CAPITULO ÚNICO
El clima aún era cálido, pero no con la misma intensidad de un par de semanas atrás. Las tardes eran más frescas y las primeras hojas de los árboles empezaban a caer. El verano se despedida para darle la bienvenida al otoño y con ello, el inicio de un nuevo ciclo escolar.
Era el primer día de clases y ya se había esparcido el rumor de los estudiantes recién llegados para reforzar el equipo de futbol americano.
Toda la atención estaba puesta en el deportista estrella. Jeon Jungkook de tan sólo diecisiete años. La gente a su alrededor se perdía al contemplarlo con su gran altura y cuerpo atlético. De rostro apuesto y varonil, gran porte y cuerpo magro. Su aspecto no era acorde a su edad, y eso lo hacía lucir aún más deseable.
Los suspiros, miradas coquetas, así como los cientos de halagos hacía su persona no se hicieron esperar. Con cada paso que el guapo y fornido deportista daba, las risitas a su alrededor se iban intensificando.
El pelinegro sólo sonrió de forma ladina. Sabía perfectamente el impacto que tenía en los demás. Amaba y disfrutaba como nadie ser el centro de atención. Si que lo hacía.
Ignorando las miradas, continuó con su camino hacía la parte trasera del campus, justo dónde estaba la gran parrilla verde con enormes números blancos.
Con los brazos cruzados, miró a su alrededor cómo si estuviera visualizando lo que sería jugar un partido contra algún equipo visitante.
De pronto, sintió una especie de escalofrío recorrer su cuerpo de pies a cabeza. Ignorando la extraña sensación, metió sus manos dentro de los bolsillo del pantalón para irse de ahí.
Antes de girarse para ir al salón de clases, su oscura mirada se posó sobre un hermoso rubio que estaba sentado en una de las bancas a un costado del campo.
Lo miró por cinco, o tal vez diez minutos y se sorprendió que el joven estuviera tan concentrado en su libro como para no sentir la penetrante mirada sobre de él.
Las clases ya habían perdido su importancia. No supo por cuánto tiempo estuvo de pie a escasos metros de ese inquietante joven, pero éste, en ningún momento le presto atención.
Jungkook ladeo levemente su cabeza, con una sonrisa altiva, se dio la vuelta para continuar con su camino.
****
Ya habían pasado un par de días y Jungkook no había vuelto a ver ni a saber acerca del intrigante rubio. Los primeros días trató de no darle importancia pero su esfuerzo resultó en vano.
Porque entre más trataba de no pensar en él, menos podía sacarlo de sus pensamientos. Eso le inquieto. Era algo nuevo para él, y no estaba seguro de querer ir por ese camino.
Era viernes por la noche, toda la comunidad estudiantil estaba en la presentación oficial del equipo de fútbol americano. Las gradas estaban llenas, disfrutando del buen ambiente que creaban los porristas.
Jungkook miró a su alrededor, y no pudo evitar sentirse eufórico, así era cómo lo había imaginado. Observó todo y a todos a detalle y sus ojos se abrieron de par en par al ver a ese atractivo rubio que no pudo sacarse de la mente, y ahora yacía a escasos metros suyo.
Éste tenía un papel en la mano que leía cada cinco segundos, cómo sí tratase de memorizar lo que ahí estaba escrito.
—Adorable - susurro Jeon para sí mismo sonriendo levemente.
Después de la presentación, se escuchó la bienvenida por parte del director del plantel, seguido por el presidente del consejo estudiantil.
—Bienvenidos sean todos, mi nombre es Park Jimin... -
—... Park Jimin - repitió Jungkook en un hilo de voz sin ser capaz de apartar la vista del cautivante e inquietante joven.
Una indescifrable sonrisa se posó en sus delgados labios, al repetir una vez más entre susurros ese nombre. Con la mirada fija en la pequeña figura que hablaba con gran seguridad ante todos. Éste dejó de prestar atención al estar perdido en el rubio.
Esbozo otra sonrisa y sus ojos se oscurecieron peligrosamente.
Al terminar la ceremonia, Jeon se apresuró a buscarlo. Mientras caminaba a toda prisa, sus pasos se detuvieron abruptamente. Nunca se esperó ver a Jimin caminar hacia él. Sin querer, sus caminos se habían cruzado en el proceso.
El deslumbramiento del uno por el otro fue de manera inmediata. La fascinación entre ellos era tan grande, que se podía palpar en el aire.
Los ojos negros de Jungkook se perdieron por completo en los orbes marrones de Jimin. La atracción y el deseo era más que innegable.
—Hola, mi nombre es Jeon Jungkook y soy el nuevo quaterback del equipo - musito extendiendo la mano con una enorme sonrisa.
El rubio le miró embelesado, pudo apreciar con detenimiento cómo se le formaban unas líneas de expresión en el contorno de los ojos. La forma en cómo se curveaban esos delgados labios, sin dejar de mirar el sexy lunar que éste tenía debajo la boca.
—Hola Jungkook, es un gusto conocerte. Mi nombre es Park Jimin, y soy el presidente del consejo estudiantil - extendió su mano para tomar la contraria.
El pelinegro miró la mano de Park y observó con detenimiento sus manos unidas. La mano del rubio era pequeña y de textura suave. En cambio la suya era grande y áspera.
Pero encajaban a la perfección.
—Increíble - susurro el rubio...
—Fascinante - exclamó por lo bajo el pelinegro.
La gente a su alrededor miraba incrédulos las chispas que salían entre el deportista estrella y el alumno ejemplar. Hasta se llegaron a escuchar varios "aww"
Aún era muy pronto para pensar en un romance entre ellos, pero los que fueron testigos podrían jurar que ellos simplemente eran la pareja perfecta.
El sexy y ardiente quaterback con el hermoso y tierno alumno ejemplar. Bastante cliché a decir verdad.
Pero eso al parecer no era de suma importancia para ellos. Ya que las miradas que se daban el uno al otro, prácticamente lo decían todo.
Esa fue la primera vez que el fuego y el combustible entraron en contacto haciendo una gran explosión.
Tal cómo muchos lo imaginaron, desde ese día no pasó mucho tiempo para que confirmaran lo que parecía ser un romance de ensueño.
Pero... si tan sólo las paredes hablaran.
****
Ya habían pasado dos años desde que Jimin y Jungkook se hicieron novios volviéndose en la pareja más envidiada y las poderosa de todo el campus.
A simple vista, ellos eran la definición de lo que sería una pareja perfecta. No había ni una sola alma que no llegase a sentir un poco de envidia al desear tener una relación cómo la que ellos tenían.
Todos, sin excepción, añoraban con algún día tener un romance de película con un felices por siempre.
Si las paredes hablaran...
Era cautivador ver cómo estaban al pendiente el uno del otro. No había un sólo día que no se expresaran su amor de manera melosa y efusiva, siempre uno aferrado al cuerpo del otro.
Pero lo cierto, es que nadie tenía ni la más remota idea de lo que realmente sucedía entre ellos. Nadie podría imaginar siquiera en lo que se había convertido su relación.
Nadie, ni en mil años tenía ni la menor idea de lo que realmente pasaba dentro de esas cuatro paredes. Cuándo sus verdaderas personalidades salían a flote y con ello, lo tóxico de su relación.
Es bien sabido que hasta cierto punto es normal que en una relación hayan peleas y malos entendidos. Es normal no estar de acuerdo en muchas cosas y es válido tener diferentes gustos y opiniones.
Lo que no es normal y nada sano es que dichas peleas adquieran otro nivel. Porque una vez que se cruza el límite dónde las palabras, así como las acciones se vuelven hirientes, es señal que es mejor terminar, antes que la situación empeore.
Si tan solo las paredes hablaran y contarán lo que ocultan en su interior... ¡Vaya decepción que se llevaría el mundo entero!
Era lo que ambos pensaban una y otra vez con cada acalorada discusión que tenían. Pero ni Jimin ni Jungkook eran lo suficientemente valientes para decirlo en voz alta.
Porque ambos se amaban de eso ninguno tenía dudas. Se amaban tanto, que resultaba doloroso. El amor que ellos se tenían era tan intenso, que temían volverse locos.
Pero a veces el amor en sí nunca es suficiente.
Lo anterior quedó demostrado cuándo Minnie y Kook tuvieron su primer pelea, dónde las cosas se salieron de control, y se alzó el temible banderin rojo, fue justo en la noche de su graduación. En dónde el alcohol, los excesos, y los celos enfermizos fueron los invitados de honor.
Venían de regreso en la lujosa limusina. Jungkook había sido coronado rey del baile y los reclamos por parte de Jimin no se hicieron esperar.
Ambos empezaron a decir cosas hirientes por ver quién lograba herirse más de la cuenta. Ambos sabían dónde herir el orgullo del otro. Ambos sabían cuál era el punto débil ajeno para usarlo a su favor.
Todo se salió de control al punto que los gritos reemplazaron las palabras, y dónde éstos ya no fueron suficientes. Esa noche, todo el enojo y frustración que ambos tenían fueron liberados cuándo llegó el primer golpe.
Es imposible decir quién lo propicio, o señalar al primero en lanzar el golpe. Porque no tiene caso. Porque tristemente para la pareja, el resultado simplemente era el mismo.
Estaban completamente rotos.
Si las paredes hablaran... Pensó el rubio al verse frente al espejo con el labio reventado, mientras que Jungkook permanecía con la cabeza baja limpiandose el corte que tenía en el pómulo.
Al darse cuenta de lo grave de la situación, Jimin intentó poner distancia de por medio. Tal vez hubiera sido lo mejor para ellos, pero lo cierto es que no pasaron más de tres días para continuar su relación como si nada hubiese pasado entre ellos.
Sólo bastó que sus miradas se cruzaran para correr a los brazos contrarios para hacerse saber cuánto se habían necesitado.
Dicen que una vez que se cruza esa línea invisible, no hay marcha atrás. Por desgracia es cierto. Tal como les sucedió a ellos, porque conforme pasaba el tiempo, también las peleas iban en aumento.
Lo peor de todo. Es que dichas peleas se volvieron constantes al grado de ser parte de su día a día, como si fuese lo más normal del mundo.
Si tan sólo las paredes hablaran...
Si realmente la gente supiera lo que ocurre a puertas cerradas, dónde nadie se da cuenta cuán tóxica que se había vuelto su relación. Tal vez, sólo así la gente a su alrededor no les siguiera idolatrando como lo hacían.
¿Realmente era amor lo que sentían?, ¿Qué diablos pasaba con ellos? ¿Hasta cuándo iban a seguir soportando? ¿Cuánto más sería suficiente?
Fue lo primero que se cuestionó Jimin en mucho tiempo. Su bello rostro estaba cansado, demacrado y ojeroso, sin ser consciente, había empezado a beber más de la cuenta.
—Patético - refutó contra su reflejo.
¿En serio amaba tanto a Kook para continuar viviendo así?, la respuesta era... Absolutamente, si. Pero también era conciente de lo dañada que estaba su relación.
Jeon Jungkook es fuego y pasión pura. Un torbellino en todo su esplendor. El combustible más flamable que pueda existir. Y para el pelinegro, Park Jimin es esa peligrosa flama que causa estragos en él.
Era difícil seguirse el paso siendo tan diferentes y tan intensos a la vez. Después de pensarlo mucho, Jimin decidió poner distancia de por medio, y dar por terminado su relación al gritar :
—¡No más!, estoy tan jodido y tan cansado de todo, que quiero terminar. ¡Ya no quiero ser más tu cariño!
Aquello tomó por sorpresa al pelinegro. Nunca lo había visto en ese estado. Pensó que tal vez un poco de distancia les vendría bien.
Esa noche Jungkook, salió del pequeño departamento sin decir adiós. Se había marchado con un semblante abatido y lleno de dolor. Se enojo consigo mismo por no saber como controlar su temperamento.
Ya había pasado una semana desde su ruptura. Días en los que Jimin aprovechó para hacer algunos cambios en ese pequeño lugar al que llamaba hogar.
Durante el tiempo que estuvieron separados, fue difícil para ambos. Ninguno de los dos lo pasó nada bien, y saber eso, fue lo único que les consoló.
Había una necesidad hasta cierto punto enfermiza por saber del otro, ambos añoraban sentirse, ganas de tocarse y reclamarse una vez más.
¿Realmente era amor lo que los unía, o una triste dependencia?
Ambos lo pensaban, pero ninguno de los dos era capaz de asumirlo. Habían pasado tan sólo una semana, pero para ellos se sentían como si hubiesen sido mil años. Lo único cierto, es que ambos se necesitaban como nunca llegaron a imaginar.
Ninguno supo quién fue el que dio el primer paso. Lo único que sabían en ese momento, es que se necesitaban tanto que dolía.
Cómo si uno fuese la adición y perdición del otro. Sus corazones decían que eso era amor, pero sus mentes gritaban que era todo lo contrario.
Si las paredes hablaran...
Aquella noche, mientras Jimin ya se había bebido media botella de vino tinto, sonó la puerta de su departamento. Era sábado por la noche y no esperaba a nadie.
A pasos lentos abrió la puerta dejando caer su copa de vino al ver frente a él a un ojeroso pelinegro con sus manos dentro de los bolsillos del pantalón.
No hicieron falta las palabras para decirse con la mirada cuán arrepentidos estaban por todo lo sucedido entre ellos.
¿Realmente sentimos amor?, se preguntaron en silencio.
Cuándo sus miradas se cruzaron. Sus corazones latieron con gran rapidez, mientras sus labios temblaban al ser conscientes de cuál era la respuesta a todos sus miedos.
Se amaban, pero lastimosamente se habían herido tanto que ni el amor que se tenían tristemente ya no era suficiente para seguir adelante.
¿Podrían hacerlo? ¿Realmente podrían decirse adiós?, sin romperse más en el intento. Ambos tenían miedo de expresar en voz alta la respuesta.
Pero tanto Jimin como Jungkook lo entendieron. Tras dos años de relación, finalmente entendieron que ya no serían más del otro, y la verdad dolía. Dolía mucho.
Un sincero y cálido abrazo lleno de arrepentimiento, un triste y desgarrador beso de despedida, al igual que algunas palabras que expresaban su dolor era lo que se podía escuchar dentro de esas cuatro paredes.
Ellos en verdad se amaban, pero estaban rotos. Completamente lastimados al no saber lidiar con sus sentimientos y no poder controlar sus temperamentos.
Si las paredes hablaran... Si tan solo la gente fuera testigo de lo que estaba por ocurrir dentro. Pero lo cierto es que nadie más era testigo de la triste realidad.
—Una última vez, bebé... Por favor - pidió Jeon y Jimin asintió.
—Una última vez, mi amor - respondió con un leve temblor.
Aquella noche, sucumbieron a las caricias en una entrega total, con los sentimientos a flor de piel. Las caricias dolían, sentían una opresión en su pecho como si el aire no fuera capaz de llegar a sus pulmones.
Ellos lo sabían perfectamente...
Había llegado el momento de decirse adiós antes de terminar de romperse más de lo que ya estaban.
Durante la noche permanecieron abrazados, ambos susurraron "lo siento tanto, amor" una y otra vez. Porque en su relación los dos cometieron errores. Ninguno de los dos supo cómo manejar su relación de una forma madura, y éstas son las consecuencias.
Ellos y sólo ellos fueron quiénes hicieron posible que su historia no tuviera un final feliz. Y dolía, si que dolía.
Cuándo los primeros rayos del sol se colaron por la ventana, Jeon beso con tristeza y ternura la frente contraria.
—Adiós amor. - suspiró Jungkook —aunque digas lo contrario, tú siempre serás mi cariño.
Jimin sintió su alma romperse en mil pedazos. Acuno el abatido rostro contrario para besar los labios de éste.
—Tu siempre serás el mío.
Sin decir más, Jungkook tomó sus cosas y salió del pequeño departamento al tiempo que la luz solar ahora brillaba en todo su esplendor.
Cerró los ojos esbozando una leve sonrisa. La tristeza que sentía en su interior le estaba matando. Lo que menos quería, era derrumbarse y regresar con Jimin para seguir lastimandose como lo habían hecho durante los últimos dos años.
Sabía que ambos tenían que sanar, tenían que volver a ser lo que eran antes de conocerse. Era tiempo de estar en paz consigo mismo.
Quién sabe en un futuro, tal vez el destino tenga planeado algo para ellos, y algún día vuelvan a cruzar sus caminos justo como sucedió en el pasado.
Holis, aquí está esta historia un poco diferente a todo lo que he hecho antes. Cuídense mucho
Dolly ❤️









triste pero bonita 😭
porfavor porfavor que lleguen a encontrarse en un futuro escribe un extra del reencuentro porfavor 😭
escribe un extra, pero que está vez se amén y sepan mantener una relación madura sin llena de dolor y sufrimiento... Aunque tenían que seoararse, no podían estar juntos en una relación como esa la verdad, era muy tóxica... Me encantó, soy nueva seguidora... Besos 💋😘 cuidate y sigue escribiendo cosas preciosas como estas.