4. Heartless.

Summary

Hwang Hyunjin es uno de los mejores fisioterapeutas de Europa. Kim Seungmin es una joven estrella del futbol con una lesión en la ingle. Ellos se detestan uno al otro desde el momento en que se conocieron. En cuanto Hyunjin se refiere, Seungmin es un rico mocoso mimado que está demasiado acostumbrado a hacer lo que quiere. Por lo que a Seungmin se refiere, Hyunjin es un idiota mandón y presumido. Seungmin odia a Hyunjin. Lo hace. El problema es que también quiere empujarlo contra la pared más cercana y trepar en Hyunjin como en un árbol…

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01.

Kim Seungmin no estaba de buen humor.

—Todavía no entiendo porque no puedo tener a un fisioterapeuta que conozca. No conozco a ese tipo.

La mirada que su asistente personal le dedicó podría considerarse profundamente sufrida en el mejor de los casos.

—Porque los fisioterapeutas del club ya están tapados de trabajo —dijo ella—. Y, el Dr. Bang quiere que trabajes con un terapeuta de su confianza.

Seungmin chequeó la hora en su teléfono.

—El tipo está demorado. No tengo todo el día.

Volteó el rostro para ocultar su sonrisa mientras Heejin apretaba los dientes. Sin embargo, su voz sonó increíblemente calmada mientras decía:

—Él está sólo 17 minutos demorado, Seungmin. Y es la tercera vez que dices eso durante los últimos 5 minutos.

Seungmin le dedicó una mirada inocente.

—¡Pero él está llegando tarde!

—Tu llegas tarde todo el tiempo, princesa —Heejin murmuró bajito, claramente sin intención de que él la oyera.

A pesar de ser su asistente personal durante un año, Heejin aún no tenía idea de cuan aguda era su audición y tenía el hábito de decir cosas sucias sobre él cuando pensaba que no podría oírla.

Era bastante molesto.

Seungmin evitó sonreír. Sabía que probablemente debería dejar de irritarla deliberadamente, pero estaba tan aburrido. Ahora que él estaba lesionado y bastante confinado dentro de la casa, molestar a su asistente personal era la única cosa remotamente interesante para hacer. Era casi gracioso ver a Heejin tratando de contener las respuestas ingeniosas que deseaba dar. Casi.

—Hwang Hyunjin está altamente recomendado –dijo Heejinmás fuerte.— Estoy segura de que hay una buena razón para su tardanza. Es un fisioterapeuta, y entrenador personal, exageradamente costoso. Debe ser bueno.

Seungmin se encogió de hombros. El médico de su equipo le prometió encontrar al mejor fisioterapeuta para ayudarle a recuperarse de su lesión en la ingle, pero Seungmin no había pedido ningún detalle; ese era el trabajo de Heejin.

—¿De qué me sirve eso a mí si él no está aquí? Mi lesión no va a curarse por sí sola. Estoy cansado de esperar.

—Entonces volvamos dentro —dijo Heejin, con una nota de exasperación arrastrándose en su voz de nuevo.– De todos modos, estoy bastante convencida de que no se supone que estés caminando.

Apoyándose contra el árbol, Seungmin miró la casa y frunció el ceño.

—Estoy harto de estar atrapado dentro durante todo el día. No soy un inválido.

Esta vez no se quejaba solo para molestar a Heejin. La falta de actividad realmente lo estaba volviendo loco. Extrañaba el fútbol. Extrañaba la sensación de estar sano y en forma, el viento en su cara mientras corría hacia la portería, la alegría que sentía cuando metía un gol, el rugido de la multitud cantando y coreando su nombre. El fútbol era su vida.

Lo único que importaba.

Seungmin miró al cielo gris. Ya estaban en marzo. La Copa del Mundo estaba a tan sólo tres meses de distancia. El tiempo se estaba agotando. Necesitaba volver al campo de juego tan pronto como fuera posible, y recuperar su forma, si quería impresionar al entrenador del equipo nacional. Seungmin podría ser el jugador más talentoso de Inglaterra en generaciones (en su humilde opinión), pero tenía, relativamente, poca experiencia a nivel internacional y sabía que eso obstaculizaba sus posibilidades de ser elegido.

El entrenador era bastante anticuado y prefería a veteranos fiables antes que a las jóvenes estrellas en ascenso. Y ahora su lesión sólo lo había complicado todo. Cuanto más tiempo estuviera lesionado, menores serían sus posibilidades de participar en la Copa del Mundo. Y para empeorar las cosas, estaban en marzo y todavía no tenía un fisioterapeuta, o mejor dicho, su fisioterapeuta aparentemente había decidido que tenía mejores cosas que hacer que su jodido trabajo.

Seungmin desvió su mirada de nuevo hacia Heejin.

—Llama al Dr. Bang y pregúntale dónde está ese idiota inútil.

Detrás de él, alguien se aclaró la garganta.

—Eso no será necesario —dijo una voz seca—. El idiota inútil está aquí.

Seungmin hizo una mueca. Incómodo. Y un poco inconveniente. Le gustaba causar una buena primera impresión en la gente. Tenía una imagen pública que mantener, después de todo.

Fijando una sonrisa en su rostro, Seungmin se dió la vuelta. Su sonrisa vaciló un poco y se humedeció los labios con la punta de la lengua.

El hombre que estaba a unos pocos pies de distancia -Hwang Hyunjin- no era el hombre más guapo que había visto. Él no lo era. Pero exudaba tal confianza, fuerza y virilidad, que daba la impresión de ser increíblemente apuesto. Era alto, con un cuerpo firme y musculosos hombros anchos. Su espeso cabello tenía destellos de oro en él. Tenía una fuerte mandíbula, mejillas magras, piel oliva clara, y un par de profundos ojos negros. Su boca estaba finamente moldeada, con un ligero rasgo irónico en ella, pero no suavizaban la dureza de sus rasgos en absoluto. Había un surco entre las cejas del tipo mientras que estudiaba a Seungmin.

—Estás descargando todo el peso en una pierna —dijo—. Ve adentro.

Seungmin parpadeó.

—¿Discúlpame?

Hwang se acercó, lo agarró entre sus piernas y le apretó el muslo. Con los ojos ampliándose, Seungmin se quedó sin aliento, en parte por el shock y en parte por el dolor.

—¿Estás loco?

—Como pensaba —dijo Hwang—. No debes estar parado. Deberías descansar.

—¿Ya acabaste de manosearme?

Hwang retiró la mano.

—¿Manosearte? Pensaba que fui contratado para ayudarte a recuperar de una lesión de tercer grado en la ingle. Entra y siéntate. No deberías estar de pie si un simple toque continúa siendo doloroso.

Seungmin cruzó los brazos sobre el pecho.

—Estoy bien aquí, gracias.

—Eso no fue una petición —dijo Hwang.

El calor se precipitó a las mejillas de Seungmin. Nadie le ordenaba que hacer. Nadie.

Detrás de él, Heejin rió -pequeña traidora- y, rápidamente, empezó a toser.

—Te despido —Seungmin dijo apretando los dientes.

—Seungmin, lo siento —comenzó Heejin.

—No, tú —dijo Seungmin y miró Hwang—. Tú.

Hwang no se veía preocupado. En todo caso, algo así como diversión brilló en sus ojos.

—No puedes despedirme por hacer mi trabajo. En realidad, tú no me puede despedir y punto. No eres quien me contrató: el club de fútbol para el que juegas lo hizo. Ahora, vaya adentro, Sr. Kim —Los labios de Hwang se arquearon ligeramente.

Dios, Seungmin quería borrar esa sonrisa de su cara. Le frunció el ceño al tipo, pero antes de que pudiera decir nada, Hwang se dirigió a Heejin.

—Hwang Hyunjin —dijo con una agradable sonrisa, estrechando la mano de Heejin.

—J-jeon Heejin —dijo en voz baja, lamiéndose los labios.

¿Estaba realmente batiendo sus pestañas para el tipo?

—Deja de babear y guarda la lengua dentro de tu boca –Seungmin le dijo—, es repugnante.

Heejin se ruborizó hasta las raíces del pelo y se quedó mirándolo. Seungmin sólo levantó sus cejas y sonrió.

—¿Siempre eres así de imbécil, cruel y sin tacto? —dijo Hwang.

Seungmin amplió sus ojos y le dedicó su mejor mirada inocente.

—¿Yo? Creo que estás confundido.

—Sí, estoy confundido —dijo Hwang, evaluando a Seungmin—. Tienes reputación de ser un hombre agradable, con los pies sobre la tierra. Todavía me estoy preguntando dónde está él.

Seungmin sonrió.

—¿Oíste hablar de mí? Espera, ¿eres un fan?

Los labios de Hwang se torcieron.

—Difícilmente. Soy fanático de Arsenal.

Lo imaginaba. Perdedor.

Como si pudiera leer sus pensamientos, Hwang dejó escapar una carcajada.

—Incluso si me gustara tu equipo, yo no sería un fanático tuyo. Creo que tu hermano es el mejor jugador y debería ser el que esté jugando en el ala izquierda para el Chelsea.

Palideciendo de furia, Seungmin apretó los puños. En su vista periférica, podía ver a Heejin haciendo una mueca por la observación de Hwang. Ella sabía que era muy mala idea incluso dar a entender que su hermano adoptivo era mejor jugador que él, porque Minho no era el mejor jugador, maldición.

Al carajo con dar una buena primera impresión. Este imbécil no se merecía desperdiciar ninguna sutileza en él.

—¿Ah, sí? —dijo Seungmin, dando un paso más cerca de Hwang.

Sus caras estaban a pulgadas de distancia ahora. De cerca, la mirada de Hwang era algo inquietante. No es que Seungmin dejara que lo notara. Y era molesto que el tipo fuera media cabeza más alto que él— y Seungmin era de una estatura perfectamente normal, muchas gracias.

Trabó los ojos sobre los de Hwang y dijo suavemente:

—Se requiere muy poco para arruinar la carrera de una persona, ya sabes. Unas pocas palabras a la persona equivocada harían el truco. Si yo fuera tú, querría ser un poco más respetuoso. Me sorprende que no te estés muriendo de hambre en las calles, si esta es tu actitud habitual hacia los clientes. Ten cuidado —Él sonrió con dulzura—. Sólo un consejo amistoso.

Los ojos de Hwang se estrecharon, todos los rastros de diversión desaparecieron de ellos.

—Se necesitaría mucho más que las palabras de algún malcriado niño rico para arruinar mi carrera.

—¿De verdad? —dijo Seungmin, ladeando la cabeza—. ¿Tan seguro de tí mismo?

—Creo que estás malentendiendo algo —dijo Hwang lentamente—. No necesito este trabajo. Mis servicios son reservados normalmente con meses de antelación. Acepté hacer esto, sólo como un favor a Bang Chan. Así que no soy yo quien debe tener cuidado, mocoso. Si no te gusta que yo no vaya a lamerte las suelas como todos los demás...

—¿Cómo sabes eso? —dijo Seungmin, curioso a pesar de sí mismo—. ¿Qué la gente me “lame las suelas”?

Una sonrisa apareció en los labios de Hwang.

—He oído hablar de ti. He sido advertido sobre ti.

—¿Por quién? —preguntó Seungmin, pero una sospecha ya se estaba formando en su mente. Ahora la actitud del tipo estaba empezando a tener mucho más sentido—. ¿No será por mi hermano, de casualidad?

—Sí. Por Minho.

Seungmin se echó a reír.

—¿Te importaría compartir la broma? —dijo Hwang cuando la risa de Seungmin se calmó.

—Mi llamado “hermano” simplemente odia que la gente me quiera más —Seungmin levantó la mano y acarició la mejilla bien afeitada del tipo—. Pobrecita, cosita ingenua. Min sólo está celoso de mí, siempre lo ha estado. Soy más talentoso, guapo e inteligente.

—Y más humilde —dijo Hwang.

—La humildad está sobrevalorada —dijo Seungmin con una sonrisa, mirándolo desde bajo sus pestañas.

La cara de Hwang permaneció impasible. Él cogió la muñeca de Seungmin y le apartó la mano.

—Puedes terminar con esto. Tus dramáticos ojitos mieles de bebé no funcionan sobre mí.

Seungmin parpadeó, apenas dándose cuenta de lo que había estado haciendo –intentando hacer. Estaba tan acostumbrado a intentar tener a cada persona comiendo de su mano, que apenas se daba cuenta cuando lo hacía.

—Hábito —dijo con el ceño fruncido, evitando su mirada—. Y, ¿Eres daltónico? Mis ojos no son mieles de bebé.

—Son de un miel extraño —dijo Hwang, por lo que el ceño de Seungmin se profundizó. Miró a la ingle de Seungmin—. Te dije que entraras y te sentaras.

—Y yo te dije que estoy bien aquí —dijo Seungmin.

Él no estaba siendo del todo sincero. Sus músculos de la ingle estaban doloridos y la incomodidad crecía cada vez que se desplazaba incluso mínimamente, pero estaría condenado si lo admitiría y demostraría que este gilipollas insoportable tenía razón.

—Si tú lo dices —dijo Hwang, encogiéndose de hombros.

Asintiendo a Heejin, que estaba observando con curiosidad, Hwang se alejó.

Seungmin frunció el ceño.

—¿A dónde vas?

—A casa —Hwang disparó por encima del hombro.

Seungmin fue tras él.

—¿Qué? ¿Qué hay de mi lesión? ¡No puedes irte sin hacer tu trabajo!

—Voy a volver cuando dejes de ser un bebé y, de hecho, me dejes hacer mi trabajo. Yo trabajo con adultos.

—No he dicho que podías irte —Seungmin silbó, la ira acelerando sus pasos. Qué hijo de puta presuntuoso—. Si no te dejo mandonearme, eso no quiere decir que puedas simplemente abandonar el trabajo por el que te pagan— ¡Ow!

Seungmin se agarró el área superior del muslo y se detuvo, maldiciendo floridamente mientras que un fuerte, agonizante dolor, se disparó por su pierna. Cayó sobre una rodilla, maldiciendo.

Hwang estaba a su lado inmediatamente.

—Jodidamente te lo dije. Deberías estar descansando una lesión de ingle, no poniéndola bajo un estrés innecesario.

—Cállate —dijo Seungmin, silbando mientras trataba de lograr ponerse de pie. Tratando y fracasando. Hizo otro intento por ponerse de pie y gimió.

Hwang suspiró.

—Por el amor de Dios —dijo antes de inclinarse y recogerlo en sus brazos.

Lanzó a Seungmin por encima del hombro como un saco de patatas y se dirigió hacia la casa.

—Bájame —dijo Seungmin, sonrojándose por la humillación—, puedo caminar.

Hwang resopló ante eso.

—Guía el camino —le dijo a Heejin—. A su dormitorio.

—Por aquí —dijo ella, caminando por delante. Al menos no fue riéndose a costa suya de nuevo.

Para el momento en que llegaron a la habitación, el labio de Seungmin estaba ensangrentado; había estado mordiéndolo para evitar hacer algún ruido. Dios, eso dolía. Se sintió aliviado, y un poco sorprendido, cuando Hwang lo bajó con cuidado sobre la cama: él había esperado que fuera brusco.

Cuando Hwang agarró la cintura de los pantalones de chándal de Seungmin, Seungmin le agarró la mano.

—¿Qué estás haciendo?

El tipo le dió una mirada extraña.

—Mi trabajo. Necesito examinar la ingle.

Sintiéndose tonto, Seungmin asintió a regañadientes y le dijo a Heejin:

—Fuera.

—Tráeme una bolsa de hielo, una toalla húmeda, y vendas —Hwang le dijo. Ella asintió y salió a toda prisa de la habitación.

Seungmin miró al techo, mientras que Hwang tiró de sus pantalones de chándal, dejándolo solo en calzoncillos. Fuertes dedos tocaron sus muslos, y a continuación, la parte baja del estómago y la ingle.

Seungmin hizo una mueca. No se sentía exactamente agradable.

—¿Y bien?

—Han pasado alrededor de diez días desde que te lesionaste, ¿verdad? —dijo Hwang.

—Sí.

—El dolor debería haber disminuido para ahora —dijo Hwang, sonando un poco molesto—. Mi presencia aquí es prácticamente inútil si no podemos empezar a hacer masajes y ejercicios, y no podemos hacerlo durante la fase aguda inicial. Debería haber pasado ya. ¿Has seguido las instrucciones de Chan?

Seungmin se encogió de hombros.

—Más o menos.

—¿Más o menos? —repitió Hwang.

—No soy del tipo de sentarse quieto y girar los pulgares durante todo el día —dijo Seungmin, todavía mirando al techo.

Hwang respiró hondo y exhaló audiblemente. Seungmin reprimió una sonrisa. Enloquecer a la gente era una de sus cosas favoritas en el mundo.

—Mírame cuando estoy hablando contigo —dijo Hwang.

Seungmin lo miró a los ojos.

—¿Qué? —dijo, extrañamente consciente de las manos de Hwang en sus muslos.

—Chan me dijo que querías regresar al juego, tan pronto como sea posible —dijo Hwang—. Gracias a tu propia imprudencia y terquedad, has empeorado tu lesión. No puedes empezar a entrenar hasta que el dolor se haya ido en su mayoría. Sólo te puedes culpar a ti mismo si te pierdes la Copa del Mundo.

Los labios de Seungmin se adelgazaron.

Heejin volvió a la habitación y le entregó a Hwang lo que había solicitado antes de salir de nuevo. En silencio, Hwang se sentó junto a él, envolvió la bolsa de hielo en una toalla húmeda, y la presionó firmemente contra la ingle de Seungmin.

—¿Ahora entiendes lo estúpido que has sido?

—Realmente no me gusta tu actitud —contestó Seungmin.

Hwang sonrió. Era una de esas personas cuyo rostro no se suavizaba mucho por una sonrisa.

—Acostúmbrate a ella. Yo no trato a mis pacientes con guantes de seda.

Seungmin sólo lo fulminó con la mirada.

Durante unos largos minutos, sólo hubo silencio, mientras se miraron uno al otro. Estaba haciendo que Seungmin se sintiera un poco raro, pero se negaba a apartar la mirada primero.

Minutos después, Hwang fue el que finalmente lo hizo. Quitó la bolsa de hielo y empezó a envolver la venda elástica alrededor de su muslo. Pasando el vendaje alrededor de la parte posterior de la cintura de Seungmin, lo aseguró allí.

—Ahora debes descansar —dijo Hwang, quitando las manos—. Y, cuando digo descansar, lo digo enserio. También, hielo tres veces al día por quince minutos.

Seungmin no dijo nada.

—¿Entendido? —dijo Hwang, en un tono que no admitía réplica.

—No puedo estar en cama todo el día —dijo Seungmin, tratando de sonar razonable y adulto. Arañaba sus nervios el que Hwang lo tratara como si fuera un bebé medio tonto—. Mis músculos se están debilitando cada día. ¿Cómo se supone que voy a recuperar la forma si soy una papa tirada en un sillón?

—Vamos a recuperar tu musculatura después de que la fase aguda haya terminado.

Seungmin sacudió la cabeza.

—¿Tienes alguna idea de cuánto tiempo trabajé por este cuerpo?

Él podría no haber sido nunca tan escuálido y bajito como su hermano, pero era naturalmente, muy delgado y le había tomado un montón de trabajo duro para ganar y mantener la masa muscular que tenía. Y aún con todos los entrenamientos diarios, nunca sería tan musculoso y fuerte como la mayoría de los futbolistas. Por lo menos era lo suficientemente fuerte como para no ser acosado por la pelota, como Minho lo era a menudo.

La mirada de Hwang barrió sobre el cuerpo de Seungmin. Seungmin se removió un poco. Era una tontería. No tenía nada de qué avergonzarse -aunque sólo era de mediana estatura, tenía un cuerpo genial- pero el escrutinio de este tipo le hizo sentirse extrañamente consciente de sí mismo, y odiaba sentirse cohibido.

Era Kim Seungmin. Era rico, guapo y popular. Sus días de ser un niño delgado y sucio, fueron superados hace mucho.

Cuando Hwang volvió a mirar la cara de Seungmin, sus ojos eran ilegibles.

—No es nada que no podamos arreglar.

Seungmin frunció los labios.

—Bien. Pero quiero un masaje de cuerpo entero. Puedo sentir mis músculos poniéndose débiles y tiesos.

Hwang le dió una mirada taimada.

—Muy bien —dijo después de un momento de consideración, abriendo el bolso que había tenido colgando del hombro. Sacó una botella de aceite de masaje—. Sácate la remera y vuélvete sobre tu estómago.

Seungmin se quitó la remera, rodó sobre su vientre, y cerró los ojos. Atrapó su labio entre los dientes, repentinamente muy consciente de que llevaba sólo los calzoncillos y nada más. Su propio malestar lo desconcertó un poco.

Estaba acostumbrado a recibir masajes de los fisioterapeutas del club –Demonios, él estaba acostumbrado a estar completamente desnudo durante esos masajes. De hecho, la única razón por la que Hwang no le dijo que se quitara también los calzoncillos, probablemente fuera debido a que la ingle de Seungmin no podría ser masajeada, mientras que su lesión todavía estaba inflamada.

—¿Qué estas esperando? Me está agarrando frío —Seungmin dijo, su irritación creciendo junto con su auto-conciencia. Este hombre le hacía sentir demasiado incómodo y en el borde, sin razón aparente.

Oyó a Hwang abrir la botella.

Y entonces.

—Se supone que debes calentar eso, ¡Idiota!

—Es la segunda vez que me llamas idiota. Me estoy ofendiendo —Hwang puso sus manos aceitadas en la base del cuello de Seungmin.

—¡Ay! ¡Eso duele!

—No seas una niña.

—Pero duele.

—Vamos, no es tan malo.

—Tú no eres el que está siendo- ¡Ah!

Hwang se rió entre dientes, hundiendo sus dedos con más fuerza.

—Bebé.

—No creo que te conozca lo suficiente como para dejarte usar apodos cariñosos —dijo Seungmin, con voz suave y sedosa.

—Te dije que lo cortaras —Hwang dijo con sequedad—. Tu ridícula voz de dormitorio está desperdiciada en mí.

Sonriendo, Seungmin dijo en voz baja, íntima:

—¿Mi bromeo te hace sentir incómodo, Jin?

Hwang resopló, sus grandes manos acariciando y amasando a lo largo de la columna vertebral de Seungmin.

—Mi nombre es Hyunjin. Sólo mi madre me llama Jin.

—No has contestado la pregunta.

Hyunjin hizo un sonido irritado.

—No, no me hace sentir incómodo. Simplemente no me gustan los juegos. No me gusta la mierda.

—¿Y qué te gusta?

—Prefiero la honestidad y los avances directos.

—Aburrido —dijo Seungmin, arrugando la nariz—. Entonces, ¿qué haces para divertirte?

—Ver fútbol. Follar —dijo Hyunjin en un tono coloquial.

Seungmin se echó a reír.

—Espera, déjame adivinar: Has estado follando con la misma persona durante años.

—He tenido una novia desde hace años.

—¡Ves!

—Voy a tener que decepcionarte —dijo Hyunjin, presionando sus pulgares en la espalda baja de Seungmin, con fuerza—. Estamos en una relación abierta.

—Que progresista de su parte —dijo Seungmin, aunque estaba realmente sorprendido. El chico no parecía ser del tipo que estaba en una relación abierta—. ¿Por qué? ¿Cómo incluso funciona?

—No es que sea nada de tu interés, pero cuando dos personas confían entre sí, tan sólo es práctico. Ella es periodista deportiva. Los dos estamos alejados mucho, y muchas veces no nos vemos por meses.

Hyunjin continuó masajeando su espalda baja. Se sentía... no apestaba.

—Hmm, ¿Por lo que ambos son libres de dormir con quienes quieran?

—Sí.

—¿Y nunca te sentiste asqueado de que otro hombre tocara a tu novia?

El concepto era un poco difícil de entender para Seungmin, pero por otra parte, nunca había sido bueno en compartir sus cosas.

—No soy del tipo celoso —dijo Hyunjin—. Los dos somos adultos, y ambos tenemos necesidades físicas. No es más que práctico.

—¿Y ella no se pone celosa tampoco?

Eso, Seungmin tenía problemas para creerlo, teniendo en cuenta... bueno, él no era ciego. Hyunjin sería un idiota, pero era un idiota sexy.

—Ella sabe que el sexo no significa demasiado si no hay un vínculo emocional real. Ella sabe que es la única que importa.

Seungmin ahora como que quería conocer a la mujer. Ella debía ser muy segura de sí misma... o muy tonta.

—De todos modos —dijo Hyunjin, todavía masajeando su espalda baja—. Pronto ya no importará. Hemos acordado que seremos exclusivos después de la boda.

Seungmin abrió los ojos.

—¿Te vas a casar? ¿Cuándo?

—En tres meses.

—Mis sinceras condolencias.

Hyunjin rió mientras se movía para masajear las piernas de Seungmin, salteando sus nalgas y muslos.

—¿Eres compromiso-fóbico?

—No le veo el punto. Las relaciones a largo plazo son restrictivas y aburridas.

Las manos cambiaron hacia sus pantorrillas, masajeándolas con fuerza.

—¿Alguna vez has estado en una relación, pequeño? —La voz de Hyunjin prácticamente chorreaba condescendencia.

Seungmin le dió una patada y luego se quejó de inmediato cuando una sacudida de dolor disparó a través de su ingle.

—Si sigues así, no te recuperarás en el corto plazo —dijo Hyunjin.

—Lo dice el chico que me provocó —Seungmin se quejó, suprimiendo la necesidad de voltear la cabeza y sacar la lengua.

Dios, ¿qué tenía este tipo que sacaba lo peor de él? No podía recordar la última vez que se sintió tan al límite e infantil.

—Voltéate sobre la espalda —dijo Hyunjin.

Gruñendo, Seungmin lo hizo, y Hwang empezó a masajear su frente. Seungmin se retorció un poco. Estaba tan acostumbrado a recibir masajes que había dejado de sentirlos extraños e intrusivos desde hace mucho tiempo, pero por alguna razón... Esta vez era diferente. El toque de Hyunjin era impersonal, sus manos deslizándose sobre la piel de Seungmin con una eficiencia practicada, pero Seungmin no podía apartar la mirada de las manos de Hyunjin, mientras que masajeaban y acariciaban los músculos de su brazo.

Sintió la mirada en su cara y levantó la vista. Hyunjin estaba observándolo. Tan pronto como sus ojos se encontraron, Hyunjin apartó la mirada, centrándose en la tarea en cuestión.

Eso hizo a Seungmin cuestionarse.

—¿Qué?

—Nada —Hyunjin dijo bruscamente, moviéndose para situarse justo por encima de la cabeza de Seungmin.

Colocó las palmas de sus manos por debajo de la clavícula de Seungmin. Luego presionó sus manos hacia abajo, con las palmas en los pectorales y masajeándolos. Seungmin vió las manos de Hyunjin deslizándose sobre su pecho, cubriendo sus pezones, las palmas de las manos frotando contra ellos, una y otra vez. Seungmin se mordió el interior de la mejilla, sintiendo una agitación en la ingle.

Mierda. Esto no le había ocurrido durante un masaje desde hacía años. Él sabía que era una reacción bastante normal, y la mayoría de los fisioterapeutas no se molestaban cuando ocurría, pero el hecho de que le estaba pasando con este come-mierda era mortificante.

Cerró los ojos, pensando en las cosas más repugnantes que pudo.

—Necesitarás una nueva cama —dijo Hyunjin.

Los ojos de Seungmin se abrieron.

—¿Qué? ¿Por qué?

—El colchón es demasiado blando.

Seungmin apretó los dientes. Increíble.

—Nadie te pidió opinión sobre mi colchón. Debes saber, estoy bastante apegado a mi colchón.

Las manos de Hyunjin, finalmente, dejaron de acariciar su pecho. Se movió hacia abajo, para trabajar en las piernas de Seungmin.

—Es malo para tu columna.

—Mi colchón es perfecto.

—No, no lo es —dijo Hyunjin—. Debería sostener tu cuerpo en una postura neutral, en la que la columna vertebral tenga una buena curvatura y los glúteos, hombros y cabeza estén soportados en una alineación adecuada. Es necesario para tus huesos que ofrezca alguna resistencia. Tu colchón es demasiado suave para ello.

—Pero si el colchón es firme, empujaría en esos puntos de presión —dijo Seungmin.

—Sí, pero sólo si el colchón es demasiado firme. Si es demasiado suave, como tu colchón, los puntos de presión no serán adecuadamente soportados, por lo que todo tu cuerpo descansará mal —Hyunjin lo empujó hacia un lado—. Mira —dijo Hyunjin, poniendo una mano en su nuca.

Pasó lentamente la mano por la espalda de Seungmin hacia su baja espalda, justo por encima de su culo.

—La columna vertebral se curva debido a que el colchón se hunde demasiado bajo el peso. Puede causar varios problemas a largo plazo. Puede empeorar...

Hyunjin todavía estaba diciendo algo –casi dándole una conferencia– pero Seungmin tenía problemas para concentrarse.

La mano de Hyunjin estaba descansando justo encima de su culo.

—¿Entiendes ahora por qué necesitas un colchón nuevo?

—Está bien, ¡Lo que sea! —Seungmin se quejó, retorciéndose lejos de la mano de Hyunjin—. Todo lo que siempre haces es criticarme.

—¿Siempre? —dijo Hyunjin, sus ojos negros destellando con humor—. Nos conocimos hace media hora.

—Precisamente. He oído más críticas en media hora de las que he oído en medio año.

—Eso significa que estás rodeado de lame-botas —Hyunjin se puso de pie, limpiándose las manos con una toalla—. Voy a elegir un nuevo colchón para ti. Vas a ser un buen chico y dormir en el colchón que ordene para ti.

Por alguna estúpida razón, la polla de Seungmin se sacudió. Él trató de ignorarlo.

—Estás cruzando la línea —dijo Seungmin, muy, muy suavemente.

Hyunjin sonrió.

—No lo creo. Es trabajo del fisioterapeuta asegurarse de que su paciente está en plena forma. Y encontrarás que tomo mi trabajo muy en serio —Él agarró su bolso y se dirigió hacia la puerta.

—¿Alguna otra orden? —dijo Seungmin a su espalda.

—No hagas nada estúpido sólo para fastidiarme —dijo Hyunjin por encima del hombro—. Voy a volver mañana por la mañana y espero encontrarte todavía en la cama.

—¿Se me permite levantarme a hacer pis, mi señor?

—Sólo si realmente tienes que hacerlo —dijo Hyunjin—. Puedo decirle a Heejin que compre pañales para ti. Bebé.

Seungmin agarró una almohada y la arrojó a la cabeza del imbécil.

Hyunjin se agachó, riendo.