Prólogo
Jimin se encontraba en un mar de lágrimas, sus padres lo habían tirado cual basura a la calle, todas sus pertenencias se encontraban en el patio, la mitad destrozada y la otra mitad cubierta en lodo. Todo esto había ocurrido por qué sus padres habían descubierto que él era gay.
Definitivamente era algo cruel, el recién había cumplido sus 18 años, su salida del colegio no había sido hace mucho tiempo atrás. Lo que más le duele es saber que la persona en quien más confiaba fue quien lo delató.
"Fue por tu bien", habían sido las palabras que su "mejor amigo" le había dedicado después de tal traición.
Jimin había quedado solo, sus rodillas estaban completamente lastimadas debido a la brusquedad con la que su padre lo empujó hacia el pavimento. No tenía a donde ir, su hermano intento defenderlo pero sus padres no aceptaron escuchar nada.
El primer lugar al que se le ocurrió ir fue a la tienda de conveniencia que quedaba a tan solo una cuadras de lo que un día fue su hogar.
Siempre que necesitaba despejar su mente ese era el lugar que visitaba, desafortunadamente no era una tienda abierta las 24 horas, por lo que no pudo quedarse dentro por mucho.
Justo al lado de la tienda había un callejón, Jimin decidió que ese era un buen lugar para descansar mientras encontraba otra solución a su problema.
No estaba tan sucio y habían unos cartones en los que podía apoyarse.
Pasó un poco más de una semana y la situación no mejoraba, Jimin intentó conseguir trabajo pero todos los lugares a los que iba, le cerraban la puerta. Su dinero era extremadamente limitado, lo único que podía comprar era un pan diario hasta que lo poco que tenía se agotara.
Para ese momento, solo un milagro lograría salvarlo y Jimin hace mucho había dejado de creer en ello.
Después de dos semanas, el dinero se acabó y no tenía manera de conseguir más, habían pasado varios días desde que no se alimentaba y sus fuerzas solo disminuían. Ya no tenía la energía ni motivación para seguir intentándolo.
Y como era de esperarse, ese día iba de mal en peor.
—¡Joder! —se escuchó de un hombre que iba entrando al callejón mientras pateaba una botella de vidrio que se quebró contra la pared, por el aroma y su comportamiento, se podía dar por hecho que estaba ebrio.
Jimin no le dió mucha importancia, solo se acomodó en su esquina seguro de que gracias a la oscuridad, nadie lo notaría.
Cerró los ojos por unos minutos hasta que su tranquilidad fue interrumpida por el mismo hombre de antes.
—¿Que tenemos aquí? —habló el hombre casi arrastrando sus palabras, el aroma ahora era más fuerte y llegaba a ser asqueroso. Jimin no abrió los ojos y tampoco se movió, pero que si lo ignoraba el hombre se iría.
Grave error, una fuerte patada directo a su estómago fue proporcionada, haciendo a Jimin sentarse y toser fuertemente mientras sostenía su estómago.
—Pregunté algo, deberías responder cuando se te habla, ¿que acaso no te educaron? —Jimin tenía sus ojos completamente abiertos mirando hacia el suelo mientras su respiración se volvía más fuerte, poco o nada era lo que lograba escuchar del hombre frente a él.
—Yo n-no... —los ojos de Jimin comenzaban a llenarse de lágrimas ante la desesperación de ni siquiera poder salir corriendo debido a lo débil que su cuerpo se encontraba.
—Me gusta este lugar, deberías buscar otro —hablo el hombre con voz autoritaria, fue en ese momento que Jimin tomó valor para levantar su mirada y ver a ese hombre. Era un señor de mediana edad, un poco robusto con abundante barba y por lo que se veía, muy poca higiene personal.
Jimin negó con su cabeza —He estado en este lugar desde hace dos semanas, no tengo a donde ir. —habló Jimin casi rogando por su pequeño lugar.
El hombre no hizo más que reír burlesco.
—Entonces quédate, puedo hacerte mío también.
Jimin levemente se levantó con lo que quedaba de su fuerza y comenzó a retroceder mientras negaba, prefería irse antes de que ese hombre intentara hacer algo en su contra.
—No, esta bien, quédate yo me iré.
Antes de que Jimin pudiera voltearse, su mano lo agarró de la muñeca y lo atrajo hacia él. Desde esa distancia Jimin casi vomita de lo fuerte que el desagradable olor de ese hombre se había vuelto.
—Ya cambie de opinión.
Jimin comenzó a temblar cuando el hombre lo tomó de la cintura y acercó sus labios al cuello del menor, intentaba con todas sus fuerzas deshacer el agarre y gritó casi rompiendo sus cuerdas vocales con la esperanza de que alguien lo escuchara.
En consecuencia de esto, el hombre perdió la paciencia y propinó un fuerte golpe en su estómago, dejándolo tan mareado que para ese punto su vista se volvió borrosa.
Pensó que en cualquier momento se desmayaría y ese hombre se aprovecharia de él.
Esa simple idea hizo que las lágrimas comenzaran a caer por sus mejillas, no había nada para hacer, dejo de forcejear y se dejó caer ante los brazos de ese hombre que seguía tocando su cuerpo sin piedad.
"Con que así es como termina mi vida", pensó.
Mientras Jimin perdía las esperanzas de salvarse, escuchó pasos no muy lejos del callejón en el que se encontraban.
Pensó que la situación en la que estaba solo podía perder no importaba lo que hiciera, así que se arriesgó y gritó por ayuda una vez más, aún sabiendo que eso no haría más que ganarse unos cuantos golpes que lo llevarían a su fin.
Sorprendentemente, eso no fue lo sucedió.
Un sonido de un arma siendo disparada fue el único sonido que resonó en el lugar, sus ojos se abrieron de golpe y la aterradora imagen del hombre frente a él con un claro agujero en su frente fue lo primero que se enfocó en su campo de visión.
Fueron tan solo unos segundos en los que su cuerpo se mantuvo de pie, hasta que cayó sin vida de golpe al suelo. El cuerpo de Jimin no podía hacer más que temblar sin control, podía sentir como pequeñas gotas de sangre habían salpicado en su rostro.
El terror que tenia no le permitía levantar su vista y ver a la persona que claramente se encontraba frente a él con un arma en su mano. Pensaba que lo matarían a él también, se sentía como un animal en el matadero que sabe que es el siguiente en la lista.
Hasta que la voz grave y rasposa de ese misterioso hombre le habló.
—¿Estás bien, pequeño? —Jimin lentamente levantó su rostro, mirando como un hombre alto, pelinegro y con un elegante traje, limpiaba su CZ SP-01 antes de colocarla dentro de su traje nuevamente.— puedo imaginar el trauma que debe causar ver a alguien ser asesinado frente a ti, pero fue lo más coherente que se me ocurrió, no puedo soportar la idea de que esa escoria viva en el mismo mundo que yo. Un día entenderás qué hay personas que simplemente no merecen vivir.
Jimin se sentía en una especie de estado hipnótico, la frialdad con la que ese hombre había hablado daba a entender que esa no era la primera vez y probablemente tampoco la última en que asesinaba a alguien.
Su cuerpo no se movía, por más que el deseaba correr no podía hacerlo.
—En unos momento mis hombre vendrán a limpiar la basura, no te preocupes por eso.
—Lo mataste.
—Lo se.
—¿No te sientes mal? ¿Culpable? —respondió Jimin cuando su cuerpo comenzó a relajarse.
—¿No sabes quién soy? —preguntó confundido el pelinegro.
—N-No.
—Entonces me presentaré, soy Jeon Jungkook —el mayor se acercó hasta el traumado chico para tomar su mano en un saludo, Jimin dudó por unos segundos pero al final correspondió el saludo— oh, tienes un poco de sangre en tu mejilla.
De una suave forma, el pelinegro retiró esa mancha y sonrió.
—Gracias, —respondió Jimin un poco más tranquilo logrando analizar la situación y recordando que él era quien lo había salvado— me salvaste.
—No te preocupes, todo fue gracias a tus gritos.
Jimin sintió sus ojos humedecer de nuevo y simplemente cayó sobre sus rodillas. Ahora tenía que tener cuidado con ese tipo de personas y no sabía si lograría salvarse la próxima vez.
—Oye, no llores —habló Jungkook sentándose en el suelo junto a Jimin, ignorando por completo que su costoso traje se ensuciaría.— no sé si aceptaras mi propuesta, pero ¿qué te parece venir conmigo?, digo, puedo notar que no tienes a donde ir.
Jimin había aprendido a no confiar en nadie por lo mismo sentía que aceptar esa propuesta sería como atar una soga a su cuello. Al final todos te dan la espalda, todos mienten y te traicionan.
—No te conozco.
—Eso es cierto, pero piensa en todas las personas que pueden llegar a este callejón en el futuro, no las conoces y pueden intentar hacer algo peor de lo que ese imbecil intento hacer. —Jungkook podía ver que el pequeño chico seguía sin confiar en el así que fue directo al grano— mira, te daré un trabajo y te ayudaré monetariamente, solo tienes que aceptar.
—¿Un trabajo?
—Si, eres joven y veo gran potencial en ti
Jimin miró hacia el cielo, era de noche pero se podía notar que en cualquier momento comenzaría a llover. Ya no tenía nada que perder pero aceptar la propuesta era como jugar a la ruleta rusa.
Sin embargo, él que no arriesga no gana.
—Está bien, iré contigo.
Jungkook sonrió y le tendió una mano al menor para ponerse de pie, Jimin estaba seguro que era la sonrisa más honesta que le habían dado en mucho tiempo, él estaba sucio y delgado, muchos lo habían obervado con repulsion pero Jungkook no lo hizo ni por un segundsentido repulsión hacia su aspecto, pero Jungkook no lo hizo ni por un segundo.
Tal vez esta vez estaba bien confiar.