Cupido Malo [KaiSoo]

Summary

Peito o Kyung, como prefiere ser llamado, mientras está en la Tierra, se agota después de dos semanas de estar vinculando a la gente a tiempo para el Día de San Valentín, y decide tomarse la noche libre de San Valentín como un merecido descanso.  Después de unas copas de más, decide seducir al chico con el que ha estado hablando por diversión.  ¿Cómo algo podría salir mal?  Todo lo que Jongin quiere es ahogarse en el licor para  adormecer su corazón roto después de que descubre que su novio le ha sido infiel. No está buscando una aventura, pero cuando el guapo chico sentado junto a él empieza a tentarlo con ese esbelto cuerpo mientras le susurraba cosas malas al oído, Jongin decide darle una lección que jamás olvidara.  

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Complete
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1
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n/a
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18+

Capítulo Único

«Llámame Kyung. »

«No, en serio. Llámame Kyung, por favor. »

Tengo muchos nombres:Peito, Cupido, Eros, Amor, El Ángel del Amor, bebé desnudo lo que sea dependiendo del idioma en que hablen y en la cultura a la que pertenezcan, pero en realidad, ¿quién me llama “Peito”?


Eso es del milenio pasado. ¿Y Cupido? Por favor.

Ahórrenselo. Ese es mi trabajo, no mi nombre.


Por cierto, por favor, alguien puede explicarme por qué todo el mundo piensa que soy un gordito bebé con alas que vuela alrededor de las personas lanzándoles flechas en forma de corazón.


Como sea.


En este momento, estoy metido, con los brazos cruzados detrás de mi cabeza, en una cama pecaminosamente suave, completamente desnudo y glorioso lleno de encanto.

Mi cuerpo me duele, y sin embargo me siento… saciado.

Junto a mí, con su brazo extendido a través de mi vientre y la cabeza enterrada posesivamente en la curva de mi cuello, un hombre, tan “vestido” como yo.

Su aliento soplaba aire húmedo contra mi cuello, haciendo que mi piel hormigueé mientras ronca suavemente en su profundo sueño.

El olor a sexo aun persiste en el aire y habla de lo que vendrá. Los fragmentos del encuentro de anoche invaden mis pensamientos mientras espero a que se aclare.

Mientras espero a que se despierte para que se incline en mi contra y se hunda profundamente en mi interior.

Y, oh, no puedo esperar. Cómo es que llegué aquí, te preguntarás.

Bueno. Hay una versión larga y luego está la corta. Todo lo que puedo decirte es que he sido un cupido muy malo. Y ser malo nunca se ha sentido tan bien.

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—Uh-huh —dije a mi teléfono, resistiendo la tentación de suspirar. —Sí, mamá, lo sé. ¿Por qué me estás diciendo esto de todos modos? Ya he terminado mi cuota para el año. Baek y los otros ni siquiera están cerca de terminar, ¿Por qué no los estás llamando a ellos para comprobar como van en sus cosas?

Estaba caminando por la mitad de la calle en la ciudad, yendo de compras al pasar las pantallas llenas de decoraciones de color rojo, rosa y blanco, con corazones y lazos. Me estremecí y le saqué la lengua, asqueado.

—¿Qué? ¿No puedo llamar para hablar con mi propio hijo?

Mi madre, el amor de la omnipotente diosa Afrodita. A veces me pregunto quién será mi padre.

—Puedes hacerlo, pero no sobre el trabajo. Ya he terminado el año, mamá. Estoy tomándome una noche de descanso, y eso es todo —le respondí y rápidamente corte la llamada. Seguiría, seguiría y seguiría, y nunca sería capaz de escaparme.

Como Cupido, mi trabajo en la AIDC es hacer que la gente compatible se enamore entre sí. La mayor parte del año, sólo tomo los casos que mi madre me da. Las semanas previas al día de San Valentín, sin embargo, siempre han sido la temporada de impuestos para los mortales y tomamos horas extras hasta que logremos hacer nuestros deberes.

Con todas las personas en el mundo que cada vez era menos simple, la gente estaba infeliz por todo, y mi trabajo se ha vuelto mucho más pesado. Unas pocas décadas atrás, Afrodita creó a mis medio-hermanos y medio-hermanas y nos repartíamos el trabajo entre todos, pero se necesitaba tiempo para que todo saliera bien.

Ahora, el trabajo de Cupido no era todo corazones rosas y burbujas brillantes. Era un trabajo duro. En parte es intuición y experiencia, con una pizca de suerte echada en la mezcla.

No sólo puedes elegir dos personas, vincularlas y dejarlas de allí en adelante. Tienes que encontrar la persona adecuada para que dure.

Entonces se crearon las Divisiones: Hetero y Homosexual.

Yo trabajo para la Asociación Inter-dimensional de Cupidos de la División Gay. O DG para abreviar.

La intuición me permite reconocer qué tipo de partido elegir, pero es el valor de millones de experiencias lo que me dice cuál es exactamente. Eso me hace el mejor casamentero y el más eficiente en la esfera celestial. Siempre.

Después de dos semanas consecutivas de encontrar las coincidencias correctas y de vincular las futuras parejas con la magia de un encuentro casual, me encontré agotado y aburrido a morir. Cumplí con las metas del año, y merecía un descanso. Caminé por las tiendas del distrito de entretenimiento. Los restaurantes estaban llenos de parejas que celebraban el día del amor. Sonreí para mis adentros y me di una palmadita en la espalda por un trabajo bien hecho.

Tal vez fue la vista de las parejas felices, pero un repentino cansancio me invadió, y me encontré necesitando un trago.

O unos cuantos.

Me metí en el bar más cercano, sin importarme que fuera un bar popular gay. Sólo necesitaba un trago, eso era todo.

La verdad del asusto es que al final del día, después de todo lo que decía y hacia, estaba solo.

Yo, el Dios del sexo y la lujuria, sólo en el Día de San Valentín. Imagínatelo.

Saludé con la mano al camarero más cercano, pedí una bebida y le dije que bien cargada.

La cosa es que después de un tiempo de ser un Dios inmortal, se empieza a tener una visión muy pesimista de la vida. Nunca nada cambia y trato de no atarme mucho a los mortales, porque tú pierdes, no ellos.

Estaba tratando de decidir como iba a pasar el resto de mi noche libre cuando lo vi.

Me acordaba de él. Era un policía o algo así, uno de los casos de Jezabel el año pasado. Lo recordaba muy bien, algo que era muy interesante… Le dije a Jezabel que debía de tener cuidado, porque este hombre era diferente. Podía sentirlo cuando lo miré, podía sentirlo en mis huesos.

Parecía inofensivo en la superficie, pero me di cuenta que era mucho más que eso.

Era bien parecido, de eso no había duda, pero algo más estaba en él. Algo oculto en su interior en una profunda oscuridad, esperando a liberarse.

Le faltaba mucho para ser feliz, mi instinto me dijo.

Sabiendo que sería un caso difícil, le dije a Jezabel que lo manejaría, pero no quiso escucharme. Ella quería el reto.

Lo vi venir hacia la barra. Por la mirada del hombre pude ver que estaba de un humor de perros. Era como él, un hombre sólo en el Día de San Valentín, la señal era alta y clara.


Negué.


Lo sabía, sabía que Jezabel metería la pata.

Se sentó a un taburete lejos de mí, así que llamé al camarero de nuevo.


—Lo que quiera, póngamelo a mi cuenta. —Era lo menos que podía hacer.

—¿Lo conozco? —preguntó, cambiándose de asiento—. Quiero un doble Marker’s puro.

—No lo creo —le sonreí, levantando mi copa cuando el camarero llenó su vaso—. Creo que sólo bastara con uno.

—Obvio, ¿eh? —Echó la cabeza hacia atrás cuando el vaso estuvo en sus labios, vaciando la mitad del líquido amargo en su boca como si fuera un refresco.

—Bueno, no, pero no soy como la mayoría de la gente. Salud —le dije, tomando el último trago de mi bebida mientras observaba al hombre atentamente.

—Salud —arrojó de nuevo la cabeza hacia atrás para vaciar el resto de su bebida y pidió otro. El camarero lleno el vaso, inmediatamente.

Le tendí la mano. —Mi nombre es Kyung, por cierto.

—Jongin —respondió él, sujetando mi mano con firmeza.

—Entonces, ¿qué pasó? —pregunté. Me di cuenta de que

no quería responder a mi pregunta, pero no quería ser grosero ni alejarse, así que empujé un poco más—. Vamos, somos dos chicos que se sientan en una barra tomándose unos tragos el Día de San Valentín. Decir porque nos encontramos aquí es todo lo que podemos hacer.

Jongin inhaló, bebiéndose su segunda copa lentamente mientras miraba el brillo que se reflejaba en su copa. — Me ha estado engañando. Me enteré la semana pasada, y lo enfrenté sobre ello. Peleamos y se fue.

—Mierda. —Negué.

—Sí. —Asintió, la comisura de sus labios en una sonrisa sarcástica—. ¿Y tú?

—¿Yo? —Solté una risa—. He estado por allí, haciendo esto y aquello, poniéndome la camiseta. Las personas vienen y van, y estoy harto, cansado de mirar.

Era verdad. Tal vez uno de estos días me gustaría enamorarme de nuevo con un inmortal, pero por ahora, sólo quiero pasarlo bien.

—Escucha, escucha. —Celebró su copa hacia arriba. Lo seguí, tomando un apurado trago.

Unos cuantos tragos más, y alguna otra charla, y más tarde estaba en un feliz zumbido y me sentí más valiente y juguetón que de costumbre.

Nunca he sido una persona limitada en la vida sexual, soy un Dios del sexo, después de todo. Jongin estaba deliciosamente y positivamente sentado meditando en la oscuridad, y no pude evitarlo. No puede resistirme y pasar a un nivel superior para tentarlo a hacer algo un poco más… divertido.

Me baje del taburete y me incliné sobre su brazo izquierdo tocándolo con mi derecho, y le pregunté, dejando que mi voz pasara a un tono más lujurioso. —¿Y ahora qué? ¿Qué tienes planeado para esta noche, si no te importa que te pregunte?

Pasé mis dedos por su musculoso brazo, adorando su bíceps duro como una roca a través de su camisa enrollada hasta mitad de sus brazos antes de deslizar mi mano sobre su ancha espalda, lanzando el brazo sobre sus fuertes hombros. Arqueé mi cuerpo delgado y flexible hacia adelante, rozando su cadera y su muslo.

Se puso rígido, y casi pensé que me iba a ignorar cuando se enderezó un poco y me miró con sus profundos ojos marrones con su ceja arqueada.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó.

—Bueno, estaba pensando —apoyé mi pecho contra su brazo mientras corría mi mano derecha arriba y abajo en su muslo. —Estás solo, y yo también. Y es el Día de San Valentín, después de todo… —susurré con vehemencia contra su oreja derecha—. ¿Quieres ser mi San Valentín?

Jongin pasó el brazo derecho desde la mesa alrededor de mi cintura, tirando de mi cuerpo en su contra. —¿Qué me propones?

Dejé que mi mano derecha se deslizara hasta sus abdominales onduladas, acariciándolas suavemente a medida que continuaba susurrando en su oído. —¿Qué me lleves a la casa, y entonces puedas hacerme lo que quieras?

—¿Cualquier cosa? —Me miró confuso.

—Uh-huh. —Tarareé en su oreja a la ligera—. Cualquier cosa.

—Bien. —La sonrisa de Jongin se amplió, un poco de tiburón, pero, ¿desde cuando eso me asustaría o me molestaría?—. Vayámonos.


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Ante mi insistencia, Jongin me dejó pagar la cuenta y luego me arrastró lejos de la barra.

Fue sólo un corto trayecto en taxi, pero no podía mantener mis manos lejos de él una vez comencé a tocarlo. Esa fuerza bruta y oculta que sentí que se vertía en él, me enloqueció y tropezamos por las escaleras hasta su apartamento en el tercer piso ya que prácticamente estaba pegado en su contra, con las manos tocando todo lo que logré y mis labios besando su mandíbula y su cuello como si fueran oxigeno.

Sostuvo mi cabeza por mi nuca y me besó con fuerza, mordiéndome los labios. Mis manos vagaban por su espalda, cavando y escarbando debajo de su chaqueta de invierno y la camiseta de piel que era tan pegada como mi ingle a la suya.

Jongin sacó las llaves con su mano libre y abrió la puerta. Lo presioné más allá de la puerta una vez estuvo abierta. Mi boca se envolvió en su cuello al instante, mordisqueando mi camino hacia abajo desde su mandíbula hacia su nuez de Adán y a continuación al hueco de su clavícula. Era unos centímetros más bajo que él, y quedaba un poquito a la altura de su cuello, la altura justa para besar y morder.


De repente, mi mundo giró cuando Jongin me empujó contra la pared de enfrente, mientras tropezábamos con los zapatos que intentábamos liberarlos por nuestra cuenta. Sus manos se apoderaron de mis muñecas, empujándolas contra la pared al lado de mi cabeza antes de que se inclinara y presionara su boca en la mía con fuerza.

La abrí de buena gana, no esta queriendo pelear con él. Si quería hacerse cargo, sólo tenía que decirme. Se cernía sobre mí, besándome con una pasión arrolladora y sólo pude tratar de mantenerle el ritmo. Rodé mis caderas, con la esperanza de un mayor contacto, pero retrocedió.

—El dormitorio es la segunda puerta a la mano izquierda. Te quiero desnudo y en mi cama para el momento en que llegue —ordenó con un susurro gruñido en mi oído, enviando un escalofrió de anticipación por mi espalda—. Y no te tocarás a ti mismo hasta que esté allí.

Tropecé hacia la sala, rompiendo la camisa de manga larga lejos de mi cuerpo mientras me movía. Desabroche mis pantalones y los saque junto con mi bóxer. Estaba dolorosamente duro, y mi polla goteaba.

Tendría un accidente cerebrovascular, pero me acordé del tono de mando en la voz de Jongin.

Me subí a la cama y me acosté, me puse a cuatro patas justo antes de que Jongin entrara. Estaba desnudo de la cintura hacia arriba. Sus pectorales y abdominales eran duros, sólidos y definidos, flexionándose mientras se movía, y tenía un aspecto magnifico cuando se puso de pie junto a la cama, elevándose por encima de mí.

Quería llegar hasta él, dibujar su beso, pero él se movió en primer lugar, sujetándome contra la cama, mis manos por mi cabeza.

—¿Jongin? —Me arqueé, desesperado por su contacto, pero me presionaba hacia abajo con su cuerpo. La tela rugosa de sus pantalones se burlaba de mi dureza, y gemí suavemente.

—Eres un niño travieso, muy travieso, Kyung. —Jongin me miró, apretando su agarre sobre mis muñecas—. Jugando con fuego de esta manera.

—Ser travieso está en mi naturaleza. —Alcé la cabeza para lamer la esquina de sus labios.

Chupó mi lengua en su boca, rodeándola con la suya.

—¿Sabes que le sucede a los niños traviesos? —preguntó, liberando mi lengua, y pasando su lengua de una racha de mi cuello a mi oreja antes de susurrar con ese mismo tono de mando—. Los chicos malos son castigados.

Arqueé una ceja. —¿Qué harás ahora?

—Uh-huh. —Jongin se inclinó para besarme de nuevo, y al mismo tiempo apretó más mis muñecas. El besó me calentó, me dominó.

Sus labios solo fueron suficientes para captar mi atención de qué me imaginaba lo qué haría más tarde con esa hábil lengua suya. No me di cuenta hasta que tiró de mis muñecas y las ató con una bufanda de seda. —¿Qué estás haciendo? —pregunté con curiosidad.


—Te lo dije, los chicos traviesos son castigados —respondió con una sonrisa maliciosa y ató el otro extremo de la bufanda a la cama, dejando la longitud necesaria para que pudiera girarme sin retorcer mis brazos.

—¿En serio? —Torcí mi cabeza hacia atrás para mirarlo, mientras me movía con las limitaciones.

No estaba acostumbrado a ser atado, pero esto tenía cierto atractivo para una parte de mí que ni siquiera sabía que existía.

Jongin se desabrochó el cinturón y los pantalones, dejando que su dura-como-una-roca polla saliera de su bóxer.

—Dime ahora mismo que no lo deseas, y te dejaré ir —dijo lentamente, con calma—. Pero si te dejo ir, nada más va a suceder. No esta noche, no, no, nunca. ¿Entiendes?

El calor de su polla contra mi culo me hizo jadear. Me di cuenta por su tono de voz que hablaba en serio. A menos que no dijera nada, que me quedara allí y le dejara hacer lo que quisiera, y que me llevara a lugares donde nunca había estado. Pero si decía que no, entonces me dejaría ir, pero nunca lo volvería a ver.

Mi corazón hizo una carrera en mi pecho y mi respiración se aceleró. Me sentía… ansioso. Estaba nervioso, pero ni en lo más mínimo sentía miedo. No sentía la necesidad de escapar al bar, quería al hombre de la misma manera. Lo deseaba lo suficiente para darle el control. Completamente.

Relajé mi cuerpo, apoyando la frente en la cama, respirando rápido. Sabía que tenía mi respuesta cuando sus manos se deslizaron de mi espalda hasta mi cuello, amasando y masajeando mi nuca antes de deslizarse de nuevo. Jongin sacó mis caderas hacia arriba, así quedaba de rodillas en la cama, como si estuviera rezando. Podía sentir como se cernía sobre mí, mirándome.

—Jongin, yo…

—Silencio. —Jongin se inclinó hacia abajo, fijando mi cuello en su mano—. No está permitido hablar. ¿Comprendes?

Asentí, mordiéndome el labio inferior.

Y entonces lo sentí. La palma de su mano cayó contra mi mejilla izquierda de mi culo con un fuerte golpe. Mi respiración se enganchó. Me quejé por la quemadura. Me hizo daño, pero luego la misma mano frotó la quemadura de dolor, convirtiéndola en placer.

Sentí que su mano se alejaba. Esperé a la próxima palmada, pero no aterrizó de inmediato como lo esperaba.

Mucho más tarde aterrizó al otro lado, haciendo que mi respiración se enganchara de nuevo. Esta vez su lengua lamió el dolor, su palma áspera flotando por encima de mi agujero, burlándome mientras su mano se apoderaba de la mejilla izquierda de mi culo.

Una serie de golpes empezó a caer contra mis nalgas, sin detenerse. El dolor y la picadura de cada golpe se cernían una sobre la otra. Gritaba de dolor y, sin embargo, estaba cada vez más excitado con cada nalgada en mi culo.

Mi polla llegó a tal dureza, que mientras me arrastraba a lo largo de los cobertores, dejaba rastros de líquido cada vez que mi cuerpo recibía otro golpe. La textura suave de la sabana me volvía loco con cada caricia.

Gemí en voz alta, empujando mi culo hacia atrás, con la esperanza de que Jongin le otorgara más atención.

—Ansioso, ¿no? —gruñó Jongin, tirando de mis caderas más alto, haciendo que me arqueara. Agarró mi polla, apretándola sólo una vez duramente, obligando que mi atención se centrara en él—. No te vendrás hasta que te lo diga. No frotes tu pene contra las sábanas. Mi niño.

Me estremecí ante el apodo que uso. Me reclamó, y sería suyo, hasta que dijera lo contrario.

Me golpeó duro una y otra vez, y mi polla palpitaba con cada impacto. No sé cuanto tiempo más podría aguantar sin explotar desde este mismo momento.

Cada fibra de mi ser estaba concentrada en Jongin y en lo que estaba haciendo. Todo lo demás se desvanecía en el fondo.

La palma de su mano trabajaba en darme dolor y placer al mismo tiempo, volviéndome loco. Sacaba el culo más alto, con la esperanza de saber que más me haría, mientras frotaba mi frente con la sabana con frustración.

Mi cuerpo estaba pidiendo a gritos la liberación, pero supe que no recibiría ninguna. Todavía no, de todos modos.

Jongin me pegó por última vez antes de que sus dos manos comenzaran a frotar y a amasar mi culo. Gemí ante la sensación de hormigueo en mi culo bajo sus manos. Abrió mis nalgas para exponer mi agujero.

—Hermoso, de color rosa brillante como estas.

Sus manos se fueron por un momento, luego volvieron a mis muslos, apretándolos con fuerza y tirando de ellos para abrirlos más. Podía sentir su aliento caliente y húmedo contra el calor de mis mejillas del culo rojas y brillantes mientras se inclinaba en mi contra. Sus manos se movieron hacia arriba, extendiendo una vez más mis mejillas antes de que su lengua saliera corriendo a lamer una mancha hacia arriba de mi raja.

Mis piernas casi cayeron ante la sensación de él arrastrando su lengua por mi carne sensible. Me mordí con más fuerza el labio inferior, tratando desesperadamente de no decir una palabra, excepto gemir y gemir ante la talentosa lengua y dedos de Jongin.

Detrás de mí, Jongin estaba masajeando el anillo muscular de mi culo con su saliva.

Podía sentir su lengua apretándose contra mi agujero, y este se frunció guiñándole un ojo en respuesta. Y entonces un dedo se empujó, sin previo aviso. Me estaba preparando para más ataques de la lengua de Jongin en mi abierto agujero, pero no lo estaba para su dedo. Mi culo se apretó alrededor del dedo de Jongin automáticamente, y él se quejó.

—¡Carajo, eres fuerte!

Hice mi mejor esfuerzo para relajar mi entrada, y dejé que su lengua se burlara de mi raja, sacando su dedo y lamiendo mi culo, antes de apenas tocar mi saco.

Me sentía avergonzado con el culo en el aire y mis manos atadas por encima de la cabeza a la cabecera, pero no podía alejarme. Todo lo que deseaba en ese momento era a Jongin.

Cada molécula de mi ser estaba en sintonía con él, a la espera. Mis gemidos y quejidos fluían continuamente escapando ahora de mis labios, como una cascada. Moví superficialmente las caderas, esperando que Jongin tomara la pista. En su lugar, Jongin se apodero duro de mis caderas, fijándolas en su lugar.

Casi podía sentir los golpes llegando de nuevo. —¿Te dije que te podías mover?

Negué, dejando que mi mejilla rozara la almohada.

—Ahora, mantente quieto —ordenó Jongin mientras deslizaba un dedo extra en mi, empujándolo tan profundo como pudo.

Continuó deslizándose dentro y fuera de mi culo, ampliándome cada vez más.

Jadeaba contra el borde de la almohada y, sin previo aviso, algo grueso y caliente invadió mi culo, adentrándose de un golpe. Mi respiración se enganchó como en un gruñido, cuando me sentí pleno.

¡Por fin! Mi cuerpo cantó de alegría cuando Jongin se retiró casi por completo y se hundió de un solo golpe. Cada vez que se empujaba, su saco golpea contra mis nalgas, y sus caderas le ayudaban, enviando más chispas por mi columna vertebral. Mi palpitante miembro se balanceaba y danzaba con cada embestida, la cabeza de mi pene dándole bofetadas a mis abdominales, dejando rastro de líquido pre-eyaculatoria sobre la piel sudorosa.

Jongin movió una mano para agarrarme el cuello, fijando mi cabeza contra la cama de forma segura. Sentí la otra mano agarrarse duro de mi cuerpo mientras se empujaba continuamente en mí. El sonido de palmadas piel con piel hizo eco en la habitación.

Estaba justo sobre el borde, y la más pequeña estimulación podía lanzarme, pero, por supuesto, eso lo supo Jongin. Agarró fuertemente la base de mi pene con sus dedos impidiéndome explotar como deseaba hacerlo. Me quejé, pero no quiso ceder. Aceleró el ritmo, sus golpes más contundentes ya que jadeaba y se quejaba en voz alta con placer.

En vez de tensarme ante eso, me relajé aún más. Me di por vencido y deje que tomara todo el control, que me usara a su antojo. Sumisión. Eso era lo que Jongin quería de mí. No sólo mi culo o mi polla, mi cuerpo y también mi alma. Estaba más que feliz de dársela.

Deje ir todo, toda inhibición o duda y deje que agarrara mis caderas con más fuerza, jodiéndome sin piedad.

Sentí que bombeó en mi culo de forma errática y luego sus espasmos. Se hundió por completo, pulsando y llenando mi canal de esperma caliente.

—¡Carajo! —gritó en voz alta, y luego se retiró. Podía sentir su leche saliendo de mi agujero, deslizándose por mis muslos. Me dio la vuelta y acarició el eje duro expuesto. Inclinándose, me susurró al oído— ¿Serás travieso otra vez?

Sacudí la cabeza con impaciencia. Quizás más tarde, pero no ahora. En ese momento, sólo anhelaba correrme, y tomaría todo lo que me diera.

—Buen niño —pareció satisfecho con mi respuesta—. Te puedes correr ahora.

Sin previo aviso, disparé mi semilla por toda su mano y torso con un grito ahogado. Gotas de mi semilla llegaron hasta mi nariz y mandíbula, y las lamí las que alcance mientras Jongin lamía limpiando su mano.

Se acostó a mi lado, liberándome de las ataduras. Lanzó la bufanda lejos de la cama sin miramientos, y me apretó en un abrazo de oso, acariciando suavemente mi pecho dándome un entorno nuevo. Sentí que salpicó besos en mi hombro y suspiré, relajándome en sus brazos.

—¿Estás bien? —preguntó después de un momento muy largo—. No te hice daño, ¿verdad?

Negué, dándome vuelta en sus brazos para poder enterrar mi cara en su pecho. —No.

—Bien —suspiró feliz, tirando de mí más cerca—. Te quedarás. —No fue una pregunta, fue una afirmación.

—No creo que me pueda mover, incluso si me quisiera ir. — Sonreí contra su pecho. Estaba muy agotado, muy cansado.

Lo último que oí fue su risa cuando la oscuridad me derrumbo.


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Jongin se agitó a mi lado, despertándose lentamente. — Buenos días —dijo en voz baja y ronca, inclinándose para un beso.

—Buenos días —respondí con voz ronca, regresando su beso y mordisqueándolo mientras su dureza mañanera me dio un codazo en el muslo. Mi polla se llenó y se acostó contra mi vientre, a la espera.

—Hmm, una mañana muy buena. —Jongin trazó mi cuerpo, todavía dolorido y sucio de la noche anterior. Se colocó en cuclillas—. Arriba.

—¿Qué? —Me quejé.

—Arriba. —Arqueó una ceja—. Ahora. O te pegaré de nuevo, y no te dejaré correrte.

Me senté a regañadientes, gimiendo cuando cada músculo de mi cuerpo se quejó. Me encantaría otra paliza, pero mi cuerpo necesitaba tiempo para descansar. Y el no dejarme correr simplemente podría matarme.

—Tu boca alrededor de mi polla, mi niño—ordenó Jongin—Hazlo bien, y consideraré chuparte de vuelta.

Sonreí, moviéndome rápidamente.

¿Ves? Te lo dije. Ser malo nunca se sintió tan bien.





Fin… . . . . .