The Last Train

Summary

Esta oscuro, viajan en un vagón de carga. No es la primera vez que viajan en uno. La incertidumbre carcomiendo sus entrañas al ser indocumentados, transportando una carga preciada. BaekHyun lo odia, ChanYeol solo quiere sacarlo de ahí. Un beso en los labios. Se ha quedado dormido, la música del reproductor escuchándose demasiado fuerte. Chanyeol lo apaga. Es hora. SafeCreative 2303053728593 © All rights reserved

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Capítulo Único

BaekHyun no tenía recuerdo de como todo había comenzado. Ya no. Ni tampoco el cómo había llegado ahí ni como había terminado en esa situación. Solo sabía una cosa y era que lo odiaba.

Odiaba el miedo que le atenazaba las entrañas, la incertidumbre ante cualquier ruido o movimiento sospechoso que se escuchaba a través de ese vagón de carga, lleno de cajas apiladas de madera con contenidos desconocidos que ni le interesaban. Al final, el movimiento extraño, siempre era una rata.

E increíblemente, eso lo aliviaba. Si, le aliviaba un roedor. Era mejor que un guardia. Uno a quien no le podría explicar por qué viajaba indocumentado en un vagón de carga.

¿Qué le diría? ¿Qué no tenía opción?

Por supuesto que no tenía opción, sino no estaría ahí en primer lugar.

Decir que había llegado ahí por propia voluntad sería la mentira del año. BaekHyun se reiría de buena gana ante cualquiera que insinuara tal falsedad, porque la verdad sea dicha, ni en sus más locas pesadillas habría imaginado tal cosa.

Tampoco es que se hubiera visto obligado por necesidad, o cualquier otra razón del tipo.

Era simplemente que fue obligado. Contra su voluntad. Su vida siendo amenazada con una pistola, ese siendo el único argumento necesario para convencerlo; sus captores siendo hábiles en la persuasión, de eso no había duda.

Se preguntarán quien secuestra a una persona y lo obliga a viajar continuamente en un vagón de carga de algún tren, a través del desierto. Agreguen a eso, el llevar un cargamento preciado. BaekHyun no tenía la respuesta para ello, más que sus jefes-secuestradores eran unos imbéciles.

O también una mierda pedante.

Maldito el día en que se le ocurrió hacer ese viaje, conocer esas exóticas tierras lejanas a su país natal.

Maldito el día en que aceptó ser un burro de carga y no valiente para afrontar la muerte a manos de esa pistola.

Aun así, no todo era tan malo.

No. Había algo bueno después de todo.

Apoyando su cabeza adormilada en medio del bamboleo del tren, el aire cálido entrando a raudales a través de la abertura del vagón donde alguna vez hubo una puerta, Baekhyun se dejó abrazar por su compañero de viaje. Uno que lo recibió sin chistar. Sus labios acariciaron su frente mientras él cerraba los ojos, dejándose arrullar.

ChanYeol. Ese era su nombre. Alguien como él, que había terminado en su misma posición y que el destino había parecido juntar en medio de la adversidad.

Retorcido, ¿no?

La primera vez que conoció a ChanYeol, traía el ojo en tinta. También el labio partido, hinchado, al igual que el resto de su cara. Había sangre también. Mucha. La ropa rasgada producto del forcejeo. Todos signos de la paliza que le habían dado.

En otras palabras, estaba hecho un desastre.

Aun así, con lo poco que tenía a mano en ese momento, BaekHyun cuidó de él. Solo había sido un gesto humano. O tal vez, había sido solo empatía nacida del triste recuerdo de sí mismo. De verse reflejado en aquel hombre de tambaleante caminar, de ver los mismos golpes que él recibió en su momento, con la diferencia que nadie lo cuidó. Lo habían arrojado a esa habitación mugrienta, oscura y húmeda, BaekHyun teniendo que valerse por sí mismo.

De aguantar el dolor y el llanto, él solo. De la impotencia y confusión. De maldecir al Cielo y buscar después un milagro que lo sacara de ahí. Uno que nunca llegó.

La esperanza muriendo, la aceptación llegando. El miedo instalándose para siempre en su abdomen.

Sabiendo lo difícil que había sido todo el proceso, y considerando que sus daños físicos habían sido cuantiosamente menos severos que los que traía ChanYeol en ese entonces (seguramente porque opuso más resistencia gracias a su enorme físico), Baekhyun se apiadó de su alma y limpió sus heridas con un poco de agua para que no se infectaran.

Fueron días difíciles, de sudor y fiebre, pero al final ChanYeol salió adelante.

Y desde entonces, fueron inseparables. Estaban juntos en ese barco oscuro y desconocido, siempre vigilados y enviados a llevar mercancía en pequeños sobres que ellos nunca se dignaban a revisar. Tampoco es que pudieran.

De alguna u otra forma, sentían que abrir el contenido pondría en evidencia que sus narices fisgonas habían hurgueteado más de la cuenta, eso poniéndolos en aprietos. Lo menos que quería BaekHyun eran problemas y golpes. Sobre todo, golpes.

Tampoco quería incentivarlos a algo más.

Así que ahí, sentado en ese sucio vagón, el paisaje nocturno pasando con velocidad a través de la abertura, aceptó una vez más su realidad; el murmullo bajo de la voz de ChanYeol llegando a su oído, tarareando alguna melodía creada por su cabeza.

Música. Otra cosa que los unía. Ambos compartían el amor por la música.

Hace un tiempo atrás Baekhyun se las había ingeniado y había robado un reproductor de música a un chico, a la salida del tren. No podía creer que llevara uno, estos ya siendo obsoletos en su país de origen, pero al parecer no era así en esas tierras de arena y sol. Lo mejor, desde su perspectiva, habría sido un celular.

Pero, ¿a quién llamaría?

No se sabía ningún número de urgencia de aquel país, ni tampoco hablaba su lengua. Dudaba siquiera conseguir una llamada al extranjero. Además, el miedo estaba tan arraigado en su sistema, tan profundo, que intentar un movimiento tan arriesgado lo asustaba. Un celular era una señal de rebeldía, de escape. Un reproductor de música en cambio, era inocuo. No generaba ningún daño ni riesgo.

Los audífonos, fue lo segundo que robó.

BaekHyun vio su lista de delitos aumentarse, pero comparado con el tráfico de quien sabe qué, del cual era participe contra su voluntad, no le pareció tan terrible.

Si, nada le parecía tan terrible, excepto el maltrato físico y la porquería de comida que le daban, otra cosa que también lo había llevado a robar. Al ser pequeño, se mezclaba entre la gente, esta sin notar sus movimientos. Además, tenía a ChanYeol como tapadera, su tamaño y físico logrando todo el efecto. Sobre todo, sus músculos. Cualquiera se lo pensaría dos veces antes de imponerse contra él, lo cual le daba la seguridad a BaekHyun que, si alguien lo atrapaba, ChanYeol saldría en su defensa, su presencia bastando para tenerlos a salvo.

Esa era otra cosa que agradecía a ChanYeol, le traía seguridad.

Las primeras veces, cuando había partido él solo en esa misión, se había sentido tan intimidado que pensó que llegaría hacerse en los pantalones. Por suerte, ese vergonzoso accidente nunca ocurrió. Lo único que sucedió que tembló incontrolablemente, igual que Chihuahua, conteniéndose apenas para aparentar su papel y no levantar sospechas. Ni quería pensar que hubiera pasado si hubiera levantado sospechas.

Por suerte nunca las levantó.

Y ahora, con ChanYeol a su lado, se sentía más seguro que nunca. Acompañado, mientras entregaba la preciada mercancía, bajo la atenta mirada de otros hombres con miradas frías y sonrisas torcidas.

También, viajando juntos, eran menos propensos de levantar sospechas. Dos coreanos caminando por las abarrotadas calles daban la sensación de típicos turistas asiáticos, no de algo más.

Lo más irónico, es que antes de su secuestro eso era. Turista. Un simple viajero, que terminó siendo contrabandista. Aun así, su apariencia seguía dándole su aire original; un coreano chiflado acompañado por su amigo, igual de loco, caminando por ese exótico territorio como dos aventureros, cuando en realidad solo eran dos pobres desgraciados amarrados a su cruel destino.

No estaba seguro por qué sus captores habían decidido que, dos coreanos, eran lo mejor para transportar lo que llevaban entre manos, pero tampoco se los iba a preguntar. No valía la pena y no quería que alejaran a ChanYeol de él por eso.

Tampoco le había preguntado a ChanYeol cómo es que había llegado hasta ahí. No le parecía relevante. Hasta podrían haber tomado el mismo tour y eso no cambiaba el hecho de que ahora estaban juntos en esto, siendo camaradas, compañeros y amigos.

Sacando el pequeño reproductor de música se puso un audífono en una oreja y le pasó el otro a ChanYeol, quien lo recibió con la naturalidad que se hace un viejo hábito.

La música empezó a sonar fuerte, algo de la zona en la que estaban, nada similar a lo que él estaba habituado en su hogar. Su casa, su trabajo y una rutina que parecía un sueño. Algo que, alguna vez, vivió.

A veces se preguntaba qué estarían haciendo sus amigos, sus familiares.

¿Lo estarían buscando?

Seguro que sí. De ahí que lo hallen, era otra cosa muy distinta. Además, después de todo el tiempo que había pasado, seguro ya habían perdido las esperanzas de encontrarlo.

¿Cuánto había sido ya? ¿Dos meses? ¿Cuatro?

Tal vez más, fue su irónico pensamiento mientras se quedaba dormido entre el sopor de la noche y los tambores que escuchaban de fondo.

Un beso en los labios fue lo que lo despertó.

- Es hora- murmuró Chanyeol.

El reproductor de música había sido apagado en algún momento mientras él dormía, el cielo estaba aclarando, signo inequívoco que el amanecer estaba por arribar. El ruido de la gente proveniente de los otros vagones, desperezándose, el acento almizclado y pesado de sus lenguas llegándole con claridad, siendo suficiente para terminar de despertarlo.

- Vamos- fue todo lo que dijo poniéndose en pie, aceptando la mano que ChanYeol le extendía.

Bajaron del vagón y caminaron sin dudar, el mapa que los habían obligado a memorizar apareciendo con claridad en sus mentes cansadas mientras se abrían paso en ese mar de gente.

Siempre era igual. No importaba la hora que fuera, siempre había gente amontonándose por todas partes, igual que un hormiguero lleno y abrumante.

ChanYeol siempre sostenía su mano durante el camino para evitar ser separados y abría el paso con gentileza para evitar ser empujados brutalmente por la muchedumbre, su altura siempre ayudando.

Cuanto daría BaekHyun por tener unos centímetros más de altura, solo unos cuantos para no ser empujado por todas partes y sentirse igual que un muñeco de trapo.

En eso un hombre lo empujó con más fuerza de la acostumbrada. Llevado por una disputa había terminado yendo hacia atrás llevándose el pequeño cuerpo de BaekHyun entre medio, el movimiento siendo tan inesperado que la mano de ChanYeol no fue suficiente para evitar que terminara de boca al piso.

- ¡BaekHyun!- exclamó el grandote, prácticamente zambulléndose entre medio de la gente para tomar a su compañero y levantarlo en vilo, este tosiendo producto del polvo- ¿Estas bien?

- Solo aspiré un poco de polvo, no es nada

Aun así ChanYeol le tomó el rostro y lo revisó de arriba abajo sin importarle las quejas a su alrededor, sus grandes ojos escudriñando el delgado cuerpo frente suyo.

- ChanYeol, estamos llamando la atención- le dijo con dientes apretados, nervioso.

Supuestamente debían pasar desapercibidos.

Reaccionando a sus palabras y dándose cuenta de su entorno, ChanYeol lo soltó. Pero eso no evitó que tomara su mano de nuevo, esta vez con un poquito más de fuerza.

- Lo siento, me dejé llevar

BaekHyun no dijo nada, pero una leve sonrisa adornó su rostro mientras su mano libre sacudía el resto de tierra en su ropa, cerciorándose al mismo tiempo, de forma casual, que el sobre seguía en su lugar. Sin daños.

Sus vidas dependían de ello.

Escuchó la bocina del tren, este anunciando que se pondría de nuevo en marcha. Sus ojos castaños volvieron la vista justo para ver como las ruedas comenzaban a ponerse una vez más en movimiento, cargado de gente, otra vez.

Cuan fácil, pensó, sería correr en ese momento, arrastrar con él a ChanYeol y subirse a unos de esos vagones de carga e irse a un nuevo paradero donde fueran aves libres otra vez.

Sólo bastaría un paso, dos más, saltaría y llegaría ahí.

Pero en cambio, terminó de dar vuelta a la esquina y salió de la estación, sin mirar atrás.

En el mercado siguió caminando, el sol comenzando a iluminar el cielo, ChanYeol aún a su lado. El olor de comida ambulante picante y especiada, ya inundaba el lugar, BaekHyun planeando al regreso conseguir un poco, su estómago hambriento estrujándose en silencioso acuerdo.

- Esta es la última vez- dijo de repente ChanYeol, interrumpiendo el silencio que los envolvía a ellos y por sobre el bullicio general que parecía rodearlos.

- ¿Cómo dices?

- Que este es el último encargo, eso me pareció escuchar la otra noche, mientras dormías

- ¿Y cuándo pensabas decírmelo?

- Ahora te lo estoy diciendo

BaekHyun frunció su ceño.

- ¿Por qué me lo dices ahora? - lo increpó de nuevo, inspeccionando el perfil de quien había sido su compañero de aventuras y de noches solitarias.

Ese con quien había compartido más que solo viajes. Más que unas simples caricias o besos robados.

Aquel con el que había visto más que noches sin estrellas. Con el que había descubierto el sentido del tacto a través de la oscuridad y que un suspiro al aire puede significar mucho más, sobre todo cuando va acompañado del movimiento de sus cuerpos bajo el compás de una melodía que solo ellos parecían conocer. Una melodía que nació con el primer toque y que afloró cuando la necesidad o tal vez, el peso de las circunstancias, los hizo ir más allá.

Besos desesperados, tal vez sería la definición más correcta de lo que los impulsó a terminar como amantes y que ahora pudieran caminar de las manos en una complicidad que solo ellos entendían en totalidad.

- No lo sé- admitió- Solo quería que lo supieras o…

- ¿O?- repitió BaekHyun, mirándolo interrogante.

- Nada, solo quería disfrutar esta última caminata contigo y quería que supieras el porqué

- Solo será nuestra última entrega, eso no significa…

BaekHyun calló, sus labios apretándose al recaer en la sórdida realidad una vez más.

Sus ojos se encontraron con los cabizbajos de ChanYeol. Tristes. Apagados. Todo el gesto en su rostro acompañando lo que su mente parecía decirle a todas luces. Su última entrega. Su última caminata juntos, porque ya no los necesitaban y sería muy iluso de su parte pensar que después de eso los liberarían.

Las cosas no funcionaban así.

Miró al cielo, las delgadas estelas de nubes blancas que lo surcaban, el sol aún sin aparecer en su rango de visión. Sonrió apenas.

- Deberíamos habernos quedado en el tren

- ¿Y escapar?

Los dos se miraron.

- Nuestra oportunidad era el tren

- Nuestra oportunidad es ahora- lo contrarió ChanYeol.

Baekhyun negó.

- Vendrán tras nosotros- sentenció apesadumbrado- No tenemos papeles, nuestra visa ya debe haber expirado. Somos ilegales en tierras desconocidas ChanYeol. No conocemos el idioma, no conocemos a nadie, ni siquiera sabemos dónde estamos ahora…- concluyó con una risita casi histérica, ChanYeol tomándolo del rostro para contenerlo, casi temiendo que se despedazara ahí mismo.- Estamos perdidos si huimos

- Y estaremos perdidos si continuamos nuestro camino- le recordó ChanYeol- Por eso… intentémoslo BaekHyun

Con las palabras susurradas, ChanYeol apoyó su frente contra la contraria, su gran mano, esa que había recorrido lo más recóndito lugares del cuerpo frente suyo, ahora se posaba en su cuello con suavidad manteniéndolo cerca, mientras sus respiraciones se mezclaban. BaekHyun cerró los ojos, su mano viajando también hacia el cuello de ChanYeol, enganchándolo a él mientras sentía que el sol comenzaba a tocarlos por fin con su calor. Los rayos llegaron hasta su rostro, una pequeña brisa levantando algo de polvo mientras Baekhyun se detenía en ese momento. Ese único instante etéreo que parecía irse entre sus dedos y que el tiempo no parecía ser suficiente para mantenerlo, los segundos corriendo entre ellos dos.

- Si nos atrapan, no será bonito

ChanYeol sonrió.

- Al menos valdrá la pena si a cambio vemos un amanecer más, ¿Qué dices?

BaekHyun inspiró y luego exhaló el aire suavemente.

- Las dos opciones son suicidas, elijamos la que nos da más tiempo

Sonrieron cómplices.

Compartieron un beso. Otros dos más y el tiempo se detuvo.

Habría sido bueno recordar en ese entonces dónde estaban. Que ya no se encontraban en la seguridad de una mugrienta habitación, ni en la oscuridad de la noche.

Tal vez, habría sido bueno recordar también, que el sol los iluminaba y ante él resplandecían los prejuicios.

Tal vez, solo tal vez, pensó mientras caía al piso y la sangre corría por su pecho, no habría sido tan malo tomar ese tren después de todo.

Porque al final, habrían vivido.