Prólogo
Seis meses antes
No tenía respuestas, pero esperaba tener soluciones. Miró con lágrimas en los ojos el paisaje que se abría ante él, e incapaz de poder evitarlo, una lágrima resbaladiza rodó por su mejilla, la que quitó firmemente de un rápido manotazo.
Volvió la cabeza hacia Dyck y sintió que su mirada se volvía rígida de nuevo.
—Podemos hacerlo— susurró — No será fácil, pero podemos lograrlo.
La mirada desenfocada de Dyck no se atrevía a derramar lágrimas. — ¿Cómo podemos lograr algo que desde hace años se ha previsto debido a nuestra propia estupidez?
Will se mordió el labio, sin saber que decir a eso, ladeó la cabeza hacía el oído del pelinegro y dijo:
—Si han sido capaces de destruirlo todo, ¿cómo no seríamos capaces de traerlo todo de vuelta?
Dyck soltó una risa irónica mientras recuperaba la compostura.
—Maldita sea, en serio tienes las agallas— murmuró en voz baja, volviendo su mirada hacia la nave— Kamel y Bik ya no están motivados— susurró— Y para ser honesto, mi motivación también se ha ido... volviendo ilegible.
Will asintió lentamente y suspiró con pesar.
—Lo sé, pero no puedo hacerlo sin tu ayuda— eso definitivamente en la cabeza del pelirrojo no era aceptable. No se estaban dando por vencidos a mitad de misión, no cuando faltaba tan poco para encontrar el laboratorio— Estamos tan cerca de poder llegar a...
— ¿Un laboratorio que ha sido rumoreado durante años? ¿Un lugar donde los únicos creyentes de su existencia son los que se cierran a nuestra propia extinción? ¿Hablamos de ese lugar, Will?
El chico, con los ojos abiertos de par en par, no pudo evitar sentirse dolido por aquellas palabras. Era como el golpe de realidad que llegaba de la nada, dejando la ingenuidad de la esperanza decaer.
— Llevamos seis malditos meses, hemos sufrido pérdidas, hemos visto cosas horribles, hemos visto todo aquello que la élite no quería que averiguaramos ¡Y sin embargo yo soy el único que tiene un poco de puta iniciativa!— dirigió sus ojos hacia la nave, observando como desde la ventanilla se asomaban Kamel y Bik. La impotencia era demasiada como para contenerse— ¡Ustedes fueron los que me arrastraron a esto! ¡A que tuviera un poco de jodida empatía al mundo que me rodeaba! A qué...— soltó las lágrimas indefinidas, acercó su rostro rabioso hacia el del contrario, sus narices rozando y sus respiraciones aspirando el aroma de las emociones del otro— me violaran...
Había cosas que en esta vida no se podían llegar a lograr. Podía sonar como pesimismo, pero vivir en un mundo en extinción lo hacía todo más complicado, hacía que las metas de cada ser viviente en este planeta fueran difíciles de conseguir. Si muy apenas se podía sobrevivir, ¿cómo podían lograr traer la vida a la Tierra? Después de todo, Alexander Elordi siempre tuvo la razón, no valía la pena el querer aferrarse a una vida que nunca existió.
Y el planeta en la actualidad era la prueba más acertada a aquella cruda efectividad.