Hoy me toca llover a mí

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Summary

Desde que murió su hermana, el objetivo de Amanda cambió para siempre. No sólo en adelgazar, quiere poder llegar a ser mejor persona y ayudar a los demás. Cómo decía su hermana: tenía que llover. Tendrá que vivir muchos momentos en su vida para poder lograrlo. Esta es una de las historias que escribí de pequeña. Tenía 12 años así que espero que os guste mucho y le deis apoyo. Gracias 🤗🥰.

Genre
Other
Author
PaulaxxSS
Status
Ongoing
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
13+

De compras

Era un día como cualquier otro. Mi hermana pequeña Ruth y yo habíamos salido a comprar ropa como todos los sábados. A mi no me gustaba mucho, pero a ella le hacía tanta ilusión que yo era feliz solo con verla. Hay que aprovechar el momento para querer a un hermano, o cuando lo vayas a hacer, será demasiado tarde. No podía permitirme perder a otro más.









Me llamo Amanda Gracia López Martínez, pero puedes llamarme Amanda. Soy una chica de 19 años con unos profundos ojos negros, un cabello rubio que me llega por la rodilla, mido casi 2 metros y tengo cuerpo de modelo.


Cuando tenía 10 años, yo era una niña con muchos problemas de salud debido a mi gran sobrepeso provocado a causa de todo el azúcar y gominolas que nos daba mi padre después de cada comida, e incluso entre horas, pero todo cambió el día 3 de julio de 1994.


Lo recuerdo como si fuera ayer. Era un día de mucho calor, uno de esos días en los que preferirías morirte antes que seguir aguantando eso, pero cuidado con lo que deseas. Mi hermana mayor Sofía, mi madre, mi padre y yo decidimos ir un rato a la piscina municipal, que era una construida en especial debajo de la estatua de la ciudad, para refrescarnos. Pero había un problema al bajar en el ascensor. Pesabamos demasiado. Decidimos entrar en varias tandas. Primero, mi padre y yo; después, mi madre y Sofía.


Nosotros llegamos abajo sin problema alguno, pero mi corazón se encogió en un puño cuando, después de que mi madre saliera del ascensor, este se descolgara con Sofía dentro. No volvimos a saber de ella. Mi queridísima hermana había muerto trágicamente en un accidente de ascensor a la edad de 13 años.


Mi madre se divorció de mi padre ya que el accidente había sucedido por su culpa, ya que era él el que nos daba chucherías a todas horas, y se casó con Robert Thin, un joven de 23 años. A pesar de tener casi la misma edad que yo era multimillonario. Mi madre, Rosalie López, no se atrevía a tener más hijos por miedo a perderlos, pero cuando se animó con el primero y se llevó una sorpresa, quiso más. Con él tuvo 3 niñas, Ruth, Helena y Mélanie, y 2 niños, Javier y José Antonio. Ahora, yo soy la mayor. Mi hermano Javi es el más pequeño, pero vino con mellizos incluidos, Mélanie y José Antonio, ellos tienen cinco años, Helena nueve y Ruth diez. Yo que tengo 19, me toca cuidarlos. No importa, me gustan los niños. Pero con el único que con el que me llevo peor es José Antonio, todo el rato me quita las cosas y con él no hay quien estudie, pero bueno. En el fondo sí lo quiero.


Desde que ocurrió el accidente, mi madre y yo nos pusimos la meta de adelgazar hasta parecer una modelo de película y a mí nunca se me olvidará recordar, todas las noches al acostarme, una frase que mi hermana solía repetirme: Nunca ames a nadie sin quererte a ti misma, porque si no, el amor será un fracaso.




✺ ✺ ✺




Estábamos en Mercopao 7ZMax, la tienda favorita de mi hermana. Allí vendían cantidad de productos femeninos a la moda. A Ruth le encantaban los vestidos con lacitos, vuelos o costuras por fuera, así que le compré un vestido rojo con volantes precioso que estrenaría en dos semanas, en su primer día de colegio. Ambas nos presentaríamos guapas y elegantes ya que nos habíamos mudado a un pequeño pueblecito y queríamos demostrar que éramos de la ciudad, de la ciudad más rica del país. Yo me compré un estrecho sujetador blanco para que me asomara ligeramente el tirante por el abierto cuello de mi nuevo top negro ajustado por encima del ombligo, muy pegado a los contornos que delimitaban mi pecho en aquel preciso momento, permitiéndole enseñar mi pequeño pero atractivo piercing en el ombligo. Como ya no era una simple chica de instituto, también utilicé parte del dinero que tenía en unos jeans de color azul claro intenso, con una pequeña doblez en la barrera de abajo que dejaba lucir mis finos y atléticos tobillos que sobresalían de mis Converse planas de color verde pistacho.


A lo mejor pensarás que me vestí para ir a un bar de striptease y que habías mezclado las páginas de los libros, pero no. Lo que pasa es que, como me decía mi hermana, tengo que quererme a mí misma, y nunca voy a conseguir eso si no puedo ver ni mi propio cuerpo. Además (sé que esto va a sonar como si tuviera 6 años, pero ahí va), ya soy lo suficientemente mayor como para decidir qué es lo que me pongo y lo que no me pongo, porque a los demás no les incumben mis decisiones.


Al resto de mis hermanos no hacía falta llevarlos de compras porque tampoco les interesaba ir a la moda. Ellos no saben lo que se pierden.


La compra nos salió bastante cara: 728,32. Pero eso no importaba, mi padrastro lo pagaba todo. Tenía otros planes para cuando volviera a casa.


Yo soy una persona superdotada, por lo tanto, ya tengo la carrera de Universidad casi terminada. En diciembre ya termino y decidí ponerme a pensar si realmente quería para mí ese futuro con el que siempre soñé desde niña, que ahora podía hacerse realidad.


Siempre quise ser informática, pero mis planes de vida cambiaron. Ahora quiero tener hijos y ser ama de casa. Quiero tenerlos cuanto antes mejor así que he decidido instalarme una app de citas. En ella, pido un marido cuanto más alto mejor, que tenga dinero, trabajo y entre 25 - 30 años. Para mi sorpresa, esta misma tarde recibí un mensaje de un tal Andrés que estaba interesado en mí. Su e-mail decía:


Buenas tardes,


soy Andrés y me gustaría empezar a salir contigo. Cumplo con todos tus requisitos: mido 1,93, tengo un trabajo como jefe de oficina en el que gano mucho dinero, además, tengo 26 años. Soy el chico ideal. ¿Te parece bien si nos vemos en el bar de la plaza del pueblo?


Un saludo.


Claro que me quedaría con él. Hasta me pareció guapo en la foto. Le dije que sí, que encantada. Así que mañana a medio día nos conoceremos.


Era un chico encantador y muy inocente.


Le pregunté:


- Andrés, sé que acabamos de conocernos, pero… ¿te gustaría salir conmigo?



- Sí, pero no. Quiero que me lo pidas como en una película



- Sí que era un poco cabezota. Le llevé al centro de la plaza, le cogí por la cintura y los hombros y le susurré suavemente al oído:


- ¿Quieres salir conmigo?



- Si me lo pides así… - encima se echaba flores a si mismo. Me dieron ganas de decirle que mejor que no, pero me aguanté porque se le veía buen hombre -. ¡Claro que quiero! - lo dijo con tanto entusiasmo, que parecía que se iba a casar conmigo.



- Le propuse comprar una casa grande, irnos allí a vivir y formar una familia, pero no era tan tonto como yo pensaba.


- Vamos a esperar unos meses - empezó -, a ver cómo nos llevamos entonces.



Estaba dispuesta a esperar lo que fuera por él. Por primera vez en la vida sonreí, como cuando tenía tres años, delante de una persona a la que apenas conocía, al acordarme de aquel maravilloso Consejo que mí hermana dejó a mí cargo para transmitir de generación: Nunca ames a nadie sin quererte a ti misma porque, si no, el amor será un fracaso.


Un millón de emociones recorrían mí cuerpo cada vez que la recordaba pero, siempre que lo hacía, notaba como el tiempo pasaba mucho más deprisa de lo normal.