Tributo [KaiSoo]

Summary

La aldea de Kyungsoo a sido atacada por un Rey llevandose a los hombres más fuertes para ser usados como sirvientes y guerreros humanos. Las chicas fértiles han sido llevadas para ser vendidas por un precio y otras cosas de valor. Los chicos hermosos pero débiles han sido llevados a las fortalezas donde habitan los Guerreros Dragón como tributo por sus servicios, estando ahí Kyungsoo es llevado por otro chico para ser entregado como tributo a un poderoso Dragón.

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Capítulo Único

Él podría por lo menos estar feliz de que no lo mataran. Eso era lo que Kyungsoo escogió para decirse a sí mismo en esa situación, cuando cerca de treinta prisioneros extraños y un guardia armado por cada cinco muchachos encadenados, marcharon en dirección al sur lejos de la casa y el hogar que conoció toda su vida.

Ellos se tambaleaban juntos como una hilera de hormigas ebrias, siendo agredidos por el sol y por la lluvia y chasquidos intermitentes de látigos por millas y millas, días y días.

Los paños de lino que envolvían sus pies se desgastaron hasta volverse lamentables harapos que olían a sudor y mordían su piel. Los pesados grilletes de hierro, lo unían al chico de delante por una tramo corto de cadena, grilletes rojos sujetaban sus muñecas.

Él estaba enfermo de hambre y sed. Aun así, debía recordarse de vez en cuando, que les permitieron vivir. Cualquier humano dejado vivo, en teoría podría escapar.

Ellos eran un tributo al poderoso ejército del Rey Dragón, supuestamente, entregados para que los dragones pudieran vivir vidas de placer después de luchar y dejar el mundo en fuego, las horas de trabajo arduas eran eclipsadas por el placer de montar a su elegido.

En realidad, los tributos fueron duramente conquistados en una lucha injusta. En la aldea, por pequeña que fuera, la población joven de buen grado daría la vida por sus viejos e inservibles familiares. Cada recaudación de tributo era un ataque sin fuego.

Kyungsoo podria haber vivido, pero algunos ocasionaron muchas dificultades para que el grupo de ataque los dejara ilesos. Eso siempre pasaba. Así eran las cosas. Kyungsoo simplemente no tenía suficiente edad para verlo de primera mano antes.

Cuando los soldados humanos los llevaron, ellos fueran encadenados, los desvistieron dejándolos desnudos. Los chicos y las chicas eran tratados como si fuesen muñecos.

Un soldado dijo a una pobre chica que sollozaba escondida detrás de su largo cabello negro, que esto sólo les ahorraba tiempo y agonía cuando llegase la hora de marchar frente a los policías para la inspección y clasificación.

Kyungsoo, para su haber, intento soportar todo con calma y dignidad individual. Si querían tratarlo como carne, él los trataría con la misma indiferencia deshumana. Le parecía justo.

Kyungsoo levantó la cabeza y se sacudió el polvo como un perro lo haría, lanzando gotas de sudor en el aire cálido. Ellos veían las planicies ahora, un lugar vasto y verde entre los valles de su infancia, quemando las montañas del desierto dónde los dragones del rey habitaban. Esas torres pojas y de piedra dorada se divisaban a lo

lejos, destacándose contra el cielo azul y los campos verdes secos.

Los dragones estarían almorzando ahora en el auge del día. Los criados humanos, también, serían alimentados en ese momento.

Kyungsoo dejó que el pensamiento vagara por su mente quemada por el sol, saboreándolo. Le gustaría ser alimentado, si pudiera.

La tarde avanzaba, el día se acortaba y la luz cambiaba pasando de los tonos verde amarronados al rojizo de la puesta del sol.

Los dragones vigilantes sobrevolaban en círculos arriba, su apariencia no era muy diferente de los Dragones de guerra, más fuertes, grandes y difíciles de matar.

El gorgoteo retumbante de su lengua gutural podía ser escuchado desde tierra. Los demás prisioneros se encogieron, pero Kyungsoo no podía contener su curiosidad.

Había oído, cuando niño, que los dragones tenían una lengua propia que las lenguas humanas jamás podrían reproducir, que hablaban entre sí y comprendían las palabras de sus amos los elementos. Él oyó todo eso y nunca vió un dragón en su vida, pero en ese momento creía en cada palabra que había escuchado.

Ellos era feroces, impresionantes y un humano tenía suerte de tener por amo a uno.

El crepúsculo se abatió sobre ellos, cuando el grupo de prisioneros y guardias se acercaron a las enormes puertas negras que abrían paso al estrecho camino que conducía hasta la fortaleza

de los dragones.

El hierro chirrió sutilmente cuando el viento que soplaba por el pasaje entre las montañas los golpeó. Kyungsoo tenía que saber si ellos existían, con precaución, para no llamar la atención de cualquiera interesado en ocasionarle una muerte rápida por aplastamiento.

Un hombre con la cabeza rapada llegó hasta una puerta menor a un costado del camino para vehículos y provisiones, y habló unas palabras incomprensibles con los soldados. Habló con un fuerte acento que Kyungsoo no podía identificar, y tan rápido que sería tonto esforzarse por entender.

Sus ojos, por otra parte, hablaron de forma clara y concisa. Ellos barrieron de arriba abajo la línea de cuerpos desnudos y agredidos, iluminándolos por algunos minutos para pasar rápidamente al siguiente hasta terminar la inspección.

La piel de Kyungsoo amenazó despegarse de sus huesos y deslizarse bajo una roca para escapar de esa mirada escrutadora. Esto era muy diferente al ser tratado como un pedazo de carne.

Los demás también lo sintieron. Ellos se amontonaban tanto como las cadenas lo permitían y bajaban la cabeza contra su pecho.

Sesenta y ocho pares de ojos llenos de odio fijos en el hombrecito. Por un instante, representó todo lo que había aprendido a despreciar en su caminata desde su casa hacia la fortaleza.

Ellos habían visto a sus amigos, hermanos y hermanas subastados en cada fortaleza, dominados y cambiados por favores y baratijas como cabras en el mercado de un poderoso país. La distribución de los tributos era, por lo menos oficialmente, completamente la misma.

En la práctica, no obstante, la vida de las personas como Kyungsoo podría ser comprada y negociada.

Las chicas jóvenes y fértiles se habían ido primero, probadas como melones frescos en verano y llevadas por los polvorientos pasillos de sus funciones oficiales y extraoficiales.

Cuando la oferta de chicas fértiles disminuyó, los chicos más fuertes siguieron.

Si los soldados humanos del rey no podían tener alguien calentando sus camas entonces tendrían caballos de trabajo. Los hombres de los valles y las planicies habían sido bien seleccionados y elegidos antes que la procesión llegara a las montañas.

Los chicos hermosos y buenos para la monta fueron llevados a las cámaras primero. Ahora les quedaban los chicos pequeños y débiles, siendo contabilizados como el tributo menos deseable. Parecía injusto que él fuese evaluado en el nivel que le tocó. Por otra parte, quizás fuese mejor que lo subestimaran. Si ellos lo tomaban por un idiota o un débil lo vigilarían con menos celo. Fue con esa idea en mente que cruzó las puertas negras y el pasaje de la montaña. Un viento caliente sopló recibiéndolos, moviendo los cabellos negros de Kyungsoo como dedos juguetones.

Los portones de la fortaleza esperaban abiertos, invitantes, o quizás atrayendo. Ellos prometían sombra, alimento y abrigo contra el viento y la lluvia. Kyungsoo entró voluntariamente como el resto de los hombres. Las paredes de piedra de la fortaleza presionaban con frías contra su cuerpo cansado, y por el momento él olvidó las decenas de soldados que llegaron a observar los tributos.

Él se olvidó hasta que escuchó.

—Qué grupo tan triste, —opino uno de los hombres reunidos. Su voz era joven, pero cargaba un toque desgastado, desgaste que Kyungsoo atribuía a la vida en el desierto.

—Hay algunos que destacan, —dijo otra voz, más vieja. —Basta pensar creativamente.

—¡Creativamente con seguridad! —Gritó una tercera voz, un tenor vivo y poderoso que sonó un instante antes que Kyungsoo sintiera su cabeza siendo agarrada por sus largos cabellos, y moviéndose hacia atrás y los costados. Él apretó los dientes y se obligó a mantenerse tranquilo para no ser castigado por insolencia. —Mira aquí, éste es

simplemente hermoso.

La piel de Kyungsoo se estremeció y sus ojos se abrieron sorprendidos.

—Pero delgado, —dijo la más áspera de las voces juveniles. —Pequeño. Es tuyo si lo quieres. Estoy buscando un tributo para Sehun, no un juguete, Es igual de pequeño que Baekhyun pero Chanyeol lo quiere, solo así pelea bien el hijo de perra.

—¿Quién dice que no estoy buscando un tributo para Kai igual de fuerte? —Sin soltar su agarre del cabello, giró su cabeza hacia él. Kyungsoo estaba cara a cara con un hombre de cabello rubio con brillantes ojos verdes y una sonrisa desagradable. —¿Cuántos años tienes? ¿Estás tan saludable como pareces?

Kyungsoo, entrecerró los ojos. No conseguía discernir si la mentira o la verdad podrían ayudarlo, por lo que optó por la cautela.

—Veinte, —dijo. —¿Y quién estaría saludable después de una marcha como la nuestra?

El hombre dio una corta carcajada y lo soltó. —Este tiene una buena lengua en su boca, —dijo él. Descansó la mano en el puño de su espada y se volvió hacia uno de los guardias. —Dámelo de regalo.

El guardia se irritó. —¿Qué tienes para intercambiar?

—¿Intercambio? —Los ojos verdes de volvieron enormes, llenos de ignorancia fingida. —Tenía la impresión de que nosotros los cuidadores quedamos en primer lugar para elegir y, luego las negociaciones eran puramente civiles. —Tamborileó sus largos dedos sobre su espada. —¿Estoy mal informado?

Después de pensar un momento, el guardia dejó caer los hombros y gruñó su acuerdo, mientras sus compañeros se movían inquietos. Kyungsoo se regocijó un poco al verlos en ese estado. Poco

después sus cadenas cayeron y fue autorizado a tener unos minutos para flexionar sus tobillos y muñecas, mientras su nuevo amo lo observaba apreciativo.

—Eres realmente delgado, —dijo el hombre, caminando hacia él como un perro alrededor de carne sospechosa. —Supongo que no se puede evitar. Pero tus caderas son buenas para un buen agarre.

—No, —dijo Kyungsoo, friccionando sus muñecas y encarando al hombre. —No se puede, considerando todas las cosas.

Una mano suave se apoyó sobre la espalda de Kyungsoo y lo guió lejos de los otros, hacia las habitaciones ubicadas en el interior de la

fortaleza.

Kyungsoo fue voluntariamente como era lo esperado. El piso era suave y frío bajo sus pies y el aire olía a sol a su derecha.

—Vas a lavarte y comer algo primero, creo, —el hombre reflexionó. Su mano viajó hacia la parte inferior, descansando sobre las caderas de Kyungsoo. —Sí. Eso sería bueno. No puedo tener una criatura con hambre e inmunda bajo este santuario.

Kyungsoo asintió rígidamente. Un baño sería maravilloso, la comida sería perfecta. Su nuevo cuidador lo llevó hacia abajo, hacia una habitación hermosa llena de vapor, dónde él se lavó rápidamente y con eficiencia. No iba a relajarse y darle una excusa al hombre que podría matarlo a voluntad.

Una mano tomó la suya cuando salió del baño y lo llevó por un pasillo. Sus pies se esforzaban por mantenerse y su mente tambaleaba, pero no podía exigir una explicación.

No era su cuidador quién lo tomó, no, era alguien más, alguien pequeño como él con largo cabello plata y vestido con una túnica semitransparente que dejaba ver su curvilíneo cuerpo desnudo, sus caderas anchas, nalgas bamboleantes y muslos gruesos.

Se inclinó cerca de media docena de veces ante los umbrales de las puertas que se abrían ante ellos y luego descendieron por una escalera de oro.

Kyungsoo se permitió por un instante, creer que podía estar siendo conducido hacia la libertad.

En seguida, el chico que él esperaba ser su salvador se arrojó a los brazos de un hombre, un hombre enorme cuya mirada dorada taladró el paño de lino que Kyungsoo había envuelto a su alrededor en la oscuridad del baño y no vestía la túnica usada por los tributos.

Kyungsoo se congeló por un segundo, a continuación se volvió una furia que arañaba y golpeaba con los puños, un gato salvaje en el brazo gigante de otro enorme hombre.

El gigante rió.

—Uno agresivo, —observó la voz en la oscuridad. —Chanyeol sujétalo fuerte. No va a ser divertido si sigue mordidiendo y lo hago pedazos.

Kyungsoo, resuelto o no, acabó en las manos de la montaña de hombre que era dueño de la voz. Quedó atrapado entre sus brazos como una muñeca de trapo, levantado sobre sus pies, y colocado de bruces sobre una losa de oro. Un movimiento rápido le quitó lo único que tenía para cubrirse, dejándolo desnudo y vulnerable en el aire fresco y oscuro.

En esa misma oscuridad, algo grande y pesado se movió a lo largo del lugar. Pulmones poderosos exhalaron aire caliente. Kyungsoo intentó resistirse otra vez, sólo para ser mantenido en su lugar por las mismas manos que lo habían colocado sobre la losa.

—Voy a divertirme un poco primero, como humano ¿no? —Dijo entusiasmado el hombre grande.

Dos dedos gruesos, bañados con saliva, forzaron el culo de Kyungsoo. Kyungsoo reprimió un sonido lamentable cuando el dolor recorrió su espina. Sin importarse ni un poco por su dolor, el hombre abrió sus dedos para ampliar la pequeña abertura.

Kyungsoo hizo un sonido estrangulado de protesta, apenas para ser amordazado con un paño fragante y con dos manos

sosteniéndolo. Una cadena delgada, pero fuerte sujetó sus muñecas y sus muslos fueron abiertos para que su cuerpo pudiera ser ofrecido como el de una presa, y con esos dedos implacables todavía dentro moviéndose y hurgando.

Cuando esos terribles dedos se retiraron de él, Kyungsoo se permitió respirar por un momento, flexionar los dedos y enfocar su mente. La losa tembló y se movió bajo un peso mayor, y sintió unas grandes manos tomando sus caderas.

El gigante, se empujó en él en primer lugar, probándolo, y él se arqueó hacia afuera en vano. Él no podía esperar para escapar del apriete firme de aquellas manos monstruosas o el dolor que lo atravesó junto con la vara pulsante del hombre. Lo acercó hacia él como su punta de lanza caliente, el fuego inundó profundamente su cuerpo y lo dejó en llamas.

Él gritó y las voces reunidas aplaudieron y rieron.

El terrible ciclo comenzó, errático y cruel, el hombre encima de Kyungsoo gruñó su placer animal cuando golpeó en él. Kyungsoo sentía sólo dolor hasta que su captor se dignó a mover la mano de su cadera para acariciar y bombear su pene húmedo. Kyungsoo gimió, tanto de desánimo como de placer, a la manera que su cuerpo reaccionaba de la forma esperada.

Él se movió y se endureció, el dolor quedó olvidado o fue ignorado en pro del placer que atravesó su mente exhausta. Su cuerpo vibraba, queriendo cualquier tipo de alivio del hambre y la fatiga que podría tener, y la frescura, la onda caliente de placer atravesó su torso y sus miembros, él pensó en esto mientras otra ola de dolor lo atravesaba.

Otros chicos pequeños llegaron cerca de ellos, moviendo sus cuerpos y colocando sus manos sobre él, a pesar que Kyungsoo no podía verlos en la oscuridad él olía sus cuerpos almizclados, fragantes. Sus manos lo recorrían, aceitando, apretando y acariciando la carne que encontraban.

El placer del toque y las caricias en su pene, gradualmente lo llevaron a sentirse mejor. Drogado por los aceites aplicados con las manos de los otros pequeños desconocidos.

Él gimió otra vez, más suave, el dócil sonido expresaba como se cuerpo estaba volviéndose. Su cabeza colgaba. El placer crecía dentro de él, mientras el hombre sobre él bombeaba frenéticamente.

Experimentó dolor y el placer como ondas dominándolo, el dolor acabó dominando el placer cuando el hombre eyaculó sus fluidos calientes y pegajosos dentro de él y lo sujetó con fuerza por las caderas para mantenerlo inmóvil y así llenarlo.

Empujó a Kyungsoo hacia abajo como una cáscara de maíz. La mejilla de Kyungsoo golpeó la losa dura y él hizo una mueca, su cuerpo

cantaba de dolor por el insulto y la injuria sufrida.

La enorme y pesada presencia en la habitación se movió, y demasiado tarde Kyungsoo se dio cuenta que lo giraba hacia él. Las garras lo tocaron por primera vez, la caricia de las enormes manos monstruosas recorrieron su carne desnuda. Las manos que lo sostenían eran calientes y flexibles, pero Kyungsoo podía sentir la tensión inherente a la gran fuerza en ellas. Esa misma fuerza feroz en la boca que besaba su cuello.

—Eres mí tributo ahora, —dijo la boca raspando su piel con los dientes. —Debes estar orgulloso.

Kyungsoo no respondió. No podía, su cuerpo aún se arqueaba quemándose, con las sensaciones de dolor, frustración y lujuria carnal.

Cuando sintió el enorme y grueso mástil caliente presionando contra su abertura, lo acogió con agrado. Él se odiaba por eso, pero lo tomó

con agrado. Levantó las caderas y dejó su cabeza caer, el pasaje se extendió con los restos del semen todavía en él. Cuando se empujó en él, el abdomen blindado de la criatura sobre él se arrastró por su espalda. Sus manos… lo suficientemente humanas, se deslizaron hasta los brazos atados de Kyungsoo como se preparase para arrojarlo fuera en cualquier momento. Pero no lo hizo. Lo sujetó con firmeza, y empujó a Kyungsoo acercándolo, y lo montó. El placer brilló a través del dolor, con movimientos rítmicos y acompañado por respiraciones calientes y ásperas.

El abdomen como una armadura, se presionaba contra su espalda presionando sus escamas como una tabla de lavar espinosa cuando el hombre finalmente se sació. El dolor no era nada comparado con el enorme placer, quemando dentro de él y metiéndose hasta sus entrañas, prácticamente golpeando profundamente sus entrañas con su generosa longitud. Las garras mordieron la carne de sus brazos, pero no lo sintió. Gemía libremente ahora, ignorando las burlas y risas de los hombres lascivos que los rodeaban, cuando se entregó otra vez al feroz placer.

Se pene se movió duro y húmedo entre sus piernas y su cuerpo se movió y sacudió. Ya podía sentir la eyaculación caliente de placer de

su captor filtrándose en su interior, una cantidad deshumana de semen lubricando sus entrañas. Cuando las espinas flexibles hicieron su explosión final dentro de él, enviando un torrente que descendió por su canal formando un río en su interior..

Kyungsoo gritó detrás del constreñimiento de su mordaza, cuando el placer lo golpeó. Su pene eyaculo una serie de calientes chorros blancos que parecían insignificantes en comparación con el río de semen que lo recorría.

El monstruo se transformó en hombre y se retiró con un gruñido cuando todo terminó, y Kyungsoo luchó para recuperar el aliento, cuando el sonido de hueso acomodándose llenó la habitación. Ese sonido fue seguido por una voz:

—Otra vez sucio, —una voz familiar, arrogante, que su mente nublada asoció con cabellos rubios y ojos feroces. —No importa. Kai puede lavarte y usarte otra vez, te escogió como su tributo a fin de cuentas. —


Fin…...