El Dolor de Amar ||ChanBaek||

Summary

Parte III: Unexpected Heirs. Había aceptado al hijo de otro hombre... por él.  Aterrado de que la familia de su ex novio tratara de hacerse con la custodia de su futuro hijo, Byun Baekhyun sabía que había sólo un hombre al que podía acudir en busca de ayuda, su jefe, Park ChanYeol. Cuando él le ofreció protección y un nombre para su hijo, Baekhyun aceptó, convencido de que estaba haciendo lo mejor para el niño. Pero entonces probó sus apasionados besos y olvido que todo aquello no era real...  -A D A P T A C I O N.

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01

Cuando Park Chanyeol miró al bonito y pequeño castaño que había conocido hacía apenas unos momentos, la adrenalina comenzó a bombear por sus venas. Las mejillas de porcelana mostraban una mezcla de acaloramiento y excitación, y el destello de urgencia en sus ojos castaños le revelaba que le esperaba un viaje estupendo.

—Espero que no te importe, pero esto va a tener que ir más deprisa que lo que tenía planeado —dijo él, algo jadeante.

Sonriendo, él asintió.

—Adelante. Puedo ir todo lo deprisa que tú quieras.

—Me gusta cómo piensas.

La sonrisa de él le desbocó el corazón.

—Aguanta, hombretón. Puede que se torne salvaje. —Chanyeol respiró hondo y se preparó.

—Quémalo, cariño.

Al mismo tiempo que él pisaba el acelerador hasta el fondo, alargó la mano para activar un interruptor en el salpicadero. Las luces y el chillido de las sirenas compitieron con el rechinar de las ruedas que soltaron una nube de gravilla y de polvo del sur de Texas cuando la furgoneta derrapó por la pista del Aeródromo Devil's Fork Community.

Cuando Chanyeol descubrió que no había ningún vuelo comercial a la pequeña ciudad, se preguntó por qué el piloto del Cessna 172, que había alquilado para que lo llevara a la ciudad, había reído como una hiena cuando él lo había llamado aeropuerto. Todo consistía en una pista de asfalto que apenas cumplía los mínimos requisitos exigibles, un barracón que se ladeaba de forma precaria y un poste de madera con un indicador de viento justo encima de la bandera de Estados Unidos. Por lo que podía ver, ni siquiera tenía luz para guiar un aterrizaje nocturno. Sólo esperaba que la operación Life Medevac tuviera mejor pinta.

—A propósito, me llamo Byun Baekhyun, el enfermero de vuelo del equipo de Evac II —comentó el castaño.

Mientras se acercaban al linde de la ciudad, pensó que era un bonito nombre para un chico bonito.

—Yo Park Chanyeol.

—Gracias a Dios —sonrió—. Cuando se apagó mi busca, no te di tiempo de presentarte, y de pronto se me ocurrió que quizá no fueras el hombre que se suponía que debía conocer.

De pronto él tuvo que carraspear. Cuando sonreía, Byun Baekhyun no sólo era bonito, sino arrebatador.

—¿Qué posibilidades había de que otra persona viniera a Devil's Fork? —preguntó cuándo al fin recuperó la voz.

La risa encantada de él fue uno de los sonidos más gratos que había oído en mucho tiempo.

—Bien dicho —asintió—. Creo que eres la primera persona de la que yo tenga constancia que viene aquí desde mi llegada hace dos meses.

—No me sorprende. ¿Llegaste en avión?

—Imposible—movió la cabeza. —Vine en coche desde Houston. No pensaba tomar uno de los vuelos de aquí.

Mientras avanzaba por la Calle Principal, Chanyeol llegó a la conclusión de que si hubiera parpadeado, se habría podido perder toda la ciudad. Aparte del hecho de que Baekhyun iba tan deprisa que apenas era algo más que una mancha borrosa, el distrito comercial tenía sólo un par de manzanas y la zona residencial apenas se componía de dos o tres manzanas.

—Choi Youngmi, nuestra radio operadora, me ha comentado que eres de Miami. Puede que tardes un tiempo en acostumbrarte a Devil's Fork. Está a unos mil kilómetros de la playa más cercana y no es precisamente un semillero de vida social.

—Sabía que este sitio era pequeño, pero esperaba algo un poco más grande.

—Yo también —convino él—. Después de atravesarlo en coche la primera vez, me costó creer que hubiera necesidad de establecer un centro de evacuación médico con base aquí. Pero me equivoqué.

Chanyeol pensó en lo que había leído en el historial que se le había entregado sobre el negocio que su abuela le había dado para que dirigiera.

—Tal como lo entiendo, somos el único servicio de emergencia disponible para secciones de cinco condados diferentes.

Él asintió.

—La población es tan escasa en esta parte de Texas, que no es rentable que las comunidades tengan sus propias ambulancias — metió el vehículo en un camino de tierra apisonada que conducía a un hangar grande con el cartel Life Medevac Helicopter Service pintado a un lado --. Además, si dispusieran de una unidad de tierra, tardarían mucho en llegar hasta la mayoría de la gente y aún más en llevarla al hospital. Nosotros somos su mejor esperanza para una urgencia médica.

Cuando rodeó el costado del edificio, Chanyeol respiró un poco más relajado. La base de Life Medevac parecía en bastantes mejores condiciones que el aeródromo. Además del hangar bien cuidado, había dos helicópteros Bell EMS, nuevos y de primera línea, y toda la zona parecía tener iluminación de la máxima tecnología para despegues y aterrizajes nocturnos.

—Te veré cuando regresemos —dijo él, poniendo el coche en punto muerto al tiempo que apagaba el motor y abría la puerta—. He de pillar un vuelo.

—Gracias por el viaje —dijo Chanyeol, bajando del vehículo.

Volviéndose, él le dedicó otra de sus sonrisas devastadoras.

—Casi lo olvidaba... cuidado con el café de Youngmi. Te dirá que es el mejor que has probado jamás, pero no te lo creas —hizo una mueca— . Es horrible.

Allí de pie, mirándole correr hacia el helicóptero que esperaba, pensó que algo sobre él se le escapaba. Pero al verlo desaparecer en el interior de la cabina y cerrar a su espalda, desterró ese pensamiento. Luego el Evac II despegó.

Aunque Lee Yonhye ye le había asegurado que se había ocupado de que todo el fácilmente equipo estuviera al día y superara el mínimo exigido por el estado, tenía intención de encargar nuevos monos de vuelo, de un color que resultara más diferenciable de otros equipos de emergencia que ya pudieran hallarse en el escenario cuando llegara el equipo de Life Medevac. Y se aseguraría de que todos tuvieran la talla adecuada porque el de Baekhyun le quedaba muy grande.

—Tú debes ser Park Chanyeol, el nuevo jefe de este puesto.

Al oír la voz femenina a su espalda, se volvió y vio a una mujer que calculó que andaría en los últimos sesenta o los primeros setenta años. Con el pelo blanco y ondulado, una cara perfectamente redonda y unas gafas estrechas para leer.

Sonrió al extender la mano.

—El mismo. Y tú debes ser Choi Youngmi.

—La misma —le estrechó con firmeza la mano mientras también sonreía—. Ven a la sala de radio a descansar un poco. Te serviré una taza del mejor café que hayas probado jamás y luego te enseñaré tu alojamiento.

Chanyeol sacó su equipaje de la parte de atrás de la furgoneta y siguió a Youngmi bajo el sol de finales de agosto hacia la oficina con aire acondicionado del hangar. Al ir hacia el despacho, miró las medallas militares enmarcadas que colgaban de la pared junto a la puerta.

—¿Eran de tu marido? —preguntó con tono afable.

—Algunas —fue a una pequeña zona de cocina en el otro extremo del cuarto para remover el contenido de aroma delicioso que había en el fogón eléctrico—. Las demás son mías.

Al regresar a su lado, le entregó una taza de café, luego le indicó que se sentara en una de las varias sillas que había frente a un escritorio de madera lleno de marcas.

—Descansa, Chanyeol.

—¿En qué cuerpo militar estabas?

—Seung y yo éramos marinos de carrera —rodeó la mesa y un mostrador anexo, lleno de equipo de radio, un ordenador y varios teléfonos, y se sentó en un sillón de madera que parecía haber sobrevivido desde la Segunda Guerra Mundial—. Él era mecánico de aviones y yo enfermera. Murió en un accidente a bordo de un portaaviones poco antes de que se supusiera que debíamos jubilarnos.

—Lo siento —él sabía muy bien lo que era perder a alguien de forma inesperada.

—No lo sientas —dijo—. Seung murió haciendo lo que más le gustaba... trabajar en un avión de combate. Es la mejor forma en que cualquiera de nosotros puede esperar marcharse de este mundo—. Por eso soy radio operadora aquí. Después de que mi artritis me obligara a dejar de trabajar en el hospital, acepté este trabajo. Cuando la gente llama con una urgencia, a veces me quedo en la línea y les hablo durante la crisis médica que puedan tener hasta que llega nuestro equipo. Es casi tan satisfactorio como ser enfermera.

Chanyeol bebió un sorbo del café mientras estudiaba a Youngmi. Pero a medida que el sabor amargo se extendía por su lengua, tuvo que obligarse a tragar. Con rapidez, dejó la taza en la mesa y apenas pudo controlar el impulso de temblar. Lo que Baekhyun le había dicho acerca de que el café era terrible era un eufemismo.

Tosiendo, alzó la vista y vio que ella lo observaba expectante. Pudo ver que esperaba que le comentara lo bueno que estaba.

—Te gusta el café fuerte, ¿verdad? —preguntó, tratando de no hacer una mueca.

Ella se encogió de hombros.

—Me gusta el café tal como me gusta que sea un hombre... fuerte y el mejor que jamás he tenido.

No podría haber quedado más desconcertado aunque lo hubiera intentado. Incapaz de pensar en algo que decir, aguardó lo que ella pudiera comentar a continuación. A menos que la hubiera juzgado mal, no tardaría mucho.

La sonrisa de ella le indicó que había sabido que su comentario lo dejaría mudo.

—Hay algunas cosas sobre mí que es mejor que las conozcas ya, Chan no uso eufemismos. Digo exactamente lo que pienso porque soy lo bastante mayor como para poder hacerlo con impunidad y porque jamás me gustó andarme con rodeos.

—Respeto eso —no tenía ni idea de adonde quería ir a parar, pero veía que aún no había terminado.

—Me alegra oírte decir eso, porque lo que voy a decirte ahora quizá sea difícil de encajar.

—Te escucho.

—Te voy a tratar como trato a todos los demás, porque ya hay pocas cosas que me impresionen. Y eso incluye que seas el nieto de Lee Yonhye.

Chanyeol frunció el ceño. Le había pedido encarecidamente a Yonhye que no divulgara la relación que tenían. Para empezar, no necesitaba la presión añadida de tener que cumplir las expectativas de otros; y para concluir, aún no sabía si se había reconciliado del todo con el hecho de ser su nieto.

—¿Cómo has sabido...?

—Yonhye y yo nos conocemos desde hace mucho. No siempre ha estado en lo alto de la cima. Siendo adolescente, trabajó detrás del mostrador de la cafetería de mi padre —Youngmi sonrió—. Era como una hermana mayor para mí, y con el paso de los años no perdimos el contacto.

No le hizo mucha gracia tener a una amiga de toda la vida de Yonhye trabajando para él. No le gustaba la idea de no poder dar un paso sin que lo supiera su manipuladora abuela.

—Si te preocupa que vaya corriendo a informarle a Yonhye de todo lo que hagas, no pierdas el tiempo —indicó Youngmi—. No cuento historias. Si ella quiere conocer tu situación, tendrá que preguntártelo en persona.

—Me alegra oír eso —no sabía por qué, pero la creyó.

Youngmi se acabó el café, dejó la taza en la mesa y se puso de pie.

—Ahora que nos hemos quitado ese peso de encima, te mostraré dónde te alojarás y dejaré que te instales mientras termino el estofado de carne para la cena —señaló su taza—. ¿Quieres que te lo caliente? Él declinó con rapidez.

—No soy un entusiasta del café —no quería herir sus sentimientos, pero como bebiera otro trago de ese brebaje amargo, no sabía lo que podía pasar.

Ella movió la cabeza.

—No sé qué les pasa a los jóvenes. De los que trabajamos aquí, soy la única a quien le gusta.

Mientras recogía la maleta y la seguía por un pasillo hacia la parte de atrás del hangar, sospechó que la renuencia de los demás a beber el café de Youngmi tenía más que ver con la supervivencia que con el gusto por esa bebida.

—Este es tu despacho —indicó al pasar ante una puerta en la parte de atrás del edificio. Señalando otra puerta de enfrente, añadió—: Y estos son los alojamientos para el equipo que hay de guardia. Tenemos tres equipos que se rotan en turnos de veinticuatro horas... dos días de guardia y cuatro libres. Desde luego, ante la remota posibilidad de que recibamos una llamada mientras un equipo está fuera, los primeros dos días que un equipo libra permanece disponible.

—¿Y contigo? ¿Cuáles son tus horas de trabajo?

—Yo estoy aquí las veinticuatro horas. Cuando no reparto el destino de un equipo, cocino y doy consejos a los que nadie parece prestar atención —rió al tiempo que señalaba el cuarto contiguo al de los equipos—. Ésta es mi habitación. Tengo un dispositivo que me despierta cuando tenemos una llamada nocturna o decido echarme una siesta.

Chanyeol frunció el ceño.

—¿Quién hace los repartos en tus días libres?

Ella siguió caminando hacia la puerta del final del pasillo.

—En las raras ocasiones en que me tomo un día libre, uno de los miembros de los equipos que está librando ocupa mi puesto.

—¿No tienes días libres estipulados? —no le gustaba eso. Aparte de que Yonhye pudiera haberse aprovechado de Youngmi, ni siquiera sabía si era legal que alguien trabajara tanto.

—No te alarmes, Chanyeol —le dijo como si le hubiera leído la mente—. No tengo familia y trabajar en Life Medevac es lo que me hace feliz y me mantiene en marcha. Me encanta lo que hago, así que ni se te pase por la cabeza la idea de querer darme días libres de forma regular, porque no lo aceptaré —abrió la puerta de la habitación de él y, retrocediendo, señaló su equipaje—. ¿Están todas tus cosas en esa maleta?

Él asintió.

—Puse el resto en un guardamuebles hasta que encuentre un sitio aquí, en Devil's Fork.

—Buena idea —la mujer asintió con aprobación—. Ve a guardar tus cosas mientras yo llamo por radio a Evac II y me entero del estado de su paciente y a qué hora creen que regresarán a la base.

Que trabajara tanto no se reducía únicamente a posibles cuestiones legales. También había que tomar en consideración su edad y bienestar. Podía parecer un torbellino con energía inagotable, pero trabajar veinticuatro horas los siete días de la semana, era duro para cualquiera.

Al depositar la maleta en el borde de la cama para sacar sus cosas, decidió que había varias cosas que necesitaba hacer en el acto. No sólo debía encargar los monos de vuelo con las tallas adecuadas, sino que debería leerse las leyes laborales de Texas.

Al guardar las últimas prendas, miró alrededor. Agradeció su costumbre de viajar ligero. La habitación apenas era lo bastante grande para la cama doble, una pequeña cómoda y una mesilla de noche. Habría sido imposible que dispusiera de espacio para algo más que no fuera su ropa.

Aunque tampoco necesitaba mucho espacio. En los últimos cinco años, no le había preocupado la amplitud ni el emplazamiento de su alojamiento. Después de trabajar en la construcción tan duramente que al final del día estaba demasiado cansado para pensar o recordar, sólo había necesitado un lugar donde dormir, ducharse y cambiarse de ropa. Con algo de suerte, habría suficiente trabajo para mantenerlo igual de ocupado en Life Medevac.

Al oír el sonido de un helicóptero al aterrizar, fue por el pasillo hasta la oficina de comunicaciones.

—No han estado ausentes mucho tiempo.

Youngmi asintió.

—Song Hana pensó que iba a tener a su bebé, pero resultó ser una falsa alarma —con una sonrisa, añadió—: Sólo tiene diecinueve años y es su primer embarazo. A su marido, Jae, y a ella les preocupa no llegar a tiempo al hospital.

En ese momento el equipo del Evac II entró en el cuarto de comunicaciones. Además de Baekhyun, el equipo consistía de un hombre de pelo castaño que parecía tener unos cuarenta y tantos años y un joven de cara juvenil de unos veinte.

—Me llamo Choi Siwon—dijo el hombre, sonriendo al ir al ir a estrechar la mano de Chanyeol.

Casi tan alto como el metro noventa de éste, Siwon tenía la complexión de un peso pesado, y si su apretón servía como indicio, era igual de fuerte.

—Soy el piloto del Evac II —con la cabeza indicó al hombre más joven—. Ese chico es Jeon Jungkook, el paramédico del equipo.

—Encantado de conocerlo, señor Park —dijo Jungkook, adelantándose para estrechar con entusiasmo la mano de Chanyeol—. Esperábamos con ganas que asumiera el mando.

—Llámame Chanyeol —no le sorprendía que los empleados anhelaran un cambio en la administración. Por el historial que se le había entregado, cuando Yonhye compró Life Medevac, sus empleados llevaban varias semanas sin cobrar.

Sonriendo, el joven de ojos negros comentó:

—Nos alegra que sobrevivieras al trayecto con Baek al volante.

Chanyeol rió entre dientes.

—¿Es que había alguna duda?

—Después de venir a Devil's Fork con Kim Namjoon a los controles de esa avioneta, nos preguntábamos si su conducción no te remataría — añadió, riendo.

—Como sigan burlándose de mi manera de conducir, dejaré de hacer esas galletitas de chocolate que tanto les gustan —advirtió de buen humor mientras cruzaba a la cocina, donde Youngmi le daba los últimos retoques a la cena del equipo.

—Nos retractamos —comentó JungKook al acercarse con un plato para que Youngmi le sirviera una generosa ración de estofado.

—Puedes apostarlo —Siwon asintió con vigor—. Sólo bromeábamos, Baek. No dejes de hacer esas galletitas —se volvió a Chanyeol y le confió—: Nunca has probado nada tan bueno en toda tu vida.

—Ya tengo ganas de probarlas —comentó Chanyeol, disfrutando con esa conversación relajada.

En ese momento, Baekhyun abrió la nevera para sacar un bote de zumo de naranja y una vez más él notó lo grande que le quedaba el traje de vuelo. La tela azul marino era bastante holgada en todas partes menos en el vientre y daba la impresión de...

Experimentó una sensación de frío. Byun Baekhyun no tenía unos kilos demás alrededor de la cintura. Estaba embarazado de varios meses.