trophy wife
Louis estaba demasiado ansioso. Desde hace un mes su alfa se había ido para tratar algunos asuntos relacionados con su reinado, por lo cual lo había extrañado demasiado.
Y no solo él, sus pequeños cachorros también extrañaban al gran alfa. La pequeña familia necesitaba del líder de la manada.
Pero por fin la espera había culminado. En horas llegaría el alfa y todos estaban emocionados. El personal del castillo estaba preparando un gran buffet y adornando el palacio como se debía.
Louis estaba al pendiente de cada uno de los trabajos que se realizaban, quedando satisfecho con los resultados.
Se dirigió a las habitaciones de sus hijos; primero al de su primogénito, Gorge, su pequeño de 8 años, idéntico a su esposo. Era un alfa muy amable que lo caracterizaba sus bonitos ojos verdes y el cabello ruloso. Abrió la puerta y lo vio sentadito concentrado en su escritorio.
Se acercó y le comenzó a hacer caricias en sus pequeños rulos. — ¿Ya está listo, amor? — Preguntó sobre el dibujo en acuarelas que estaba realizando su hijo.
El infante asintió, se volteó hacia su madre con una gran sonrisa, mostrándole el dibujo. — Si mamá, ¿crees que a papá le guste?
—Claro que si amor, eres un gran pintor. — Le dio un pequeño beso en su cabecita. — Ahora cámbiate, no creo que tu padre tarde en llegar.
El pequeño alfa asintió, se levantó y comenzó a guardar sus cosas. Louis salió de ahí para dejar que su hijo se terminara de arreglar.
Después pasó por la habitación de sus pequeños clones, Alessia y Gabriel, dos pequeños alfas de 6 años, con gran parecido físico de ambos padres, quienes eran muy revoltosos y territoriales cuando se trataba de louis, si, nuevamente lo sacaron del alfa.
Es por ello que cuando ingreso a la habitación de los gemelos no le extraño el excesivo ruido que había.
Sin embargo frunció su ceño cuando su pequeña alessia le tiró una almohada a la cabeza a su hermano y le arrebató una pequeña caja.
— Tonto, ya te dije que es MI regalo, no es mi culpa que el tuyo sea horrible.
— Alessia — Llamó la atención el omega. Espantando a ambos niños. — No insultes a tu hermano — Regañó.
La pequeña alessia hizo un puchero. — Mami, es que gabriel quiere quitarme el regalo que le hice a papá. ¡No es mi culpa que el suyo sea feo!
El pequeño gabriel le lanzó un peluche a la cabeza de la niña para que se guardara silencio.
— ¡Gabriel! tú también detente. — El niño que no había dicho palabra alguna bajo su cabeza apenado.
— Alessia, no debes insultar el trabajo de tu hermano, a él le costó mucho realizarlo y también es muy bonito. Y tú gabriel, si tu hermana ya te dijo que ella quiere dar regalo individual está bien. — Sentenció el omega. — ¿Por qué querías quitarle el regalo a tu hermana, gabriel?
— Es que me dijo que me iba a ayudar a hacer la cajita para envolverlo ¡Y no lo hizo! — dijo con una voz chillona mientras daba un pisotón inconforme.
Louis pido paciencia a la luna. — Pero no es motivo para quitárselo gabriel, ambos estuvieron mal, quiero que se pidan una disculpa y no lo vuelvan a pelearse por cosas materiales.
Los niños pidieron disculpas al otro y se abrazaron, prometiendo no volver a ser así, aunque todos sabían que no era cierto, era el pan de cada día escuchar las peleas de los niños.
— Gabriel, ¿por qué no le pides ayuda a tu nana lizz para que te ayude a buscar una cajita y que tu hermana te ayude a decorarla?
— Si mami — El pequeño al ver que podían solucionar su problema salió corriendo del cuarto en busca de la mujer.
Louis le dio un pequeña caricia a su hija y le aviso que se fuera apurando.
Salió del cuarto y dio un suspiró. Y esta era otra parte de la falta que hacía harry, el que louis solo estuviera para sus hijos durante un mes era agotador y más para los pequeños gemelos, eran muy explosivos, imperactivos y demandantes.
Antes de ir a la habitación de su bebé se paseó por su cuarto para cambiarse su vestido. Noto que una de las muchachas que lo ayudaban a vestirse había dejado un sencillo y bonito vestido sobre la cama. Se puso su corset blanco, amarrándolo los hilos de la parte de atrás y acomodando sus tirantes en los hombros. Después puso su falda, era larga y lisa. No era algo tan elegante pues quería sentirse cómodo para la llegada de su alfa.
Quedando satisfecho con su vestimenta abandonó su habitación en busca de su cachorrito más pequeño, Alexander, un pequeño omega que comenzaba a ser notable el gran parecido que iba a tener con louis. De seguro una de sus nanas debería estarlo cuidando o velando su sueño.
Al llegar a la habitación de su bebé, las lámparas lejanas a la cuna estaban encendidas. Una señora mayor estaba sentada en una mecedora a unos cuantos pasos de la cuna, tejiendo lo que parecía ser un gorro.
Al adentrarse en la habitación le pidió a la mujer que podía retirarse de la habitación, que él seguiría cuidando a su hijo, con una pequeña reverencia la mujer salió del cuarto.
Por lo mientras se fue a sentar en la mecedora que anteriormente estaba la mujer. Comenzó a inspeccionar la recámara en lo que esperaba a que su bebé despertara, reconoció unas pequeñas flores de papel, las mismas que solía darle harry cuando lo estaba cortejando.
Recordó cuando harry y él se conocieron cuando louis tenía 19 y el alfa 27. Louis siendo un lindo y joven doncella quién trabajaba con su abuela en un lindo puesto de flores.
Él era el encargado de siempre cambiar las flores dentro del castillo. En ese tiempo la reina Marie quería que sus auras en el castillo siempre fueran renovadas y con ello conllevaba las flores.
Muchas veces louis se paseaba discretamente en el gran palacio, siempre viendo a los trabajadores pasar rápidamente a su lado, quienes no le tomaban importancia y él se quedaba admirando los retratos de los reyes y su único hijo, harry styles. Debía admitir que tenía un gran enamoramiento con aquel alfa aunque en todas las tardes que pasaba ahí nunca se lo había encontrado.
Hasta que después de dos meses de ser el único encargado de cambiar las flores lo pudo conocer. El alfa estaba con una linda sonrisa en la cocina, ayudando a preparar alimentos y haciendo reír a las cocinaras.
Louis se quedó sin alimento al mirarlo, era demasiado perfecto, su esencia de canela dejándolo cautivado y no tuvo duda alguna de que todos los retratos que había del príncipe a través del palacio se quedaban cortos. Y recordar aquel día solo lo avergonzaba, pues el alfa lo había saludado con aquella brillante sonrisa y él simplemente se alejó, dejando al príncipe con la palabra en la boca.
Las siguientes veces que fue al palacio seguía con la vergüenza palpable y evitando encontrarse nuevamente con el alfa. Pero el destino quería las cosas diferente pues días después del primero encuentro se volvieron a encontrar en uno de los pasillos donde el castaño se encontraba cambiando las flores del palacio.
— Hey, hola. — El omega se quedó estático al escuchar la voz del alfa. — Soy harry, ¿tú cómo te llamas?
— Louis — Habló despacio el omega sin siquiera voltearse.
— Oye no muerdo — Río el alfa, el omega sintió a su omega remover alegre cuando escuchó la linda brisa de la risa del alfa.
El omega se volteó y alzó su mirada encontrándose aún con aquella linda sonrisa amable. ¿Que acaso no se cansaba de sonreír todo el tiempo?
— Lo siento, yo no quería ser maleducado. — Hizo una pequeña reverencia al príncipe.
— No importa, eres muy hermoso, nunca había visto un omega tan lindo como tú.
Se sonrojó, bien, ese alfa no debía porque mentir. — Claro mi alteza... — Rio el omega. — El alfa inclinó su cabeza desconcertada al escuchar el tono sarcástico del omega. — Disculpe mi actitud pero tampoco debe mentir, a puesto que en sus viajes ha visto a omegas muy lindos y más bellos que yo.
El alfa negó — Me ofendes, no tengo porqué mentir, eres muy hermoso, tus ojos son bellos, un azul muy lindo, sin duda eres un omega hermoso, el más hermoso a mi parecer.
Y de aquella primera impresión vinieron muchas dulces palabras más, dando oportunidad a miles de citas que dio paso a una relación formal, donde ambos sabían que sus almas se correspondían.
La relación fue de maravilla desde un principio, los padres del alfa aceptaron al pequeño omega, felices de que el alfa por fin tuviera un compañero y que esté fuera su destinado.
Louis tuvo que tomar ciertas lecciones para tener conocimientos básicos sobre la realeza y cómo comportarse para ser la siguiente reina de Inglaterra.
Pocos meses después se celebró en las calles de Inglaterra el nuevo matrimonio del primogenito y único heredero, harry styles, y el dulce chico de las flores, louis tomlinson.
Y un año después, el pueblo celebró la llegada del primogénito de los príncipes, george styles-tomlinson. Un hermoso bebé que fue presentado a la semana de haber nacido.
Y así habían pasado los años, donde estuvo el cambio de título para harry, dejó de ser un príncipe para convertirse a rey. La llegada de sus otros cachorritos y el reciente décimo aniversario del matrimonio.
Louis suspiró sonriendo por toda la buena vida que ha pasado junto a su alfa.
El llanto de su bebé lo sacó de sus recuerdos. Se acercó apresuradamente a ver a su bebé, tenía su carita roja y veía como las lágrimas gruesas caían desconsoladamente por sus mejillas.
Lo tomó con cuidado y lo llevó a su pecho, dándole suaves caricias en su espalda— Mi amor, aquí está mami, no hay porque llorar.
El bebé recargó su cabecita en el cuello del castaño para oler mejor el aroma de su mami. Susurrando pequeños "mami".
— Si amor, aquí estoy cuidándote como siempre. — Lo meció para que los pequeños sollozos pararan. Al escuchar la respiración calmada de su bebé su omega también se tranquilizó.
Alejó un poco a su cachorro de su cuerpo para poder lamerle las lágrimas que aún escurrían, un acto puro de protección. El bebé lo miro atento después de que su madre hiciera la acción. —¿Papi?
Se puso un poco triste al pensar que su hijo podría olvidarse físicamente de su padre, al ser tan pequeño podía ser normal que cuando llegara el alfa no lo reconociera, por ello se encargó de arropar bien a su bebé cada noche con las mantas que había dejado el alfa marcada para sus cachorros, para que aun asi se sintieran seguros, aunque estás a la semanas fueron perdiendo la fuerza del aroma a canela.
—¿Lo extrañas amor? — Le dio un sonoro beso en su coronilla — Ya casi llega amor, por fin papi estará de vuelta con nosotros.
Decidió que era buena idea bajar al salón y ahí esperar a que sus hijos mayores terminaran de alistarse y que su alfa llegara a su hogar.
Tanto madre como hijo bajaron a la planta baja del palacio. Al transcurrir tres cuartos de hora fue anunciada la llegada del alfa. Louis sentía como el corazón se le iba a salir del pecho, extrañaba demasiado a su alfa que se sentía nervioso de verlo nuevamente.
Mandó a llamar a sus hijos mayores para que de igual manera bajaran y todos juntos recibieran al alfa.
Se escuchó los pasos apresurados de cada uno de sus hijos junto pequeños gritos de emoción.
Llegaron al lado de su madre preguntando qué tal se veían sus pequeñas manualidades y qué tal estaban vestidos, lo cual elogió a cada uno dejándoles un pequeño beso en sus mejillas.
Esperaron ahí todos, llenándose más de nervios cuando escuchó la puerta ser abierta y comenzar a oler su aroma, sentía brincando a su omega.
Se escucharon un par de pisadas y fue cuando vio nuevamente su alfa, se veía más guapo, tenía un poco la barba crecida, acompañada de su sonrisa con su hoyuelo y su cabello más corito de cuando se había ido, tenía puesta una camisa un tanto transparente que dejaba ver los tatuajes que tenía el alfa y oh, sintió mojar su ropa interior. Se dio un golpe mentalmente, no era posible de que comenzara a lubricar cuando tenía a sus hijos a un lado, rezo para que nadie lo notara.
El alfa estaba enfrente de él con sus elegantes ropas abrió sus brazos. — ¡Mi amores!
— ¡Papá! — Gritaron los pequeños infantes que fueron corriendo a abrazar al alfa. Los tres niños se abalanzaron sobre el gran alfa. El alfa atrapó a sus tres cachorros llenándolos de besos y cubriéndolos de su aroma.
Escuchó pequeños sollozos provenientes de sus cachorros, estaban felices de por fin estar con su padre. Se separaron y aún más el alfa los lleno de besos al rededor de su caras y pequeñas risas.
El alfa se alejó solo un poco de sus cachorros y alzó su mirada para conectarla con su omega, vio como el alfa los
Al dejar de abrazar a sus tres cachorros mayores se acercó despacio a su esposo que cargaba a su hijo más pequeño. Este tenía su carita escondida en el cuello del omega.
Toco despacio su espalda y sintió como se removió. — Bebé, soy papi, estoy de nuevo en casa — Hablo dulce para convencer a su pequeño. Comenzó a soltar feromonas suaves para su hijo. Al parecer esto le comenzó a dar confianza porque poco a poco comenzó a despegarse del omega.
—¿papi?— dijo el bebé con pucherito y dirigiendo sus pequeños brazos hacia el alfa.
— Si amor, soy papá — Lo tomo por debajo de sus axilas y lo abrazó apretando con cuidado el pequeño cuerpo. El bebé pareció estar feliz pues comenzó a soltar pequeñas risitas.
Después de mimar un poco a su pequeñito se acercó a su esposo, quién tenía una linda sonrisa en su rostro. Se acercó y con su brazo desocupado lo tomó de la cintura y le dejó un pequeño beso en sus labio.
Escuchó una queja por parte de sus hijos lo cual lo hizo que ambos se separaran y se rieran, sus niños eran unos tontos.
— Mi lou, estoy tan feliz de verte amor.
— Y yo q ti mi alfa, por fin volviste a tu hogar, vamos a cenar, apuesto que has de traer hambre.
La familia siguió al omega a la mesa para que pudieran cenar. En lo que esperaban que el personal sirviera la comida los niños aprovecharon para enseñarles los regalos que habían preparado para el alfa
El alfa estaba enternecido por las pequeñas muestras de afecto que le habían hecho sus cachorros y el gran esmero que le habían puesto. — Mis niños, son unos grandes artistas, estoy muy orgulloso de ustedes.
La comida al ser servida todos se sentaron. Los tres niños mayores enfrente de la pareja, el omega sentó a su bebé en el regazo para darle la cena.
La cena se basó en la experiencia que tuvo el alfa durante ese mes cuando fue a visitar los reinos vecinos y las convenciones en las que estuvo presente, sus cachorros escuchando con atención y pequeños toques que le dejaba el alfa en la pierna del omega, dejándolo un poco ansioso.
Al terminar la cena la charla continuo aunque no por mucho, pues ya era tarde y los infantes iban perdiendo la energía.
La pareja optó por ir a acostar a sus hijos, mientras él omega se encargaba de arropar y dormir a su bebé, el alfa se encargaba de leerle cuentos y besos en la frente a sus otros cachorros.
Cuando el alfa se pasó por la habitación del más pequeñito noto que su omega seguía batallando con el bebé, se notaba que aún tenía energía para estar despierto. Ambos hicieron malabares pero lograron que el bebé quedara profundamente dormido.
Ambos salieron silenciosos de la habitación de su bebé. Harry tomó al louis de la cintura y lo pegó a la pared del pasillo.
— Por fin solos. — Acercó sus labios a los del castaño, comenzando un beso tranquilo.
Ambos se separaron al escuchar pisadas cercas. Rieron al notar que era una de sus trabajadoras. El omega se deshizo del agarre para adelantarse a la recámara de ambos.
Ambos entraron a su recámara, el alfa cerró despacio la puerta del cuarto. Se acercó rápidamente a su esposo, abrazándolo por atrás. — Mi bella esposa, te extrañé demasiado — Comenzó a dejar besos en su cuello y clavículas del omega, el omega inclinó su cabeza para que el alfa tuviera más espacio para disfrutar.
Sintió las manos de su alfa remover una parte de su vestido. — Mierda — gruño el alfa. — Amo que uses corset porque hace ver a tu cintura más pequeña de lo que ya es pero ahora me estorba para apreciarte como debe ser.
Louis como pudo ayudó a su alfa a retirar el corset, dejando desnudó su torso. Harry le dio media vuelta, llevo nuevamente sus manos a la cadera del omega, haciendo que retrocediera para que el omega se acostara en la cama.
— Que bonita eres, amor — El alfa tomo el inicio de la falda para retirarla y encontrarse con unas bonitas y húmedas bragas blancas de encaje. — Sabía que estabas mojada. — Dejó pequeños besos a través de su torso, llevo dos de sus dedos largos al coño del omega aún sobre la tela, comenzando a hacer movimientos lentos sobre esta. — Ni porque tus hijos estaban delante de ti pudiste dejar de ser una perra. ¿Tanto te calentó verme, eh? Dime bonita, que hiciste este mes para por lo menos complacerte.
El alfa estimulaba la bolita de nervios del omega. El omega se dedicaba a gemir bajito deseando que por fin su alfa lo tomara.
Dejó de sentir los movimientos sobre su clitoris, soltó un pequeño gruñido por dejar de sentir el movimiento que le estaba causando placer. — No seas una perra mal educada louis, responde lo que te pregunté.
El omega lo miro, noto como tenía el ceño fruncido. — Con mis deditos, alfa.
— Claro con tus dedos... — El alfa tomó una de las manos delicadas del omega, dejando besos sobre los nudillos. — Tus pequeños e insignificantes dedos, nada comparado con los míos, y mucho menos mi polla.
El omega se removió sobre la superficie suave, sintiendo como el bulto de su esposo le hacías cosquillas en su abdomen.
Se sentía tan mojado, solo quería que el alfa lo tomara de una vez —Vamos alfa, te necesito tanto—. Suplicó el omega.
Harry se alejó un poco para despojarse de sus prendas, dejando a la vista su torso trabajado y todo su cuerpo desnudo.
Una vez desnudo el alfa se acercó nuevamente a louis, quitando las bragas y aventandolas a alguna parte de la habitación.
Harry tomó su pene y lo llevo a la entrada del omega, comenzó a adentrase lentamente, escuchando los siseos del omega.
Por su parte gruño, estaba cálido y apretado dentro de su omega. Comenzó con su vaivén lento gozando de lo estrecho que estaba su louis y de los lindos y tiernos ruidos que sacaba de su pequeña boca. — Está tan apretado tu coño, ni porque has parido a todos mis hijos deja de estar estrecho. — Empujó nuevamente en él en una fuerte estocada.
—Ah, alfa, mierda... Mas rápido por favor
El alfa le concedió el deseo. Su omega estaba gimiendo más fuerte, lo beso para ahogar sus ruidos que lo calentaban más.
Se estaba volviendo loco. El placer se sentía aún mejor que cuando tuvieron sus primera veces juntos, lo adjudicaba a los tantos días que pasaron separados. Se sentía extasiado. — Aquí es donde pertenece mi polla amor, dentro de ti.
Louis no pudo estar más de acuerdo.
Harry le dejó un pequeño beso sobre sus labios antes de salir del omega para ponerlo boca abajo, deseaba sentir a más profundidad a su omega; observó el bonito culo que se cargaba su esposo, tan pomposo y suave, amaba dejarle marcas en ese bonito culo, llevo sus grandes manos para amasarlo.
Hincado en la cama, abrió las piernas gorditas y tersas de su omega para meterse entre ellas. Tomó su pene lleno de los fluidos de su omega y lo restregó entre el pliegue de las nalgas de louis. Noto que su pene se llenó aún más de lubricante, quedando maravillado por como brillaba por los jugos de su omega y como la entrada de su coño se trataba de aferrar a algo.
— Amo, ¡por favor! vuelva a meter su pene en mi, lo necesito tanto — lloriqueo el omega, haciéndose para atrás sus caderas en busca del pene de su alfa.
Lo ignoro el alfa, quería ponerlo aún más desesperado de lo que ya estaba. Dejó de restregarlo por el culo de louis para pasarlo entre el coño del castaño, siguiendo con la fricción y el placer.
— Alfa, por favor.
—"Alfa, por favor" — Remedo burlón el alfa. — Eres una perra desesperada, ya tuviste algo de mi polla, ¿Aún deseas más?
Sin esperar una respuesta colocó nuevamente su pene en la entrada de su omega, penetró el coño del omega de una sola estocada. El omega gimió sonoramente, acto que hizo que alfa llevara una de sus manos mano a la cabeza del castaño y la presionara levemente entre las almohadas para que el sonido armortiguara.
— Maldita perra tienes suerte de que los cuartos de los niños estén lejos. — Agarro en un puño los sedosos cabellos castaños del omega, lo alzo haciendo que louis curveara su espalda y quedara sentado en sus muslos. — Porque te juro que te castigaría si le quitas la inocencia algunos de mis cachorros.
Noto como gruesas lágrimas caían de sus bonitos ojitos azules, como el placer estaba acabando con él bonito omega que tenía encima de él.
— Mi alfa, por favor muévete, por favor. — Comenzó a suplicar el castaño. Movió sus caderas en círculos en busca de más placer.
— Mi puta, solo mía — Comenzó con el vaivén lento en sus caderas. — Todo este mes fue un martirio porque no supe dónde enterrar mi polla que siempre estaba dura por pensar en como tu bonito coño siempre me recibe tan mojado y caliente. — Lo soltó del cabello para tomar su mandíbula, haciendo que lo mirara —. Porque es para lo único que sirves, para que tu bonito agujero me reciba caliente y mojado.
El omega asintió estando de acuerdo de lo que decía su esposo. Lo soltó de la barbilla, llevo ambas manos a los brazos del omega para sostenerse y dar las embestidas.
Las embestidas fuertes y rápidas estaban haciendo que el omega viera estrellas y su cuerpo lo sintiera liviano.
El omega se trató de recostar, sosteniéndose de su cabeza.
— Ahh, me siento muy lleno... — Louis puso su cara en la almohada para tratar de ahogar sus gemidos aunque era imposible, era muy ruidoso.
Lo único que se escuchaba en la habitación era el chapoteo de los fluidos del omega cuando pegaban con las bolas del alfa, y los sollozos del castaño.
— Amo, yo, voy a... — tomo una gran bocanada de aire.
— Vamos mi preciosa puta, correte para mi amor—
No pudo soportarlo más el omega, y se corrio mojando con sus fluidos el pene y parte del abdomen de su esposo.
El alfa gruño al sentir la escancia caliente en su cuerpo. Aumentó la rapidez de sus penetración, siendo descontroladas las embestidas y gruñendo en el proceso.
— Mierda, vas a tomar todo mi nudo y todo lo que te dé.
— Sisisi, dámelo alfa, dámelo. — Suplico el omega, boqueando en busca de aire, la sobre estimulación lo estaba llevando al éxito.
El omega grito cuando sintió al mismo tiempo explotar el nudo del alfa y ser reabierto su lazo.
Harry soltó del agarre a su omega. Limpiado su mueca mientras dejaba pequeñas caricias en su espalda en lo que bajaba el nudo.
Cuando el nudo bajo, el alfa se recostó un lado del su omega. Lo atrajo a su pecho y comenzó a mimarlo. — Mi lindo omega, te extrañé demasiado amor.
El omega se removió un poco, alzando su cabecita para ver a su esposo, le dio una sonrisa cansada. — Y yo a ti mi alfa. No te vuelvas a ir por tanto tiempo, no soporto estar alejado de ti.
—Ni yo amor — Apretó aun más el cuerpo de su omega al suyo. — Y si debo hacer alguna de mis obligaciones los llevaré conmigo, me volvería loco estar lejos de mis amores por mucho tiempo.
El omega dejo un pequeño beso en los pectorales del alfa. — Te amo tanto Hazz.
El alfa ronroneo a gusto de las palabras escuchadas. — Y yo a ti lou, mi hermosa esposa, el amor de mi vida.