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Desde hace un año y medio, una apocalipsis zombie había asotado a toda la humanidad.
Los muertos vivientes o zombies según como les llamaban las personas, habían aparecido de una manera misteriosa acabando con todo lo que estuviera a su alcance. La vida de las personas había cambiado bastante y ahora, cada quien cuidaba de si mismo, porque a pesar de que los zombies eran los enemigos, los mismos humanos se atracaban y mataban para conseguir suministro, o aveces simplemente lo hacían porque ya no había ninguna ley que lo prohibiera.
Cada quien estaba por su parte.
Park Jimin, un joven de 19 años y cabellera rubia vivía prácticamente solo en una cabaña que había frente a un lago, un lago que a pesar de todo el caos del mundo, se mantenía radiante y eso era lo que le daba esperanzas a Jimin, de que en algún momento las cosas volverán a ser como antes.
Para Jimin las cosas no fueron fáciles al principio, aunque también sabía que las demás personas pasaban por peores cosas que él y por esa razón no lograba comprender, el porque habían personas que lastiman a otras, y entonces es cuando Jimin vuelve a caer en cuenta de que antes, de que sucediera todo esto, las personas ya eran crueles. Los mayores monstruos del mundo.
Después de todo lo que vivió Jimin, maltratos e intentos de violaciones, pudo salir de Busán Corea del Sur, encontrándose una hermosa cabaña que le daría una semana de estadía, pero después de un largo tiempo decidió que no era mala idea quedarse en ella. Con el tiempo logro hacer que la cerca eléctrica que rodeaba todo el terreno volviera a funcionar, y eso le ayudaba a mantenerse alerta ante cualquier amenaza, pero la cabaña al ser muy alejada de cualquier pueblo e incluso ciudad, eran pocas las veces que Jimin tenía que luchar con zombies y cuando era así, realmente solo tenía que luchar contra uno, máximo dos.
— ¡Bam! — llamo Jimin a su única compañía.
Un doberman apareció corriendo por la sala de la cabaña, un hermoso canino que Jimin había encontrado abandonado en la cabaña.
Jimin miro con una hermosa sonrisa al canino, para luego dejar un plato lleno de comida en el suelo. Ver al canino comer mientras batía la cola, era uno de los momentos que llenaban de alegría al corazón de Jimin y a la vez, le daba gracia ver la delgada, larga pero fuerte cola de su amigo, ser movida de una lado a otro por la felicidad.
La verdad, para Jimin se le había hecho difícil quitarle la cola a su cachorro como lo hacían con los demás, y por eso Bam se mantenía con su colita larga dejándose ver muy adorable y hermoso antes su dueño.
— mañana iremos a pescar — decía Jimin, viendo como el pescado que tenía de reserva se estaba acabando.
Él lago era una bendición para Jimin, ya que con el podía regar las plantas que le producían alimento, también podía cocinar y lavar gracias a él, pero lo más importante era que tenía peces de los cuales se alimentaban.
Vivir en esa cabaña lo mantuvo ocupado por un tiempo, ya que habían cosas por arreglar y cosas por hacer, pero cuando por fin pudo respirar de todas sus ocupaciones, fue cuando entendió que sino tuviera a Bam, estaría completamente solo y eso lo llenaba de ansiedad.
— ¿Creés qué aún hallan personas? — pregunto Jimin a Bam sin poder mirarlo y olvidándose que la respuesta sería el silencio.
Se sentía patético y empezaba a creer que estar sin la compañía de una persona, lo estaba haciendo perder la cordura. Un sollozo se escuchó por toda la sala y Bam lo miro preocupado, dejando su comida de lado para acercarse a su amo y mirarlo con sus orejitas agachadas y batiendo su colita.
Jimin miro a su amigo canino mientras una lágrima salía de sus párpados, sonrió al ver la preocupación de su amigo y se inclino para abrazarlo. Amaba con todo su corazón a Bam, pero le hacía falta algo y eso era algo que el canino no podía darle.
Le hacía falta el afecto humano.
Por otro lado en Seúl Corea del Sur, cuatro chicos se encontraban en una camioneta huyendo de lo que era una horda de zombies, los gruñidos y gemidos de los muertos opacaban el sonido de la camioneta.
Los chicos se encontraban sudando frío, creyendo que ese iba a ser su último día de vida después de haber sobrevivido tanto tiempo entre ellos, cuidando se mutuamente.
— ¡Jungkook acelera! — grito un chico de cabello azul.
Él pelinegro llamado Jungkook, era quien iba manejando tratando de perder a los muertos, pero los autos destruidos y abandonados se encontraban estorbando en el camino y la frustración de saber que habían zombies a sus espaldas, lo hacían perder el control del volante.
— Tae por favor cálmate — pedía un chico de cabellos castaño, al peliazul — estás desconcentrando a Jungkook —
Él castaño trato de calmar a Taehyung, su pareja. No quería que las cosas se complicarán más y que Jungkook volteara la camioneta.
— tengo miedo Hobie — zolloso Taehyung, escondiendo su rostro en el pecho de su novio — no quiero morir —
El corazón de los tres mayores se oprimío de tristeza al escuchar los zollosos de Taehyung. Él chico era como el hermano menor del grupo aunque para Hoseok él era su amor, su mundo y vida entera.
Cuando Hoseok conoció a Taehyung, sintió una extraña conexión al instante aunque por más que le intrigara él peliazul, siempre trataba de ignorarlo, pero para su mala suerte por así decirlo, le era una misión imposible por el hecho de que Jungkook lo íntegro al grupo volviendo lo parte de su círculo social.
— soltero nací y soltero moriré — dijo un pelimenta tratando de hacer reír a sus amigos.
Lo cual aparentemente funciono ya que Taehyung soltó una risa, que hizo tranquilizar el corazón de sus mayores. Pero mayor fue la dicha cuando pudieron observar que en frente de ellos, llacia el camino libre de cualquier carro haciendo fácil el conducir.
Cuando pudieron acelerar, Taehyung pudo ver cómo los zombies se quedaban muy atrás debido a que no les podían seguir el ritmo.
— ¡Gracias Diosito Yaoi! — exclamó Taehyung, abriendo solo un poco la ventana para sentir el viento en su rostro.
— estaremos bien chicos — menciono Jungkook mirando por el retrovisor a Taehyung y a Hoseok.
Él pelimenta iba de copiloto y miro a su mejor amigo, quien todavía tenía las manos temblando mientras conducía.
— ¿Puedes cambiar conmigo Suga? — pregunto Jungkook sin poder mirar a su mejor amigo.
Yoongi podía ver que su amigo se encontraba ansioso y claramente asintió a su petición.
La camioneta fue parada después de unos minutos y ambos mejores amigos cambiaron de puestos, con la condición de que Jungkook tratara de dormir un poco.
Nota:
Suga (Yoongi) le es fiel a la soltería, también es él mejor amigo de Jungkook a pesar de que no tienen nada en común, pero eso era lo que hacía más interesante su amistad.