CAPITULO 01
Decir que mi día había comenzado mal, era un eufemismo porque en realidad, había empezado siendo un verdadero desastre.
Me quedé dormido, y como en el último fin de semana había tenido una fuerte discusión con Taehyung por negarse a explicarme coherentemente la razón de la citación del Director de su colegio, se me olvidó comprar shampoo y mi leche del desayuno. Nunca imaginé que tener que cuidar a un adolescente en plena etapa hormonal era tan complicado...
Eso sin contar que nos conocemos hace menos de dos meses.
Tomé algo de zumo de naranja de caja —lo único que había en mi refrigerador— y salí apresurado a la reunión con mi Editor, sabía de antemano que no eran buenas noticias. Que Jung Hoseok te llamara a las 06:30 de la mañana para una reunión extraordinaria, solo podía ser sinónimo de que algo realmente malo estaba por suceder, sobre todo porque nadie era capaz de levantar la humanidad de Hoseok de su cama antes de las 08:30 a.m., y menos para una reunión en su casa.
Afortunadamente, las calles no estaban tan congestionadas, así que llegué a tiempo. Aparqué en el estacionamiento de visita, saludé al conserje con una seña de manos y me fui a la zona de los elevadores. Apoyé mi espalda en la pared y suspiré lánguidamente, mi cabeza era una maraña de pensamientos todos enfocados en una sola persona: Kim Taehyung... Y su afán por sacarme de casillas. Taehyung y su particularidad para meterse en problemas. En menos de dos meses había ido más de cinco veces a la escuela.
Si mi abuelo estuviese vivo seguramente esto no sucedería.
El ascensor llegó sacándome de mis pensamientos, dos horas despierto y ya deseaba que acabara el día, entré al ascensor y seguí desmarañando mi cabeza.
Era hora de hablar seriamente con ese chico...
Habían transcurrido dos meses desde la muerte de mi madre, Park Ji Yeong —aunque para mí era como si fuesen años— y si no arreglaba esta relación terminaríamos muy mal. No nos comunicábamos, no nos entendíamos, no nada... Solo nos teníamos a nosotros y, aunque no era algo que buscáramos, era hora de empezar a comportarnos como lo que éramos: medios hermanos.
Justo cuando las puertas se estaban cerrando un zapato deportivo las bloqueó haciendo que nuevamente se abrieran. Contuve con todas mis ganas el deseo de resoplar cuando vi que entraba al ascensor un hombre alto, atlético, de cabello negro, que aparentemente estaba haciendo ejercicio debido a su ropa de vestir, tenía la frente perlada en sudor y un par de audífonos en sus oídos.
Solo tardé dos segundos en reconocer quién era, mientras intentaba disimuladamente controlar el estremecimiento en mi cuerpo. Ese hombre era Jeon Jungkook, uno de los mejores amigos y vecino de Hoseok. El tipo era un creído, el súmmum de la virilidad, guapo, exitoso y seguro de sí mismo...
¿Dije algo de su infinita prepotencia?
Famoso por tener una persona distinta colgada de su brazo cada fin de semana. El representante absoluto de lo que yo podría definir como un maldito y perfecto Adonis.
Pero, yo paso... ¡No me interesan en absoluto los hombres apolíneos, pollas fáciles!
—Buenos días —dije suavemente.
Ji Hoon, mi abuelo, me había enseñado a ser educado.
El tipo se giró observándome de una manera que no supe descifrar, me dio una sonrisa torcida digna del comercial: dientes blancos, brillantes, parejos, de esos que se lavan solo con las más exclusivas marcas de crema dental... Por dos segundos, me atonté.
Lo reconozco ¡él estaba muy bueno a la vista!
Se rió más ampliamente y luego, giró nuevamente dándome la espalda.
—Será cabrón —murmuré entre dientes saliendo de mi estúpido momento de adolescente hormonal.
Esa era la razón por la cual intentaba ignorarlo las pocas veces que me lo topaba.
Bobalicón mono neuronal, es una lástima que lo tiene de atractivo lo dobla en arrogancia. Teníaque reconocer que su sonrisa era tremendamente excitante, pero él no tenía por qué saber lo queyo pensaba, afortunadamente la gente no anda leyendo la mente de otras personas.
Acomodé mis gafas y me quité los audífonos, miré mi reflejo en el muro-espejo del elevador y me di cuenta de lo sucia que estaba mi gorra blanca, era de mi equipo favorito de la NBA y ocultaba perfectamente mi cabello despeinado, también me fije en lo desgastados que estaban mis zapatos. Mordí mi labio inferior fuertemente.
Parecía un adolescente y no un hombre hecho y derecho, de profesión escritor y con un medio hermano de dieciséis años a cargo.
Volví a suspirar, mirando fijamente la espalda ancha y el bien formado trasero del vecino de Hoseok.
Era imposible no darle una mirada cuando me lo topaba cada vez que visitaba a mi Editor y amigo.
Sí, ya lo sé, los Adonis no me gustan, pero mirar no es pecado, y reconozco noblemente que su presencia en este espacio tan reducido, me estaba dando nervios.
Lo había visto varias veces cuando venía al departamento de Hoseok, pero nunca había estado solo con él.
¡Jimin, es un elevador no el armario de su cuarto, no seas ridículo!
Negué con la cabeza intentando no parecerme a mi mejor amiga Kim Na Young y fijé mi vista en la pantalla que marcaba los pisos del elevador como táctica de distracción, hasta llegar al piso de Hoseok. Esta vez no fui educado y pasé por un lado empujando al maleducado gigoló. Guardé los audífonos escuchando una risilla de parte de mi ex acompañante, tuve que luchar contra las ganas de girarme y mandarlo al infierno.
Inhala oscuro y exhala rosa, Park Jimin.
En lugar de eso, caminé hasta el departamento de mi amigo, toqué el timbre y limpié mis manos en mis jeans. Tenía las manos empapadas de sudor, era una situación que ocurría cuando estabanervioso y la reunión sorpresiva con Hoseok era para estarlo.
Había conocido a Hoseok cuando salí de la Universidad hace algunos años, yo era un chico lleno de sueños, con metas por alcanzar y un manuscrito hermoso pero que nadie quería leer. Estaba a punto de bajar los brazos, de darme por vencido y regresar a mi antigua casa para decirle al espectro de mi abuelo que había tenido razón y que estudiar literatura había sido un error, cuando Hoseok se sentó a mi lado, tomó el manuscrito y me tendió la mano que necesitaba. Editó mi novela y la publicó en la Editorial donde trabajaba. Después de eso, se había convertido en el mejor amigo que alguien pudiese conseguir.
La puerta se abrió mostrándome la sonrisa tranquilizadora de Ga In, ella había sido la nana y ama de llaves de Hoseok desde que él tenía uso de razón —o al menos eso me había dicho—, era una señora dulce que siempre tenía una amable sonrisa para mí, le di un gran abrazo antes de que me apremiara a entrar al departamento.
—¿Hoseok? —mi voz salió ahogada a causa de los nervios.
—Está probándose a sí mismo cuánto puede correr en la cinta elástica, ayer tuvo un día de trabajo normal hasta que recibió una llamada; al parecer, está estresado. Se pone como perro rabioso y se mata con esas máquinas cuando lo ataca el estrés.
Le di un beso a Ga In y caminé a ver qué tenía tan inquieto a mi querido Editor, no toqué la puerta de su gimnasio personal, entré sin anunciarme, puesto que era normal que hiciera esto. Estaba de espaldas, solo con los pantalones deportivos de color azul y una toalla al cuello, miraba por el ventanal hacia el inmenso parque que adornaba el frente de su edificio, así que pude mirar tranquilamente su atlética complexión y perderme en el recorrido que pequeñas gotitas de sudor hacían por su espalda.
¡Cómo está tu pulsión sexual hoy, ¿eh?!
Negué otra vez con mi cabeza; para muchas personas, Jung Hoseok era el prototipo de hombre que merecía estar en la portada de alguna revista masculina, él era la fantasía sexual de cualquiera, cabello castaño oscuro, ojos negros seductores, voz súper sexy y un cuerpo atlético sin llegar a ser musculoso, pero tenía un gran defecto y yo lo conocía: era incapaz de comprometerse y le gustaba demasiado coquetear.
—¡Ahí estas!—dijo Hoseok sacándome de mis pensamientos.
—¡Sí!—expresé tontamente meneando la cabeza de un lado a otro.
No digas nada por su “Ahí estás”, mira que tú “Sí” fue deplorable.
Mis neuronas necesitaban una sacudida urgente, no podía haber dicho algo que me colocara másen evidencia. Tomó su camiseta negra de una silla y se la colocó rápidamente, traté de que en mi cara no se notara la decepción.
Ya había dicho que mirar no era un pecado ¿no? Además si de espaldas era hermoso, de frente era un Dios bajado del Olimpo.
Me dio una de sus miradas y sonrisas pícaras, como siempre cuando me descubría observándolo.
—Vamos al despacho —Hoseok caminó hacia mí y dejó un beso en mi frente.
A pesar de su diversión por mí no muy educado gesto, podía ver que estaba preocupado, muy preocupado. Parecía que lo que me iba a decir era la peor de las catástrofes. Mi mente maquinabauna y otra cosa.
¿Qué podía ser?
A mi segundo libro le estaba yendo bien en las librerías y próximamente seria traducido a otros idiomas; en cuanto al primero, la Editorial estaba pensando imprimir la tercera edición junto con el lanzamiento de la primera impresión de bolsillo; técnicamente las cosas funcionaban como debían funcionar, así que no entendía qué podía preocuparle tanto a Hoseok.
Tan pronto llegamos al estudio, se colocó detrás de su escritorio y rebuscó entre los cajones del mueble.
—Siéntate —dijo con voz calmada pero tensa.
—¡Hobi, estás haciendo que me dé un colapso nervioso, habla de una buena vez! —exigí.
Mientras me sentaba, él sacó unos libros de las gavetas y los colocó frente a mí.
Leí el título de la famosa trilogía erótica del momento, había escuchado acerca de la novela gracias a Na Young. Era la típica historia de la niña tímida que se enamora del dominante guapo, rico y exitoso que la trata como una cualquiera...
No gracias, no iba conmigo y mucho menos con mi forma de escribir. Yo amaba las historias de romances dulces y con trasfondo, las nuevas propuestas literarias no eran mi estilo de lectura favorito.
—¿Qué significa esto? —pregunté tomando el libro como si fuese a morderme la mano.
—Tu nuevo desafío —Hoseok se recostó en su silla. —Es lo que el Señor Elio Andreotti quiere de ti.
Una risa casi histérica se sofocó en mi garganta
—¡Qué! ¿No estarás hablando en serio? —bromeé. —Muy buena broma, Hobi, pero no es el día de los inocentes —a pesar de mi risa, el gesto serio en el rostro de mi Editor era la confirmación que necesitaba para saber que hablaba en serio.
—No, no estoy bromeando, eso es lo que Andreotti quiere.
—¡Oh mi Dios! —llevé mis manos a la cabeza. —¡Mi carrera está acabada!
—No dramatices, solo tienes que escribir un libro erótico.
¡Santo Joder del Olimpo! ¡Tengo que morirme ya!
Podía sentir su penetrante mirada taladrarme a pesar de tener mi cabeza enterrada entre mis manos.
¡Sí, cómo no! Como si escribir una escena de sexo fuera soplar las velas del pastel. Tenía que ser broma, esas cosas las dicen los Representantes, no los Editores, por muy amigo que sea.”
—¿Por qué me lo dices tú y no Na Young? —pregunte.
Kim Na Young, ella era mi Representante. ¡La muy cobarde!
—No lo sabe. Estuvieron intentando comunicarse con ella anoche, pero no fue posible.
—Entonces... ¿Me avisas tú? —levanté mi ceja izquierda.
Era mi pobre intento de parecer amenazante.
En qué cabeza cabe que ¿Yo?... ¡Yo!... ¿Escribiendo sobre relaciones sexuales? ¡Na Young, tú debiste evitarme este bochorno, maldita traidora!
—Hubo una reunión de Directivos, al parecer, enfrentamos una situación complicada. La auto-publicación y los libros electrónicos son competencia y necesitamos un golazo literario para seguir siendo líderes en el mercado.
—Pero, ¿por qué yo?
—Porque, detrás de tus bellas novelas románticas se adivina a un escritor apasionado, con una sexualidad desbordante, a quien le falta un pequeño empujoncito para que explote toda su sensualidad en las letras.
—¡Te estás burlando de mí! —me levanté de la silla caminando de un lado para otro, me sentíacomo atrapado en falta. —¡Yo jamás seré un escritor erótico!
—Todos confiamos en ti... —Hoseok intentó tranquilizarme.
¿Cómo carajos iba a escribir un libro de ese calibre con mi nula experiencia?
Levanté la vista y pude ver a mi amigo, socio y hermano levantando una ceja.
—No me digas —dije sarcástico. —Se puede saber, ¿cómo diablos piensas que voy a escribir un libro así? ¡Nunca me he leído un jodido libro de esos!—bufé frustrado.
—Nunca... ¿Nunca?
—¡Nunca! —se suponía que no era nada malo, pero me sonrojé igual.
—¿Ni siquiera por curiosidad? —preguntó Hoseok.
—¡No! Tengo veintidós años y soy más virgen que un Santo y su séquito de Santos amigos —bromeé.
Hoseok sonrió por mi comparación con los Santos pero luego se puso muy serio, exhaló pesadamente y llevó su mano a su rosto apretando levemente el puente de su nariz.
—Pues, así te toque ver porno, hentai, yaoi hard, contratar amos y sumisas, tomar clases de Tantra, leerte el Kamasutra o lo qué sea, ¡deberás escribir ese maldito libro erótico que quiere Andreotti!
—¡Me niego!
¡Genial! Este sí que será un grandísimo y muy jodido día.
—¡Oh vamos! no es el fin del mundo—gimió Hoseok, levantándose para venir hacia mí. —Yo sé que tú puedes Jiminie —enarcó una de sus cejas.
—Me estas pidiendo un imposible Hobi... Yo, yo ni siquiera sé cómo abordar ese tema —estaba asombrado, casi molesto por la petición.
No... Estaba perfectamente, ¡encabronado!
—Melodramático —Hoseok sonrió. —Te nominaré como el próximo “Drama King” del mes.
—Ese puesto es de Sungwoon —acoté, haciendo alusión a un compañero de la Editorial experto en ese género.
—Ok, retiro mi nominación —Hoseok rió, divertido.
—No te hagas el gracioso. Sabes que eso no es mi tópico —quité la gorra de mi cabeza y me revolví el cabello en un gesto de completa desesperación. —¿Por eso estás tan nervioso? Ga In me contó que te la has pasado en el gimnasio.
—Temía tu reacción —Hoseok suspiró teatralmente antes de pasar la mano por su cabello. —Y, por lo que veo, no me he equivocado.
—Tú, como mi Editor, debiste defenderme —dije. Me miró culpable. —Por lo que veo, ni siquiera lo intentaste.
—Jiminie —se acercó a mí colocando sus manos en mis hombros. —Confío en ti, en tu talento, sé que puedes hacerlo.
—Sí, como no —chasqueé mi lengua. —Mi experiencia sexual es nula y lo sabes ¡por un demonio! — golpeé fuerte su pecho, apartándome.
—Esa ha sido tu decisión, yo estoy más que dispuesto a terminar con tu celibato autoimpuesto, conmigo obtendrás experiencia y diversión. Soy tan bueno que ofrezco dos opciones por el precio de uno —murmuró Hoseok subiendo sus cejas sugerentemente.
—¿Y mandar al tacho de la basura nuestra amistad? No, gracias. Tengo una relación laboral que cuidar y no tengo vocación de trofeo.
Hoseok tenía un álbum con fotos de cada persona con la que salía y follaba. Él lo llamaba: “El álbum de sus conquistas”.
—Podría enseñarte lo básico —insistió. —Tú sabes...
—No, no sé.
Su rostro se iluminó con una sonrisa pícara y desafiante.
—Posiciones sexuales —Hoseok se acercó hacia mí como si fuese un depredador acorralando su presa. —Cómo hacer una felación casi perfecta, los ruiditos que nos ponen cachondos.
Sonreí sarcástico intentando por todos los medios sofocar los nervios por tener a Hoseok tan cerca en su pose de: “Soy muy bueno en el sexo”.
—Dile al Señor Andreotti que yo no puedo hacerlo —lo empujé con la punta de mis dedos.
—¡Oh, vamos!
—No, no soy el único escritor de Editoriales Andreotti que puede hacer ese trabajo, están Hyuna, y este chico nuevo que le gusta escribir cosas paranormales.
—Jung Min...
—Él. Entiende, esto es algo superior a mí y no lo haré —fui tajante.
—No es algo que puedes decidir, ya lo hizo la junta y si no lo haces, pueden rescindir tu contrato — sentenció Hoseok.
—No pueden —respondí categóricamente. —Por catorce meses más, soy propiedad de Editoriales Andreotti.
—Y, te recuerdo que las letras pequeñas dicen que estás a completa merced de la Editorial, o sea, tú y yo somos un par de títeres y hacemos todo lo que el todopoderoso Elio Andreotti quiera —Hoseok terminó caminando hacia mí. —En mi lenguaje, estamos cogidos por los huevos y querer revocar o finalizar el contrato nos va salir un ojo de tu cara y uno de la mía y yo no me vería sexy con un solo ojo —me dio uno de sus guiños coquetos.
—No entiendo como aún tienes ganas de bromear —suspiré, derrotado.
—Vamos, solo... Inténtalo —Hoseok con un gesto de cariño trataba de convencerme. —No es el fin del mundo, bonito.
—Hobi...
—Yo sé que puedes —tomó mis manos, pero las solté enseguida.
Siempre que miraba a Hoseok podía ver lo fuerte y hermoso que era, no era ciego, quizás un poco cegatón, él tenía todo lo necesario para atraer a una persona, incluso a una que no estaba interesada y, aunque era mi mejor amigo, su cercanía, sus caricias suaves y su toque íntimo y sensual me hacían sentir incómodo.
Negué con la cabeza antes de levantarme de la silla como si fuese impulsado por un resorte.
—Trataré...
—Eso no me sirve —Hoseok cruzó los brazos sobre su pecho.
—¡Está bien! haré mi mejor esfuerzo —lo miré fijamente.
—Eso está mejor —sus fuertes brazos me arroparon con alegría. Era un abrazo sincero de amistad o al menos eso quería creer y por eso no lo rechazaba. —Por eso te quiero.
—No responderé si es un desastre —era completamente pesimista, el panorama que se dibujaba frente a mí era del color de una siniestra y muy oscura tormenta invernal.
Me removí entre la prisión de sus brazos logrando que me soltase.
—No lo será —uno de sus dedos subió mi mentón hasta quedar a la altura de su rostro. Mi mirada, en ese preciso instante se detuvo en lo pacíficos que eran sus ojos. —Insisto, solo necesitas a alguien que te enseñe.
La forma en cómo susurró lo último hizo que mi cuerpo se estremeciera. Por un segundo la mirada de Hoseok se posó en mis labios y justo cuando su rostro empezó a descender, negué con la cabeza y sonreí sarcástico, alejándome de él.
—¡Cómo si fuera tan fácil! —resoplé, separándome lo más que pude de mi amigo, cuando él estaba tan cerca no podía pensar con claridad.
—Algo se te ocurrirá...
—Seguro —ironicé. —Tan pronto salga de tu departamento, iré a un local de letreros luminosos y encargaré uno que diga: “¡Soy Virgen! ¿Me enseñas a ser un cualquiera?”
La carcajada de Hoseok fue tan fuerte que podría jurar que los cristales de su ventana temblaron.
—Ok, ok no un letrero, pero podemos buscar a alguien que nos ayude. Al menos, con lo técnico —mi amigo se quedó callado y luego sonrió, una sonrisa tan amplia como la del gato de Cheshire. —
¡Tengo el candidato perfecto! Ya verás... Ya verás —puso una cara de estar tramando algo.
Honestamente, me estaba preocupando.
—¡No! —gemí asustado. —Lo que sea que estés pensando, ¡no!
—Es mi amigo desde niño, tiene prestigio profesional —Hoseok alzó sus cejas repetidas veces. —Te puede acercar teóricamente, y de manera científica, a lo que tanto temes —caminó nuevamente hacia mí tomándome las manos. —Mira, Shim es sexólogo, estoy seguro que podrá ayudarte con todas las dudas que tengas.
No, ya tenía suficiente con tener que escribir ese tipo de historias, como también para pasar por la vergüenza de contar mis cosas a un extraño.
Sentí mi celular vibrar así que fue una buena excusa para zafar mis manos de las de mi amigo, busqué el teléfono en el bolsillo trasero de mis jeans y lo desactivé, era el recordatorio de mi reunión con el Director de la escuela de Taehyung.
—Debo irme, te llamaré mañana.
—¿Problemas en el paraíso?
—Tengo reunión con el Director del colegio de Taehyung —suspiré, resignado.
—¿De nuevo? ¡Mierda, tu hermanito sí que es un dolor en el trasero! —resopló. —¿Ahora, qué hizo?
—Dice que es inocente.
—¡Hasta que se demuestre lo contrario! —se burló Hoseok.
—Oye no es gracioso —fingí enojo. —Lo descubrieron fumando en uno de los pasillos del colegio.
—¿Todo ese alboroto por un cigarro?
—Era un porro de marihuana.
—¡Demonios! —Hoseok apretó mi mano. —Si no fuera porque eso nos daría muy mala publicidad, te diría que lo enviaras a un orfanato —dijo con una mueca burlona, arqueé una ceja en su dirección.
—O, a un seminario... O, a un internado militarizado... En su defecto, a un manicomio.
—Hobi, esto no es una broma, no puedo simplemente deshacerme de él. Taehyung no es un objeto.
—Yo solo te doy ideas, ese enano es un demonio.
—Pues, tus ideas son muy malas —murmuré molesto.
—Está bien bonito, solo era una broma...
—Amaneciste muy gracioso esta mañana —me levanté de la silla. —Dile al Señor Andreotti que intentaré hacer su jodido libro, pero necesito tiempo.
Hoseok volvió acercarse a mí, acariciando mi mejilla con sus finos dedos.
—Sé que puedes —repitió observándome con ojos de borreguito. —¿Sabes que te amo? —dijo consu mirada manipuladora, sentí todo mi cuerpo tensarse.
No estaba interesado en volver a experimentar el amor, ese sentimiento había sido bastante cruel conmigo. Si algo tenía claro en esta vida es que los caminos que se llaman “amor” terminan en un callejón oscuro de sufrimiento y lágrimas. Yo no quería eso para mí, ya había sufrido suficiente en manos de personas que decían amarme.
—Debes amarme y mucho, salvaré tu atlético trasero de pasar a las listas de desempleados. Pero, ya lo sabes, si yo me hundo ¡tú te hundes conmigo! —piqué su pecho. —Este es nuestro Titanic, amigo.
Salí del departamento de Hoseok con más dudas de las que tenía cuando llegué, ahora no solo tenía que pensar qué iba a hacer con Taehyung, sino que también, cómo iba a salir de la fabulosa idea del Jefe Andreotti.
Busqué mis auriculares dispuesto a relajarme con música, cuando escuché la campanilla del elevador y sentí las puertas abrirse, levanté la mirada encontrándome con la pesadilla.
Dios, definitivamente, me odia... ¿Por qué no podía ser otra persona?
El asombro debió notarse en mi rostro ya que pude ver como el engreído con aires de rey del mundo que Hoseok tenía como vecino, traía una sonrisita estúpida en la cara.
—¿Piensas abordar o vas a quedarte mirándome todo el día? No es que me disguste pero, voy retrasado —dijo Jeon Jungkook.
Alcé una ceja en su dirección y pude ver nuevamente esa sonrisita arrogante. Di un paso dentro de la cabina y acomodé mis auriculares, mirando hacia el espejo del ascensor mientras lo veía sonreír.
¡Idiota! ¿Acaso tiene tatuada esa estúpida sonrisita?
Ya no vestía deportivo, ahora lucía un traje negro muy elegante —podría apostar mi auto, que el traje era de diseñador— y unos brillantes zapatos negros a juego. Su cabello aún se veía húmedo pero no podía ver sus ojos, ya que iban cubiertos por unos caros lentes para el sol.
Intenté concentrarme en la canción que se reproducía en el IPod, pero el embriagante olor de su colonia no me estaba haciendo la tarea fácil, siete pisos de tortura hasta que el elevador se abrió dejándome libre. No me giré, ni me despedí y me sentí como todo un chico malo.
∘◦♡◦∘
Mickey, era mini Cooper rojo con negro, mi bebé, uno de los pocos caprichos que me había dado cuando mi primer libro tuvo su segunda edición, en menos de veinte minutos recorrió la gran distancia y me dejó afuera de la escuela en la que Na Young había matriculado a Taehyung.
Yo estaba en una firma de autógrafos fuera de la ciudad junto con Hoseok, cuando me había llegado la notificación de la muerte de Ji Yeong y su esposo Kim Ji Suk; él no tenía familia y como mis abuelos ya habían fallecido, yo era el único familiar vivo, así que mi madre —si es que podíamos llamarla así— me dejó con la responsabilidad de criar a su otro hijo, un hijo con el que nunca había cruzado palabra.
¿Qué más podía esperar de ella?
No era conocida por ser la mejor madre del mundo, me dejó con mi abuelo cuando conoció a Ji Suk, un niño pequeño no era lo ideal, si de andar con el baterista de una banda de rock se trataba. Que un hombre mayor cuidara a un niño de cuatro años tampoco. Pero, no puedo quejarme del que había sido como un padre; Ji Hoon había estado para mí siempre, aunque fuera con su rigurosa disciplina y sus excesivos castigos.
Steven Yeun, padrino de Taehyung y mejor amigo de Ji Suk, había intentado quitarme la custodia, pero el Juez había fallado a mi favor por los lazos de consanguinidad y estaba tratando de cumplir con mi deber.
Aunque eso significara amargarme la vida hasta que él cumpliera veintiún años.
Me quité la gorra de la cabeza y peiné mis cabellos con los dedos, limpiándome luego la mano en mis jeans, respiré un par de veces y salí dispuesto a enfrentar lo que fuese que sucediese en la oficina del Director. Al principio, la escuela no me había gustado, pero Na Young insistió en que sería un buen entorno ya que era exclusiva para chicos —a mí parecía elitista — y cuando llegué a la sala de padres de familia, una vez más lo comprobé. Las miradas de las empaquetadas damas se enfocaron en mí.
¡Genial! ¿Qué me hace falta? Oh sí, que me orine un perro... ¿Es que en este colegio nunca habían visto un chico en Converse y jeans?
Negué con la cabeza y acomodé mis lentes sentándome al lado de Taehyung; quién para variar, bufó
y me dio una de sus miradas de odio.
—Bueno —el Rector del colegio nos miró a todos, en el salón. —Buenos días. Creo que saben por qué estamos aquí. En mis años como Rector de esta prestigiosa Institución, nunca me había topado con un caso tan desagradable como este...
Sí, como no, solo era marihuana.
—... Así que están aquí para ser informados lo que se acordó, según reglamento.
—Director Seo, me parece bien lo que dice, es más, es lo que tiene que hacer. Lo que no me parece es que me cite a mí y a los otros padres cuando sabe que el único culpable de este lamentable suceso es el joven Kim Taehyung.
Estaba a punto de intervenir, pero el Director Seo fue mucho más rápido que yo.
—Pues, la investigación realizada arrojó que los jóvenes aquí presentes, se reunieron explícitamente a fumar en el baño del personal del tercer piso. El Comité decidió aplicar reglamento y determinó las sanciones. Ninguno de ellos podrá salir por tres fines de semana seguidos, se quedarán en el internado haciendo trabajo voluntario y si vuelven a realizar un acto como el ocurrido, nos veremos en la penosa tarea de cancelar la colegiatura, ahora, necesito que ustedes como padres de familia o tutores —me observó no tan disimuladamente. —Firmen un acta de compromiso, un episodio tan lamentable no puede volver a ocurrir en nuestra Institución.
Las mujeres empezaron a discutir, todas tenían eventos a los cuales sus “niños” debían asistir, pero yo opté por acatar la sanción. No había terminado de firmar cuando Taehyung salió del salón, me excusé con el Rector y salí tras él.
—¡Taehyung! —lo llamé. —¡Taehyung, detente! —él siguió caminando rápido. —¡¡¡Kim Taehyung!!!
Se detuvo bruscamente, volteando a verme.
—¡¿Qué quieres?!
—Hablar contigo.
—Y desde cuándo es una prioridad para mí lo que tú quieras —siguió su andar.
Me tocó correr hasta alcanzarlo.
—Taehyung —dije tomándolo del brazo. Mi medio hermano se parecía mucho a su padre, lo único que tenía de Ji Yeong era el color de sus ojos, el mismo que compartía conmigo. —Necesitamos hablar.
—¿Para qué? Tú no me crees, firmaste ese papel sin siquiera cuestionártelo —Taehyung tiró de su brazo zafándose de mi agarre y caminando delante de mí. —No te entiendo, no sé por qué demonios te hiciste cargo de mí, aún no logro comprenderlo.
—¿Y qué tengo que creer, si tú nunca me hablas? Desde que llegaste no acabas de salir de un problema para meterte en otro... Y sí, sabes por qué me hice cargo de ti.
—¡Mi madre te obligó! —Taehyung gritó. En ese momento me di cuenta en donde nos encontrábamos; estábamos fuera de los muros de concreto y frente a nosotros se extendía un amplio jardín. —No sé en qué demonios estaba pensando —ironizó. —¡No sé quién eres!
—¡Yo tampoco, niño! Sin embargo no estoy lamentándome y lloriqueando por los rincones, o tomando actitudes de chico rebelde para llamar la atención —peiné mi cabello hacia atrás, completamente frustrado como cada vez que Taehyung me hacía perder la paciencia. —Tenemos que hacer el intento. Conocernos...
—¿Conocernos? ¡Ahora que estaré en esta maldita prisión por todo un maldito mes! ¡Qué fabulosa idea, hermano mayor!
—Cuida tu vocabulario jovencito y aquí, el sarcasmo está demás.
—Me sacaste de una prisión para meterme en otra y ¿así quieres conocerme? ¡Já! Pues no te creo—también se peinó su cabellera con las manos. —Quizás, esto es lo mejor que pudo habernos pasado, así no tenemos que fingir que nos soportamos.
—Taehyung...
—¡Odio todo esto!—atacó.
—¡No soy perfecto, Taehyung! —grité enfadado. —Para mí no fue fácil enterarme que la mujer que me abandonó cuando tenía cuatro años y de la que solo recibía una postal cada año junto con dos obsequios, tenía otro hijo y, mucho menos enterarme que debía hacerme cargo de ese hijo, ¡un hijo que no sabía que existía! —tomé aire intentando calmarme, se suponía que yo era el adulto aquí.
—Sin embargo, aquí estoy y tú te metes en mil y un problemas, puedo soportar tus actitudes de niño rebelde pero... ¿Drogas? ¡Qué diablos tienes en la cabeza!
—¡¿Crees que lo hice?! —Taehyung caminó enojado hacia uno de los árboles y desde allá, me enfrentó. —¿Crees en el cliché del rock y la droga, verdad? Pues, déjame decirte que mi padre era un salvaje baterista, pero nunca se metió nada, ni siquiera marihuana.
—Mira, Taehyung —apreté el puente de mi nariz porque esta ridícula discusión no nos llevaba a ningún lado. —Sé que esto no es fácil para ti pero, tampoco lo es para mí, no sé si lo hiciste o si solo es una confusión, solo tú sabes que sucedió pero, voy venir a verte en los días de visita y trataremos de conocernos.
—No me interesa conocerte —murmuró entre dientes.
—No hagas las cosas más difíciles —me tenía fastidiado la situación. —Por lo menos, aún conservas el celular, así que llámame si necesitas alguna cosa, así te la traigo cuando venga de visita.
Yo no era de abrazos ni besos, la verdad es que mi abuelo era bastante parco, por esa razón yo no era muy dado a expresar mis sentimientos. Sin embargo, halé a mi hermano y le di un abrazo que pretendía durase muy poco tiempo. Cuando intenté apartarme, él se deshizo en llanto haciendo que me viese torpe e incómodo. No supe cuánto tiempo estuve ahí, junto a él, dejándolo llorar. Solo puedo decir que me fui cuando él estuvo calmado.
∘◦♡◦∘
Llegué a casa agotado, no podía creer que había pasado casi todo el día de un lado para otro.
Después de dejar a Taehyung, había ido con mi odontólogo y luego a la Editorial, afortunadamente no me topé con el Señor Andreotti. Tan pronto llegué a mi habitación me saqué toda la ropa y me di una larga ducha. Ordené una pizza para la cena, puse música y me tomé una copa de vino mientras esperaba.
Mi celular sonó desde algún lugar de la sala y corrí a buscarlo.
—¡Hola demonio! —dije, riéndome de Na Young.
—¿No quieres matarme?
—A menos que le hayas dado la idea del libro a Elio Andreotti... ¿No fuiste tú, verdad? —entrecerré mis ojos para concentrarme en el tono y la emoción de cada una de las palabras de su respuesta.
—¡Por supuesto que no! ¡Te conozco! Pensé que Hoseok bromeaba cuando me lo dijo, pero cuando me llamó Elio para informarme sobre la entrevista de mañana...
—¡Espera, espera, espera! ¿De qué entrevista estamos hablando?
La línea parecía muerta pero aún podía escuchar los chillidos de Hana al chapotear el agua.
—¡Na Young!
—¡Ups!
—¿Ups? ¡Nada de ups, Kim Na Young!
—¡No me culpes a mí! Andreotti me llamó y me dijo que había concretado con Jeon Eun Bi una entrevista... ¡¿Kyung Ho puedes venir a ayudarme?! —gritó Na Young. Escuché a Kyung Ho, su esposo, decirle algo y luego como una puerta se cerraba. —¡Listo! su padre se encargará de terminar de darle el baño a la princesita. Volviendo a lo nuestro, Andreotti me pidió que te acompañara a esa entrevista; también me dijo que nos quiere para un almuerzo en su oficina a Hoseok, a ti y a mí.
—Está bien... —escuché nuevamente a Kyung Ho pedir ayuda.
Miré la hora en mi reloj y sí, era la hora del baño de Hana, su hija.
—Me voy a ver la emergencia al baño. Pero, antes ¡acuérdate que tenemos una cita mañana!
—Na Young, yo... —quise decir pero ella ya había colgado.
∘◦♡◦∘
Al día siguiente, todo fue un perfecto caos, en mi otra vida tuve que haber sido una persona muy perra para que el karma estuviera jodiéndome de esta manera, no solo Taehyung que no me contestaba el celular, si no que Elio Andreotti había sido un verdadero dolor en el trasero. La reunión fue agotadora —se dio por sentado que escribiría el libro en un ridículo plazo de cinco meses—, la salida con Na Young fue una tortura. Fuimos a un lugar llamado “Style” a comprarme un traje que no necesitaba...
Digo, era una entrevista radial nadie iba a verme.
Llegamos a mi departamento apenas con el tiempo para comer algo y cambiarme. Como una pequeña venganza, ignoré la ropa recién comprada y me puse un suéter azul eléctrico de cuello alto, las mangas eran tan largas que se cubrían mis manos, unos pantalones ajustados de color negro, zapatos deportivos y una chamarra, porque habían anunciado vientos fríos. Na Young me esperaba en la sala.
—Insisto, te verías mejor con el traje nuevo.
—Es una entrevista radial y el público no me verá —tomé mis lentes y salimos.
La cita era en las dependencias de Andreotti Producciones, una extensión más del grupo de Elio, mi
Gran Jefe. Ahí se emitía el programa radial “Noches de Sexo” alrededor de la medianoche, que era conducido por Jeon Eun Bi, “la gurú del sexo placentero”, y el misterioso Doctor Sexo, “el hombre con la voz más caliente del planeta”.
Palabras de Na Young, no mías. Había escuchado un par de veces el programa, el misterioso Doctor Sexo era poseedor de un tono de voz suave, grave y muy sexy, pero al mismo tiempo era arrogante y daba la impresión de que el tipo se creía el “Dios personificado del sexo”. Subimos al ascensor y llegamos hasta donde estaba el estudio radial, en el piso veinticuatro; un hombre de pelo rubio y sonrisa de niño travieso de nombre
Mark, nos hizo pasar a un cubículo en donde nos prepararían para el programa...
Bueno, me prepararían, ya que Na Young había decidido quedarse en la cabina de estéreo.
Un chico se acercó a darme algunas indicaciones, tragué grueso, miré mi reloj, faltaba poco para la media noche y en unos minutos más, estaría en el aire.
—Eun Bi... —la voz clara, aterciopelada y sexy de un hombre, me sacó de mis ejercicios mentales de relajación.
Conversaba con una chica en una sala contigua.
—No puedes seguir así —se escuchó una voz femenina. —¿Viste a papá?
—Sí... —contestó desganado, el hombre.
—¿Y? No te hagas el tonto conmigo, ¿qué te ha dicho? —demandó la voz femenina.
—No es nada, nena. Es solo cansancio, el programa, el consultorio, las prácticas de esgrima...
—No estás incluyendo las fiestas y a todas las zorras y los cualquiera que te tiras.
—No vamos a hablar mis historias de cama, cariño —ahora se escuchaba mucho más agotado.
—¿Te sientes muy mal? —preguntó la mujer.
No quería ser chismoso, pero la voz de la chica salía realmente preocupada y me causaba curiosidad saber quién era el chico con quién hablaba, así que me comporté peor que la señora chismosa del edificio y me quedé a escuchar como concluía la conversación.
Estaba muy nervioso por el programa de radio y enterarme de los problemas de otros estaba siendo relajante, sin contar que me moría por escuchar como concluía todo.
—Estoy bien, solo me duele un poco la cabeza —respondió el hombre.
Sentí el chirriar de una silla antes que el hombre murmurara que “estaba bien” con voz agotada.
—Descansa un poco, Min Woo está terminando de organizar todo con Mark, le diré a Hyo que te traiga unos analgésicos.
—¿Sabes si ya está en cabina el intento de escritor erótico? —preguntó el hombre.
¡Oh! ¿El hijo de puta, estaba hablado de mí?
Toda la compasión que sentí por el maldito que estaba en el otro cubículo, se evaporó.