Capitulo Unico
Hey dioses en lo alto, este tenía que ser el verano más caluroso de la historia.
Junmyeon no sabía cómo había sido el clima en la mitad de la tierra antes de la guerra con los oscuros y antes que los dragones comenzaran a volar arriba en los cielos, pero había oído hablar de una increíble comodidad llamada "aire acondicionado".
En las abrasadoras y sofocantes noches como esta, donde las nubes eran una mezcla de colores púrpuras, casi negras, donde los relámpagos chisporrotean de una a otra sin una gota de misericordiosa lluvia a la vista, Junmyeon pensaba con alegría que vendería su alma por tener la oportunidad de estar dentro de una de esas habitaciones de cuento de hadas que se suponía eran tan frescas como las cuevas, independientemente de las oleadas de asfixiante calor del mundo exterior.
No por primera vez, Junmyeon se preguntó cómo sería el mundo de los dragones. Los pocos vistazos que había conseguido de las sinuosas criaturas como serpientes a través de las crecientes nubes de tormenta le hicieron pensar en la fresca sequedad de las escamas de un lagarto.
«Apuesto a que si logro estar cerca de un dragón podría enfriarme». Sí. Claro. Tal vez durante un caliente medio minuto, antes de que el dragón te coma.
Junmyeon arrastró su antebrazo por la frente, tratando de borrar la película resbalosa de sudor que amenazaba con dejarlo ciego si llegaba a sus ojos. La humedad corría por las mejillas de Junmyeon y la espalda, pegando su desgastada camiseta a su piel. Al menos estaba solo, se agachó en el porche trasero de la guarida que había tomado hacía solo un par de semanas, y no tenía que calentarse aún más con el esfuerzo de tratar de llevar una conversación.
Había estado solo desde que su amigo más cercano, Nyas, había ido a reunirse con los soldados que luchaban activamente contra los motines y levantamientos rebeldes. Por su parte, Junmyeon se quedó en casa y mantuvo la paz en su antiguo barrio.
Junmyeon exhaló pesadamente. ―Te extraño, viejo amigo ―murmuró.
Había perdido a Nyas para siempre.
Le había llegado la noticia que Nyas había desaparecido en combate, lo que basado en la experiencia de Junmyeon se traducía como «no pudimos encontrar suficientes piezas de él para enviar a casa».
―Casa. ―Junmyeon resopló.
Otro concepto de cuento de hadas, ¿eh? La guarida que había encontrado y que ahora ocupaba de forma ilegal no le pertenecía. No le había pertenecido a nadie recientemente.
Sin embargo, los que vivían en el interior lo veían como su líder, y se mostraban agradecidos porque él no fuera tan estelar como los déspotas de hojalata que habían gobernado antes.
Por su parte, Junmyeon había acabado con Lerín, un pendejo Troll de gran tamaño que le gustaba putear a los desvalidos. Criaturas como Lerín eran peligrosos, así como estúpidos.
El muy cabrón a regañadientes sólo les había dejado buscar alimentos entre la basura en lugar de usar su efectivo o hacer trueques, y luego no les había permitido cocinar lo que encontraban en los contenedores para el fuego.
Bueno, tampoco los había dejado Junmyeon, no a menos que la contaminación estuviera tan pesada como una manta y oliera lo suficientemente mal como para ocultar los olores de los alimentos cocinándose, pero al menos le simpatizaban.
Junmyeon había comido demasiados restos rancios y fríos y pasado hambre tantas veces que nunca respetó las exigencias de un estómago humano, o entendió la necesidad de hacer algo con las lamentables provisiones para hacerlas apetecibles.
Por otro lado, incluso la más meliflua cantidad de comida que lograba reunir, por lo general, era comestible, y mantenía unido su cuerpo con su alma. Junmyeon, cínico después de todo lo que había visto, sabía que una buena comida era algo que no debía tomarse a la ligera.
No, nunca.
«Ah, bueno».
Junmyeon aceptaba su destino. Su vida no había sido tan mala como lo había sido para otros. Sabía que un montón de hombres jóvenes como él no habían tenido la suerte de encontrar amigos y un lugar seguro para esconderse, y si él era el que tenía que proteger en lugar de ser protegido, que así sea. Alguien tenía que dirigir. En estos días estaba todo el mundo por sí mismo contra todos los demás, y si no tenías un lugar seguro estabas frito.
Junmyeon era un buen líder. Sabía que eso era un hecho. Pero sin Nyas alrededor, todos los problemas de Junmyeon se resumían a que se sentía muy solo.
A ver, Junmyeon sabías lo que tenía más importancia en tu vida una vez que tuviste comida, un techo sobre tú cabeza y un puesto de trabajo que valía la pena hacer: querías a alguien que importara, incluso amaras, con quien compartirlo. No sólo un amigo. Alguien con quien tener un lazo más profundo.
Para Junmyeon, durante mucho tiempo, esa persona había sido Nyas.
Nyas.
Gran y duro soldado humano, enormemente aterrador y guapísimo aspecto de hombre oscuro. Un malvavisco, una vez que llegaba a conocerte te mostraba su centro pegajoso y así era como él mismo lo llamaba, en secreto, para que ningún otro pudiera pensar que era un debilucho.
Nyas definitivamente tenía las pelotas para hacerse cargo. Sin embargo, a Junmyeon, le había confesado ser un malvavisco con una de sus raras muecas, con la que desarmaba a cualquier persona que intentara activar un rayo que lo tildara de raro.
Había sido un buen compañero. Y el hombre se merecía una adecuada y decente despedida como un soldado, en opinión de Junmyeon. Además, él necesitaba un poco de, ¿cómo lo llamaban?, ¿conclusión?
Que fue la razón por la cual había tomado una posición temporal fuera de la seguridad de las rotas paredes del edificio, solo en un mundo que nunca iba a estar en silencio otra vez.
Incluso ahora, aunque los chicos se habían ido o dormido, podía escuchar la acción en las calles no muy lejos. Disparos. Gritos. Un raro, raro coche funcional de carbón, haciendo chirriar los neumáticos mientras sus pasajeros corrían a una pelea o trataban de alejarse de esta.
El mundo real verdaderamente se había ido al infierno.
Por lo tanto, en medio de todo el azufre, ¿quién se daría cuenta de un pequeño fuego de despedida?
Junmyeon había planeado esto y gorroneado por combustible durante días, guardando a escondidas un pedazo roto de una ventana aquí y desechos de cajas de madera por allá. Lo suficiente como para hacer una hoguera decente. Lo suficientemente grande como para llenar su necesidad.
Se reía quedamente, divertido. Bueno, ahora realmente era un lanzallamas. Por Dios, deseaba que él y Nyas hubieran tenido la oportunidad de hacer algo más que verse la espalda el uno al otro.
Habían tenido oportunidades, pero a la final, no el tiempo
suficiente. Junmyeon sabía que había sido demasiado cauteloso, también, nunca había tenido la oportunidad para nada más que una rápida y anónima follada o alguna mamada en todos estos años. Amantes fugaces, en un momento y al otro nada.
Si lo hubiese hecho de manera correcta antes, tal vez habría sabido qué hacer de manera diferente, y cómo encontrar una oportunidad con Nyas.
Entonces, tal vez no estaría aquí después de todo. Estaría en el interior. A salvo, dentro de los fuertes y cálidos brazos de Nyas, cubriéndolo firmemente, cuerpo a cuerpo, suaves ronquidos amortiguados contra su cabello, su cabeza metida debajo de su barbilla. Una cálida y callosa mano, apoyada en la cadera de Junmyeon.
Ese era un dulce sueño, muy dulce.
―A la mierda los sueños ―murmuró Junmyeon, en voz muy baja, por si acaso alguien lo escuchaba y fuera a investigar. Eso sería demasiado embarazoso. No quería tener que explicar en voz alta.
Era hora de terminar con esto. Junmyeon enumeró los elementos necesarios con sus dedos. ¿Privacidad? Verificada. Una buena y profunda noche oscura, demasiado caliente como para que algún valiente se aventurara en la oscuridad que cubría el tétrico cielo.
¿Cosas para quemar? Verificadas.
Una tambaleante pila de basura, lista y esperando para ser encendida. Las pocas cosas personales que Nyas poseía y que había dejado atrás, casi todas ellas fotografías cuidadosamente protegidas.
¿Licor? Verificado.
¿Culpa por planear utilizar el licor para beber, incluso a la memoria de Nyas? Enorme verificación.
El alcohol era demasiado valioso como para desperdiciarlo de esta manera, pero uno de los más preciados recuerdos de Junmyeon era el haber compartido una botella de una onza de whisky con Nyas. Le había tomado días a Junmyeon y le había costado algunos favores, pero había logrado poner las manos sobre otra del mismo tipo.
No era una mala cosa que no tuviera más, Junmyeon pensó filosóficamente.
Bebió un sorbo de la muy pequeña boca de la botella de whisky y se atragantó con la quemadura. Nunca había desarrollado el gusto por el licor. ―Las cosas que hago por ti, Nyas, viejo amigo ―dijo, saludando al cielo con su botella.
¿Estaba listo? Sí. Podía hacer esto ahora. Casi.
Junmyeon pescó la nota ―la última comunicación de Nyas― en su bolsillo. Una última vez. Quería leerla una última vez.
Junmyeon:
Supongo que esto es todo, ¿eh, amigo? Estoy escribiéndote esto la noche antes de ir a pelear en la guerra. Dios, odio haber tenido que dejarte.
Has sido mejor que un hermano para mí, Jun. Yo confío en ti con mi vida, y espero con un infierno no te tomes esto a mal, o que digas que soy un hijo de puta por decirlo ahora, pero me gustaría que nos hubiéramos conocido en otro mundo, en otra época, cuando las cosas fueran diferentes.
Cuando fuéramos sólo dos tipos que podrían llegar a conocerse entre sí, practicar algún deporte o quedar para tomar algunas cervezas, tomarnos tiempo, y cuando juntara el valor suficiente, tocarte como yo quiero ―no como a un hermano.
Sé que piensas en las mismas cosas, Jun. Puede que no sea el más brillante hombre en el mundo, pero he visto la manera en que me miras cuando crees que estoy demasiado distraído como para mirar hacia atrás.
Ojalá hubiéramos tenido la oportunidad de conectar de la manera en que dos hombres tienen algo que ofrecerse el uno al otro, y no me refiero sólo en el sexo, aunque hubo un montón de veces que quise tirarte abajo y hacer lo que quisiera contigo.
Si vuelvo vivo, sé que querría tratar de hacer que algo suceda entre nosotros. Aunque los dos sabemos cuáles son las probabilidades acerca de eso, ¿verdad? Y no quiero romper tu corazón, por eso creo que necesito, seguir adelante y asegurarme de que entiendas esto: no me esperes.
Cuando me haya ido, sé que habrá alguien por ahí que va a amar cada pedacito de lo que tienes para dar, y tú sólo tienes que encontrarte con él o ella. Pero no seré yo.
Lo siento por haber desperdiciado tanto nuestras oportunidades.
Nyas
Junmyeon sacudió la cabeza con pesar. ―Aquí están las oportunidades perdidas ―dijo, levantando la botella de whisky antes de drenarla hasta dejarla seca.
Era hora de empezar a quemar. Al igual que un funeral vikingo, si los antiguos libros de historia que encontraba de vez en cuando eran ciertos. Nyas había tenido cierta cosa con los históricos guerreros. Espartanos, vikingos, y samuráis ―especialmente con los samuráis.
Las fotos, las quemaría al final. No eran muchas. Cámaras instantáneas eran más raras que dientes en una gallina y era todo lo que se podía usar en estos días ―no había reveladores ni líquido revelador, y no había computadores funcionales para fotos digitales― y a Nyas no le gustaba que le tomaran fotos gracias a las cicatrices de batalla en las mejillas y la barbilla.
En opinión de Junmyeon sólo lo hacía ver más fuerte. Las intensas líneas que resaltaban la estructura ósea de Nyas lo hacían ver caliente como el infierno. Él era percibido como peligroso, y condenadamente sexy, también.
Junmyeon estudió cada foto antes de tirarlas suavemente sobre las llamas. Una foto de Nyas sentado en el interior del edificio después de mover cosas de un lado al otro todo el día, tan cansado que se había quedado dormido en el hormigón con una arrugada camiseta de Junmyeon bajo la cabeza. Al fuego.
Una de Nyas cargando comida hasta el escondite de los alimentos. Sonriente, feliz con lo que había logrado. Al fuego.
Nyas riendo. Nyas enseñándole a uno de los soldados a bailar. Nyas contando raras historias a la luz de las velas. Dios, había amado las historias de Nyas. El hombre podía darle giros a una historia como nadie. Cuentos sobre antiguos dioses y diosas, samuráis y geishas, cortesanas y príncipes. Si Nyas hubiera podido siempre salirse con la suya, cada cuento que él dijera habría tenido un sabor japonés.
Cuando se sentaba y escuchaba, Junmyeon había encontrado tan fácil imaginar a Nyas como uno de esos guerreros de antaño. Había nacido fuera de su tiempo natural y lugar, al igual que Junmyeon.
Ambos pertenecían a un pasado distante, antes de las guerras, y antes de los dragones ―no es que Junmyeon pensara que los dragones fueran desagradables y malos como la mayoría de la gente lo hacía.
No le habían hecho daño a nadie, después de todo, y Junmyeon no pensaba que ellos se fueran a molestar en empezar a hacerlo.
Junmyeon pensó que hubiera sido un infierno mucho más feliz hace mucho tiempo o muy lejos, siempre y cuando tuviera una segunda oportunidad con Nyas. Esto podría ser su mundo, pero no pertenecía a él, y sabía, de hecho, que ahora estaba solo.
Finalmente, llegó hasta la última foto, su favorita. Los dedos de Junmyeon suavizaron la superficie mientras la levantaba,
infructuosamente tratando de suavizar sus decenas de arrugas. Era una foto de Nyas sentado con las piernas cruzadas sobre la hierba muerta de color marrón del césped, disfrutando del ligero frío de una tarde de otoño.
Sus ojos estaban cerrados de felicidad, en paz. Una botella de agua colgaba suelta de su mano, los dedos acariciaban el delgado cuello. Junmyeon había llegado a estar al instante medio-duro detrás de su cámara. Y había llegado a la total erección, hinchándose con tanta fuerza que dolía, cuando Nyas tomó un largo y persistente sorbo de la tibia agua de lluvia que habían recolectado y se humedeció los labios con su lengua de color ligeramente rosa.
Sabía que Nyas había sido célibe durante meses en ese punto, pero en esa foto tenía la mirada lánguida y perezosa de alguien que acababa de joder, perezosa como un gato y gozosa al máximo. Eso había conducido a Junmyeon a estar loco de lujuria, cuando tomó la fotografía, y cada vez que miraba la instantánea después.
Por un caliente y precioso momento, Junmyeon se permitió soñar con ello. ¿Cómo habría sido?
Nyas, con sus besables labios, y su cuerpo fuerte y duro ―que rogaba por tener manos acariciándolo― sus ojos risueños, su afilado ingenio. El hombre que había bromeado con Junmyeon hasta llevarlo a confiar en él, se convirtió en su amigo de más confianza, y entonces lo había atormentado con persistentes miradas que Junmyeon había visto, y que le prometían mucho más que simple compañerismo.
Se estremeció ―en llamas― con el pensamiento de sus labios sobre la piel de Nyas, excavando en el blando lugar entre el hombro y el cuello, y luego deslizándolos hacia abajo para succionar el hueco donde se unían sus clavículas.
Una visión salvaje revoloteaba por la mente de Junmyeon de deslizarse por el cuerpo de Nyas hasta que su boca estuviera al nivel, más deseoso de Nyas, su rígido pene, pronunciado a través de la fina mezclilla como papel de sus jeans, mamándolo hasta que la tela se humedeciera con su compartida necesidad. Lamiendo los definidos músculos del vientre de Nyas, salpicados con gruesos vellos.
Provocarlo para ver si podía hacer que la polla de Nyas saltara y se contrajera con la falta de su boca en ella.
Luego, en su sueño, Nyas envolvería a Junmyeon en un aplastante abrazo, para nunca dejarlo ir. ―Te amo ―le susurraría, una verdad en su voz antes de besar a Junmyeon tan duro como para magullarlo, pero maravillosamente feroz―. Te quiero tanto, Junmyeon. Te necesito.
Nyas, tan caliente...
Nyas le quitaría a Junmyeon un mechón de cabello de los ojos. Junmyeon le sonreiría, lujurioso, ansioso y confiado. Junmyeon se retorcería contra él, sus cuerpos se enredarían entre sí. Soñaba con caderas golpeando contra caderas, ingles moliéndose juntas, cada uno con ansias de más contacto.
―Ya habrá más tiempo para tomarnos nuestro tiempo más tarde ―Nyas prometía, metiendo su mano dentro de los jeans de Junmyeon para llegar a su polla―. Todo lo que importa ahora es que al fin estoy consiguiendo un poco de ti. Tener mi polla dentro de ti.
El sueño era tan vívido que Junmyeon no quería abrir los ojos y enfrentar el mundo real. Siguió fantaseando, imaginándose a sí mismo corcoveando dentro del agarre de Nyas. ―Tú serás mi muerte ―Nyas comenzó a decir con voz áspera, listo para estallar con una lujuria tan grande que amenazaba con superar a los dos―. O yo, la tuya.
Junmyeon le habría exigido otro beso y le preguntaría con una sonrisa ―¿Es eso una promesa?
Junmyeon dejó que sus ojos fueran a la deriva a medio abrir, descubriendo que había conseguido estar duro durante su sueño ―no le sorprendió― y acunó su hinchado pene para aliviar la presión. Dios, podría salir volando como un cohete justo aquí, justo ahora. Había sido tan condenadamente mucho tiempo desde la última vez que Junmyeon había disfrutado de sí mismo como ahora, que su orgasmo empezó a subir y precipitarse sobre él, casi tan ineludible y poderoso como un maremoto.
Pero... no podía. Ya era demasiado riesgoso quedarse aquí solo durante tanto tiempo. Si él bajara la guardia lo suficiente para tomar el placer sin sentido de un orgasmo, sería una presa fácil.
―Tengo que hacer esto ―dijo Junmyeon en voz alta, y a regañadientes quitó la mano de su dolorosa erección.
Estudió su foto favorita de Nyas una vez más. Le encantaba esa imagen. Dormía con ella en ocasiones, sin importarle lo que los otros pensaran, o cómo se reirían ellos mismos como locos de él si supieran que tenía mucho de sentimental bajo la piel de un soldado.
Al fuego.
El frágil papel fue capturado de inmediato, se encrespó más rápido de lo que Junmyeon hubiera querido, desmoronándose en pedazos ennegrecidos. Hurgó entre los arrugados fragmentos con un palo. ―Oportunidades perdidas ―murmuró.
¿Habría cosas como segundas oportunidades, en algún lugar ahí fuera?
Las palabras se llenaron de lágrimas y se derramaron de Junmyeon en contra de su voluntad: ―Me gustaría que las cosas fueran diferentes. Desearía que nada de esto hubiera sucedido. Me gustaría tener una segunda oportunidad. No me importa dónde ni cómo. Sólo una oportunidad para hacerlo bien esta vez con un tipo como Nyas.
«Desearía». “Deseo”, era una palabra peligrosa en un mundo tan incierto.
Había un montón de cosas ahí afuera que la gente no había visto nunca, que tenían el hábito de escuchar ―y contestar.
―¡Ahí estás! ―una vocecita chirriante exclamó triunfante por encima de Junmyeon.
Apenas si tuvo tiempo de mirar hacia arriba y gritar, sorprendido, antes que un maldito dragón lo agarrara de los brazos y lo arrastrara a la fuerza fuera de la Tierra.
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Viajar con un dragón era algo que Junmyeon nunca había experimentado ―¡y por Dios, que nunca quería hacerlo de nuevo!
A pesar de que el dragón sostenía firmemente a Junmyeon, el viaje en sí mismo lo aterrorizaba casi hasta la muerte ―especialmente una vez que atravesaron un destello de luz y Junmyeon sabía que había salido de la Tierra rumbo al mundo de los dragones.
―¿A dónde me llevas? ―aulló, no estaba seguro si el dragón lo oía por encima del ruido de sus batientes alas―. ¿Quién eres tú?
―Estoy llevándote a tu casa ―gritó el dragóncito―. ¡Has sido una mascota muy mala, al dejar que tu amo llorara de esa forma por ti! Sabes quién soy. Soy Baekhyun.—
El pequeño dragón cerró la boca, a continuación, y voló llevando a Junmyeon con él.
Girando y girando en el espacio, Junmyeon tuvo la sensación como si finalmente hubiera conseguido y consumido un poco de azucar para su nariz en las calles.
Arriba y abajo, lo negro era blanco, y lo torcido estaba derecho ―en más de un nivel.
No podía respirar, no podía ver, no podía oír, no podía probar o tocar, porque nada tenía sentido... sin embargo, una vez pasó el primer terrorífico jaleo, no tuvo miedo. No parecía necesitar nada más que sus propios pensamientos mientras se elevaban a través del vacío.
De camino, Junmyeon pensó, que estaba siendo llevado para ser la cena de un dragón, pero mientras que el viaje duró, Junmyeon se sentía más vivo de lo que jamás había estado.
El vertiginoso viaje le recordó a Junmyeon el par de libros humanos hechos jirones del Mago de Oz que había encontrado años atrás y que estuvo leyendo antes de usarlos como combustible.
Esto fue lo que debió haber sentido Dorothy. Se echó a reír, y luego, se quedó en silencio.
Las historias le hicieron pensar en Nyas, como siempre, y no le pareció raro pensarlo en medio de este extraño viaje. Se preguntó qué tipo de rara historia Nyas habría tenido que contar acerca de alguien que desaparece rápidamente, como Junmyeon lo había hecho: Una diosa cruel o posiblemente un dios gentil se lo habría llevado, dejando que todo se derritiera, como espumosas burbujas.
No más dolor.
No más drama.
No más preocupaciones.
Era libre. Libre para volar, tan fácil como la brisa.
El vacío repentinamente lo hizo sentir en paz. Los monstruos no eran permitidos.
De repente, Junmyeon decidió que le gustaba volar a través de esta extraña pero reconfortante nada. No tenía que fingir. No tenía que parecer duro. Sintió que todas sus pretensiones y cicatrices eran cuidadosamente quitadas, dejando solo suave y flexible carne a su paso. No le hacía falta ser un soldado endurecido o un líder aún más endurecido.
Sólo podía ser él.
Genial.
Junmyeon se preguntó si ésta era la clase de paz que les habría dado una vida "normal" con Nyas. Ellos podrían haber tratado de seguir adelante, incluso con el resto del mundo yéndose al infierno.
Podrían haber huido juntos, tal vez al país del que Junmyeon había oído rumores acerca de tierras verdes y renovación de los recursos ―cuentos de hadas, probablemente, pero podrían haber ido a cerciorarse por sí mismos. Haber encontrado un lugar donde no hubiera bandas que luchaban en las calles, y donde podrían haber cultivado su propia comida. Tal vez cazar o pescar si querían proteína.
Comiendo bien o muriendo de hambre, no importaba.
Dondequiera que él y Nyas hubieran ido, habrían tenido todo lo que necesitaban. Y lo habrían tenido solo estando juntos.
Hubiera sido... el paraíso. Con "P" mayúscula.
―¡Parada final! ―el dragón anunció, su voz resonó en los oídos de Junmyeon.
Azotó poderosamente sus piernas y su sinuosa cola.
Junmyeon gritó mientras era soltado de su agarre, sabiendo que estaba a punto de caer a una desagradable, esponjosa muerte, pero luego ―golpe― había aterrizado de culo en algo duro y frío, sorprendido hasta el infierno.
―Puedes encontrar el camino desde aquí ―anunció el dragón por encima de él.
Junmyeon miró hacia arriba para ver el cuerpo como el de una serpiente del tamaño de un coche escarabajo color rosa palo y púrpura deslizándose lejos a través del cielo.
―¡Espera! ¿Dónde estoy?
El dragón se detuvo, batió la punta de su cola, como si estuviera molesto. ―En casa ―respondió―. ¿A dónde más creíste que te había traído? Sehun te necesita.
―Ah Sehun..……¡¿Quién es Sehun?! ―Junmyeon le gritó al dragón, quien no le hizo caso y voló más lejos, pronto no fue más que solo un punto negro retorciéndose contra la luminosa luna llena.
Una luna que no estaba oculta por las nubes de tormenta y la contaminación.
«¿Qué demonios…?»
Junmyeon parpadeó asombrado, hacia el cielo de terciopelo negro tachonado de estrellas como diamantes, aspirando una bocanada de aire frío, que olía rico y terroso.
Había llegado. Dondequiera que estuviera, había llegado hasta allí en una sola pieza.
Junmyeon negó con la cabeza, brillos y lentejuelas bailaron delante de sus ojos.
¿Qué había sucedido? ¿Lo habrían confundido con alguien más? ¿Con la mascota de un dragón?
Junmyeon todavía no estaba claro sobre ese aspecto. Voló por el espacio y el tiempo, y cayó sobre su culo, duro, en el centro de lo que parecía ser un blanco jardín, puro e inmaculado, de abundante arena tan suave como el polvo.
Muy bien, entonces sabía qué había sucedido. No sabía cómo, por no hablar de por qué.
¿Qué demonios estaba haciendo allí?
Junmyeon miró a su alrededor, dudoso. Pensó que había aterrizado en un jardín zen. Sólo había visto uno en las imágenes de un precioso libro que Nyas guardaba en su mochila personal, acerca de las culturas asiáticas y las cosas hermosas que habían tenido allí alguna vez. Templos. Pantallas de papel de arroz. Dioses y diosas por doquier. Floreros. Cerámica. Caliente vino de arroz.
Una vez, Junmyeon le había preguntado a Nyas si creía que todavía había lugares como esos jardines en el mundo. Nyas se mostró triste, y después de una larga pausa, negó con la cabeza.
Junmyeon lo había aceptado. El mundo ya no sería hermoso nunca más.
Pero este lugar... Dios, era precioso. Demasiado fabuloso para ser real. Junmyeon levantó la cabeza y miró a su alrededor con asombro. Quizás se había vuelto loco por el miedo al ver al dragón, o tal vez estaba fuera de combate, muriendo dentro de las llamas del dragón y esto era solo un sueño.
Bueno, si lo era, no quería volver a despertar.
Estas tierras estaban en silencio, saturadas con una real, real falta de ruido. Unos pocos grillos, tal vez, cantando una canción a la noche, pero nada aparte de ellos. No había armas de fuego. No había gritos. No había chirridos de neumáticos y vidrios rompiéndose. No había peleas, o voces exaltadas y ruidos de golpes. Tal vez no había muerte.
Recordó cómo el libro de Nyas hablaba de los monjes que ni siquiera pisaban la hierba porque no querían hacerle daño.
Muy bien. Si estaba soñando con uno de esos lugares, se esforzaría por actuar de acuerdo a las reglas. Tal vez quien, o lo que sea que lo había enviado a este sueño, estaría lo suficientemente satisfecho como para dejarlo volver en algún momento.
O este podría ser el cielo.
De cualquier manera, Junmyeon pensó que mostraría algunos modales. Con cuidado se puso en pie, haciendo una mueca por la docena de nuevos lugares doloridos donde las rocas le habían golpeado dejando puntos sensibles. El daño causado no fue lo peor que pudieron haber causado, su paquete estaba intacto.
¿Qué? Un chico comprueba sus cositas después de una catástrofe.
Junmyeon se sentía un poco tonto, pero, recordando la importancia de las costumbres en el libro de Nyas, se inclinó y rastrilló la arena del jardín haciéndole surquitos.
―Gracias por atraparme cuando caí ―dijo formalmente como pudo―. Perdóname por caminar a través de ti. Voy a tratar de ser cuidadoso. ―No era un gran problema, porque los zapatos no parecían haber hecho el viaje con él.
Caminando cuidadosamente a través de la ligera, seca y polvorienta arena, Junmyeon se preguntó si realmente podría estar soñando.
Uno no puede sentir las cosas cuando está dormido, ¿verdad?
Sólo que él podía sentir un montón de cosas. Miró hacia el rico cielo, la noche estrellada, por encima de él. Olía el pesado y salado olor de la arena, y luego algo aún mejor ―hierbas, especias y verduras― que hizo que la boca se le hiciera agua y su estómago rugiera.
Junmyeon se preguntó si tal vez se había vuelto loco. Esto no podía ser real, ¿verdad? Sabía que era mejor cerciorarse, pero mientras le echaba un vistazo a lo que se estaba volviendo más claro a medida que se acercaba, un pequeño huerto apareció ante él y se encontró deseando que fuera realmente genuino. «¡Comida!»
Tomates frescos, jugosos melones, maíz, pimientos crujientes y picantes...
¡Oh, hombre!, ardía en deseos de comer hasta romper sus pantalones o incluso hasta vomitar. Pero no podía.
¿Respeto, recuerdas? Respeto.
Subió por lo que parecía ser una pequeña colina, y se detuvo, derrapando, antes de caer en su culo por segunda vez. Justo debajo de la elevación, el valle tomaba un descenso en picada que llevaba hacia abajo, bien abajo y a un río.
Habría dado vuelta y caminado a la inversa, si no hubiera sido por una repentina brisa. Más del rico y especiado olor golpeó su nariz, y Junmyeon casi gimió.
El aroma era, posiblemente, mejor que el sexo. Junmyeon pensó que olía a guiso, guiso de carne buena, algo que un viejo había descrito con ansias alguna vez: Un rico y espeso estofado repleto de verduras, salvia, y tierna carne.
¿Cuánto tiempo había pasado desde que había llegado a satisfacer a su carnívoro interior? Al diablo su veganismo.
Junmyeon dio vueltas en círculo, en busca de la fuente del olor.
«¿Dónde?, ¿dónde?
¡Ajá, ahí!»
Escondida detrás de un alto bosque de coníferas de gran altura y gruesas ramas al otro lado de una corriente de agua, Junmyeon vio la fuente bien oculta.
Una casa, no muy grande, sino con una forma extraña, como uno de esos templos en el libro de Nyas, su única ventana brillaba con una cálida luz amarilla. El humo de la fragante leña se elevaba de una estrecha chimenea de piedra. Junmyeon pensó que apenas si podía divisar a alguien moviéndose en el interior. Probablemente estaba cocinando.
Se dejó llevar un momento por la nostalgia. A Nyas le hubiera gustado un mundo o un sueño como éste. Allí era donde pertenecía, donde Junmyeon instintivamente sabía que Nyas podría haber encajado. Una vez se hubiera quitando las capas propias de superviviente post apocalíptico de las que Nyas se había revestido y él se hubiera sentido como en casa con rocas y vegetales.
Tal vez incluso viviendo en un templo-casa como esa.
Junmyeon se preguntó quién viviría allí.
No creía que fuera Nyas este era su sueño, y recordó que Nyas se había ido, así que no sería ese tipo de feliz fantasía hecha realidad. Aun cuando nada tenía sentido, especialmente cuando nada tenía sentido, un hombre tenía que confiar en su propio sentido. Eso era algo que Nyas le había enseñado a Junmyeon. Así que donde quiera que estuviera, Junmyeon sabía con certeza que Nyas no estaría allí con él.
Maldición.
Darse cuenta de la verdad lo golpeó tan duro como cuando Junmyeon tuvo que despedirse por primera vez. Horrible como cuando se había despertado con la noticia de que Nyas había "desaparecido en acción".
Por un segundo, Junmyeon quiso agacharse en cuclillas y golpear la tierra con los puños. Pero no... no. Tenía que seguir adelante, ¿verdad? Sueño o realidad, no podía parar ahora.
Mirando a su alrededor, sus ojos se ajustaron a la visión nocturna, Junmyeon finalmente divisó un camino a mitad de la ladera del valle, y lo que parecía un delgado puente de troncos seriamente peligroso, que cruzaba a través de la fuerte caída y el río hasta el otro lado.
De acuerdo. Junmyeon no tenía miedo de caer.
Eligió cuidadosamente la ruta a seguir y con mucho, mucho cuidado, bajó por la empinada pendiente y se encontró camino del improvisado y tambaleante puente. Puso a prueba la cosa, temeroso que los flacuchos maderos se rodaran y agitaran, pero estaba tan firme como si estuviera hecho de granito.
Está bien, entonces. Buena señal.
El puente parecía como si le fuera a llevar una eternidad cruzarlo. Junmyeon comenzó en posición vertical, pero a menos de diez pasos, se agachó y se agarró de éste con ambas manos y tobillos, arrastrándose mientras lo cruzaba. Centímetro a centímetro, se abrió camino hacia adelante, aterrado de caerse.
Finalmente lo hizo, llegó al lado opuesto. Su respiración, como si acabara de correr una carrera, se puso de pie. Trató sin éxito de limpiar las manchas de barro y suciedad de árboles de su pecho y de sus desgastados pantalones de mezclilla, sin duda ahora mucho más desgastados después de ese pequeño viaje.
Odiaba la idea de enfrentarse a cualquiera que estuviera en esa casita y que lo viera como si fuese algún hijo de puta indigente, pero el olor de la comida lo golpeó de nuevo, y Junmyeon sabía que iba a arriesgarse a ver qué resultaba.
Una vez cruzado el río, la casa estaba más cerca de la orilla del agua de lo que parecía a primera vista. Definitivamente, más acogedora, incluso si todavía se veía mucho, como un santuario. La luz en la ventana era de un color oro cálido, el olor era rico, denso e increíblemente tentador.
Junmyeon vio una sombra en el interior y se dio cuenta que estaba agitando la olla del guiso y levantando una larga cuchara comprobando el sabor.
Agachando la cabeza, se acercó a lo que Junmyeon supuso era la puerta de entrada. Trató de pensar en qué decir: «hola, tengo hambre, ¿me das de comer?» no parecía ser una buena idea.
Se detuvo por un rato para frotar sus pies contra la áspera hierba seca fuera de la puerta, con la esperanza de deshacerse de lo peor de la tierra y la suciedad y darse un tiempo para prepararse.
Todavía estaba trabajando en ideas cuando la puerta se abrió de repente hacia adentro, y la silueta que había visto desde el exterior se situó en el centro, brazos medio levantados y una expresión completamente desconcertada en su cara.
Junmyeon se sentía bastante seguro que tenía la misma expresión de sorpresa del hombre. No eran el mismo hombre ―no podía ser―, pero este hombre era increíblemente parecido a……Nyas.
Estaba limpio y en una sola pieza, fuerte y corpulento, profundamente marcado, cien por ciento desnudo, y tan cerca de ser el doble de Nyas que Junmyeon perdió el aliento.
Él se quedó boquiabierto, tropezando hacia atrás. ―¿Yuen-Mi-On? ―preguntó el extraño, como si estuviera muy sorprendido, sólo que pronunció el nombre de otro modo: Yuen-Mi-On, en lugar de Jun-my-eon.
Junmyeon frunció el ceño, negando con la cabeza, pero antes de que pudiera decir una palabra fue arrastrado a un enorme y fuerte abrazo que olía a guiso, a especias y a hombre, con la cabeza apretada contra el fuerte y musculoso pecho de la copia de Nyas.
―Yuen-Mi-On ―murmuró el doble de Nyas contra la parte superior de la cabeza de Junmyeon―. Gracias a los dioses que estás en casa. Gracias a los señores dragones. El pequeño Baekhyun cumplió su promesa y te trajo de nuevo a mí. Nunca, nunca me dejes otra vez, ¿entiendes?
Junmyeon comenzó a temblar. ―¿Lo conoces? ¿Al dragón?
―Por supuesto. Hemos sido amigos desde que éramos crías.
―Oh ―dijo Junmyeon, asintiendo sabiamente―. Crías.
―Dragones bebés juntos. ―Él frunció el ceño―. Tú sabes todo acerca de eso.
«¡Ah! Así que él es un dragón, también». Genial. Todo tenía sentido ahora. No le extrañaba que el dragón ―¿Baekhyun?― lo hubiera agarrado al vuelo. Si este dragón se parecía a Nyas en su forma humana, entonces era bastante razonable que Junmyeon fuera un duplicado de ese Yuen-Mi-On.
Sí, todo encajó perfectamente en su lugar.
A excepción que esta era la más loca experiencia de la vida de Junmyeon. ¿En qué clase de problemas había aterrizado en la actualidad?
Una cosa era segura: Junmyeon no creía que estuviera en Xandria.
Sonrió tranquilamente, e inhaló el picante olor de la piel del dragón, y dejó desvanecer su conciencia por primera y única vez en su vida.
Sehun se confundía a menudo. Baekhyun, quien había tomado bajo su alita de dragóncito a Sehun y le ofreció protección, le dijo una y otra vez que las heridas que había recibido honrosamente como guerrero en la batalla contra la oscuridad lo dejaron con grandes lagunas en su memoria y le hacía difícil distinguir la realidad de los sueños.
Sin embargo, de una sola cosa Sehun estaba totalmente convencido: su amado, su mascota humana de un año, Yuen-Mi-On, había desaparecido, mientras Sehun estaba ausente durante su última batalla. Su recuperación había sido más larga y dura a causa de su roto corazón cuando Yuen-Mi-On no estaba por ninguna parte, ni en los reinos del dragón o en la Tierra.
No había sido capaz de buscar a Yuen-Mi-On por sí mismo. Las leyes de los dragones mantuvieron a Sehun atado a sus reinos, hasta que hubiera sanado por completo. Había solicitado la ayuda de otros ―la mitad de ellos estaban disgustados por tener a un humano de mascota y se mostraron aún más reacios a que finalizara su apareamiento, lo que llevó a Sehun a ocultarlo en su alejada casa sin el conocimiento de los demás― pero se negaron a ayudar a su búsqueda ―y la otra mitad decidió amorosamente que Yuen-Mi-On solo había sido más que un simple vuelo de la fantasía de la mente de Sehun a causa de las heridas sufridas en el campo de batalla.
Solo Baekhyun le creyó a Sehun y prometió encontrar a Yuen-Mi-On, doblando sus esfuerzos en su búsqueda después de que Baekhyun hubiera encontrado una deliciosa mascota humana para sí mismo.
A menudo, Sehun había mirado a los cielos y veía a Baekhyun volando en su forma de dragón, y oraba en que esa noche fuera la noche, cuando Baekhyun traería a su Yuen-Mi-On, de regreso a él.
Y ahora, lo tenía. Sehun estaba seguro de ello. Pobre mascota, parecía haber sufrido mucho en los reinos humanos. Se veía chiquito, delgado, enclenque, sucio de polvo, sudor y hollín. Sin embargo, debajo de los olores del contaminado mundo no-dragón, todavía olía a su amado Yuen-Mi-On….Bueno, Casi.
Bueno, los olores en los humanos cambiaban, sobre todo cuando se exponían al nauseabundo olor de su mundo.
Yuen-Mi-On nunca había apreciado los rituales propios del baño, poniendo mala cara ante la seductora felicidad que venía del aceitado de las escamas y continuaba negándose a finalizar su apareamiento y convertirse en un dragón como Sehun.
Sehun lo olió por segunda vez, profundamente pensativo, y asintió, satisfecho. Debajo de la suciedad, el sudor y los rasgos químicos generalizados a causa del hambre y el sobresalto, estaba seguro que se trataba de su mascota, su amado, su compañero, de lo contrario estaría impregnado de fragancias propias de su atractiva masculinidad, almizclado, picante y sexual.
La polla de Sehun, por tanto tiempo inactiva en ausencia de Yuen-Mi-On, comenzó a subir y llenarse ante el dulce aroma de su humano. Él no había probado ese aroma en su lengua desde antes de la terrible batalla final, en la que cayó presa de las garras de un fuerte dragón renegado que nadie había anticipado.
Pero, ¡oh!, en este lugar, ahogándose en el delicioso olor de su caprichoso amor, el miembro de Sehun se levantó y se hinchó como si fuera un joven otra vez en lugar de un cansado y retirado soldado.
Miró satisfecho a su amor, bebiéndose con los ojos a Yuen-Mi-On. Piernas extendidas ampliamente y arbitrariamente abiertas en su…..¿estaba dormido? Sin duda, no por enfermedad, a pesar de que había decidido tomar una siesta muy rápidamente.
Yuen-Mi-On estaba en los fornidos brazos de Sehun con su cabeza inclinada hacia atrás y sus labios ligeramente entreabiertos. Una mano estaba sobre su pecho, sus dedos tocaban uno de sus pezones color marrón claro. Su aliento se deslizaba dentro y fuera entre los labios con un suave murmullo.
Aliento. Vida. Refutaban los peores temores de Sehun, Yuen-Mi-On estaba a salvo. Vivo Y ahora, estaba en casa.
Sehun cantó dulcemente una melodía dragón a su mascota mientras acomodaba a Yuen-Mi-On suavemente sobre la hierba frente a su casa. La cara de Yuen-Mi-On, finamente modelada, tenía la belleza de un príncipito dragón.
Extendió la mano casi con reverencia. La suave carne humana de Yuen-Mi-On, tan vibrante y viva, le pedía a gritos que la acariciara.
Sehun puso su mano en forma humana en el magro muslo de Yuen-Mi-On y casi lloró. Sintió el calor y la solidez del músculo. Él podía tocar al hombre. Tocarlo, sentirlo, conocerlo...
El pene del hombre descansaba pesado y dormido contra su muslo. Sehun se humedeció los labios. Había pasado un muy, muy largo tiempo desde que había probado a plenitud la deliciosa polla de Yuen-Mi-On con su lengua. Tenía que probar esa delicia. «Sólo un poco de sabor... un poco, un poco de sabor...»
Junmyeon estaba flotando en un estado semi-consciente, atrapado en algún lugar entre la vigilia y el sueño. Los últimos restos de un fantástico sueño colgaban en su mente. Se aferró a ellos, reacio a dejarlos ir.
Había estado tumbado en una barcaza de placer, flotando en un río azul cerúleo. Arrodillado entre sus piernas, un esclavo estaba al servicio de su polla. La caliente humedad rodeando la punta, lamiendo alrededor de la bulbosa cabeza y entre su ranura.
Entonces, felicidad sobre felicidad, la boca le había rodeado, hundiendo su eje, llevándolo tan profundo que chocó contra la parte posterior de la garganta del esclavo...
Se movió, gimió mientras se despertaba completamente. Dios mío, qué sueño. Aún podía sentir la boca tan apretada y caliente en torno a él, y sabía que estaba lleno y duro. «Sueños húmedos», pensó divertido. Sonriendo con pereza, se agachó para acariciarse a sí mismo y se congeló.
Su mano había chocado contra algo. Algo muy sólido. Una persona, de hecho.
―¿Qué demonios? ― Sus ojos se abrieron de par en par. ¿Quién era? Seguramente no Nyas, él se había ido, había “desaparecido en acción".
Una sólida y pesada mano empujó a Junmyeon hacia abajo.
―Cierra los ojos ―una voz no muy familiar retumbó.
«El dragón. Ya recuerdo. El dragón que parece ser el doble de Nyas». ―¿Qué estás haciendo? ―Junmyeon respiró, cerrando los ojos —no era lo suficientemente estúpido como para desobedecer a una criatura tan grande y poderosa como un dragón en su propia guarida, gracias.
—Amándote —el dragón —Sehun, Junmyeon recordó— gruñó.
Sus agiles dedos se trasladaron hasta el muslo de Junmyeon, frotando pequeños círculos. Junmyeon podía sentir los cortos vellos de su pierna siendo enganchados en la punta de los ásperos dedos del dragón mientras se movían hacia su ingle.
—¿Amándome? ¿Por qué? —Junmyeon preguntó, tratando de no entrar en pánico ante la proximidad de la boca del dragón en su polla.
El dragón se quedó en silencio, por lo que no hubo respuesta. Pero en medio de ese silencio, la caliente boca bajó sobre la cabeza de la polla de Junmyeon por segunda vez. Una lengua que Junmyeon apostaría hasta su último centavo era bífida y sibilante, lamía la longitud de su eje. A pesar de su incertidumbre, gimió ante el placer.
―Oh, Dios. Mmmmmmh….
Eso pareció animar al dragón. Se movió hacia abajo, chupándolo como si fuera el mejor de los dulces. ¡Y la forma en que utilizaba su lengua! Junmyeon gimió, dejando caer la cabeza hacia atrás. ¡Oh, joder, joder, joder! Podría ser la cosa más extraña que le había sucedido, pero era la mejor, también. La boca del dragón sabía moverse mejor que cualquiera otra que jamás hubiera encontrado.
Él se echó hacia atrás, arqueando la espalda mientras la boca lo tragaba más profundamente. ―Vas a hacer que me corra ―le avisó con fuerza―. ¿Me quieres? ¿Vas a tomarlo todo?
Músculos se contrajeron alrededor de su pene mientras el dragón lo tragaba. Junmyeon dejó escapar un grito agudo, y empujó sus caderas hacia delante. Habría ahogado a un hombre ordinario, pero el dragón trabajaba con un poco de magia misteriosa y simplemente aceptó la intrusión. Bebió a Junmyeon hasta la última gota, tarareando feliz todo el tiempo, y luego pasó la lengua limpiando la ablandada polla, con un suspiro de satisfacción.
Jadeando, Junmyeon se levantó. ―¿Quién eres tú? ―preguntó, sabiendo que sonaba un poco loco―. ¿Qué quiere de mí un dragón?
El doble de Nyas le sonrió a Junmyeon, lamiendo pulcramente las gotas perdidas de su corrida. ―Sabes quién soy, amor. Soy Sehun. ¡Bienvenido a casa!
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Sehun no parecía ser del tipo que se la pasaba cuestionando todo acerca de la vida, el universo y cualquier otra cosa.
Levantó a Junmyeon en el aire y lo hizo girar, sujetándolo con cuidado para evitar que se cayera. Junmyeon habría farfullado una buena selección de palabras realmente mal sonantes, si el aire no hubiera sido prácticamente eliminado de dentro de él.
A continuación, Sehun haciendo una pausa en sus giros presionó un caliente y hambriento beso en la boca de Junmyeon. Entonces, Junmyeon se derritió como recordaba que lo hacía la mantequilla. O sí, pegajosa papilla. Un charco en los fuertes brazos en un instante, mientras la lengua de Sehun ―Junmyeon vio que era bífida― se arrastró a lo largo de su labio inferior y luego se precipitó en el interior.
Junmyeon volvió en sí, y rápido. No le importaba si se trataba de un sueño, o si Sehun-el-loco-dragón lo había secuestrado y lo mantendría allí por la fuerza del dragón. Lo único que le importaba era la dureza y la pasión del beso de Sehun.
Movió sus brazos libres, los deslizó hacia arriba, y los envolvió alrededor del cuello de Sehun. Arqueándose en el abrazo, le devolvió el beso, deslizando su propia lengua entrando al juego.
Sehun sabía a romero, salvia, y a sabrosos tomates ―lo que demostraba que había probado lo que estaba en su olla.
Junmyeon sabía que probablemente su sabor debió haber sido desagradable para Sehun, pero por la forma en que Sehun lo seguía besando como si no quisiera parar, no debió haberle importado.
Finalmente, demasiado pronto, Sehun lo soltó. Junmyeon se deslizó por su cuerpo, y se quedó mirando al hombre más grande.
Solo entonces se dio cuenta que Sehun era más alto que Nyas.
Sobrepasaba a Junmyeon por quince o diecisiete centímetros ―en altura, pensó, no en el tamaño de su polla. Eso hubiera sido aterrador. Sehun tenía demasiado para satisfacer a un hombre en el departamento de pollas también, aunque si la memoria no le fallaba Sehun la tenía más grande que Nyas, y eso que Nyas no se le quedaba atrás.
Sehun contempló a Junmyeon, levantando su mano para tocar la mejilla de Junmyeon, acariciándolo con la palma de su mano. Sus ojos brillaban con cosas que Junmyeon sólo podía adivinar y se preguntó si era orgullo, asombro, alivio, y ¿amor?
―No vuelvas a hacerme algo así otra vez ―dijo con voz ronca Sehun―. Prométeme que no te volverás a escapar.
Junmyeon parpadeó en estado de shock. ―¿Yo? ¿Yo escapé? ―rezongó―. Espera un minuto, Sehun. No tengo la menor idea de lo que estás hablando. Yo…
Sehun lo interrumpió con otro profundo y ardiente beso.
Después de un momento, Junmyeon decidió: «al diablo con exigirle una explicación». En ese momento, él quería un poco más de esa boca y lengua.
Mucho más.
Y después, quería un poco de guiso.
Y si el beso prometía lo que él creía, así como la impresionantemente larga y dura verga de Sehun intentando hacer un agujero a través de su cadera, Junmyeon se proponía utilizar la energía de los alimentos para ponerse a trabajar en ser follado por un extraño hombre alto, oscuro y guapo.
Era un sueño, después de todo. Podía hacer lo que quisiera en un sueño.
La cabeza de Junmyeon giraba por el vertiginoso placer, mientras Sehun le daba un beso bajo las estrellas, en el cálido resplandor de la amarilla luz, en las escalinatas de un templo que era también un hogar. No podía conseguir que fuera más raro, pero bueno, no podía ser mejor, tampoco.
Por desgracia, la suerte no podía ocultar la verdad y al seguir adelante chocó contra un obstáculo casi de inmediato, en el instante en que Sehun dejó de besarlo, bajó la vista hacia Junmyeon-papilla en sus brazos y comenzó a hacer preguntas incómodas.
―¿Dónde has estado? ¿Por qué me dejaste? Sabías cuánto te necesitaba. Te lo dije cada noche. ―Una grande y fuerte mano se deslizó a frotar círculos en la parte inferior del vientre de Junmyeon―. Todas las noches ―respiró Sehun en su oído.
El cuerpo de Junmyeon se derritió otro grado. Varios, de hecho. Su mente, sin embargo, maldita sea, corría. ¿Qué quería decir Sehun con que Junmyeon había huido? Nunca lo había conocido anteriormente, hasta donde Junmyeon sabía.
A menos que... a menos que Sehun estuviera confundido.
Junmyeon se inclinó hacia atrás, estudiando el rostro de Sehun. Sus cicatrices eran mucho más pronunciadas que las de Nyas, una era particularmente desagradable, recientemente curada, venía desde algún lugar de su cuero cabelludo, pasando hacia abajo sobre su sien y curvándose hasta debajo de su mandíbula. Alguien había tratado de matarlo con un infierno de golpe en la cabeza.
Un golpe como ese podría desorientar a un hombre. O a un dragón. Había pensado antes que se parecía a alguien que Sehun había amado y perdido, pero ahora se dio cuenta que debió haber sido igual a él.
El otro dragón ―¿Baekhyun?― probablemente había ido en
busca del compañero desaparecido de Sehun y confundió a Junmyeon con Yuen-Mi-On. Vaya, hasta los nombres eran similares. Había sacado a Junmyeon del mundo humano que se había ido al infierno, y lo trajo a algún lugar. Aquí.
Con un suspiro de pesar, Junmyeon se obligó a enfrentar la certeza de que en realidad no estaba soñando, ¿no es así? Todo parecía muy real, todos sus sentidos estaban demasiado comprometidos para un vuelo de fantasía o incluso una alucinación. Había tenido ambas, y sabía la diferencia entre fantasía y realidad, aceptó la realidad en el último momento. Dondequiera que él hubiera ido a parar.
Era real.
Una vez que Junmyeon había aceptado la realidad de este lugar, tuvo que pasar a la del hombre ―dragón― el hombre todavía lo sostenía como si nunca, nunca fuera a dejarlo ir.
¿Cómo podría haber escapado el doble de Junmyeon?
La palabra "escapó", se repitió girando junto con la verdad en la cabeza de Junmyeon. Apostaría hasta el último hilo con que había cosido su último botón, de que tan pronto como esas desagradables heridas que dejaron esas profundas cicatrices en Sehun fuera de combate, el doble de Junmyeon se había escapado.
Normalmente, Junmyeon habría comprendido que alguien tratara de escapar a los dragones. Joder, lo habría ayudado.
Ahora, sin embargo, se encontró molesto.
¿Quién iba a dejar a alguien que, obviamente, lo amaba tanto y le prodigaba con entusiasmo tanto placer, dragón o no? ¿Yuen-Mi-On estaba loco?
―Ni una palabra ―dijo Sehun, a pesar de que Junmyeon aún no había abierto la boca por segunda vez―. Ven adentro. Ven. Estás sucio, debes estar agotado, y oh, estás tan delgado. Baño o comida... baño o comida...
El estómago de Junmyeon expresó su opinión con un fuerte y desagradable gruñido. Podría haberse puesto rojo de la humillación, pero Sehun se limitó a reír. ―La comida será primero, entonces. Ven conmigo, amor. Todavía tengo tu plato favorito, y uno de los vasos de arcilla que siempre te han gustado. Algo del té que los dos disfrutamos. Te daré de comer hasta que explotes o estés lo suficientemente cerca.
El brillo de la sonrisa de Sehun y la promesa de una barriga llena fueron suficientes para influir un mejor juicio en Junmyeon. La completa erección del dragón, que seguía ansiosamente rígida y aun empujando en él, no hizo mucho para disuadir a Junmyeon, tampoco.
―Me encantaría eso. Muchas gracias.
―Ah, Yuen-Mi-On. ―Sehun le acarició la mejilla con la punta de su dedo pulgar―. No me avergüences con agradecimientos. ¿Podemos simplemente dejar esta desagradable separación atrás, cada solitario momento de ella? Te prometo que no volveré a preguntar por qué te fuiste o a dónde fuiste, o incluso lo que te hizo volver, pero regocijémonos y alegrémonos más allá de las palabras, porque regresaste. Le pedí a las estrellas cada noche, quemando incienso hasta que se llenara mi santuario con el humo. ¿Y ya ves? El poder de mi anhelo ha dado sus frutos. Volviste a mí. Estás aquí y eres mío otra vez. —Enredó la mano libre en el cabello de Junmyeon. ―Pero podría estar diciéndote mentiras. Yuen-Mi-On, amor... según los cálculos de mi amigo Baekhyun, has estado ausente durante casi un año humano completo. Un año, casi un año del día en que desapareciste durante mi última batalla y me dejaste sin una palabra.
La mente de Junmyeon giró, buscando alguna manera de responder a eso. ―Yo… ―No podía pensar en nada.
Por suerte, Sehun ya había traspasado la barrera del auto recriminación. ―Suficiente. Te lo prometí, y voy a hacer mi mejor esfuerzo para cumplir con esa promesa. Sólo... se me olvidará, de vez en cuando, o al menos eso es lo que ellos y Baekhyun me han dicho. Pero nunca he olvidado tu rostro, oh amor, ni he dejado de anhelar ni una sola vez el volver a verte. ―Sehun soltó la cabeza de Junmyeon, sólo para deslizar las manos por los antebrazos de Junmyeon y apretarlos ligeramente―. Nunca te dejaré ir otra vez, Yuen-Mi-On. Lo juro por todas las leyes del dragón, mantendré mis palabras hasta más allá de la muerte misma. —
Con eso, Sehun besó a Junmyeon por tercera vez, era como si él no pudiera contenerse. Junmyeon consideró ―brevemente― entrar en pánico, lucha, o decirle a Sehun la verdad.
Decidió contra todo lo anterior sin pensarlo dos veces. ¿Qué daño haría darle al canoso viejo dragón un poco de consuelo? ¿No era ese Yuen-Mi-On, no, pero... qué más daba? Junmyeon no se veía escapando de las tierras del dragón, y Sehun claramente necesitaba que alguien cuidara de él.
¿Por qué no debería ser Junmyeon? ¿A quién le importaba si era una locura? Era bueno, y podría hacer que ambos fueran felices.
Y eso era lo único que importaba. Junmyeon juró en ese mismo momento su propio juramento: iba a disfrutar de su tiempo con Sehun mientras éste durara, aunque fuera apenas durante una comida y una jodida, o incluso si se prolongaba durante el resto de su vida.
―Has vuelto ―le susurró Sehun mientras rompía el beso y acunó a Junmyeon contra su cuerpo, acariciándolo y pareciendo olvidar su juramento nuevamente―. ¿Dónde estabas?
Junmyeon eligió la respuesta más simple. Cerró los ojos y aspiró el aroma picante y exótico del dragón cuando él dijo: ―No importa.
―Pero todavía me amas ―dijo Sehun, sonando tranquilo y reconfortado―. Me amas, ¿verdad?
―Amar ―repitió Junmyeon. «Me habría mantenido fiel a Nyas por el resto de mi vida, pero...¿ podría amar a Sehun? Creo que podría».
―¿Yuen-Mi-On? ―Sehun requirió.
―Soñé contigo ―contestó Junmyeon, eligiendo cuidadosamente sus palabras―. Siempre te quise. «A un hombre como tú, que podría haber sido Nyas. Un hombre que me amara, cuidara de mí, cubriera mis espaldas y me llevara a casa». Pensaba en ti todo el día, todos los días, y cada noche, también. Te echo de menos y quiero sentirte contra mí de nuevo.
Sehun le besó la parte superior de la cabeza. ―Pero ahora estás aquí ―dijo, sólo lo suficientemente fuerte como para ser escuchado―. No deseo apartarme de ti de ninguna manera. ¿Y tú?
―No ―dijo Junmyeon, empujando las caderas hacia arriba. Podía sentir la larga y dura longitud de la polla de Sehun presionando en el hueco entre sus muslos. Su propio miembro estaba tan hinchado de sangre que estaba fuertemente contra su estómago, resbaladizo y pegajoso―. Jódeme, Sehun. Quiero tener tu verga dentro de mí.
―Sí, sí, Yuen-Mi-On. Puedo complacerte. Puedo aprender lo que he olvidado. Puedo tocarte. Sentirte. Como puedes sentirme tú, sientes esto...
Sehun movió sus caderas, presionando hacia abajo. Su polla patinó sobre el vientre de Junmyeon, la fricción y la presión era deliciosa.
―¡Oh! ―Junmyeon gimió―. Tienes que hacerlo de nuevo. Tan bueno.
―Todo lo que desees es tuyo ―prometió Sehun―. Aquí, tenemos que quitar éstos. ―Tiró con impaciencia los desgastados jeans de Junmyeon y su camiseta y los hizo jirones. Junmyeon, era más que feliz de verlos por última vez, ya que tenía la sensación de que no iba a necesitar mucha ropa por aquí, en ese caso ayudó a la eliminación de los harapos y los desechó sin siquiera mirarlos.
―Mucho, mucho mejor ―respiró Sehun, codiciosamente mirando a Junmyeon.
Junmyeon levantó la barbilla, muy satisfecho consigo mismo.
Puede que fuera delgado, pero tenía definición muscular, y pareció complacer a su dragón. ¿Su? Sí. «Sehun es mío ahora», Junmyeon decidió.
―Ven y consíguelo ―lo invitó con toda la seducción que pudo reunir, deliberadamente irónico, pero no tan cruel. No le importaba que hubiese sonado como a esa especie de campana llamando para la cena.
Sehun le tomó la palabra a Junmyeon, apoderándose de él y juntando sus cuerpos desnudos. Se empujó de nuevo, resbaloso y duro contra Junmyeon. Su boca descendió sobre los pezones de Junmyeon, mordiéndolos, aliviándolos luego con su caliente lengua.
Junmyeon gimió y se empujó hacia arriba contra el placentero castigo. ―Más ―exigió.
―Sí ―murmuró Sehun―. ¡Oh, sí! ―Tomó en un puño la polla de Junmyeon brevemente, luego sacó la mano de Junmyeon cubriendo con ella su propio eje.
Junmyeon captó la idea y se puso en acción de inmediato, bombeando al mismo tiempo con Sehun, empujando sus falos erectos uno contra el otro.
Junmyeon se agarró a la espalda de Sehun, sus dedos escarbando con fuerza. Podía sentir el resbaladizo sudor en su piel, sentir la fina textura de la carne humana de Sehun, y habría jurado que podía escuchar las alas del dragón batiéndose. Querido Dios, las cosas que le hacía sentir Sehun...
―Me corro ―jadeó Junmyeon―. Se siente tan bien. Voy a correrme, Sehun. Estoy casi allí
―Y yo tan cerca. Córrete conmigo, Yuen-Mi-On. ―Sehun bombeó más fuerte, pasando el pulgar a través de las gordas cabezas de sus pollas, mezclando su pre-semen―. ¡Grita mi nombre, para que las estrellas te escuchen!
―¡Sehun! Joder, ¡Sehun! ―Junmyeon gritó mientras follaba el puño de Sehun.
El orgasmo se inició en la base de su espina dorsal, desenroscándose como una cobra, y arrasando a través de él. Su pene se sacudió en espasmos, y disparó chorros gruesos y viscosos de semen, salpicando su vientre completamente hasta sus pezones. Un aullido sin palabras de Sehun indicó la liberación del dragón, su caliente semilla se mezcló con la de Junmyeon en un lío maravilloso.
―Amor ―susurró Sehun. Envolvió con sus brazos a Junmyeon y lo mantuvo lo suficientemente cerca para que Junmyeon solo pudiera ver y oler al dragón y a Junmyeon le encantó―. Mi amor.
―Tuyo. ―Junmyeon le devolvió el favor, aferrándose firmemente a Sehun―. No volveré a irme de nuevo, si puedo evitarlo. Te lo prometo.
Sehun apretó con tanta fuerza a Junmyeon que éste casi chilla. ―¿Entonces lo vas a hacer? ―exclamó con alegría―. ¿Te enlazarás conmigo, y vivirás a mi lado para siempre?
«Sí. Yuen-Mi-On fue un maldito tonto para huir de esto», Junmyeon decidió―. Sí. Lo haré.
―Sólo puedo ofrecerte a mí mismo ―vaciló Sehun.
¡Sólo! Junmyeon apenas si pudo detener las carcajadas.
Sehun, comida y sexo. Las tres cosas que había anhelado después de lo que le pareció una eternidad. Ah, y la promesa de un baño. Él apostaría que Sehun le haría tomar un verdadero baño, también, uno con agua caliente, buen y espumoso jabón, y un paño limpio para lavarse. ¡Como si pudiera rechazar cualquiera de las anteriores!
Si ese imbécil de Yuen-Mi-On algún día regresara, lo que Junmyeon dudaba seriamente que hiciera, Junmyeon fijaría su posición y lucharía a muerte or su dragón. Hasta entonces, pensaba simplemente en disfrutar de este extraño milagro por el tiempo que pudiera. Este extraño golpe de suerte lo llevaría por el resto de su vida cuando terminara.
Porque él sabía que, aun cuando Sehun medio lo arrastró a través del umbral llevándolo a "su casa”, las cosas buenas no duraban mucho. Solo se debían tomar cuando llegaran, saborearlas y luego usar sus memorias para mantener el calor cuando el clima se volviera frío otra vez.
Eso sería mejor que cualquier hoguera para decirle adiós al pasado y señalar un nuevo comienzo.
La conjetura de Junmyeon en medio de este salvaje y loco sueño había sido correcta. Sehun preparó un baño de verdad para él ―y aún mejor, después de ver a la luz del farol cuán sucio en realidad estaba Junmyeon, había descubierto una manera de combinar el baño con la comida para atender las dos necesidades al mismo tiempo.
Para sorpresa y placer de Junmyeon, Sehun tenía una bañera de verdad, probablemente rescatada de una antigua lujosa casa en medio de los escombros de las tierras de los humanos. Se sostenía sobre cuatro patas con garras que Junmyeon decidió que eran de dragón en vez de león, y aunque no había agua corriente, Sehun silbaba mientras trabajaba transportando el agua en una cubeta desde un manantial que dijo que estaba detrás de su casa. Nuestro hogar. Junmyeon no lo sentía como propio ya que no había visto este lugar antes, entonces simplemente asintió, sonrió y aceptó su buena fortuna.
Calentar el agua no debía ser un mayor reto para un dragón, aunque la falta de un espectacular fuego sorprendió a Junmyeon. Sehun simplemente se arrodilló junto a la bañera de porcelana por un momento, sumergiendo las manos en el agua. Cuando el vapor comenzó suavemente a ascender se puso de pie y le indicó que el baño estaba caliente con una mirada de orgullo tal que Junmyeon se preguntó una vez más lo inmensamente imbécil que Yuen-Mi-On tenía que ser para haber abandonado a Sehun.
Después de escoltar a Junmyeon hasta la bañera, Sehun prometió que tan pronto como se hubiera tallado una o dos veces le traería un plato de estofado. Junmyeon murmuró un asentimiento, no queriendo pensar en la comida por el momento, no importa cuán vacío estuviera su estómago. Estaba más interesado en ver cómo Sehun trabajaba.
Admirando la forma como sus voluminosos hombros y musculosos brazos se movían cuando se ubicó de espaldas a Junmyeon, dándole una gran vista de su fantástico culo, mientras que hurgaba en un armario por lo que resultó ser una botella de aceite. Aceites para el baño, no importaba cuán raros y preciosos fueran, eran demasiado femeninos para el gusto de Junmyeon, pero cuando Sehun vertió un poco en la espumosa y caliente agua sintió un suave perfume masculino.
―Esto te ayudará a abrirte ―dijo Sehun, lleno de orgullo, completamente ajeno a la instantánea asociación que hizo la mente de Junmyeon con las tijeras que abren a un hombre cuando se prepara para el sexo.
Junmyeon se cubrió la boca con una mano para ocultar su sonrisa. No creía que Sehun hubiera tratado de hacer una broma de mal gusto, pero no quería herir los sentimientos del dragón.
Sin embargo, parecía como si hubiera fallado por completo en ocultar su diversión, o tal vez había algo de verdad en las historias acerca de que los dragones eran capaces de leer las emociones humanas.
Sehun se echó a reír. ―Más tarde ―rugió él, pasando su mano libre por el cabello de Junmyeon.
Junmyeon se empujó hacia arriba en el toque, saboreando el suave contacto. ¡Su Sehun era un dragón tan táctil! Él, obviamente, disfrutaba tocar a Junmyeon y encontraba pretextos para acariciarlo, pasando una mano por su brazo, acunando su mejilla, o pasando sus dedos por entre su cabello, independientemente de estar tan sucio.
Junmyeon amó cada momento de eso, y fue para mejor. Una vez que Junmyeon se metió a la perfecta agua, justo lo suficientemente caliente para limpiar su piel, pero no lo suficientemente caliente como para quemarla, Sehun insistió en bañar a Junmyeon con sus propias manos.
A pesar de todo, desesperadamente se negó a prestarle atención a la renovada erección de Junmyeon. Persistiendo en limpiar minuciosa y suavemente a Junmyeon, en la forma cuidadosa en que una pantera trataría de manejar un resbaladizo pez.
Sehun se inclinó y besó la lubricada punta de la polla de Junmyeon, riendo cuando saltó y se estremeció. ―Más tarde ―prometió de nuevo con su profunda, oscura y rica voz como el legendario café―. Eso te lo prometo. Ahora, déjame continuar, para que pueda ver lo mucho que has cambiado, y lo mucho que no, debajo de esa capa de mugre.
Junmyeon hizo una mueca cariñosa, exasperado por Sehun y dejó que el dragón hiciera su trabajo. Haciendo su persistente necesidad de ser follado a un lado, Junmyeon reconoció el valor inestimable de un baño caliente ―y, mientras estaba en el agua, la comida que le había prometido Sehun, se materializó en la forma de un inmenso tazón, lleno hasta el borde con guiso caliente, lleno de carne, granos y salsa.
Una vez terminó, casi desgonzado se recostó en la bañera, apoyándose contra la parte posterior de la misma. Su estómago estaba hinchado con el festín que había comido. No se vería muy atractivo, podría apostarlo, pero Dios, estaba lleno por primera vez en meses. Repleto de comida caliente, picante, carne y granos salados y con espesa salsa.
Completamente lleno, limpio, sumergido en caliente y limpia agua, siendo atendido como un príncipito por un dragón que se parecía, en su forma humana, casi exactamente al hombre que Junmyeon hubiera amado si hubieran tenido una oportunidad en la Tierra.
Todavía se preguntaba, de vez en cuando, si esto era un sueño, ya que era demasiado bueno para ser verdad. Debido en gran parte al cinismo aprendido por Junmyeon durante su vida aun no podía creer su suerte. ¿Quién habría pensado que un dragón podría tener esta naturaleza?
Sehun, que por lo que podía decir Junmyeon se confundía fácilmente, aun así era obstinado, una vez que tenía una idea fija en su mente, era... maravilloso. Del tipo, que no se dejaba influenciar tan fácilmente. Gruñendo por encima de Junmyeon insistió en que él tomara un bocado más, haciendo que se sentara con la espalda recta, lavándolo detrás de las orejas, todo el tiempo frotándolo con suaves movimientos circulares, con el jabonoso paño en sus manos.
Mientras Junmyeon reflexionaba acerca de todo eso, Sehun se inclinó en el otro extremo de la bañera, lavando los pies de Junmyeon.
Para Junmyeon eso le resultó casi embarazoso, pero por otro lado, más que un poco caliente. Sehun enjabonaba y enjuagaba cada dedo del pie como si fuera un pequeño pene, dolorido por atención. Eso hizo a su verdadera polla levantarse y tomar nota ―y sabía que Sehun también lo sabía. El brillo en sus ojos y su desvergonzada sonrisa le contó toda la historia.
Una pregunta un poco difícil, pero Junmyeon decidió probarlo. ―¿En qué año estamos, Sehun?
Sehun levantó una ceja. ―8615 de la dinastía de Kwan. Un año después de que te fuiste.
«Uh-huh... 8615. ¿Dinastía Kwan? Definitivamente esto no es Xandria, y definitivamente esto no es un sueño».
Junmyeon había tenido visiones en las noches de comida y sexo, pero no incluía cosas casi dolorosas como el estar demasiado lleno, su oscura e hinchada polla palpitante como un tambor, el olor de la madera de sándalo, y la visión de Sehun mirándolo como si no sólo fuera la mejor cosa del mundo, sino también que le pertenecía a Sehun. Incluso en sus sueños, Junmyeon siempre lo había estado persiguiendo, pero nunca logró atraparlo realmente.
Cuando Sehun levantó su otro pie, Junmyeon le preguntó, perezosamente curioso ―¿Cuánto te acuerdas de mí antes de que nos separáramos?
―¿Qué? ―Sehun frunció el ceño.
―Me preguntaba por qué me habré ido si…
«Si esto es el paraíso», era lo que Junmyeon había querido decir.
Pero no tuvo oportunidad de terminar su declaración, porque después de escuchar la primera parte de la misma, Sehun dejó caer su pie salpicando agua caliente y levantándose en posición vertical, soltando un ensordecedor rugido de dragón.
«Metí la pata. Debería haberlo sabido mejor, y ahora he lanzado todo de repente por el agua».
Junmyeon se encogió hacia atrás, mientras Sehun lo fulminaba con la mirada. ―No encuentro eso gracioso ―gruñó―. ¿Cómo puedes hacer esas bromas? ¿Crees que no me acuerdo de lo último que dijiste acerca de este lugar, cuando nos mudamos aquí?
Junmyeon trató de hacerse una bola con más fuerza. Táctica de supervivencia callejera. Si estás a punto de ganarte una paliza, mejor dejar lo menos de uno mismo al descubierto para que puedan golpear. Por supuesto, cualquier intento de autodefensa que hiciera iba a ser bastante ridículo al estar sumergido hasta el cuello en una bañera llena de agua perfumada, desnudo ―frente a un dragón―, pero tenía que hacer al menos el esfuerzo.
Sin embargo, cuando Sehun comenzó a pasearse por un lado de la bañera, su actitud cambió, pasando de enojado a perturbado, templado por la confusión y ―¿miedo?
Junmyeon se sentó en posición vertical, con el ceño fruncido a su amante dragón. ―¿Sehun? ¿Qué pasa?
Sehun negó con la cabeza. Parches plateados y azules comenzaron a aparecer en su piel, Junmyeon casi estaba horrorizado cuando se dio cuenta que eran escamas de dragón. Sehun había llegado a estar tan abrumado con tanta rapidez que había comenzado a perder el control de su forma humana.
―Sehun ―Junmyeon trató de calmarlo, intentando hablar con él―. Todo está bien…
―¡No! ―Sehun lo interrumpió. Su expresión era horrible.
Como si acabara de ver algo que ningún hombre o bestia debería ver nunca, o recordar el peor recuerdo que alguna vez intentó reprimir... oh.
«¡Oh, mierda!»
―Me dejaste ―retumbó Sehun, verdaderamente angustiado, terriblemente como dragón y desgarradoramente como un hombre de su tamaño―. Hace un año según el calendario. Recuerdo... que no querías estar aquí. No escuchaste el canto de los árboles, el río, las rocas. Dijiste que era esto lo que querías cuando te saqué de la Tierra, fuiste tú quien me rogó por un lugar para vivir en libertad... pero no te gustó quedarte aquí solo, y traté por todos los medios. Eras todo lo que quería y no podía hacer lo correcto. Los señores dragónes se reían de mí porque pensaban que eras el regalo que se me dio como pago por honrar sus nombres. Alguien a quien amar, y que me amaría.
«Espera ―¿eh? ¿Eso es muy importante para un dragón? Bueno, supongo que por lo que he visto, sí. Sehun debió haber sido un enorme blandengue incluso antes de que él estuviera en esa terrible última batalla. Dios, pobrecito».
Junmyeon trató de ordenar sus pensamientos rápidamente. ¿Cómo podía tranquilizar a Sehun sin ponerlo aún más fuera de sí cuando él no sabía lo que específicamente esa puta rata de Yuen-Mi-On le había hecho atravesar, en primer lugar?
―Lo siento ―eligió a decir―. Fui un idiota.
El enorme puño de Sehun cayó sobre un estante, haciendo traquear la cosa casi fuera de sus amarras―. Despreciaste mi afecto y te burlaste de mi protección.
«¡Uh-ho!» ―No ahora ―dijo Junmyeon con firmeza―. No volveré a ser tan estúpido de nuevo.
―Ya me dijiste eso antes ―murmuró Sehun―. Cuántas veces te dije cuán malo sería que fueras de nuevo a la Tierra, con qué frecuencia intenté mostrarle lo bien que se está aquí, lo afortunado que eras… —
Se obligó a parar, mirando a Junmyeon de forma aterradora de nuevo, la ira por la traición era como una nube de tornado. ―¿Y tú? No te importó para nada mi amor. Lo tiraste por la borda en todas las oportunidades que tuviste. Te quejabas incesantemente, y me decías que habías pensado que podrías disfrutar de la vida de un rey en las tierras del dragón y que te había engañado con mis promesas de riqueza. Una vida como esta es un tesoro, pero no lo entendiste. Te salvé de la miseria del mundo de los humanos y me lanzaste a mi cara mi ayuda y mi amor, y me abandonaste. ―«¡Bang!» fue el puño de Sehun, chocando contra la pared―. ¡Te fuiste! Al igual que el viento, una noche estabas aquí y al día siguiente te habías ido.
»¿Sabes cuánto he llorado por ti? Otros dragones, los que realmente creían que existías, y que no fuiste un invento de mi confuso cerebro…
―Sehun, no. ―Junmyeon podía soportar muchas cosas, pero en un latido del corazón decidió que él nunca podría soportar a Sehun haciendo referencia o pensara de sí mismo como roto o menos. Así que él se confundía. ¿Y qué?
Sehun no escuchó. ―Los dragones que había llamado amigos se rieron y me dijeron que era un tonto, que después de tu huida al mundo humano sería un enorme cornudo, que tú estarías de acuerdo en tomarlos y con eso habrías roto cualquier voto más allá de la reparación. Pero yo seguí buscándote. Te quería tanto. Sólo quería que volvieras a casa a salvo, donde pudiera cuidar de ti. Nunca supiste cómo protegerte, y saliste corriendo a la gran ciudad.— «¡Bang!» —¿Por qué, Yuen-Mi-On? ¿Qué era tan malo en este lugar que tuviste que huir? ¿Por qué no puedes aceptar la paz por una vez? ¿Por qué no me aceptas como soy
Todos los nervios en el cuerpo de Junmyeon se sacudieron, pero él sabía lo que tenía que hacer. Su instinto, de nuevo. El tipo de instinto que había conseguido que le patearan el culo un par de veces, sin duda, pero muy a menudo lo llevaba a lo correcto. Se puso de pie, el agua caía por él en riachuelos, goteando de vuelta a la bañera. Su erección se había marchitado principalmente a causa de todo lo que Sehun había despotricado, pero aun así siguió siendo obvia, al igual que evidente, su necesidad por el dragón.
Cayó de rodillas ante Sehun, esta no era la verdad, pero era lo que necesitaba oír Sehun.
―Volví ―dijo Junmyeon―. Me necesitabas tanto. Y yo-yo te necesito. El dragón rosa, Baekhyun, probablemente sintió nuestra conexión alojada en mí. ¿No crees? ―Él salió con determinación de la bañera, con cuidado de no resbalar, y se enfrentó a Sehun―. No podía seguir lejos de ti. Esta es la verdad. Creo que tú y yo nos pertenecemos.
―Verdad―. Estoy aquí para quedarme. ―Verdad.— Si Yuen-Mi-On alguna vez volviera, él tendría un infierno de lucha por el dragón en sus manos―. No me iré a ninguna parte.
Sehun lo miró fijamente, blanco como la sal del mar al aire libre, debajo de su tan oscuro exterior, y luego le tendió una mano. Agarró a Junmyeon entrelazando sus dedos, tiró de él más cerca, sin importarle que estuviera mojado. Su cuerpo contra el cuerpo de Sehun, pecho contra pecho, ingle contra ingle, Junmyeon no pudo evitar que su polla se llenara de nuevo, presionado contra Sehun, justo donde Junmyeon ahora creía firmemente que pertenecía.
Sintiendo la esencia de las cosas, Sehun sentiría igual en su corazón. Su polla dura y gruesa se presionó contra la desnuda pierna de Junmyeon. A pesar de estar empapado de agua de la bañera, Junmyeon podía sentir la mancha húmeda del líquido pre-seminal entre ellos. Pegajoso, transparente, salado y dulce. Dolía por probarlo.
Bueno, ¿por qué diablos no? Llevó su mano libre por entre ellos, envolviendo brevemente las dos pollas y llevó sus dedos hacia su boca, brillantes con los líquidos translúcidos de su excitación masculina. Los chupó, mirando a los ojos a Sehun, haciendo una especie de divertido acto sexual-gatuno del cual había sentido curiosidad alguna vez y que siempre quiso tener las bolas para probar. Demostrándole a Sehun que estaba allí, preparado, listo y dispuesto.
Diciéndole a Sehun sin palabras: «te quiero como tú me quieres. Tómame. Jódeme. Hazlo. Por favor».
Sehun gimió y se estremeció, sus manos bajaron por los antebrazos de Junmyeon apretándolos con fuerza. Gruñó, casi como un dragón. ―No permitiré que vuelvas a jugar conmigo ―advirtió―. Si quisiste decir lo que acabas de decir, Yuen-Mi-On, más vale que sea de verdad, y para siempre. La próxima vez no te perdonaré tan fácil. ¿Me entiendes?
Junmyeon levantó la mirada hacia Sehun, dejando que sus ojos hablaran por él. Dejando que en ellos se reflejara todo el amor y el deseo que había sentido por Sehun por su propia voluntad.
―Te entiendo perfectamente ―dijo, poniéndose de puntillas.
Sehun gimió. ―¿Me lo juras?
―Lo juro. ―Junmyeon rozó los labios contra los de Sehun. Ligero como un ala de mariposa, una promesa mucho más que solo un símbolo de pasión. Un toque que reafirmó juramentos alguna vez rotos, los que nunca serían, pero que ahora podían hacer realidad ―siempre y cuando se lo permitiera.
Sehun dejó escapar otro bajo sonido donde la pasión y el dolor se mezclaban, y luego, de un solo golpe, levantó a Junmyeon y lo lanzó por encima del hombro. Una cálida y callosa mano ahuecó la mejilla del culo de Junmyeon cuando Sehun comenzó a caminar con pasos decididos, lo más rápido que podía ir.
Dentro de su dormitorio.
Si hubiera podido, y pensara que Sehun lo entendería, Junmyeon habría levantado su puño en el aire y gritaría de alegría.
Pero entonces, por otro lado, tragó nerviosamente cuando un inoportuno pensamiento lo golpeó, ¿qué exactamente haría Sehun si encontraba alguna diferencia entre ellos?, ¿y si descubría que Junmyeon no era aquél a quien había amado y que lo había abandonado?, ¿y si?-¿y sí?-¿y si?
Demasiado tarde. Sehun arrojó a Junmyeon sobre la cama, y con un salvaje gruñido, cayó sobre él, comiéndoselo vivo, comenzando con un beso...
¡Oh, Dios! Su beso. El beso de Sehun.
La polla de Junmyeon latía. Un charco pegajoso de pre-semen manchaba su estómago, donde su pulsante necesidad palmeaba contra su estómago. Ardía por más. Podía oler su almizcle en el aire «Dios, lo que debía ser para Sehun, con sus sentidos más agudos» y el olor lo puso aún más caliente.
Arqueó su espalda y empujó sus caderas en el aire, esperando que el delicioso olor tentara a Sehun más allá de la razón. ¿Cómo un dragón hacía el amor? ¿Sehun se tomaría su tiempo, tal vez besando cada centímetro de su desnuda piel antes de tomar el rígido pene de Junmyeon en su boca y chuparlo? ¿Lo haría a toda prisa, enredados en la cama en un frenesí de roces, lamidas y besos?
¿Se tomaría su tiempo para preparar a Junmyeon hasta que estuviera listo para ser follado, usando sus dedos, su lengua, y luego la polla?
¿Él querría...?
Junmyeon tragó saliva. Maldición, pero estaba a punto de estallar por querer tanto a Sehun.
Al final resultó que, la forma en que Sehun hacía el amor era mucho mejor de lo que Junmyeon podría haber soñado. A ver, él no era ningún avergonzado virgen. Había tenido su cuota de sexo.
En sus tiempos más oscuros había sido enculado, sodomizado, violado, usado y abusado, y había tenido compañeros de cama juguetones que disfrutaban pasando un buen rato, e incluso se regocijaba con los que le importaban, pero... pero nunca había sido besado por alguien con tanta y desesperada hambre como el dragón lo hacía.
Alguien que le gritaba que lo amaba sin decir una sola palabra.
Sehun le decía todo eso y más por la forma como su hambrienta boca recorría a Junmyeon, la lengua lamiendo sus labios, el interior de las mejillas, bailando a lo largo de sus dientes y utilizando su propio filo para morderlo muy suavemente.
El dragón amaba a Yuen-Mi-On, pero Junmyeon le iba a mostrar lo mucho que él lo amaba, sin lugar a dudas. Tomaría todo el amor que Sehun tenía para darle al idiota de Yuen-Mi-On y lo haría suyo, y a cambio amaría a Sehun tan duro y tan bien que el dragón viviría el resto de sus días feliz como un rey.
Junmyeon se echó a reír mientras se arqueó hacia atrás, dejando que la hambrienta boca de Sehun vagara por encima de su cuello y el interior de éste. Después de todo, aquí sería honesto, y simplemente seguiría su estúpido plan. Y, luego, le sacaría el mejor provecho a todas las cosas...
―Olvidemos el año pasado ―susurró, en espera que Sehun se endureciera encima de él, pero no en el buen sentido. Lo hizo, levantándose en sus antebrazos. El peso de su polla se clavó en el pliegue del muslo de Junmyeon, y, audaz, se inclinó para acariciarlo mientras proseguía en voz baja. ―Todavía es 8614 ―dijo, con voz ronca―. No huy o me he ido a ninguna parte. Tuvimos una pelea, sin duda, pero no más que una simple pelea. Y he venido a ti... ―Junmyeon dejó que sus manos se arrastraran sobre la anchura del poderoso pecho de Sehun―. Te dije que lo sentía. Te pedí que me perdonaras y me trajiste aquí.
Sehun gimió cuando Junmyeon dejó que sus dedos vagaran, disfrutando del cuerpo del dragón. Había visto y sentido los músculos de Sehun antes, cuando estaban rodando juntos. Eran duros, especialmente... apretó… allí.
Al igual que una roca. Había aprendido un poco acerca del cuerpo de Sehun hasta el momento, y ardía en deseos por aprender el resto con los dedos y los ojos.
―¿Volteanos? ―preguntó.
Sehun asintió y se volteó de modo que yacía de espaldas, con Junmyeon encima de él. La confianza implícita en eso hizo que le doliera el corazón a Junmyeon. «Nunca te haré daño a propósito», Junmyeon juró.
Sehun se quedó quieto y miró a Junmyeon con ansias y hambre.
Su pene erecto sobresalía, enorme, rojo, ardiente y húmedo en la punta ―rogando por ser chupado y lamido― con el sabor más dulce que la deliciosa miel y dos veces más tentador.
Junmyeon tenía que disfrutar del festín. Él se movió, agarrando la polla de Sehun, deslizando su mano arriba y abajo a lo largo de la sedosa longitud. Pequeñas gotas de pre-semen se formaron en la gorda cabeza púrpura.
Se estremeció con anticipación. Mmm. Dios, casi podía sentir a Sehun dentro de él, duro e insistente, lo suficientemente grande como para estar dolorido días después, cada movimiento le recordaría el buen polvo que el dragón era. Dolor en el buen sentido ―sabía que Sehun no sería demasiado duro con él― sólo lo suficientemente rudo.
Eso esperaba.
Junmyeon cambió de posición, moviendo la mano más rápido arriba y abajo a lo largo de la polla de Sehun. ― Mí Amante ―canturreó. Bajó su rostro al pecho de Sehun y lo lamió, saboreando la salada piel del dragón, y acariciándolo suavemente su nariz sobre su corazón. Moviéndose rápidamente, Junmyeon se deslizó hacia abajo y puso su boca en la polla de Sehun, extendiendo su lengua para lamer el palpitante calor y lamer la humedad.
Sehun gruñó. Empujó en el hombro de Junmyeon. ―¡Con calma o me voy a correr muy pronto!
―No podemos permitir eso. ―Junmyeon se echó a reír―. Jódeme, Sehun. Estoy esperando por ti.
¿Era una puta? Tal vez, pero él sería ―era― la puta de Sehun, sin vergüenza, sin pensarlo dos veces.
Se arqueó y estiró, imaginando y anhelando.
«Quiero».
«Quiero».
«Quiero».
Sehun miró a Junmyeon asombrado y maravillado... y tal vez un poco temeroso, porque una vez que lo hubieran hecho Junmyeon desaparecería de nuevo.
Junmyeon negó con la cabeza. Tendió la mano a la erección de Sehun acariciándola, engatusándolo con mayor dureza y firmeza.
―Yo quiero esto ―dijo tranquilamente―. Te quiero. Eres todo lo que he querido o esperado o soñado por ahora, ¿Ok?
Los ojos de Sehun se volvieron más oscuros, casi brillantes.
―¿Ok? ―preguntó―. ¿Qué significa esta palabra?
La risa de Junmyeon finalmente, burbujeó libre. ―No importa ―dijo―. Ven aquí y dame un beso, gran bobo.
―¿Bobo? ―La sonrisa de Sehun, de dientes afilados y peligrosos, incitaba a Junmyeon a actuar mientras llevaba sus manos sobre las caderas de Junmyeon y poco a poco lo levantó―. Yuen-Mi-On, ¿estás burlándote de mí?
Junmyeon miró, fascinado la inmensa polla debajo de él. La polla de Sehun se empujó hacia adelante con un ligero movimiento de caderas, invitándolo a tocarla de nuevo, más duro, más profundo, más rápido. O... ―Por favor ―susurró―. ¿Puedo chuparte un poco más? Me muero por probarte.
Sehun se estremeció. ―Eres demasiado talentoso. No voy a durar, y deseo más que nada estar dentro de ti.
―Quiero eso, también ―susurró Junmyeon, moviéndose muy lentamente para poder cambiar sus posiciones―. Pero déjame hacer esto primero. Déjame amarte, Sehun. Te voy a enseñar lo mucho que te quiero. Te necesito. Grabarme en ti. No te preocupes. Haré que se te levante por segunda vez. Me aseguraré de ello.
―Ah, dioses, Yuen-Mi-On...
―Junmyeon. Dilo de esta manera: Jun..My..Eon. Junmyeon.
―Si a ti te place, Junmyeon ―respondió Sehun, y eso fue todo.
Junmyeon estaba enamorado. No había vuelta atrás ahora.
Eso estaba bien por Junmyeon. Nunca lo iba a abandonar.
Junmyeon envolvió suavemente una mano alrededor de la base de la polla de Sehun, sus pequeños dedos casi no se reunían. Pasó primero una mejilla y luego la otra contra la elevada longitud. Una mancha de humedad quedó a través de su barbilla, y la lamió. Luego, lenta, lentamente, descendió y osciló su lengua a través de la ranura de Sehun.
―Junmyeon... ―Sehun gimió, arqueándose hacia arriba―. No podré durar si haces eso. Por favor... por favor...
―Por favor, ¿qué? ―Junmyeon susurró, soplando sus palabras a través de la erección de Sehun y viéndola temblar. Su propia polla, hinchada, extremadamente dura y dolorosa, se restregó contra la suave colcha sobre la cama. Comenzó a mecerse lentamente, acariciándose a sí mismo mientras atormentaba a Sehun. Una pequeña venganza, pero sin duda divertida para todos los involucrados―. ¿Qué quieres que te haga?
―Chúpame ―ordenó Sehun―. Ámame. Mi amor... chúpame.
―Tus deseos ―Junmyeon murmuró―, son órdenes... ―Y con esas palabras, selló su boca alrededor de la cabeza de la polla de Sehun.
Mientras se movía arriba y abajo, Junmyeon deseaba poder tomar mucho más, pero pensó que a Sehun no le importarían los ruidos como de gato salvaje que hiciera. Junmyeon saboreó cada cosa que tenía para saborear en ese momento, desde el sabor, los ruidos, las imágenes hasta los olores. Lamió la cabeza de la polla de Sehun y pasó su lengua por ambos lados y hasta la gran vena por debajo.
Mordisqueó siempre delicadamente, chupando las gotas de pre-semen. Sehun sabía tan bien.
Junmyeon usó su mano para cubrir el resto de la polla de Sehun cuando su boca no podía ir más lejos. Un fuerte y buen apretón, de la forma en que solo un hombre sabe que a otro hombre le gustaba, áspero y presto. Mantuvo su otra mano ocupada acunando en la palma las bolas de Sehun.
Cuando se sintieron cálidas contra su piel, empezó a amasarlas lenta y suavemente. Tomó algún tipo de coordinación, especialmente para alguien que no había practicado mucho, pero a Sehun definitivamente parecía que le gustaba.
―Perfecto... bueno... señores, tan maravilloso... ¿dónde aprendiste?... No, no me digas, sólo síguelo haciendo... ¡Junmyeon! Junmyeon, ten piedad, Junmyeon! ―Sehun gritaba mientras Junmyeon le chupaba tan duro como podía la bulbosa cabeza de la polla a Sehun, y sintió, olió y probó el caliente chorro de semen inundando su boca.
Saboreó rodando con entusiasmo la corrida de Sehun por su lengua, memorizando cada pequeño sabor y textura, y luego se la tragó, y sintió algo dentro de él brillar. Tenía a Sehun dentro suyo, y nunca jamás estaría solo otra vez.
Se rió mientras se apartaba de la polla de Sehun. ―Hermoso ―susurró―. Mi dragón ―dijo, las palabras sonando correctas en su lengua―, eres tan hermoso para mí. ―Amortiguó sus siguientes palabras contra el firme muslo de Sehun, en caso de que él se burlara―. Te amo.
¿Se burló de eso? Ni pensarlo. Esas manos con el duro hierro agarraron a Junmyeon por las muñecas, arrastrándolo de vuelta al pecho de Sehun, recostándolo encima de él como si fuera un gatito o un bebé. Fijándolo allí con sus fuertes brazos alrededor de su espalda para que no se pudiera mover.
Cara a cara, Sehun jaló la cabeza de Junmyeon hacia abajo, hacia la suya por un beso. Su lengua barrió la boca de Junmyeon como si buscara su propio sabor, haciendo pequeños ruidos satisfechos.
Junmyeon comenzó a balancearse contra la parte baja del vientre de Sehun, su polla gritaba por atención. Sehun hizo un pequeño ruido, feliz y se arqueó hacia atrás, dando a Junmyeon aún más fricción. Una, dos, tres veces, y oh, dioses, dioses, dioses, Junmyeon se iba a correr, más duro de lo que nunca antes lo había hecho.
A medida que bajaba de su orgasmo se sintió desmadejado encima de Sehun, Junmyeon le oyó susurrar, incluso mientras pasaba una mano a través de sus enredados cabellos mojados: ―No tengas miedo de decirlo, Junmyeon. ¿Me amas? Yo te amo. Lo que haya sucedido el año pasado puede quedarse en el pasado. Nos pertenecemos, y ahora entiendo la verdad, yo nunca te dejaré ir de nuevo.
Nunca.
Junmyeon levantó la cabeza, mirando hacia abajo a los ojos de Sehun. Se reflejaba en ellos nada más que el amor y la honestidad, la verdad como el día era largo. Fue casi un shock darse cuenta de lo mucho que había pasado y lo lejos que había llegado en lo que parecía sólo un par de horas.
Junmyeon no se arrepentía. Valió la pena cada segundo.
Así que él no era Yuen-Mi-On. De ese modo imaginó, que Yuen-Mi-On estaría de vuelta ocupado luchando en el Planeta Hella Firma, y los dioses quieran que él nunca pudiera encontrar la forma de regresar. Si tiró algo tan bueno como Sehun, no se merecía una segunda oportunidad con él. Pero Sehun le había dado una oportunidad... y por suerte, suerte para él, Junmyeon había sido el único que podía tomarla.
Se quedaría allí y haría feliz a Sehun en este tranquilo y aislado valle. Aprendería a preparar buenos guisos y carne para asar, mantendría limpio el lugar, compartiría la bañera de porcelana, jodería y haría el amor en las suaves sábanas bajo el edredón en esta cama. Podía quedarse. ¿Quién dijo que no podía?
Nadie.
Sonriendo de oreja a oreja, Junmyeon se estableció en los brazos de su Sehun. ―Entonces voy a decirlo de nuevo. Te amo. —Manos calientes acariciaban su espalda.
―Te amo, demasiado ―murmuró Sehun―. Ahora, siempre, y para siempre.
Joder, eso sonaba muy bien para Junmyeon. Siempre podría ser el tiempo suficiente para mostrarle todo su agradecimiento a su delicioso dragón.
Sehun rió, un sonido de pura alegría. Agarró a Junmyeon fácilmente como si fuera un cachorrito y lo movió de modo que Junmyeon estuvo acostado de espaldas, con Sehun sobre él, enormes brazos apoyados a ambos lados de sus hombros, el pecho y el musculoso vientre, rozando los suyos.
―Sehun ―dijo Junmyeon por el placer de decir el nombre de su dragón―. Sehun.
―Mi amado Junmyeon ―le susurró Sehun. Extendió la mano acariciándole la cara a Junmyeon―. ¿En verdad? ¿Te quedarás conmigo para siempre?
―Lo prometo. Te doy mi palabra ―murmuró Junmyeon en respuesta, llegando a tocar la cara de Sehun―. Tú eres el hombre que amo.
―No ―dijo Sehun, con voz triste―. Aunque me vea como un hombre, sigo siendo una bestia.
―¿De qué manera podrías llamarte a ti mismo bestia? ―Junmyeon pasó una mano sobre su firme hombro. Piel de gallina dejaba por donde pasaba la punta de los dedos, a través de la piel humana del dragón, que cubría el brazo de Sehun―. No suenas como una, no te sientes como una, o luces como una.
―Yo soy un dragón. Mi corazón late tan lento como el de una salamandra. ―Sehun capturó la mano de Junmyeon y la apretó contra su pecho.
―¿Qué me importa eso? Sigue latiendo. Y es mío.
Los ojos grises de Sehun perforaron los suyos. ―Dime ―le susurró Sehun―. ¿Qué clase de criatura te parezco a ti? Quiero escucharlo con tus propias palabras. Hablas tan bellamente.
―¿Qué pareces para mí? ―Junmyeon se apoderó de los brazos de Sehun y movió su cuerpo lánguidamente, enredando sus miembros juntos en una danza lenta y sensual―. Cabello negro y sedoso. Ojos como un cielo tormentoso. Cuerpo que parece esculpido en mármol. Te veo ―dijo, maniobrando de modo que Sehun descansará debajo de él una vez más, maravillado por la facilidad con que el enorme dragón se movió complaciéndolo―, como un jodido dios, Sehun. Eres todo lo que había soñado. Y más.
La lengua de Sehun salió, mojando sus labios. ―¿Todavía me quieres?
―Sehun. ―Junmyeon se levantó sobre los codos, arqueando la espalda y presionando el rápido endurecimiento de su erección contra la cadera de Sehun―. ¿Qué te parece?
Los ojos grises adquirieron un brillo. ―¿Todavía me necesitas?
Junmyeon se lanzó hacia abajo y robó un beso hambriento de los hermosos y móviles labios de Sehun. Acarició su lengua pasándola a través de la de Sehun, trazó el contorno de su boca, y acarició sus mejillas. ―¿Qué? ―preguntó, echándose hacia atrás―, ¿qué te parece?
Sehun lo miró, los ojos de un gris brumoso. ―Junmyeon ―dijo en voz baja―, ¿me amas?
Junmyeon le devolvió la mirada. ―Sí. Y no se te ocurra dudarlo de nuevo.
Era la verdad. En un latido del corazón, Sehun había conseguido metérsele debajo de la piel a Junmyeon. Sehun lo consumía; Sehun era todo en lo que podía pensar. Soñaba con ir a dormir, por lo que podría despertar al tacto del dragón.
Lo amaba. Sí. Y más.
―Te lo juro ―Sehun declaró―. No podría sobrevivir si me dejaras de nuevo.
Junmyeon bajó y chupó duro en el cuello al dragón, preparando una mancha de color rojo oscuro que dejaría un magnifico hematoma. ―¿Qué… ―repitió, mordiendo la piel―, te… ―añadió, calmando el dolorido punto con su lengua―, parece? ―preguntó, juntando sus bocas de nuevo.
Sehun gemía debajo de él, mientras sus lenguas luchaban y enredaban, metiéndolas dentro y fuera de la boca del uno al otro.
Sus fríos brazos se acercaron hasta captar la espalda de Junmyeon, tirando de él para acércalo aún más―. Déjame aparearme contigo, entonces ―le susurró cuando sus labios se separaron―. Quiero hacerte totalmente mío otra vez. Por favor.
―Sí. Ahora
―Entonces me has hecho feliz ―Sehun se volcó sobre Junmyeon y sin previo aviso se deslizó hacia abajo y atrapó uno de los pezones de Junmyeon entre sus dientes.
Preocupado por el pequeño nudo bronceado le dio un golpecito con la punta de la lengua calmándolo.
Junmyeon se arqueó por debajo de su dragón, soltando un grito ahogado.
―¿Te gusta eso? ―Sehun le preguntó rudamente―. Espera a que esté dentro de ti, tomándote y marcándote como mío.
―Tuyo ―coincidió Junmyeon, mareado con el placer. ―Tuyo ¡rápido!
Las manos de Sehun recorrían el cuerpo de Junmyeon, jugando aquí, atormentando allá. El hombre se sentía tan bien debajo de él. Fresco, pero sólido. Compacto, musculoso, pero delgado. Y desnudo. Cada centímetro de él, gloriosamente desnudo. Hizo una pausa sobre la polla de Junmyeon, apretándola ligeramente con una mano y acariciándola desde la raíz hasta la punta.
―¡Oh, Dios! ―Junmyeon se retorció debajo de él.
―¿Te gusta eso? ―Sehun pasó el pulgar en círculos sobre la mojada punta―. ¿Qué hay de esto?
―Joder, sí ―tan bueno.
―Entonces, ¿cómo se dice eso?... No has visto nada todavía. ―Deslizando su mano hacia abajo por la polla de Junmyeon, Sehun apretó el pesado saco de Junmyeon, trazando con un dedo la piel detrás de éste y su apretado y arrugado agujero.
Lubricando sus dedos con los propios jugos de Junmyeon, sondeó superficialmente, y entonces profundamente.
Junmyeon jadeó y se aferró a él. Sehun se echó a reír.
―¿Te gusta esto, también?
―Mu… mucho.
Sehun serpenteó con un segundo dedo el interior de Junmyeon.
―Apretado. Había olvidado cuán bien apretado, cuán bueno, caliente y despiadadamente fuerte.
―Oh, Sehun... ―Junmyeon acarició su espalda. Casi parecía que luchaba por no llorar, pero se empujó más fuerte, sellándose entre sí―. ¿Cuánto tiempo más ―preguntó, con atrevida fanfarronería―, tengo que esperar?
Sehun alcanzó por debajo de las sábanas y sacó un pequeño y bien tapado frasco de aceite. ―No mucho en absoluto ―dijo con una sonrisa que mostraba todos sus dientes.
Sehun descorchó el frasco, derramó una abundante cantidad sobre sus dedos y su polla, acariciando la segunda hasta que brilló y se tensó.
La sangre corría y rugía en sus oídos. Se retorció con impaciencia. ―¡Date prisa!
―Debes estar listo primero ―susurró Sehun―. Eres demasiado pequeño para que me tomes sin mucha preparación.
Junmyeon se arqueó contra él. ―No. Hazlo. Simplemente hazlo.
―Junmyeon, no quiero hacerte daño.
―Soy un niño grande. ―Junmyeon le sonrió―. Y me gusta un poco fuerte. Por favor, Sehun. Tómame. ¡Fóllame! ―Se esforzó por relajarse y suspiró feliz cuando la quemadura de la penetración se desvaneció convirtiéndose en placer―. ¿Viste? Puedo estar listo para ti ―lo incitó―. ¡Apúrate!
Sehun apartó las manos, y las plantó entrelazando los dedos con los de Junmyeon. ―Tus deseos ―dijo él, empujando la punta de su polla en la entrada de Junmyeon―, son órdenes.
«Ohh... oh, Dios». Eso se sentía muy bien. Enorme, ardiente y estirado, pero no lo suficientemente doloroso como para apagar su lujuria. Sentir a Sehun empujando dentro de él se sentía mejor que cualquier cosa que pudiera comparar.
―Junmyeon ―respiró Sehun, retrocediendo hasta que solo la punta de su polla estaba dentro, y luego se empujó hacia adelante―, te sientes como el cielo.
Junmyeon soltó un pequeño sollozo. ―Hazlo ―dijo, ocultando su rostro contra el hombro de Sehun―. Déjame sentirte. Muéstrame lo que quisiste decir.
Sehun empujó sus caderas hacia delante. ―¿Rudo? ¿Quieres que te tome, sin delicadezas?
―Por favor, Sehun, por favor...
―Puedo dártelo fuerte y rápido. ―Disminuyó la velocidad, sacando su larga longitud, exquisitamente―. O puedo dártelo dulce. ―Le dio un beso en la cabeza a Junmyeon―. Tierno. ―Se empujó de nuevo―. Suave.
Entre ellos, la polla de Junmyeon latía fuertemente contra el estómago de Sehun. ―Tócame ―susurró Junmyeon―. Duele. Te quiero demasiado.
Sehun soltó la mano de Junmyeon, y deslizó su mano entre ellos.
Sujetando la polla de Junmyeon con firmeza, comenzó a acariciarla al mismo tiempo con sus empujes, llevando a la locura a Junmyeon. Se retorcía y gemía debajo de Sehun, arqueándose hacia arriba y empujando hacia atrás.
―Bienvenido a casa ―Sehun respiró en el oído de Junmyeon―. Nunca tendré que extrañarte de nuevo. Con esto, te haré inmortal.
Junmyeon negó con la cabeza, sin comprender, y casi sin importarle. ―¿Qué?
―Lo has aceptado. Tomaste una parte de mí en ti, y diste tu palabra, y eso es ahora un vínculo que nunca se podrá romper. Eres inmortal ahora, como yo, porque elegí darle este regalo.
«Caliente Maldita sea» Junmyeon pensó, mareado. Apretándolo con más fuerza. ¿Para siempre con Sehun? No dudaba que fuese verdad. ¿Qué no podían hacer estos dragones? Siempre sonaba genial para él. Se necesitaría una eternidad para mostrarle a Sehun lo mucho que Junmyeon lo quería y a las tierras del dragón.
―¿Amor? ―Sehun le preguntó, conteniéndose. Esperando que Junmyeon le respondiera.
―Sí ―dijo Junmyeon, subiendo a morder el pecho del dragón―. Sí. No me dejes así.
Sehun rio ruidosamente, le dio un beso a Junmyeon, y entonces se empujó duro y profundo. Junmyeon dejó escapar un ahogado grito sollozante y se corrió lanzando calientes chorros entre sus vientres.
Convulsionó, apretando la polla de Sehun y comenzó a ordeñarla. Sehun, también, aulló su felicidad cuando el orgasmo lo golpeó, sus espasmos duplicaron el placer de Junmyeon ―no, lo triplicaron― No, más que eso ―volvió al mundo blanco estático por un buen rato.
Cuando Junmyeon finalmente bajó, vio estrellas. Sehun los rodó perezosamente, relajando cada centímetro de su cuerpo. Comenzó a ronronear ―¿una melodía dragón?― Y sobó las caderas de Junmyeon mientras se retiraba con cuidado. ―¿Bien?
―Mmm. ―Junmyeon yacía desmadejado sobre Sehun, el pegajoso lío líquido entre ellos dulce como el almíbar. Mojó el dedo en él y lo llevó a hasta su boca para probarlo―. Delicioso ―murmuró.
Sehun se rio de él, con la risa de un hombre que había sido bien y verdaderamente jodido. ―Comparte.
Junmyeon le ofreció otro dedo lleno. Sehun capturó el dígito entre los labios y lo amamantó, su lengua acariciaba hasta pasar el primer nudillo. Cuando Junmyeon deslizó su dedo fuera de la boca de Sehun, el dragón le sonrió adormecido. ―Soy el dragón más feliz que jamás haya vivido ―susurró.
―Sí ―dijo Junmyeon apenas―. Me mantendré contigo.
Sehun alzó la cabeza de Junmyeon de su pecho, que vibraba con el repiqueteo de su melodía dragón. Después de un momento, dijo: ―Significas mucho más para mí, que cualquier otra cosa en las tierras del dragón, mi amor en Xandria.
―Más que nada en el cielo o en la tierra ―estuvo de acuerdo Junmyeon.
Le pareció oír el golpeteo de alas sobre sus cabezas. Sabía que era el dragón rosa, Baekhyun, que venía a asegurarse de que todo estaba bien ―probablemente para comprobar si Yuen-Mi-On la había jodido de nuevo.
«Eso no va a suceder», Junmyeon pensó con aire de suficiencia, metiendo la cara contra el pecho de Sehun.
―Sehun ―susurró―. Sehun, estoy en casa.
Fin?.....