Capítulo uno.
— Ok pero tienes que llevar esto. — Taehyung sostenía unas bragas de encaje a la altura de su rostro mientras hacía una de las expresiones más puercas que podía llegar a hacer.
Hoy es el día de mi viaje a Fiji y mi mejor amigo Taehyung me ayuda empacar mis maletas, pero creo que solo me ayuda a que tenga un buen polvo.
—Tae, me voy de vacaciones a despejar mi mente, no a tener un cartel que diga follame en la frente. — dije entre fastidiado y divertido.
Tae frunció el ceño — Pues te hace falta, ya hasta te pueden salir telarañas por ahí.
Y así pasamos toda la mañana, Tae intentando meter de contrabando babydolls y bragas de encaje en mi maleta, mientras que yo me aseguraba de sacarlas fuera de ella.
Una vez terminado mi equipaje me dirigí a el despacho de papá.
Toque la puesta dos veces hasta que escuché un "adelante".
Sin despegar sus ojos de los documentos que estaba leyendo me preguntó —¿Que necesitas jimin?.
— Pues — Jugué con mis dedos. —dentro de una hora sale mi vuelo, a Fiji, venía a despedirme — Juro que intenté sonreír.
— Que lo disfrutes hijo. — dijo todo eso sin despegar la mirada de los papeles.
Un tick en mi ojo amenazaba por salir, incliné mi cabeza y salí de ahí.
En el pasado nunca me fijé en el trato de mi padre con nosotros, sus hijos, gracias a que el dinero nublaba mi mente junto a las ganas de hacer lo que yo quisiera, pero el crecer un poco como persona me hizo darme cuenta de cuan frío y distante puede llegar a ser papá.
Taemin y Chanyeol estaban resolviendo un problema que se presentó en el hotel de los angeles, así que no hubo más nadie de quién despedirme.
Me duché, comí un poco y salí rumbo al aeropuerto, ansiando estar en mi destino de una vez por todas.
No tenía una figura a la cual creer, pero me pareció buena idea orar, a lo que sea que me estuviera escuchando, pidiendo que en este viaje me pueda relajar y divertirme con la abuela, dónde pueda simplemente comer comida deliciosa hasta no poder más.
Unos minutos después estaba subiendo en primera clase un avión hacia Fiji, no sé que es lo que me espera pero pronto lo descubriré.
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Una vez en el ferry que me llevará directo a la isla donde se encuentra la cabaña de mi abuela, ya se puede apreciar la isla de mi destino.
Al llegar bajo del ferry emocionado, por fin toco tierra firme.
Todo es tan hermoso aquí, los colores son mucho más vivos y la playa es mágica.
—¡Jimin cielo! ¡Estoy aquí! — Una voz gritó mi nombre y al escucharla me dí la vuelta y ahí al frente de mi estaba parada mi abuela con una sonrisa.
—¡Abuela! — Corrí a abrazarla, habían pasado más de 5 años desde la última vez que la había visto en persona, nos fundimos en un gran abrazo lleno de recuerdos y mucho amor.
—Mira cuanto haz crecido mi jiminnie— dijo mientras pellizcaba mis cachetes. — y veo que aún tienes esos cachetitos de bebé.
Luego del hermoso reencuentro de abuela y nieto nos dirijimos a la cabaña de mi abuela, cada vez más estaba convencido de que fiji era mágico, todo en este lugar parecía tener un filtro de Instagram muy vivido, me parecía simplemente muy bello.
— Que hermosa cabaña abuela — dije impresionado por todos los adornos que parecían sacados de Hawai y las fotografías en los marcos al parecer hechos de manualmente le daba un toque muy lindo a la casa.
Me acerque a una de las fotos que estaban en la repisa alta, eran fotos de mi madre de bebé con su biberón, también había una de su graduación de primaria, y otra junto a la abuela cuando cumplió 16, y aún vivían en Corea.
—Yo también la extraño, pero se que está muy feliz de la vida tan calmada que llevo ahora. —la abuela dijo con un semblante nostálgico — Bueno, bueno, no es hora de ponernos tristes, estamos felices de que por fin decidieras visitar a tu abuela después de tanto tiempo.
—Lo siento mucho abuela por no haberte venido a visitar antes, es que papá me ha estado presionando mucho sobre la universidad y por qué es necesario que me gradué antes, también pasó lo mismo con Chanyeol y Taemin pero ellos ya no pidieron librarse.
—Ese viejo gruñón— La expresión que puso la abuela me pareció muy chistosa. — Ve a instalarte mientras hago de comer, tu habitación es la segunda del segundo piso.
Sin más que decir me dirigí a la habitación que me indicó mi abuela, saqué toda mis cosas de las maletas y las organice en el armario, suficiente ropa para los cuatro meses que estaría en este lugar.
Y así se me fue la tarde, cenando y contando anécdotas junto a mi abuela, dónde reímos hasta que nos dolieron los cachetes y la barriga, al rato ya cansados por el día nos fuimos a dormir cada uno a sus respectivas habitaciones, una vez en el colchón caí como una piedra directo hacia el mundo de los sueños