Christmas Gift ||Kook Min Os|| by spagietti at Inkitt
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Christmas Gift ||KookMin OS||

Summary

Donde JungKook trata de encontrar el regalo perfecto para su esposo JiMin. ▶ Inspirada en el capítulo 10 de la temporada 4 de Malcolm el de en medio. ▶ JungKook top/JiMin bottom. ▶ M-preg. ▶ Fluff. ▶ Comedia romántica. ▶ HISTORIA ORIGINAL, NO SE ACEPTAN COPIAS, ADAPTACIONES NI TRADUCCIONES. Gie 2020.

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13+

[❄]

JungKook bajó la quinta caja del ático y la apiló con las demás que ya estaban siendo sacudidas por su esposo JiMin. Todas estaban llenas de adornos de navidad, y es que el peligris amaba la festividad, así que cada primero de diciembre era de ley que su casa empezara a ser decorada.

– ¿Crees que debería comprar más esferas?

JiMin miró a JungKook quien negó riendo, ya que el mayor era adicto a comprar esferas de diferentes formas y tamaños, y en su colección tenía al menos unas doscientos, el pobre pino ya no soportaba tanta esfera.

–Pero es que no tenemos negras. –JiMin hizo un pequeño puchero buscando convencer a su esposo.

–JiMinnie, ¿cómo vas a poner esferas negras? Siempre llenas el árbol de colores arcoíris.

–Pues porque no tengo esferas negras, tengo que trabajar con lo que tengo.

–Eres un mimado, sobre todo ahora que estás embarazado. –El peligris lo miró ofendido. –Te compraré tus esferas negras, pero debes parar, el pobre pino apenas y se sostiene.

–Hay que comprar un pino más grande.

–Podríamos poner luces en el del jardín y le ponemos tus esferas negras si quieres.

–No, vamos a lastimar al árbol, y él no tiene la culpa. Hay que comprar uno artificial. –JungKook tomó las mejillas de JiMin y le dio un besito a su nariz.

–Eres muy lindo. –JiMin sonrió. –Bien, entonces esferas negras y un árbol más grande señor mimado.

–También tienes que comprar mi regalo.

– ¿Qué quieres que te regale?

–No lo sé, este año no tengo idea, tendrás que pensarlo por tu cuenta.

JungKook se congeló en su lugar. Conocía a JiMin desde que eran muy pequeños, habían pasado unas veinte navidades y cumpleaños juntos, y en algún momento de sus vidas, JungKook ya no sabía que regalarle así que había optado por comprar lo que JiMin le pidiera, sin importar el precio.

Hacía diez años que no le compraba un regalo por su cuenta, todo porque era muy inseguro y no sabía si le gustaría.

–Kook, despierta, pásame la escarcha por favor.

El castaño salió de su ensoñación y le pasó la tira de hojas de pino artificial, JiMin se subió a un banquito y la acomodó sobre la chimenea, con algunas de sus esferas favoritas y globos de nieve. También había colgado los calcetines con sus nombres bordados y algunas luces.

–Faltan los pingüinos. –JungKook asintió y los buscó en la caja para pasárselos.

Los pingüinos estaban hechos de cerámica y pintados con acrílico, un proyecto que había hecho JiMin cuando se casaron y que representaba a su familia. Cada uno tenía una base con sus nombres, y ahora que venía su hijo en camino JiMin había pintado un pequeño pingüino, en espera de que le escribieran el nombre de su bebé.

–Listo. –JiMin se bajó del banquito con ayuda de JungKook y siguió buscando los adornos en las cajas.

–Minnie, ¿de verdad no quieres algo en especial? –JiMin negó.

–Como todo el año me estuviste comprando los caprichos que te pedía, ya no se me ocurre alguna cosa que pueda querer.

–Es que sabes que soy malo con los regalos, tengo miedo de darte algo que no te guste. –JiMin dejó de lado su labor de decorar y se acercó a JungKook.

–Hey, así me vomitaras un pez como hacen los pingüinos me gustará, porque viene de ti... Preferiblemente no me vomites un pez. –JungKook rió.

–No, eso es asqueroso. Para los pingüinos ha de ser lindo, pero si yo hago eso seguro me sacas al jardín a dormir.

–Efectivamente. Y en el caso de que me regalaras algo que no me guste, siempre podemos cambiarlo y puedes compensarme de otra forma. –JungKook miró los ojos de JiMin y notó aquel brillo especial.

–Oh JiMin, eres un goloso, sobre todo ahora que estás embarazado.

–Es tu culpa que yo esté embarazado.

–Pero bien que disfrutaste hacer a ese bebé. –JiMin frunció el ceño y le dio un puñetazo en el brazo.

–Estoy embarazado, pero aún puedo partirte un jarrón en la cabeza.

JungKook sonrió y cargó a JiMin en brazos para llevarlo al cuarto. No debió mirarlo de ese modo, ahora la decoración del peligris tendría que esperar un largo rato.


A la mañana siguiente JungKook pasó a dejar a JiMin a casa de su suegra, ya que, entre él, su suegra y su madre, se encargarían de planear y preparar la cena de navidad, mientras JungKook iba a comprar las cosas que su Minnie le encargó.

–Me duelen los pies. –Dijo JiMin una vez que bajaron del auto y se encaminaron a la puerta. Y es que ya tenía alrededor de siete meses de gestación.

– ¿Quieres que te dé un masaje?

–No, tú tienes que ir a comprar Kook.

–No me importa retrasarme.

Sentó a JiMin en el sofá de la sala y le quitó los zapatos para empezar su labor, no le molestaba en absoluto, en realidad disfrutaba dándole masajes a su esposo, y verlo reírse cuando le causaba cosquillas por accidente.

Como en ese momento.

–Basta JungKook. Sabes que no puedo ver cuando me río.

–Pero yo sí puedo ver lo precioso que te ves riendo. –JiMin se sonrojó de golpe y usó uno de los cojines para lanzárselo a su esposo y el otro para cubrirse la cara. –Que agresivo eres.

La señora Park salió de la cocina seguida de la señora Jeon, que había llegado una media hora antes que sus hijos. La escena que estaban montando los dos chicos se les hacía muy tierna, ya que los habían visto molestarse y enamorarse durante veinte años.

–Hola mamá, hola tía Ye-Jin. –Ambas señoras se acercaron a JiMin para llenarlo de besos y de mimos, ya que su embarazo lo hacía ver más tierno que de costumbre.

–Desde que JiMin está embarazado dejé de ser el bebé de mi propia madre. –Dijo JungKook cruzándose de brazos, fingiendo estar ofendido.

–Tú también eres un mimado Jeon JungKook, eres igual que tu padre. –La señora Jeon se acercó a su hijo y le plantó un beso en la nariz, provocando que el castaño se sonrojara. – ¿Ves? Me pides atención y te sonrojas.

–Creo que es momento de que me retire. –JungKook se levantó antes de que su madre dijera otra cosa que lo avergonzara. –Vengo en un rato, diviértete planeando la cena y no te excedas con las cosas dulces. –Besó castamente los labios de JiMin y dejó otro besito en su vientre.

–Tú ve relajado, cualquier cosa que me regales la voy a amar. –El castaño asintió y se despidió de su madre y de su tía Ji-Hyun.

Manejó hacia el centro comercial haciendo una lista mental de posibles ideas, las cuales fueron desde una taza hasta tatuarse su nombre, pero ninguna le agradaba. La taza se le hacía muy simple y el tatuaje algo un poco creepy.

Bajó del auto y compró el árbol y una caja llena de esferas negras y blancas, quien lo viera diría que estaba funcionando en piloto automático, ya que parecía tener la mirada perdida y sólo respondía con monosílabos, estaba tan frustrado y desesperado que incluso sus ideas iban en decadencia.

No podía simplemente regalarle un frasco con dulces a JiMin, ese era más un acompañamiento para el verdadero regalo.

Subió los adornos al auto y su cerebro tuvo un flash de repente, JiMin era fanático de la música de Harry Styles, amaba su estilo y forma de ser, incluso muchas veces le había dicho a JungKook que era lindo, y que era su amor platónico desde que eran adolescentes, algo de él sería buena idea ¿no?

Casi casi corrió emocionado hacia la tienda de música y fue directo al pasillo donde estaban exhibidos los discos de los artistas cuyo nombre empezaba con H.

Había discos de Haddaway, de Halsey, vaya, incluso había de Hannah Montana. Pero el letrero con el nombre de Harry Styles estaba vacío.

–Disculpe. –Un trabajador de la tienda se le acercó a asesorarlo. – ¿Ya no tiene más discos de Harry Styles en la bodega?

–No señor, se agotaron ayer, por las fechas, muchos padres se los regalan a sus hijas. Y no nos van a resurtir el stock sino hasta después de las fechas. Quizás pueda comprarlo por internet. –JungKook asintió y agradeció.

El único plan que tenía había fracasado, y no podía arriesgarse a comprarlo en línea porque cuando el paquete llegara podría recibirlo JiMin por accidente, la sorpresa quedaría arruinada y tendría que buscar otro regalo. No, tenía que comprarlo en una tienda física.

Podía comprarle ropa de embarazado, pero es que adoraba ver a JiMin usar sus playeras, y estaba seguro de que JiMin también prefería eso que ropa de embarazado.

Pensó en comprarle algún utensilio o electrodoméstico de cocina, pero el peligris volvería a trabajar después del periodo libre por paternidad, así que no lo usaría tanto, por no decir nada.

Recordó el masaje de pies que le hizo, no le molestaba seguir haciéndolos, pero a veces trabajaba hasta tarde, así que no le vendría mal a JiMin tener algo que le hiciera el masaje por JungKook.

Y es algo que usaría siempre, ya que en su trabajo se la vivía subiendo y bajando escaleras, así que se cansaba por el calzado de vestir que estaba forzado a utilizar.

Una tina de hidromasaje le vendría bien, era el mejor regalo que se le podría haber ocurrido.

Pero JungKook entendió una vez más que la suerte no estaba de su lado ese día.

–Lo siento joven, vendí la última hace unos cinco minutos.

–Entiendo, gracias.

Salió de la tienda sintiendo un nudo en la garganta, estaba seguro de que si volvía a fracasar iba a llorar en medio del centro sin importarle nada, sus niveles de frustración estaban en un punto crítico.

Dio de vueltas por la tienda, desechando varias ideas hasta que vio a un sujeto cargar una bolsa, de la cual sobresalía una caja con el dibujo de una tina de hidromasaje.

Estaba teniendo una muy mala idea, pero la desesperación le hacía tomar malas decisiones.

Como, por ejemplo, chocar con el tipo, arrebatarle la bolsa y correr como si su vida fuera en ello.

Escuchó el grito del tipo y como lo perseguía, pero JungKook era muy bueno corriendo, había estado en el equipo de atletismo cuando estudiaba, así que no pasó mucho tiempo para perder el rastro del tipo y encontrar un escondite.

Se metió a uno de los cubículos del baño, le puso seguro y abrió la bolsa, la tina estaba perfecta, incluso tenía el ticket de compra. Seguramente JiMin se pondría feliz con ese regalo, pero él no dejaría de sentir la culpa.

Acababa de cometer un robo, todo por no controlar sus impulsos, casi podía ver las miradas de decepción de toda su familia, estaba seguro de que su esposo preferiría que no le regale nada a que le dé algo que robó.

Había cometido un crimen, seguramente lo vetarían de la tienda, incluso tal vez lo arrestarían. No podría vivir sabiendo que su hijo no tiene a uno de sus padres con él. No podía dejar solo a JiMin tampoco.

Terminó rompiéndose, se sentía frustrado, inútil, desesperado, enojado consigo mismo, se encontraba en un estado más negativo que un electrón. Así que no hizo más que llorar, hasta que se vio interrumpido por el tono incesante de su celular.

La foto de JiMin apareció en la pantalla junto con el sobrenombre de “Pollito Mimi 🐤”, nombre que el propio JiMin había elegido. Respiró para intentar calmarse y que ningún sollozo o hipido saliera durante la llamada.

– ¿Qué pasa bebé? –Usó su mano libre para cortar un pedazo de papel y secar sus lágrimas.

–Sólo quería saber cómo ibas. Aunque tu voz no se escucha muy bien… ¿Lloraste? –JungKook suspiró, no podía mentirle a JiMin, simplemente no era capaz.

–Un poco, me puse negativo y terminé llorando.

–Kook, entiendo que a veces tomar decisiones te frustra, y empiezas a acumular emociones negativas, no quiero verte mal… Voy a pensar en algo que quiera que me regales, espera.

– ¡No! –JiMin se espantó un poco por el grito de su esposo. –Perdón, es que me alteré. No quiero que me digas JiMin, se supone que el regalo que te dé debe venir de mi corazón, ser algo sentimental. Hice mal preguntándote todos estos años.

Si así lo quieres. –Por su tono, JungKook estaba seguro de que JiMin estaba sonriendo. –JungKook, no voy a dejar de amarte por un mal regalo. No soy materialista, así que respira, y relaja tu mente. Eres muy inteligente y lindo, seguro se te ocurrirá algo.

–Ya tuve dos ideas que tuve que desechar.

–La tercera es la vencida entonces.

– ¿Tú cómo vas? –Habló mientras abría la puerta del baño, listo para salir y devolver lo que tomó sin permiso.

Estoy enojado. –JungKook se frenó en seco preocupado. –Mamá y tía Ye-Jin quieren hacer un postre de mango.

–Pero si a ti no te gusta el mango.

Por eso quieren hacerlo, no quieren que coma mucho postre en la cena.

–Bueno, viéndolo desde ese punto es buena idea.

¡JungKook! ¡Se supone que debes apoyarme! –JiMin bufó mientras JungKook soltaba una carcajada.

–Puedo cocinarte de esos cupcakes de chocolate que te gustan. Pero sólo dos.

Cuatro.

–Dos y un besito.

Dos, un besito y un striptease.

–Trato hecho… ¿Acabo de venderme a cambio de que no comas muchos postres?

Efectivamente. –Estaba vez fue JiMin el que rió. –Bueno, ya voy a colgar, sino pensarán que estoy haciendo una rabieta de verdad y mamá va a rociarme con agua.

Ambos se despidieron y JungKook juntó todas sus fuerzas para reanudar su camino hacia donde le había arrebatado la bolsa al tipo. Esperaba disculparse, llegar a un acuerdo, e irse como si nada. Pero no era su día, así que junto al tipo al que le robó se encontraba un guardia del centro comercial.

Se acobardó cuando vio una pistola de descargas eléctricas en el cinturón del guardia, pero entre más tardara, peor sería.

–Disculpe.

Ambos hombres se giraron a verlo.

–Él es el chico que le robó oficial.

JungKook hizo una pequeña reverencia y prosiguió a dar su explicación.

–Quiero disculparme por mi actitud, no debí tomar su bolsa y correr. Fue un momento de desesperación en el que no supe que hacer y actúe por un tonto impulso. Yo no soy así, no fue así como me educaron, y nunca había hecho una cosa así. Le ofrezco mis más sinceras disculpas.

–Bueno hijo, –Habló el guardia, que a simple vista parecía rondar por sus 50 años. –veo que entiendes lo errónea que fue tu actitud, sin embargo, me temo que tendré que llevarme a ambos a la oficina de seguridad. Para llenar el papeleo y eso.

–Sí, no se preocupe, pagaré la multa o lo que sea que me toque. Y si decide vetarme del centro comercial, lo aceptaré.

El guardia condujo a ambos chicos a la oficina de seguridad, la cual se encontraba junto a la entrada de la plaza, los hizo tomar asiento en la sala de espera y fue a hablar con su supervisor.

–Oficial Lee, hubo un problema con un robo. –El oficial miró a su compañero y frunció el ceño.

– ¿Otro? –El guardia que atrapó a JungKook asintió. –Hace cinco minutos también llegó una señora reportando que le robaron su tina de hidromasaje.

–Yo tengo a un chico que igual se robó una.

–Quizás se robó ambas y la otra la escondió, vamos a ver. –El oficial Lee entró a un cuarto y regresó con una señora de mediana edad. Los tres fueron a la sala de espera para poder interrogar al presunto ladrón.

– ¡Fue él! –Gritó la señora cuando divisó a ambos chicos. – ¡Ese chico me robó!

JungKook se espantó, pensando que ahora lo acusarían de dos robos, pero él sólo había cometido uno, y había devuelto lo que tomó. Empezó a entrar en una crisis de pánico, se había puesto pálido y no podía articular palabra alguna para defenderse.

–Yo…

–Señora Im, necesito que me diga cual de los dos chicos. –Pidió el oficial Lee.

–Él. –La señora Im señaló al chico que había acusado a JungKook de robó.

– ¿Él? Pero si a él le robó este chico. –El guardia señaló a JungKook. –Le arrebató la bolsa y se fue corriendo.

–Estoy segura de que fue él. –Dijo la mujer. –Iba saliendo de la tienda, dejé la bolsa en el piso un momento y cuando vi este chico ya se la estaba llevando.

Los guardias, la señora y JungKook se quedaron esperando a que el ladrón se defendiera, pero este no habló, simplemente asintió cuando le preguntaron si era cierto lo que decía la señora.

– ¿Y aun así te atreviste a reportar que te habían robado lo que tú robaste?

–No pensé que la señora siguiera aquí.

–Oficial Kim, llévate al chico y fíchalo, señora, aquí tiene su bolsa. –El oficial Lee le entregó la tina de hidromasaje a la señora Im. –Y tú chico, acompáñame.

JungKook se levantó y siguió al oficial hasta su oficina, una vez en esta tomó asiento y esperó, su crisis de pánico había pasado, pero aun así se sentía como venado paralizado frente a unos faros.

–No te ves como alguien malo, de hecho, gracias a ti acabamos de atrapar a alguien que sí, pero, ¿por qué tomaste esa bolsa?

–No voy a mentirle señor, estoy algo desesperado, y fue lo primero que cruzó mi mente.

– ¿Por qué estás desesperado? –El oficial miró atento a JungKook, la verdad es que el chico no le inspiraba cosas malas, le parecía más un niño buscando que hacer.

–En unos días es navidad, y mi esposo embarazado no me dijo que quería que le regalara. Es una costumbre que tenemos, él me dice y yo se lo compro, pero este año no me pidió nada. Yo no soy muy bueno con los regalos señor, una vez le regalé una crema antiarrugas a una amiga, teníamos dieciséis años y no me volvió a hablar. Tengo miedo de equivocarme y que no le guste lo que le regale.

– ¿Y robar fue tu mejor idea? –El oficial alzó las cejas.

–En realidad no, había pensado en comprarle un disco, pero se agotaron los de su cantante favorito. Después pensé en la tina de hidromasaje, pero se agotaron, así que cuando vi a ese chico con una, no pensé en mis acciones, cuando me di cuenta ya estaba en el baño escondido con ella.

–Y pensaste en devolverla. –JungKook asintió.

–Le llamé a mi esposo porque estaba en medio de una crisis de nervios, pero él me calmó y me dijo que podía darle cualquier cosa, que no le importaba. Pero de verdad quiero esmerarme.

–Puede que yo tenga un par de ideas. –JungKook lo miró sorprendido con sus ojos brillando en ilusión. – ¿Tú cantas?

–Un poco, ¿por qué?

–En el segundo piso de la plaza hay un local que es un mini estudio de grabación, normalmente van niños a jugar ahí, o los enamorados graban un discurso para sus parejas, podrías grabarle un mini álbum con sus canciones favoritas, pero cantadas por ti.

JungKook evaluó la idea, en realidad no le parecía tan descabellada, JiMin muchas veces le había dicho que amaba su voz y que era su fan número uno, quizás eso sería un detalle lindo.

–Te deseo suerte hijo, y espero que no vuelvas a sucumbir a un impulso por desesperación, esta vez te vas con una advertencia, porque me daría mucha pena vetarte del centro comercial.

–No se preocupe señor, no volverá a pasar.

JungKook se despidió del hospital y fue hacia donde le había indicado. Después de algunas tomas había grabado unas cuantas canciones, entre ellas las favoritas de JiMin y algunas de las que JungKook le había dedicado. Como carátula pidió que pusieran una foto de ambos sonriendo, y pagó por el producto.

No contaba con la producción de un disco de cantante profesional, pero al menos el audio se escuchaba bien.

Compró además una bolsa de los dulces favoritos de JiMin y una caja con un moño para guardar todo, y se dispuso a volver a su casa.

En su camino al estacionamiento pasó por una tienda de ropa y se detuvo abruptamente. Ese lindo conjunto en la vitrina estaba llamando su atención y sabía que a JiMin también le gustaría.


La cena de navidad estaba yendo viento en popa, toda la familia estaba reunida, no había habido ninguna discusión y todos habían disfrutado la comida. Los niños corrían de un lado a otro por el jardín con luces de bengala, mientras los adultos estaban sentados en la sala conversando, en su mayoría recuerdos.

–JiMin ese día se asustó y corrió a la casa por un botiquín. –Contaba entusiasmada la señora Jeon. –Recuerdo que entró llorando y me dijo: Tía Ye, JungKook se está desangrando. Naturalmente yo también me espanté y fui corriendo con él. Al final resultó que JungKook se había caído de la bicicleta y se había raspado la rodilla.

–Tenía siete años. –Dijo JiMin quejándose. –Gracias a mis gritos espantado no se le infecto la herida.

Todos en la sala rieron, ya que se les hacía muy tierna la historia y sobre todo que un JiMin embarazado de siete meses los estuviera viendo molesto.

–Papá, ¿podemos abrir ya los regalos? –Preguntó el pequeño TaeHyung, hijo del hermano de JiMin, SeokJin, y del primo de JungKook, YoonGi.

Sí, era extraño, pero en realidad toda su familia estaba conectada por la amistad tan duradera que llevaban.

TaeHyung y su hermano HoSeok ayudaron a repartir los regalos, JungKook se mantenía abrazado a JiMin mientras sus nervios empezaban a aparecer. Desde que había comprado el regalo estos no habían vuelto a presentarse, pero ahora que su esposo sabría que había decidido regalarle estaba a punto de una de sus crisis.

JungKook fue de los primeros en recibir su regalo, reconoció en la tarjeta la caligrafía de su esposo y lo desenvolvió, revelando el videojuego del que le había hablado todo el año.

–Dios JiMin, me encanta. –Cargó con cuidado a su esposo y lo sentó en su regazo para darle un beso. –Gracias por este regalo amor, te prometo enseñarte a jugar para que lo disfrutemos juntos.

JiMin sonrió, complacido de haber hecho feliz a su esposo, el cual se encontraba algo tenso porque el regalo que recibió había sido fantástico, estaba a nada de salir corriendo.

–Toma tío Minnie, este es para ti. –HoSeok puso la caja de color dorado en las manos de JiMin y continuó con su labor.

–“Para mi pingüino rellenito”. –Leyó en la tarjeta. –Kook, a veces eres un cursi. –Besó la mejilla de su esposo y empezó a desatar los listones que evitaban que la caja se abriera.

JungKook sintió un mini infarto cada que uno de los listones era quitado, pero sintió uno peor cuando JiMin por fin abrió la caja y empezó a revisar el contenido.

–Me compraste malvaviscos cubiertos de chocolate. –Habló emocionado. –Bien, esos me sirven mucho para mi café y que sepa más rico.

JiMin metió su mano y sacó la cajita con la foto de él y su esposo, era una de sus favoritas, el día en que se enteraron de que su pingüinito venía en camino, lo volteó y vio una lista de canciones.

– ¿Es un disco? –JungKook asintió. – ¿Descargaste y quemaste las canciones en él?

–En realidad yo las grabé. –El peligris miró sorprendido a su esposo.

– ¿Tú las cantas? –Miró emocionado al castaño quien asintió. –Me encanta, no voy a parar de escucharlo hasta que se borre y tengas que grabarme otro. ¡Es que incluiste Adore You!

JungKook sonrió aliviado, ya que JiMin estaba a punto de saltar de la emoción, no esperaba esa reacción, pero estaba feliz de haberle hecho caso al oficial Lee.

–Hay otra cosa. –Park sacó un conjunto negro perfectamente doblado. –Se ve pequeño. –Frunció el ceño hasta que lo desdobló y se dio cuenta de lo que era.

No pudo evitar que la emoción le ganara y eso provocara que unas cuantas lágrimas escurrieran por sus mejillas, nadie le había dado un detalle tan lindo como ese, y el que JungKook le diera algo así lo hacía más especial.

–JungKook, es muy lindo. –Habló con la voz temblorosa debido a las lágrimas y la emoción. –Tiene incluso un gorrito con orejitas.

JiMin admiró los detalles del mameluco talla newborn, era de color negro, algo de esperarse de JungKook, los pies tenían dibujadas unas huellitas, al igual que el gorro tenía bordados una nariz y unos bigotes de gato, junto con las pequeñas orejitas que adornaban dicho gorro.

–Nunca me habían dado algo que me gustara tanto. –JiMin abrazó a JungKook acurrucándose en sus brazos. –Te dije que me gustaría lo que me regalaras, y la verdad es que es el mejor regalo que me han dado.

– ¿De verdad te gusta tanto? –JiMin asintió.

–Tanto como me gusta mi esposo. –JungKook se sonrojó ligeramente. –Te amo JungKook, gracias por este regalo tan lindo para el bebé y para mí.

–Yo también te amo JiMin, gracias por permitirme seguir en tu vida y por darme un futuro mini tú como regalo.

Todas sus crisis habían valido la pena por ver tan feliz a su esposo, y volvería a tenerlas todas de nuevo si se lo preguntaran. Había entendido que a JiMin no le importaba para nada lo material, a él le importaba más que JungKook le diera algo con significado y que viniera de su corazón.

Ahora sólo faltaban alrededor de cincuenta días para que JungKook tuviera otra personita que le generara crisis nerviosas.

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