultad.

—Connor le suplicó, pero ella ni se ponía al teléfono. El pobre no habia hecho nada. No pudo soportarlo —sollozó Ingrid—. ¡No podía dormir, así que se fue a dar una vuelta en coche a mitad de la noche y se estrelló contra una pared!

Jungkook la abrazó mientras esperaba con disgusto en lo que le acababa de contar. Supuso que a una mujerzuela así no le habría costado manipular a Connor como si fuera de mantequilla.

—Me vas a odiar por lo que te voy a decir...

—No digas tonterías.

—Connor era tu hermanastro.

Jungkook suspiró y miró a Ingrid a los ojos.

—No... es posible —dijo. No quería que fuera cierto, ya no podía hacer nada.

Ingrid no podía parar de llorar y de justificarse. Jungkook la miró como si no la hubiera visto nunca. Nunca se lo había dicho a Andros, su padre, porque sabía que era un hombre al que no le gustaba ver el nombre de su familia mezclado con escándalos.

—Si Andros lo hubiera sabido, me habría obligado a abortar. Lo dejé y me fui. Volví a los dieciocho meses y le dije que había tenido otra relación que no había ido bien. Supliqué... hasta que me recibiste de nuevo.

—¿Por qué no me lo ha dicho antes? —le espetó Jungkook. En cuestión de segundos, la muerte de Connor había pasado de ser algo muy triste a atenazarle, literalmente, el estómago. Sabía la respuesta a su pregunta. Sabía que Ingrid no había dicho nada por miedo, porqué quería a su padre mucho más de lo que él la había querido nunca a ella.

—Te lo estoy contando porque quiero que hagas que Vera Dentón se arrepienta de haber nacido... —confesó Ingrid con odio—. Eres uno de los hombres más ricos del planeta. No me importa cómo lo hagas. Seguro que tienes contactos a los que les puedes pedir que la castiguen de alguna forma por lo que le ha hecho a Connor.

—No —murmuró Jungkook, un hombre de un metro noventa y cinco de ojos ámbar oscuro—. Soy un Jeon y tengo honor.

Minutos después, Jungkook salió de casa de Ingrid sin hacer caso a los curiosos que lo miraban. En la limusina, se atribuye un whisky doble. Estaba pálido. No dudaba de que Ingrid le había contado la verdad. Connor... su hermano pequeño, al que solo había visto un par de veces en algún partido de polo en los últimos años. De haberlo sabido, podría haberlo protegido de alguna manera.

Desde luego, le podría haber enseñado cómo manejar a ese tipo de mujeres. ¿Acaso se habría enterado Vera Dentón de que, pese a su fama ya sus amigos ricos, Connor no tenía fortuna y vivía de lo que ganaba en el polo? ¿Acaso la adoración de perrito faldero la había aburrido? ¿Sería una mujer que coleccionaba hombres como trofeos?

Sintió una inmensa pena por Ingrid, que, a pesar de haber pasado muchos años en Grecia, no se había enterado de que un hombre no habla de cuestiones de honor con una mujer.




Maurice Dentón miró por el escaparate de la biblioteca y se giró hacia su hija con furia.

—Lo que ha hecho no tiene excusa.

Vera estaba pálida como una tiza y su pelo cobrizo brillaba como si estuviera en llamas.

—No te lo he pedido —murmuró—. Ya te he dicho que... todo el mundo comete errores... y yo cometí un error saliendo con Connor.

—Hay unas normas de comportamiento y las tiene roto todas —continuó su padre con dureza—. Me das vergüenza.

—Lo siento —refutó ella, dolida—. Lo siento mucho.

—Un poco tarde, ¿no? Lo que no te puedo perdonar es la vergüenza pública que le estás haciendo pasar a tu madrastra. Anoche, Felicity y yo tuvimos que haber cenado con los Jurgen, pero cancelaron la cena con una excusa cualquiera. Todo el mundo dice que tu crueldad terminó literalmente con el joven Morgan ya nosotros nos empiezan a tratar como a apestados...

—Papá...

—Hannah Jurgen quería mucho a Connor, como mucha otra gente. Felicity se llevó un disgusto de muerte cuando canceló la cena. ¡Desde que los detalles habían comenzado a filtrarse en la prensa, Felicity no dormía!

Pálida como la leche, Vera desvió la mirada con un gran nudo en la garganta. Le podría decir que su joven y bella mujer, el centro de su universo, no dormía porque temía que la descubrieran; pero, ¿qué derecho tenía a jugar a ser Dios con el matrimonio de su padre? ¿Qué derecho tenía a hablar ya destruir aquel matrimonio y la seguridad del hijo que iba a nacer?

—¿Crees que una mujer embarazada puede vivir así, viendo cómo sus amistades le dan la espalda porque tú te hayas convertido por méritos propios en una paria?

—Solo dejé a Connor. No hice nada más —contestó Vera temblando. No estaba acostumbrada a que su padre le hablara con tanta frialdad. Estaba tan dolida, que no encontré las palabras para defenderse—. No soy culpable de su muerte —juró fervientemente—. ¡Tenía problemas que no tenían nada que ver conmigo!

—Esta mañana, Felicity se ha ido a la casa de campo a descansar —dijo su padre como si estuviese dictando una condena—. Quiero que vuelva a mi lado, donde debe estar, debo cuidarla. Por eso he tomado una decisión que, de hecho, tuve que haber tomado hace tiempo: voy a dejar de pagar tus gastos y quiero que te vayas.

Vera no pudo abrir la boca de la conmoción. La iban a arrojar a los lobos por culpa de su madrastra. Miró con incredulidad al padre a quien había adorado desde la infancia, al padre a quien había intentado proteger y evitar dolor y humillación, a pesar de que su propia vida se desintegraba. Maurice siempre había sido un padre dedicado. Su madre había muerto cuando ella tenía cinco años y en los quince años siguientes, hasta que se había vuelto a casar, se había formado un vínculo muy especial entre padre e hija. Sin embargo, desde que conocí a Felicity, aquel vínculo se había ido rompiendo.

Felicity se había encargado de ser lo más importante tanto en la vida de su marido como en su casa.

—No lo hago como un castigo, pero es obvio que te he mimado hasta límites insospechados y lo único que consiguió es que no te importan nada los sentimientos de los demás...

—Eso no es cierto... —se defendió Vera, destruida.

—Me temo que sí. Creo que lo mejor que puedo hacer por ti es obligarte a que te enfrentes al mundo real tú sólita. Se acabó el ir a los bailes a la última moda y burlarte de las cosas que realmente importan...

—Pero...

—Tras la muerte de Connor, ¿quién te va a invitar a fiestas donde se habla de generosidad hacia los demas? ¡Tu presencia en un evento de caridad haría que la gente tuviera náuseas!

En ese momento, sonó el teléfono y su padre le hizo un gesto con la cabeza, dando por finalizada su conversación. Vera se quería morir. Salió al vestíbulo y se dirigió a su apartamento, que estaba detrás de la casa principal, en los antiguos establos.

Estuvo un rato sin poder reaccionar por el impacto. Llevaba diez días recibiendo continuas impresiones y ya no le quedarían lágrimas.

Quince días antes había reservado una semana de vacaciones con Connor en Bali. No había podido ni decírselo ni cancelarlas, con el consiguiente gasto. Nunca se había tenido que preocupar por el dinero, pero ahora, de repente, sí.

¿Y qué importaba aquello cuando el hombre del que estaba enamorado se había prendado de su madrastra? La dulce y efusiva Felicity, tan lacrimógena que chorreaba. Connor se había enamorado de ella hasta la médula, parecía el amor de su vida y ella lo había rechazado, lo que había hecho que se suicidara.

—No quería que sucediera... ¡No lo pudo evitar! —le había dicho Connor sin importarle mucho el dolor que le estaba infligiendo con su traición.

Aquel hombre, que era su mejor amigo, incluso su futuro marido... Y no había hecho más que utilizarla desde el principio para tapar su relación con Felicity. Vera sintió un temblor de pies a cabeza y se tapó la boca. Sus grandes ojos verdes se miraron en el espejo. Era demasiado alta y delgada. Desde luego, no tenía las curvas femeninas de Felicity, así que no era de extrañar que Connor la hubiera preferido a ella.

¿Y Connor? Sintión Náuseas. ¡Qué precio había pagado por tener una relación con una mujer casada! Connor... había muerto. ¿Cómo podía odiarlo? En medio de todo el dolor, se alegraba de no haber hecho el ridículo al haberle ofrecido su cuerpo en Bali. ¡Habría salido corriendo! La señora Baines apareció en la puerta.

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Good Writing

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Compelling Plot

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